Lucky Peterson // María Pagés: Raíces sin estigmas

Lucky con la boca abierta y cánida ante su hija Tamara (foto: Álex Rodríguez Cruz).

Lucky con la boca abierta y cánida ante su esposa Tamara (foto: Álex Rodríguez Cruz).

María Pagés: Viernes 25 de noviembre 2011, Bilbao, Teatro Arriaga, 20 h, entradas de 9,60 a 36 €.

Lucky Peterson: Viernes 25 de noviembre 2011, Bilbao, Kafe Antzokia, 22 h, 15-18 €.

Algunos intelectuales vinculan el flamenco con el blues por ser ritmos con raíces atávicas desarrollados en el seno de minorías raciales oprimidas y estigmatizados socialmente: el uno por entonarlo los gitanos y el otro por ser la música del diablo. El viernes sonaron ambos en Bilbao. A las 8, en el Arriaga, en el primero de sus dos días de estancia en la capital vizcaína, rozó el lleno la bailaora flamenca María Pagés (Sevilla, 1963) con su espectáculo ‘Autorretrato’, 84 minutos (cinco de saludos finales) de expresión arrogante, modernista y personalista (los números ante el espejo y entre los marcos), con contorsiones extremas por su parte (demasiado reiterativas según la guapa Ángeles), zapateados armónicos del elenco y la voz natural del cantaor Paco del Pozo (‘Las nanas de la cebolla’). Fueron superiores los números corales, en especial los retos en los tanguillos cañís a lo Cristina Hoyos, y las letras de las alegrías, muy divertidas y representadas en plan musical de Broadway.

María Pagés sobre el tablado del Arriaga con su coreografía ‘Autorretrato’ (foto: E. Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

María Pagés sobre el tablado del Arriaga con su coreografía ‘Autorretrato’ (foto: E. Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

A las 10, en el Antzoki, el antaño arrogante bluesman negro Lucky Peterson (Buffalo, Nueva York, 1964), hoy desintoxicado, temeroso de Dios y feliz padre de familia, congregó a menos respetable del merecido por su talento, carisma y currículo. Únicamente unas cien personas presenciaron su triple show de 118 minutos. Gordo y elegante abrió en trío, con él al Hammond, seduciendo al personal, obligándolo (literalmente) a alzar las manos, fusilando a Stevie Wonder y Sam Cooke, agitando el funk y cantando con frenesí chillón. Luego agarró la guitarra y todavía en trío bajó a puntear entre el público, se bebió un Jack Daniel’s en la barra y alborotó la platea con guitarrazos vía Stevie Ray Vaughan, Elmore James o Chuck Berry (eso mismo le vimos hace hace mil años en Bayona, en el formal y canónico Festival de Jazz de la localidad vascofrancesa, cuando provocó que los ordenados galos se sumaran a la anarquía). Y ya en la segunda hora y tercera parte invitó a su hija esposa, la canela Tamara Peterson, y decayó el asunto y se pasó del blues y el funk tinaturnesco al coñazo versionero dilatado y sin perdón.

OSCAR CUBILLO

Lucky entre el público, pegado a un fan entusiasta que le confisca la Gibson (foto: Álex Rodríguez Cruz).

Lucky entre el público, adosado a un fan entusiasta que le confisca la Gibson (foto: Álex Rodríguez Cruz).

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