Marah: Tener y retener

Los hermanos Bielanko ese dia en el Bilborock (foto: Joaquín Mazariegos).

Viernes 30 de septiembre 2011, Bilbao, Bilborock, 22 h, entrada libre.

El Festival Bilbao Jet Lag Bio, de promoción inconcreta y objetivos incógnitos, montó el viernes un bolo gratuito de los neoyorquinos Marah, muy queridos por los lares vascongados. Sorpresivamente, el Bilborock no se reventó. Mejor: más cómodos estuvimos los fieles. Los Marah de nuestros amores, que arrancaron en el Basque Country su gira española, arribaron coliderados por los reconciliados hermanos Bielanko, de Filadelfia: el sudoroso e intenso David, presuntamente de nuevo enganchado al alcohol, y su hermano Serge, más gordo y atado a las responsabilidades familiares. El encuentro tuvo cuatro grandes pegas: al quinteto le faltaba la tercera guitarra híper épica, la sección de ritmo parecía poco implicada, el sonido fue malísimo (no se colegía la voz, el bajo se imponía mate…) y, para más inri, tras un clímax absoluto, David paró el bolo para salir a fumar. Lo nunca visto, oigan.

Con mal sonido, una banda completada por mercenarios y un ‘clímax interruptus’, un concierto debería fracasar, ¿verdad? No obstante, Marah triunfaron y casi nos hicieron llorar de emoción. «El que tuvo retuvo», dijo al acabar el pinchadiscos Titi. En 103 minutos, contando los ocho de interrupción por su adicción tabaquera, Marah, perjudicados por un sonido impresentable, fueron de menos a más y se hartaron de romper corazones mientras bebían cervezas San Miguel y Estrella (y en el bis vino Campo Viejo). Siete disparos tuvo la primera andanada: el rock and roll urbano springsteeniano perdió pegada por la mesnada mercenaria, el hermano Serge levantó la alegría céltica en ‘Sooner Or Later’ y la esencia pretérica rebosó en dos números acústicos, el primero con el trío más genuino, o sea los hermanos y la teclista Christine Smith en ‘City Of Dreams’, y el segundo con los cinco músicos sin enchufe en la festiva y a lo Elliott Murphy ‘Walt Whitman Bridge’.

De seguido a ésta sonó ‘The Dishwasher Dream’ y se montó parda: Serge sopló la armónica entre la peña a hombros de un fan, después la sopló a pie mientras compartía el katxi con un espectador y las parejas se besaban. Pero, lo nunca visto, ya se ha dicho, terminaron la canción y en pleno clímax se largaron a fumar. ¡Qué frialdad! Menos mal que en la segunda parte los Bielanko rocanrolearon con el alma que les supura y los dientes apretados. Cupieron ocho temas más: en el bis, el soul ‘Love Train’ de los O’Jays, pero antes Serge implantó su actitud cerebral (el medio tiempo ‘The Apartment’, a lo Steve Earle), empapado bajo su gorro de nieve David se extasió como Graham Parker en ‘The Closer’, y entre birras y arreglos a lo Wilco los adorados Marah nos dejaron otra vez felices, pensando en lo que pudo ser y no fue.

OSCAR CUBILLO

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