Zarzuela ‘Amadeu’: La máscara de la música

Imagen de archivo de la ‘Canción de las fumadoras’ sobre otro tablado.

Sábado 13 de octubre 2012, Bilbao, Teatro Arriaga, 20 h, de 12 a 42 €.

Biografía desmitificadora del gran músico catalán Amadeo Vives llevada por Albert Boadella al teatro musical con una puesta en escena dinámica que ubicó a la orquesta sobre un peralte rojo al fondo del escenario, que en el centro colocó a los dos protagonistas y al piano, y que hizo entrar y salir a un cuerpo coral y de baile en el que, por cierto, todas las chicas eran guapas, jóvenes y con tetas imponentes. La excusa para evocar su historia es el encargo a un joven periodista fan del heavy metal de un artículo sobre Vives, pues quieren echar sus restos a una fosa común, a él, al catalanista Amadeu, fundador del Liceu (¡y de la SGAE!), musicador de canciones míticas del imaginario nacionalista catalán (‘L’Emigrant’ o el himno de Baleares ‘La balanguera’, que en escena se parangonó con los totalitarismos)… y que hizo muchas más cosas

A partir de esa excusa, Boadella juega con la inspiración y el oficio periodísticos y con la ideología preterible en favor de la cartera, carga contra el nacionalismo catalán (el respetable del teatro bilbaíno no se reía en estas caricaturas por si tomaban nota los nacionalistas vascos, supongo) y sugiere la decadencia de la música al indicar que antaño la música del pueblo era la de Beethoven y Bach, en tiempos de Vives la zarzuela y en la actualidad del plumilla el heavy metal, según Vives «ruido exterminador de los tímpanos».

El Amadeu verdadero.

Sí, lo profiere el propio Amadeo Vives Roig (Collbató, Barcelona, 1871, Madrid, 1932), pues como en el teatro griego y en las películas de Woody Allen, se le aparece en persona en escena a Jordi, el periodista, de padres murcianos que le bautizaron «Jordi para camuflarse entre los indígenas». A partir de entonces se establece un toma y daca entre el viejo cascarrabias y el pícaro plumilla, ambos tullidos que acaban yendo al mismo tempo. El bueno de Jordi, un fumaporros que se aísla de la realidad encasquetándose los auriculares que expelen heavy metal, se define especializado en escribir sobre «Jeff Buckley, Lou Reed o Ronnie James Dio, no la música de geriátrico», pero al final se engancha y hasta emula el ‘air guitar’ oyendo zarzuela.

Resulta que en realidad Amadeo Vives era un genio que componía música para todos: para el clero, para los políticos nacionalistas y hasta para los tugurios, donde cabía el género chico, caso de ese picante ‘Chotis del higo’, el de «alilí alilí con la mano no, con la boca sí», que se interpreta en la obra de Boadella pero que no lo firmó Vives, ese artista tan soberbio que llega a sentenciar en escena: «A veces la chusma, aunque sea por casualidad, se acostumbra a la belleza».

El gruñón Vives, una suerte de ‘Fantasma de la Ópera’, con su brazo y pie tullidos, en su época de cara al público aparecía como buen católico y marido y padre ejemplar, pero parece que se enamoraba totalmente de sus primeras voces, que le sacaban los cuartos y a postre le despreciaban. Pero le inspiraron para tratar acerca del amor, los celos, el desamor… e incluso del desdén a las mujeres. Confiesa el Vives redivivo: «La música es una hermosa máscara para mis lacras de dentro y de fuera».

‘La canción del arlequín’ y su doble sentido.

Y el buen catalanista, movido por la pela, se muda a Madrid, y ahí triunfa absolutamente, aunque le critican sus excamaradas por hacer ‘música españolista’. Y se jacta el irascible Amadeu (excelente y todoterreno Antoni Comas) ante el simpático Jordi (inocente y empático Raúl Fernández) en la obra de Boadella: «Me he propuesto componer más de cien zarzuelas. Eh, ¡y cobrarlas!». Y tras las dos horas y un minuto, afinaciones iniciales y luengos saludos finales incluidos, que duró la tercera de las tres representaciones de ‘Amadeu’ en Bilbao, se puede concluir también que para la posteridad solo queda el fruto del artista, no su personalidad. Y Vives legó obras como ‘Doña Francisquita’ e incluso pasodobles como ‘La generala’.

Y otra conclusión: la zarzuela, con los montajes que requiere (orquesta, coros, ballets, primeras voces y directores…) y ante el público muy mayor, femenino y menguante que aún mantiene, es un género condenado a la desaparición comercial. Qué le vamos a hacer… Seguramente suceda lo mismo con el heavy metal… y descendamos otro escalón en la música popular.

ÓSCAR CUBILLO

Trailer de ‘Amadeu’.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: