The Waterboys: Entre lo amable y lo mercurial

El quinteto electrificado en acción (foto: Mr. Duck).

Jueves 19 de abril 2012, Bilbao, Santana 27, 21 h, 20-25 €.

El violinista Steve Wickham se movió con cierto protagonismo (foto: Mr. Duck).

Debido a la competencia televisiva del partido europeo Sporting de Lisboa-Athletic de Bilbao, el jueves en la Santana 27 hubo algo menos de 500 personas viendo a The Waterboys, el grupo de rock céltico capitaneado por el mercurial Mike Scott, un individuo hermético pero esa velada amable con los parroquianos, aunque le espetó enfadado a un espectador que le hizo una petición que él no era fan de los Waterboys. Glups… A pesar de la concurrencia inferior a la merecida por su calidad y leyenda, el ambiente fue bueno debajo del tablado y entregado encima de él, con el quinteto básico ejecutante (bajo, batería, guitarra, teclas y violín) sonando más eléctrico que acústico, que también.

En 96 minutos los Waterboys nos suministraron unas 17 piezas, con muy pocas inmersiones en su último álbum, ‘An Appointment With Mr. Yeats’, su tributo al poeta y dramaturgo irlandés Yeats, Nobel en 1923. El culto, torrencial y conmovedor Mike Scott (Edimburgo, Escocia, 1958) operó como un cantautor rock, como un roquero con la pluma y visión de Ray Davies, cual soulman entregado, cowboy llorón en el honky tonk y bailarín en el pub irlandés.

El setlist de Bilbao (foto: Torkel).

Muchas de las piezas fueron de rock eléctrico, un rock con impronta soul (algo Traffic ‘All The Things She Gave Me’; en plan Procol Harum la teatral ‘The Girl In The Swing’; y absolutamente canónica, levemente folk y directamente emocionante ‘Old Lonesome Wind’, una de las cimas), de rock con la potencialidad comercial de Supertramp o del primer Elton John (el piano de ‘A Girl Called Johhny’), de rock urbano inglés a modo de lección para que aprendan los Kaiser Chiefs (‘Glastonbury Song’, con su coda instrumental entre los MGs y Deep Purple), de rock con roll arisco y dylaniano (‘Be My Enemy’, el culmen del show, lo más ovacionado, lo más intenso, con un ardor que ni el más fogoso Steve Wynn), o de gradaciones arrancadas con rock céltico y desembocadas en dramatismo a lo Elliott Murphy ( ‘The Pain Within’).

Por la parte menos amplificada y más alejada del rock hubo un dueto entre piano y guitarra acústica en la balada ‘How Long Will I Love You?’, otro dueto de violín y acústica para el folk celta gitano y tradicionalista ‘The Raggle Taggle Gypsy’ (que puso a bailar a brincos a las primeras filas), el final enmascarado de la nueva de Yeats ‘Mad As The Mist And Snow’ (con el duelo final, enmascarado y de ecos clásicos entre el violín y el piano), un vals country desenchufado algo Johnny Cash (‘Has Anybody Seen Hank?’), o la primera pieza del bis, su viejo éxito ‘The Whole Of The Moon’ (¡lo inició con reggae y lo acabó aires victorianos!), y la segunda del bis, su viejo éxito ‘Fisherman’s Blues’, con Scott girando sobre sí mismo, ululando en corto y recordando que aún es una leyenda. Lo pasamos muy bien.

ÓSCAR CUBILLO

El quinteto conjuntado (foto: Mr. Duck).
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