CINE: ‘Amor’: Las consecuencias del tiempo

BEV AMOR CARTEL

Texto por GERARDO CREMER

Estreno: 11 de enero de 2013

Director: Michael Haneke

Calificación: 5 estrellas sobre 5

Trailer de ‘Amor’ en VOS

Haneke

Haneke

Al año de su reconocimiento mundial con la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2012, y tras su estreno en Blu-ray y DVD, el film de Michael Haneke ‘Amor’ (‘Amour’, 2012) coloca al director austriaco y Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2013 como el paradigma de la pervivencia del cine de autor, como director continuista de los movimientos del cine moderno representados en su día por Rossellini, Fellini, Godard, Antonioni o Bergman entre otros.

Hablando del cine de Haneke

No se puede negar que el cine de Haneke tiende al rechazo visual, bien por la dureza de sus imágenes (véase tanto las mutilaciones en ‘La pianista’ como los divertimentos sádicos de los secuestradores de ‘Funny Games’), bien por la frialdad expuesta por sus personajes y situaciones (por ejemplo el continuo deambular por espacios neutros y la falta de motivación y objetivos de los protagonistas de ‘El séptimo continente’), bien por las provocaciones o agresiones directas al espectador, a quien pone en entredicho sus valores, su moral occidental, haciéndole reflexionar, abrumándolo con preguntas sin respuestas, con imágenes sin eufemismos, dejando los finales de sus films abiertos, sin agarraderos ni explicaciones ni mensajes consuetudinarios.

Su narración tiende a la objetividad (nada de postmodernismo ni asideros ficcionales) mediante planos largos con apenas movimiento de cámara, pero escinde la información. En sus películas vemos los hechos, aquello que sucede y rompe el equilibrio; vemos las causas y sus consecuencias, mediante secuencias de carácter episódico (que funcionan por ellas mismas) con importantes elipsis entre ellas; se introducen sueños y escenas simbólicas entre las escenas realistas, rompiendo los límites entre lo objetivo y subjetivo (u objetividad interior). Todo ello para conducir al espectador a no saber por qué el protagonista actúa de una manera determinada, dejando abierta su interpretación del film a la lectura de sus símbolos, que la película no explica. Preguntas sin respuesta con un único fin de poner en cuestión nuestra forma de mirar.

Haneke pone al desnudo el proceso de deshumanización de la sociedad occidental al tiempo que nos enfrenta a formas de violencia reales que tratamos de negar en nuestro día a día. Sustituye los ‘modelos’ de violencia preestablecidos por una violencia más cercana, que por su ‘verdad’ y cercanía tratamos de evitar (tratamos de no verla, hablar de ella o asumirla como parte de nuestra existencia). Casi todos los personajes de los films de Haneke son individuos inteligentes, que han decidido adoptar un modelo de frialdad para hacer frente a una situación extrema que les ha sucedido; hecho que le lleva a enfrentarse a los cánones del comportamiento ‘adocenado’ de las clases medias. Por ello, su lucha personal se convierte finalmente en colisión con lo socialmente preestablecido. El cambio de percepción vital que ese suceso intenso ha supuesto, y que se ha mostrado en la pantalla sin reservas, de manera violenta (como parte de esa violencia socialmente eludida), se transforma no sólo en conflicto interno o personal (con sus seres más cercanos) sino principalmente en hecho político, en representación de una fisura del sistema que para que sea escuchada debe ponerse en evidencia.

El marido cuidará a su esposa aunque sabe que cada hora será peor que la anterior.

El marido cuidará a su esposa aunque sabe que cada hora será peor que la anterior.

Haneke no duda en frustrar una y otra vez las expectativas del espectador. Contrasta lo ‘real’ (aquello que les pasa a sus personajes) con lo ‘hiperreal’, la realidad implementada por los gobiernos y medios de comunicación a la hora de mostrarnos la información, hecho que condiciona nuestra forma de pensar, de aceptar los hechos, de contemplar la violencia. El hombre del siglo XXI trata de sustituir la dureza de lo real por historias inventadas, la violencia del día a día por una violencia prefabricada. En la hipermodernidad se trata de olvidar la verdad para sustituirla por otra artificial, pasando a un estado extremo de incomunicación que niega la propia existencia del ser humano, excepto cuando termina enfrentándose con la violenta realidad.

Hablando de ‘Amor’ en el cine de Haneke

En ‘Amor’ también existe ese rechazo a lo que estamos contemplando. Hay violencia en los planos del matrimonio de ancianos, Georges (Jean-Louis Trintignant) y Anne (Emmanuelle Riva), cuando él trata de dar de beber agua a su esposa y ella le devuelve ese agua casi como escupiéndole. Después Haneke, tras filmar como él abofetea a ella, muestra unos planos relajados y contemplativos de cuadros de paisajes que cuelgan en el salón de la casa, como símbolo de ese proceso de reflexión y quietud después del cisma.

En el film se muestra el proceso de degeneración física que el tiempo infringe a nuestro cuerpo, ese momento en la vida en la que no sirve para nada mirar hacia atrás (el recuerdo de unas fotos) ni tiene esperanza el futuro; en donde la presencia de hijos o familiares sólo sirve para ahondar aún más en la distancia temporal, en la ausencia de tiempo que ya no puede ser vivido. La hija de ambos, Eva (Isabelle Huppert) habla continuamente con Georges con la impotencia de no poder ayudar, ni siquiera poder participar en el drama que sus padres están viviendo y sus pocas palabras solo son finalmente dardos envenenados, ya que atentan contra la realidad, al proponer la reclusión de ella en una residencia y permitir a Georges una mejor vida. Palabras cargadas de eufemismos, de negación del hecho de que Georges se halla cerca de ese momento que ahora vive su mujer. Así, a ambos, sólo les queda el corto momento de permanecer juntos: un tiempo sin escapatorias ni diversiones, siendo cada hora peor que la anterior; un tiempo que expone el amor existente y que la enfermedad, en vez de ir separando, va ahondando, va concienciándoles de ser lo último que les pertenece. En esas palabras de Eva (pero también en su distancia: ella sólo aparece en tres visitas puntuales a su madre y una última visita tras su muerte) está esa negación de la verdad y ese intento de remplazarla por la hiperrealidad, por historias que desea que le sean contadas en donde lo violento no tiene acto de presencia.

La hija quiere ingresar a su madre en una residencia.

La hija quiere ingresar a su madre en una residencia.

La narración en ‘Amor’ es muy elíptica, algunas veces dentro del plano secuencia, jugando con la pista de sonido, pero principalmente por los saltos temporales, eludiendo los momentos de violencia tradicional (por ejemplo los ataques de embolia que sufre Anne o su operación) y concentrando la historia en la casa, escenario claustrofóbico que se simboliza con las dos escenas de una paloma atrapada en su interior. Haneke combina, en la estaticidad de sus secuencias, los planos de situación, generalmente planos enteros de ellos en el hall de la casa o en el salón, con planos medios (las conversaciones del matrimonio) y en menos ocasiones con primeros planos (cuando suceden los hechos violentos). El plano entero busca la definición, refuerza el estado de vejez y soledad de la pareja; el plano medio el diálogo, el mecanismo de pervivencia de ambos, al estilo Éric Rohmer, siendo la palabra el sistema que permite llenar el vacío y aliviar la dureza del hecho; el primer plano la angustia, la debacle que produce el paso del tiempo en los rostros, la desazón, la impotencia, el abandono.

Quedan finalmente los sueños (la pesadilla que antecede a la segunda embolia), el recuerdo de ella tocando el piano, la música del ‘Impromptus’ de Schubert que suena no diegéticamente en el film cuando ellos regresan del concierto en autobús, la escena símbolo de ella en la cocina tras su muerte invitando a Georges a salir de casa juntos, o las escenas, también simbólicas, de la paloma dentro de la casa, con Georges intentando atraparla bien para matarla, bien para liberarla. Símbolos que sólo sirven para dejar cuestiones o significados abiertos, libres de ser interpretados por el espectador, quien nuevamente, gracias Haneke, debe poner en cuestión sus valores.

GERARDO CREMER

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  1. […] la muerte de Anne (Emmanuelle Riva) en ‘Amor’, el anterior film de Michel Haneke (comentado en este post), y su anciano marido, Georges (Jean-Louis Trintignant), reaparece en ‘Happy end / Un final […]



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