Erik Truffaz + Jim Rotondi: La cáscara y el alma

Erik Truffaz en el auditorio del Guggenheim (foto: distritojazz.com).

Erik Truffaz 4tet, miércoles 15 de febrero 2012, Bilbao, Guggenheim, 20 h, 6 €.

Jim Rotondi 4tet, jueves 16 de febrero 2012, Bilbao, Bilbaína Jazz Club, 22 h, 18 €.

Tres ciclos de jazz se desarrollan ahora mismo simultáneamente en Bilbao: el Masters At Work de la Sala BBK (el martes 14 de febrero lo abrió el percusionista afrogalo Manu Katché y el respetable salió con la boca abierta) y dos que reseñaremos en estas líneas: el municipal 365 Jazz Bilbao, desperdigado por diversos escenarios, y el veterano programa semanal del Bilbaína Jazz Club. Y en marzo arrancará otro programa municipal, el gratuito Bilbao Distrito Jazz. O sea que los aficionados no se pueden quejar. Ni los turistas.

El miércoles vimos al trompetista francés Erik Truffaz en el Guggenheim, durante el 365 Jazz Bilbao. El local estaba lleno de gente mixta, variopinta y atenta al que el espigado y estirado francés nacido en Suiza en 1960 entretuvo, hizo flotar y mover las testas, y al final hasta dar palmas en el bis, cuando dio la sensación de que traspasó la burbuja de gelidez gabacha (quizá él estaba preocupado por el escándalo de los muñegotes de Canal Plus Francia que acusan de doparse a Casillas, Gasol, Contador, Nadal y a los deportistas españoles en general). El caso es que durante 82 minutos y 8 piezas su trompeta modernista, recurrentemente comparada con Miles Davis, sonó grave, perezosa y misteriosa, como la del maldito Chet Baker, influjo que Truffaz sí reconoce.

Jim Rotondi, solo de fiscornio (foto: Gorka Reino).

A alto volumen, los cuatro instrumentistas del combo se comportaron como unos máquinas: el batería Marc Erbetta (el peor vestido, con camiseta roja) fue exuberante y parecía ir a su bola, el bajista Marcello Guiliani funcionaba como un metrónomo, el teclista Benoît Corboz expendía brillantes solos brillantes y virtuosos y titilantes, y el trompetista Truffaz ponía al día el repertorio con fantasmagorías técnicas bien resueltas, por ejemplo loops y ecos. Al salir del show todas las féminas sonreían y algunos espectadores concluían haber echado de menos el hip-hop y otros la fusión, pero si uno lo piensa, todo fue fusión en ese bolo. Fusión y no muy actual si uno pretende ser estricto. Su idolatrado Baker ya tocaba cool jazz en los lejanos 1950s, y vean cuál fue el curso estilístico de las ocho piezas: ambient volador inaugural con alguna veta étnica vía Zawinul (‘The Secret Of The Dead Sea’), balada soul urbana y sensual, el sesgo de Miles y teclas tipo Herbie Hancock (en ‘Arroyo’), funk marca Blue Note, excelente groove (‘Tic, toc’, con conexión especial entre los músicos), una balada que de Mancini remozado derivó al blues, etno-rave con viajes espaciales y bis con palmas y funk mecánico. Estuvo bien la cosa, fue efectista y efectiva, pero la gran pregunta es: ¿cuánto hay de cáscara y cuánto de alma en la música Truffaz?

Si Truffaz crea ambientes, sopla con escaso virtuosismo y elabora andamiajes artificiosos de ínfulas coetáneas, Jim Rotondi, nacido en 1962 en Montana y residente en Graz, Austria, expandió más esencia trompetista el jueves en el Bilbaína Jazz Club. Escudado por el fiel trío catalán Miano-Pi-González, Rotondi enrojeció su cara en los solos espirituosos mojados de bop y mecidos con swing, recogió no pocas ovaciones intercaladas, cedió espacio a los solos de sus escuderos (estupendísimo el baterista Pi) y mostró calidez con el público al presentar los temas, cinco en el primer pase de 57 minutos: abrió exuberante como Dizzy, tornóse melódico en la senda del sello Impulse (‘Falset’), con sordina él y con escobillas Pi acariciaron el ‘Little Karin’ de Benny Golson (hum… la magia se interrumpió en el solo de contrabajo del capo del trío base, González) o una revisión del ‘Blue Moon’ también arropadora.

OSCAR CUBILLO

Miano-González-Rotondi-Pi en el BJC (foto: Gorka Reino).

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  1. […] David Pastor (Sedaví, Valencia, 1974), de estilo entre su amado Miles y el galo filoelectrónico Erik Truffaz, habló poco (presentó las tres primeras piezas, advirtió que no traían discos para vender […]



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