8º Festival Bilbao BBK Live / Charles Bradley & His Extraordinaires: El polvo

El gentío de la campa de Kobetamendi viendo los lamentos de los Editors (foto: Mr. Duck).

El gentío de la campa de Kobetamendi viendo los lamentos de los Editors (foto: Mr. Duck).

Jueves 11 de julio 2013, Bilbao, Monte Kobetas, 60 € en taquilla, bono tres días 120 € en taquilla.

BEV 8 BBK LIVE CARTELEsto de que en el 8º Festival BBK Live haya cuatro escenarios sobre los que oficialmente actúan hasta tres grupos a la vez (seguro que suenan hasta los cuatro cuando se acumulan retrasos) tiene sus pros y sus contras. Entre los contras está el que coincidan dos (o más) artistas del gusto o del interés del aficionado, que ha de elegir y descartar, lo cual a veces da mucha rabia. Y entre los pros destaca el que cuando uno se aburre puede cambiar de hábitat, sorteando a los miles de personas que vagan por las campas de Kobetamendi y tragando el polvo que levantan, claro.

Dicen que hubo 34.922 personas el día de la inauguración, el jueves, milagro, conseguí llegar a la cima y entrar en el redil, perdón, en el recinto, antes que saliera el primer grupo. Los tales Toy, cinco melenitas de Londres, pisaron el escenario Heineken y, cuando nos hartamos de su ampulosa indigestión de rock a lo Joy Division expansivos, nos fuimos con la música a otra parte, al escenario Live!, uno de dimensiones reducidas donde barruntamos se gozarán numerosas buenas propuestas. No fue el caso de la de los jarcoretas británicos Arcane Roots, a los que vimos espoleando a una masa predispuesta y pegada al tablado, apurando la sombra que proyectaba el tinglado.

Ilusionados pillamos sitio bajo el sol ante el escenario principal, el Bilbao Stage (stage es escenario, sí), para ver a una de las revelaciones de este BBK Live. Los tales Alt-J, que más que hype (la sensación, la moda) rozaron el bluf (o el puf, o el chof). Son ingleses, no tocan muy bien y lo demuestran en sus canciones armadas a cachitos sin desarrollar en los que los elementos del folk africano se infiltran subrepticiamente. Fue lo suyo un pop de corto recorrido en plan Tortoise sin intelectualizar, una fórmula que con más gracia (al menos en disco) desarrollan los Vampire Weekend. Con dos guitarras, teclados y batería sintética, sus estribillos fueron memorizados por la peña, milenaria ya tan temprano y asaz predispuesta al engorilamiento.

Después, en vez de Billy Talent apostamos por Edward Sharpe & The Magnetic Zeros, de Los Ángeles, California, más que nada por el nombre, muy rockabilly. Eran diez u once músicos, entre el público se hacían notar hooligans ingleses que coreaban como en la mili, y el show magnético esparció buen rollito y cantos comunitarios neohippies. Contentos por tocar por primera vez en España, como comunicaron, primero cruzaron a los Dexy’s Midnight Runners con Arcade Fire, luego pareció que entonaban temas de publicidad cervecera, por la mitad explotaron el rollo americano (country, góspel…) como si fueran The Lumineers o Mumford & Sons, y se despidieron con una tonadilla silbada que, ¡uh!, era la de un anuncio: su canción ‘Home’ que ameniza la publicidad de la Guía Repsol.

El octeto blanco escudero del soulman negro Charles Bradley (foto: Mr. Duck).

El octeto blanco escudero del soulman negro Charles Bradley (foto: Mr. Duck).

Tras hacer tiempo mirando a la peña que llenaba la campa y levantaba polvaredas mientras de fondo sonaban los quejicas ingleses de los Editors (entre el gentío alguna chica se subió en sujetador a hombros de algún voluntario; sería extranjera, claro), peregrinamos esperanzados al escenario Live! Para ver el show soul de Charles Bradley & His Extraordinaires, a los que vimos dos veces en 2012 en el Azkena Rock Festival. En 49 minutos y unos 11 temas (incluyendo intros y outro, ésta para dar abrazos a sus devotos), la banda de ocho músicos blancos (dos teclados, dos metales, dos guitarras, bajo y batería) se puso al servicio del soulman clásico negro de Florida, un tipo de unos 65 años que vivió en la calle pero que ya está rehabilitado y se gana a las audiencias emulando a James Brown (esos bailes), Otis Redding (esas baladas) y a Sam Cooke (esa dulzura) mientras grita (le llaman El Águila Chillona del Soul) y, ya se ha dicho, baila: hizo el robot, se arrojó al suelo con el micro, usó este como símbolo fálico entre el fervor de la chavalería que formaba el público, y cuando nos daba la espalda en sus giros dejaba ver el águila de metal tachonado en su chaleco.

Primer plano aire James Brown de su discípulo Charles Bradley (foto: Mr. Duck).

Primer plano aire James Brown de su discípulo Charles Bradley (foto: Mr. Duck).

Antes de irme vi cinco canciones de los cabezas de cartel, Depeche Mode, un cancionero plano, sintético, risible cuando se petó alguna máquina y debieron reiniciar la canción (para que luego la gente no piense en playbacks) y que si no tuviera visuales se quedaría en casi nada. Si tardé en subir una hora desde el BEC, en bus, volví a casa en otra hora (otra vez líos con el metro), y eso que pillé un taxi que me cobró 21,5 euros.

OSCAR CUBILLO

Martin Gore y David Gahan, de Depeche Mode, en Kobetas (foto: Mr. Duck).

Martin Gore y David Gahan, de Depeche Mode, en Kobetas (foto: Mr. Duck).

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One Response to “8º Festival Bilbao BBK Live / Charles Bradley & His Extraordinaires: El polvo”
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  1. […] con un ‘plof’ o algo así la anterior actuación de los ingleses Alt-J en el BBK, en 2013 (buf: aquí está documentado). Pues este año, durante el intermedio bicefálico, nos acercamos al escenario Heineken y vaya, […]



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