Fiestas de Bilbao / The Walnut Ragtime Quintet: Flojos tópicos del viejo jazz

Los escuderos del pianista, unos mantas excepto el trompetista, en la Plaza Nueva (foto: Z. Alkorta / Deia).

Lunes, 20 de agosto 2012, Bilbao, Plaza Nueva, 23.30 h, entrada libre.

Pose del líder, el pianista Dick Domek.

La noche del lunes optamos por a la postre la peor opción del programa oficial de la Semana Grande. El ragtime de la Plaza Nueva, donde cayeron una ristra de versiones sin garra a cargo del vetusto The Walnut Ragtime Quintet, de Lexington, Kentucky. Como unos panolis acudimos temprano y poca peña había sentada antes de empezar. Después muchos espectadores desertaron antes de que acabara el concierto, pero es lo que acaece en los bolos gratuitos, que no se valoran. Aunque estos músicos veteranos americanos actuaron con vigor escaso y sin la necesaria intensidad. Poco antes de arrancar el llamémosle show estaban aún probando sonido y en la penumbra, con sus camisas blancas y sus bombines que asemejaban boinas, parecían txistularis. No es broma.

El del nominado Walnut Ragtime Quintet fue un set canónico, relleno con clásicos del jazz añoso de Nueva Orleans, del ragtime de los cabarés y del dixieland del Mississippi. Pero con poca sangre, ya se ha dicho: el clarinetista parecía dormitar cuando no tocaba, el cantante lo hacía con poca sal y tocaba el banjo sin dominio, el contrabajista miraba atemorizado a la partitura y el líder, el pianista Dick Domek, revolvía entre sus partituras y explicaba las canciones y ordenaba los solos a sus escuderos antes de interpretar cada pieza. Parecía que no habían tocado nunca juntos y sólo salvó la papeleta el trompetista. Los vetustos jazzmen no quitaban ojo de las partituras, eso que los títulos se los tenían que saber de carrerilla de tan clásicos que eran.

Salieron puntualísimos y en 88 minutos ejecutaron 19 piezas, bis incluido. Los cinco de Lexington operaron distantes, fríos y canónicos y presentaron abruptamente bastantes de los temas, lo cual se agradece para pergeñar estas líneas. Sólo hubo tres momentos destacables: el primero cuando pasó delante del tablado una muchacha bailando, exhibiéndose y saludando al atento trompetista; el segundo cuando el líder interpretó una pieza a solas de aire clásico rusófilo; y el tercero cuando una mature rubia con vestido anaranjado se levantó de su silla para echar una foto. Esto fue lo más guay entre una sucesión de tópicos ragtime que con más prestancia interpreta el lento combo de Woody Allen, o sea que imagínense.

Desde el inicio los ritmos no salpicaban, los solos se sucedían inanes y sentenció Pato: «Van totalmente descompensados. Qué desastre». Los cinco blancos cantaron a su viejo Kentucky con aire cabaretero a la antigua usanza, preguntaron ‘Has Anybody Seen My Girl’ como The California Ramblers en 1925, versionaron a Jelly Roll Morton, y a la quinta, el ‘Aint Misbehaving’ de Fats Waller, Pato se piró a su casa alegando que «son más flojos que el muelle de un boli».

El aforo sufrió un rosario de bajas durante el bolillo de un combo que en otras localidades españolas, por ejemplo en Paya De Haro, se ha presentado con un nombre cambiado: The Walnut Street Quintet. Y busco ahora si tienen página web y no la encuentro. Y sospeché también cuando no vendieron discos tras el bolillo. No exageramos al escribir que más gracia le pusieron los bilbaínos Dr. Maha’s Miracle Tonic a este estilo el sábado pasado en el Bilborock. El caso es que los de Kentucky prosiguieron con el ‘Mississippi Mud’ que también cantó Bing Crosby en seno de The Rhythm Boys, ellos en una revisión con clarinete poco engrasado y el trompetista soleando con sordina y demostrando ser el más capaz del quinteto. El combo recreaba sin vibración y sin interactuar entre sí, y el banjista imitó la voz de un negro en el ‘Buddy Bolden Blues’ que también canta el doctor House en su banda y que popularizó Jelly Roll Morton.

La novena pieza, el mentado instrumental de solo piano ‘Dizzy Fingers’, de Zez Confrey, destacó como lo mejor, aunque su tempo no fue demasiado veloz. En la décima el líder pareció presentar el ‘Muskrat Rambler’ de Kid Ory, pero les salió tan feble que no ponemos la mano en el fuego. Tipo desfile les quedó ‘Strutting With Some Barbacue’ de Louis Armstrong, tímidos y peor que cualquier banda turística resolvieron ‘Way Down Yonder In New Orleans’, y se anudaron los pañuelos de fiestas para despedirse con ‘When The Saints Go Marching In’. De bis cayó un verbenero ‘Sweet Georgia Brown’, y hala, para casa mientras la fracción más profana del aforo aplaudía contenta. Cosas veredes, Sancho…

ÓSCAR CUBILLO

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