Txarrena: El Drogas a gusto

Txus Maraví y Enrique Villarreal tocan en bares sin que se les caigan los anillos (foto: La Reina).

Jueves 24 de mayo 2012, Bilbao, FNAC, 19 h, gratis.

En el FNAC había tanta peña que no cabe en la foto (foto: La Reina).

El jueves El Drogas, exbajista de los asfálticos Barricada, dio un bolo promocional en el FNAC bilbaíno bajo su alias Txarrena, que en euskara se traduce por ‘El Peor’. El Drogas iba a tocar poco después en el Cotton Club bilbaíno, pero se calentó, dijo sentirse «a gusto», y se tiró tres cuartos de hora y once temas entreteniendo en el centro comercial a gente cada vez más cantarina y participativa, unos chicos y chicas que no dejaron de filmarle, unos individuos que lucían camisetas de Porretas, Disidencia, del Athletic y tal. Delante el público que colmaba la cafetería del local estaba sentado, pero detrás estaba en pie y apelotonado, y el ambiente era tan caluroso que La Reina usó el abanico rojo que le regalé para ir a los toros.

Reeditado 20 años después, con material extra.

El Drogas dio un bolo básico y gratuito en dúo completado por Txus Maraví a la segunda guitarra, la principal. Los dos divulgaban el primer disco de Txarrena, homónimo y reeditado veinte años después de su salida. El pamplonica ofició con pinta de cromo bucanero (pantalones piratas, camiseta violeta rayada, converses, gafitas oscuras, trencitas y pañuelo encasquetado, más rostro pulcro y rasurado) y contento ante tanta afición fiel se arrancó ronco con temas que, alucinen, evocaron al rock americano: a Elliott Murphy (‘Debajo de aquel árbol’, historieta nostálgica de su vida a la vera del río Arga) y a Bruce Springsteen (‘En punto muerto’, aquí cantó el estribillo «soy poco más que una traición» y pensamos en su situación actual con Barricada).

En semejante formato de dúo desenchufado con el que en verano espera sacar unos cuartos tocando en bares, seguidamente Txarrena remitió al rock español de Loquillo (‘El lobo feroz’, con prosa lineal nada lírica y un juego a dos guitarras que recordó de nuevo a Elliott Murphy con Olivier Durand), Doctor Deseo (‘Lentos minutos’, de letra contra la tortura, según presentó, y una simpleza musical extrema) o Burning (la versión de Alarma ‘Frío’, que le quedó flojita).

Y mientras su propuesta se iba haciendo cada vez más básica en lo musical, él trataba de elevar su pegada lírica echando mano de lo sentimental (‘Cordones de mimbre’, sobre la enfermedad, con deje Loquillo también) y sensual (‘Nada sin ti’, con el ritmo decayendo, o ‘Quiero qué’, con un texto forzado con antinomias tipo «quiero que tu risa sea mi enfermedad» o «quiero que mi cárcel sean tus caricias»), pues El Drogas va de malote pero tiene corazoncito.

ÓSCAR CUBILLO

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