CINE: ‘Trance’: La falsa imagen

BEV TRANCE CARTEL

Texto por GERARDO CREMER

Estreno: 14 de junio 2013

Director: Danny Boyle

Clasificación: 2 estrellas sobre 5

Trailer de ‘Trance’

Hay dos factores que sorprenden en el proceso narrativo que Danny Boyle aplica a ‘Trance’. El primero es la intencionada omisión de la información. Intencionada porque Boyle y su guionista John Hodge usan la voz en over del protagonista, Simon (James McAvoy), para introducir una ‘set piece’ de montaje al inicio, siendo el propio Simon el que se dirige al espectador para narrarle lo que está viendo, pero con la clara intención de mentirle, como si el trabajo final de esta ‘set piece’ fuese una parte más de un engaño más amplio ideado por él. El segundo es la utilización del ‘motivo’ (elemento de una película que se repite de forma significativa) del reflejo, en diferentes cristales o espejos, del rostro de Elizabeth (Rosario Dawson), la hipnoterapeuta de Simon: reflejos con imágenes rasgadas, distorsionadas, duplicadas, contraplanos en los diálogos sobre imágenes especulares. Como ya hizo Boyle en ‘127 horas’, la imagen mental, la imagen proyectada, se acomoda a la ficcionalidad (que además encaja a la perfección con su estilo cinematográfico) y, por tanto, a la mentira. Así, ambos factores juegan con el engaño al espectador: un engaño no disimulado, que disfruta del hecho de operar con las falsas imágenes.

‘El nacimiento de Venus’, de Botticelli.

‘El nacimiento de Venus’, de Botticelli.

Pero son también estas falsas imágenes la fuente que alimenta la propia narración. Elizabeth indaga en la mente de Simon y su rostro y su cuerpo dejan de tener presencia física, para ser imagen-idílica, imagen-soluto en ese espectro mareante de colores imposibles y planos deformados de la estética-Boyle. ‘Trance’ trata sobre ladrones de cuadros y por ello la pintura tiene protagonismo en este juego de ilusiones (hay algo en el film que recuerda al ‘Fraude’ de Orson Welles mezclado con ‘Origen’ de Christopher Nolan): no solo la pintura, sino también el vello púbico. O más bien la ausencia de vello púbico. En un momento del film, Simon explica a Elizabeth cómo en la pintura del Renacimiento el sexo femenino aparecía siempre oculto o sin vello hasta que Goya, en el Barroco español, rompe esa tendencia cuando pinta ‘La maja desnuda’. Tras oír el comentario, Elisabeth rasga la página del libro de arte con la reproducción del cuadro de Goya y justo después, ella aparecerá caminando por el pasillo de la casa como una aparición surgiendo de las aguas (como el cuadro de Botticelli ‘El nacimiento de Venus’) con el cuerpo completamente desnudo, enseñando, en su plenitud, su sexo depilado. ¿Una imagen idílica o una imagen mental?

‘La maja desnuda’, de Goya.

‘La maja desnuda’, de Goya.

‘Trance’ es un film de género, cine de ladrones (en concreto el subgénero de ‘ladrones de cuadros’), pero es, al mismo tiempo, una nueva ocasión para que Boyle ponga en práctica su estilo. Un estilo que ha ido confeccionando con ‘Trainspotting’, ‘28 días después’, ‘Slumdog Millionaire’ y ‘127 horas’. ‘Trance’ es un viaje por los laberintos de la mente, pero no es más que una nueva oportunidad para avanzar en su manera de hacer cine.

El estilo Boyle

‘28 días después’ supuso para Danny Boyle todo un cambio en la forma de concebir su cine. Desde sus inicios postmodernistas, soportados por el peso de las imágenes y el recuerdo del cine de Oliver Stone y Martin Scorsese (‘Trainspotting’), el director inglés desarrolló un cine a partir de la sobreabundancia de la información del plano y la utilización de imágenes desagradables o chocantes. No sólo la tendencia a filmar escenas de mal gusto sino también el uso repetitivo de colores chillones, posiciones de cámara con puntos de vista imposibles o imágenes deformadas mediante grandes angulares extremos, definían su cine. Pero con ‘28 días después’ se produjo un cambio al dirigir su cine hacia cine de género, además de un avance en su estética cinematográfica, como la utilización de la imagen digital para mostrar filmaciones personales de los protagonistas (con cámaras de video) o la reiteración del montaje corto (propio de Paul Greengrass). Estos dos hechos dieron más poder a la historia narrada que al manierismo de las imágenes que la sustentan.

La sobreabundancia de la información de un plano de 'Trance'.

La sobreabundancia de la información de un plano de ‘Trance’.

‘Slumdog Millionaire’ fue un paso adelante y supuso la consagración de Danny Boyle en la meca del cine. Por primera vez fusionaba los hallazgos del estilo MTV con la fuerza de la historia narrada. No sólo eso, Boyle demostraba en ‘Slumdog Millionaire’, gracias a la forma de filmar, a los colores utilizados, a las variaciones de velocidad en la imagen y a los contrastes de la luz, que se puede conseguir transmitir pasión por la vida en sus películas: pasión acompañada de sentido del humor y sentido del humor conviviendo al mismo tiempo con la tragedia.

‘127 horas’ fue la perfecta continuación de esta manera de pensar el cine. La vitalidad se contagiaba al espectador desde el primer minuto, gracias a la utilización del ‘split screen’ y la fuerza inusitada que imprimía el protagonista y que sabía acompañar con un sentido del humor que funciona incluso en los peores momentos (véase por ejemplo la conversación que James Franco mantiene con él mismo reprochándose la estupidez de su acción y recordándose que va a morir). Pero hay algo nuevo en este film y es la importancia de las imágenes mentales. En ‘127 horas’ Boyle retomó, para representar las mismas, otra vez el uso de los colores llamativos y las angulaciones imposibles propias de sus primeras películas.

La imagen mental

Danny Boyle y John Hodge parecen haber ideado en ‘Trance’ un guión con el único propósito de dar continuidad a un estilo, a los logros arriba descritos en films anteriores. La narración depende en demasía de la forma, del manierismo de la imagen y el montaje. El film termina pareciendo un laberinto intrincado, una historia que se retuerce continuamente, que cambia radicalmente de punto de vista para jugar con aquello que puede ser real, con aquello que puede ser intencionadamente alterado (la secuencia de montaje de inicio) o con aquello simplemente imaginado (imagen-mental). ‘Trance’, al igual que otros guiones de Hodge, no respeta a su protagonista sino que le hace evolucionar desde un valor inofensivo (Boyle aprovecha rostros inocentes como los de Ewan McGregor o Leonardo DiCaprio o, en este caso, el de James McAvoy) a una naturaleza codiciosa y violenta. Y todo ello a través de un trastorno psicótico, con el desdoblamiento que surge de la imagen-mental, aunque ahora, y a diferencia de ‘127 horas’, de manera intrincada, dirigida desde fuera.

Pero hay algo que falla en todo esto, quizá es el feísmo de las imágenes (un exceso de reflejos, duplicaciones o deformaciones), quizá la pátina moral con la que conduce el relato, quizá el truco de repetir el estilo-Boyle estirando y complicando en exceso la narración, quizá la falta de capacidad para contarnos una historia romántica o quizá la presencia de unos actores poco afortunados (en especial Vincent Cassel), pero desafortunadamente (o afortunadamente) en el último film de Danny Boyle sólo permanece esa imagen retenida: la imagen-mental del cuerpo de Rosario Dawson surgiendo cual Venus de las Aguas, pura, como una pintura renacentista, con el sexo límpido, sin vello.

GERARDO CREMER

Imagen-mental del cuerpo de Rosario Dawson, como una pintura renacentista, con el sexo límpido, sin vello.

Imagen-mental del cuerpo de Rosario Dawson, como una pintura renacentista, con el sexo límpido, sin vello.

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  1. […] desequilibrios en la horizontalidad del encuadre o angulares extremos (ver la crítica de ‘Trance’ en este mismo blog). Si nos fijamos en la película previa a ‘Yesterday’ rodada por Boyle, […]



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