11º Azkena Rock Festival / Charles Bradley & His Extraordinaires: Soulman chillón, danzón y barrigón

El público roquero y al fondo el tablado soulero (foto: EITB).

Viernes 15 de junio 2012, Vitoria, Plaza de la Virgen Blanca, 13 h, entrada libre.

Suelen superar las expectativas los bolos matutinos y gratuitos que monta el ARF en la Virgen Blanca para acercar el festival a la ciudadanía. La única pega es que el aforo parecen coparlo los abonados al festi más que los vecinos capitalinos civiles. El caso es que el viernes, el segundo día del undécimo festival, dio un estupendo bolo a la hora del vermú el soulman negro de 64 años Charles Bradley, un émulo de James Brown, un chillón blusero como Bobby Blue Bland(no en vano, algunos le apodan ‘El águila chillona del soul’), un hombre que llegó a vivir de homeless y que, cantando en la calle, fue descubierto por su casa de discos, Daptone, que le dio una oportunidad por la cual goza de su actual buena racha.

El CD ‘No Time For Dreaming’ (Daptone, 2011).

A pleno sol del mediodía del viernes dio la primera de sus dos actuaciones en Vitoria (la segunda sería el sábado noche en Mendizabala). La parroquia fiel disfrutó del cualitativo y nada verbenero set soul de Charles Bradley & His Extraordinaires. Su banda, un sexteto juvenil con teclados, dos metales, porte y abundantes gafas de sol, insufló una terna de instrumentales para salpimentar las ausencias del líder. En total sonaron 14 piezas en 65 minutos, varias de su último disco, ‘No Time For Dreaming’ (Daptone), que no me acaba de molar porque suena más a nostálgico groove setentero negro que a soul sureño sesentero, a lo que en verdad se acercó su concierto. Y si bueno resultó lo de la banda, mejor lo del vocalista, un soulman de ley que apareció vestido de marrón levemente étnico y con cinturón de calavera, un profesional con rizos afros que sudó su atavío con bailes copiados a James Brown, dando caderazos hacia delante, arrodillándose para cantar doliente, y arrojando violento el pie del micrófono para recuperarlo cual cowboy dando un seco tirón al cable antes de que tocase el suelo para pasmo de la concurrencia.

Charles Bradley cantaba, chillaba y se desgañitaba, ora loando al amor («miro tu cara y sé que vas a llenar por completo mi vida» entonó en ‘Lovin’ You, Baby’, algo William Bell), ora lamentando el desamor, ora exultante por la onda sexual, ora advirtiendo que las drogas son malas (‘How Long’), ora llorando por la muerte del hermano (‘Heartaches And Pain’)… Bradley bailó como un robot y como un héroe discotequero con la barriga al aire, pasó de la ternura de Otis Redding al rugido de Wilson Pickett, versionó el clásico ‘Slip Away’ de Clarence Carter y el ‘Heart Of Gold’ de Neil Young, y en el último número (‘Why Is It So Hard?’) hasta nos cantó su vida, desde que nació en Gainesville, Florida, con bajones y recuperaciones vitales incluidas, asegurando que todas sus letras son reales, por él experimentadas. Nos lo creemos.

ÓSCAR CUBILLO

Charles en este mismo bolo, en imágenes de la EITB, cantando ‘Heartaches And Pain’, la tercera, cuando salió él.

El truco del micro del extraordinario Charles Bradley (foto: Noticias de Álava / Alex Larretxi).

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