Fiestas de Bilbao 2013 / Loquillo: La conquista de los corazones (+ entrevista)

Fíjense en el detalle de los músicos con pañuelos azules de fiestas de Bilbao (foto: Mr. Duck).

Fíjense en el detalle de los músicos con pañuelos azules de fiestas de Bilbao (foto: Mr. Duck).

Viernes 23 de agosto 2013, Bilbao, Abandoibarra, 23.30 h, entrada libre.

El viernes, penúltimo día de conciertos estelares, por fin en esta Semana Grande acudimos a un bolo con mariposas en el estómago, esperando disfrutar de verdad. Nos referimos al show de Loquillo en Abandoibarra, que actuó in extremis en sustitución de El Arrebato, de baja por cólico nefrítico, y por ende y de rebote se convirtió en el único concierto de rock and roll de las fiestas oficiales. Loquillo contó casi al final de su intervención que les habían llamado ese viernes a las 11 de la mañana, cuando la banda estaba de vacaciones, pues se había tomado una semana libre. No obstante, en dos horas todos se pusieron en marcha. Y destacó el líder que su guitarrista Igor Paskual estaba en un ferry en el canal de La Mancha, tomó un coche de Calais a París, un avión desde ahí hasta Biarritz, y otra vez en coche hasta Bilbao.

Fuimos al bolo del Loco de cabeza y bajamos las escaleras anejas al Guggenheim con un cuarto de hora de antelación para pillar sitio delante, donde compartimos espacio con joveznos que se sabían las canciones (Loquillo renueva su público, es un clásico que no se reduce a la nostalgia), punkis (siempre le han seguido algunos), una cuadrilla de féminas bilbaínas con las que amistamos (El Loco las tiene enamoradas a todas y estas se acordaban de cuando se embutía pantalones de cuero; ah, una de ellas, al igual que yo, estuvo en el primer concierto que dieron Loquillo y Los Trogloditas en fiestas de Bilbao, allá por 1983-4) y veteranos de la vieja guardia que coreaban también a pleno pulmón.

Fue un buen concierto, bastante mejor que el de Loquillo en fiestas en Botica Vieja en 2010, cuando si no llega ser por él y su carisma, eso se habría ido por el desagüe de la ría. Esta vez, en Abandoibarra la banda cumplió con solidez y hubo momentos destacados de los guitarristas Igor Paskual y Jaime Stinus (vaya punteo se marcó éste en ‘Memoria de jóvenes airados’), unas líneas de bajo demasiado sencillas (ante esto y sus pintas menos elegantes, pensamos que no sería el habitual Alfonso Alcalá, sino un sustituto pillado con prisas, pero Loquillo lo presentó como Alfonso) y un baterista muy rígido (pero mejor que otras veces, Laurent Castagnet).

Un Loquillo cordial y comunitario triunfó en una explanada de Abandoibarra llena para el que fue el único show de rock and roll de las fiestas (foto: Facebook Loquillo).

Un Loquillo cordial y comunitario triunfó en una explanada de Abandoibarra llena para el que fue el único show de rock and roll de las fiestas (foto: Facebook Loquillo).

Fue un bolo maduro, muy coral, con ansia más de idosincrasia que de proselitismo, con el nosotros por delante compitiendo entre los muchos yos del Loco. Fue un show corto, pues solo duró 88 minutos para 18 canciones, pero resolutivo y con muchos buenos momentos. En septeto poderoso, de negro pero con pañuelos de fiestas azules, abrieron con ‘Rock and roll actitud’ y sus ecos afrancesados vía Johnny Hallyday, y continuaron presumiendo en la pretendidamente autobiográfica ‘Animal de rock and roll’ y sus coros lalalá. La cosa rulaba y tras la diletante y poética ‘Una línea clara’ (con la frase «porque milito en la razón del pensamiento ilustrado» y con patadita al aire en el baile), se miró al pasado con el clásico ‘Pégate a mí’, con el baterista revelando su rigidez pero sin estorbar.

Al acabar esta, ‘Locoooo-Locoooo’ coreaba la peña que llenaba sin apretarse demasiado la explanada. Tras ‘Planeta rock’, algo Bowie, la solemne y cantautoril ‘Memoria de jóvenes airados’ creció con los coros de la fracción más juvenil, y se subió el tono con ‘El hombre de negro’, su versión traducida de Johnny Cash, también algo cantautoril. La terminó y habló: «El problema es que cuando os veo, no sé qué coño decir», y cantó el dúo que hizo con su admirado Johnny Hallyday ‘Cruzando el paraíso’, conocido por la serie ‘Crematorio’, con el telón de fondo de terciopelo rojo simulado por los focos y la épica relajada y madura de la letra. ‘El rompeolas’, la canción que marcó la madurez de Loquillo allá por 1988, creció empujada por los coros finales, que rezan: «No hables de futuro / es una ilusión / cuando el rocanrol conquistó mi corazón».

Sangre Carne para Linda’ fue soulera y morbosa (con vientos remedados por las teclas y la boa roja al cuello de Igor Paskual), y el soul también se asomó levemente en ‘Las chicas del Roxy’, donde El Loco se marcó un movimiento presleyano  («esta me gusta mogollón», saltó nuestra vecina Mari Carmen). Después de la sesgada y algo punk de ‘El mundo necesita hombres objeto’, llegó uno de los momentos cimeros de la hora y media de show en comunión cordial, el rock and roll ‘Feo, fuerte y formal’ (como el epitafio del Duque, John Wayne), con la peña alegre saltando y coreando brazo en alto ahí delante. Parecía que no, pero el clímax medró en la canción que les hizo millonarios, la aflamencada ‘La mataré’ («a punta de navaja besándola una vez más»), hasta hace poco autocensurada y ahora enloquecedora de las masas.

Entonces desaparecieron los siete. Pensamos que sería una pausa, pero nadie pidió bis. Y debió de ser el bis lo que restaba, cuatro canciones más, que fueron: ‘El ritmo del garaje’ (muy coreado lo de «tu madre no lo dice, pero me mira mal») con el Loco fumando (era al aire libre, no pasa nada, no es denunciable); un ‘Rock And Roll Star’ muy teatral y sostenido por la peña que cantó toda la letra pleno pulmón; el aire de karaoke en la versión de Burning ‘Qué hace una chica como tú en un sitio como este’ (con el Loco abrazado a Igor Paskual para las fotos); y el adiós inesperado con la tercera gran cima de la cita, un ‘Cadillac solitario’, con Loquillo tendiendo la mano al respetable para que cantara y con él perfilado al borde del tablado, en plan Elvis en Las Vegas. Oh, Loquillo sigue siendo una estrella del rock español. Por muchos años.

OSCAR CUBILLO

El septeto oficiante de tres guitarras, bajo, batería, teclas y estrella del rock saludando al acabar (foto: Mr. Duck).

El septeto oficiante de tres guitarras, bajo, batería, teclas y estrella del rock saludando al acabar (foto: Mr. Duck).

+ ENTREVISTA: «Intento mantener mi forma física porque eso me ayuda a tener la cabeza muy bien»

(Entrevistamos a un Loquillo cordial y en febrero, y sus buenas respuestas siguen vigentes… Aquí va la charla)

Verborréico y egotista, seguro de sí mismo y confiado por su posición de más de 30 años en la cima del rock nacional, el cantante barcelonés Loquillo a sus 52 años mantiene el discurso del rock and roll, se presenta como hombre de familia maduro y revela su acercamiento a su viejo amigo y luego enemigo íntimo Sabino Méndez, ex Troglodita que firma las canciones del último disco, ‘La nave de los locos’ (Warner). Lo presentaba en septeto con tres guitarras y aprovechamos para hablar con él. Está constipado y nos atiende desde su casa.

¿Por qué vives en San Sebastián?

La primera vez que vine fue en el 84. Y viviendo llevo unos diez años de una manera o de otra. Me vine porque me daba una tranquilidad cojonuda para poder dedicarme a lo mío. La mayoría de mis amigos habían abandonado Barcelona Ciudad. Además, en ese momento Sabino se metió en Ciutadans y a mí me cayeron todas las hostias. Incluso me amenazaban. Yo me reía bastante de las amenazas, porque ya ves tú, pero era una situación incómoda para mí y mi familia. Y como en Cataluña no tocamos nunca ni se nos espera, la cosa fue muy sencilla: ‘mira, me voy a un sitio donde me quieren y puedo trabajar sin problemas’. En Cataluña los medios oficiales y las radiofórmulas nos ignoran. Aunque cuando tocamos ahí siempre vamos a empresa y llenamos. De sobra.

Has vivido en Guipúzcoa, Barcelona y también en Madrid, ¿no?

También. Esas son las tres ciudades en las que he vivido. De una manera o de otra en épocas diferentes.

Madrid y Barcelona son dos megalópolis españolas. ¿En qué se diferencian para el habitante de a pie?

Madrid es una ciudad abierta, así de claro. ¿Entiendes? Y Barcelona está perdiendo cobertura desde hace bastantes años debido a la irrupción del nacionalismo paleto.

Te acaban de conceder el Premio Global de la Música Aragonesa. ¿Qué relación mantienes con Aragón?

Además hace una semana me dieron el premio Ojo Crítico en Madrid, de Radio Nacional de España. Mi vinculación con Aragón es en todos los sentidos. Mis abuelos son aragoneses, de Chiclana, al lado de Caspe. Me acerco ahí también por Gabriel Sopeña, con el que empecé a trabajar en el 91. Y por José Lapuente, el director de mi oficina, Big Star Music de Zaragoza, antes Antípodas, que había sido el cantante de un grupo de los 80 llamado Los Proscritos. Y me apellido Sanz. Aparte, siempre digo que la tozudez y el valor del trabajo en mí son algo muy aragonés.

Vives en San Sebastián… ¿Te gusta la buena mesa?

No exactamente. A veces me dicen ‘tú eres muy amigo de Ferrán Adriá’, y mira, nunca he ido a comer a su restaurante. Soy muy normal en ese sentido. Aquí se come bien en todos los sitios. Hay grandes restaurantes y todo eso, pero no le doy mucha importancia. Sí se la dan en Barcelona. Para mí San Sebastián es una ciudad en la que me muevo muy bien porque soy un tipo de barrio y aquí se mantiene esa familiaridad con los vecinos. Es todo muy natural. En Barcelona se ha perdido esto y ahora se ha convertido en una ciudad hiperviolenta donde nadie se fía de nadie. Aquí en San Sebastián conozco al tendero y mi hijo puede ir a comprar el pan sin que tengas que estar detrás mirando a ver qué pasa.

‘La nave de los locos’ (Warner, 12).

‘La nave de los locos’ (Warner, 12).

El disco con Sabino. ¿Cuándo fue el deshielo con Sabino? ¿Hace unos diez años?

El reencuentro… Estamos en 2013… Sí, por ahí andaría. Igual hace un poco más. Fue todo natural y ni me acuerdo por qué. Ah, sí: Enrique Urbizu quería hacer la película de ‘Corre rocker’ (el libro de Sabino Méndez), y al final no pudieron producirla. En principio me pidieron permiso para hacerla y yo dije que no había ningún problema salvo alguna puntualización. Nos sentamos Sabino y yo por primera vez precisamente para ver el guión.

¿Por qué os distanciaste? Si quieres nos lo saltamos.

No, no… El uno no dejaba crecer al otro. Es lo más fácil de entender. Es lo mismo que cuando me preguntan: ‘¿por qué te separaste de Gay Mercader?’. Creo que teníamos una dependencia tan increíble uno de otro que si no nos separábamos enloquecíamos. Eso me pasó con Sabino y con Gay. Después he retomado la amistad y la colaboración. A veces suceden estas cosas. Llegó un momento en que yo no podía desarrollar lo mío y él tampoco lo suyo. También éramos jóvenes y muy animales, y los dos tenemos muy claro por qué fue. El está ahora donde quiere estar y trabaja en lo que quiere trabajar, y yo igual. Y la colaboración sigue intacta. Creo que hemos ganado muchísimo a nivel humano porque la vida nos ha puesto en situaciones familiares muy duras y los dos nos hemos apoyado mutuamente en momentos muy difíciles. Eso dice mucho y es un ejemplo. Yo cuando a veces veo que los grupos se separan y con 50 años se siguen odiando, pienso: ‘putos críos, siguen sin crecer’. Nosotros somos hombres adultos que sabemos lo que hay, lo que ocurrió, y ahora nos reímos un poco de aquello y seguimos trabajando juntos porque la magia sigue existiendo. Insisto: en los últimos años las cuestiones familiares han pesado mucho y esas cuestiones unen más.

¿Las letras del nuevo disco no son de hace mucho?

Yo tenía una serie de canciones en maqueta desde el año 85. Estaban en casete, con una guitarrita y un Casio de la época. Siempre le hacía la coña a Sabino: ‘Un día te voy a coger todas y te vas a enterar. Que las tienes ahí muertas de asco, hombre’. Y me dijo: ‘Si las quieres, cógelas’. Y lo hice. Puse en orden todo eso con otras canciones de ‘Balmoral’ y algunas escritas recientemente por Sabino. Le dije a Stinus y a la compañía Warner que quería un estudio una semana, no veinte días, porque esto debe ser urgente, directo y p’alante.

Haces rock adulto, pero tu público es totalmente transversal generacionalmente. Van desde gente mayo a chavales de 18-19 años.

Las canciones tienen mucho que decir. Sí que es cierto que no voy a ponerme a cantar ‘Quiero un camión’ porque quedaría un poco ridículo, pero hay un cancionero clásico del rock español que abarca desde ‘Esto no es Hawai’ en una primera época, una segunda que puede ser la de ‘La mataré’, una tercera con ‘Feo, fuerte y formal’ y una cuarta que es esta. Y dejando aparte las cosas mías con Gabriel de poesía etc. Claro, todas esas canciones son transversales, y cuando unos chavales oyen ‘Feo, fuerte y formal’ de repente se van a los 80 y empalman. Y quien conocía las de los 80 de repente se da cuenta de que yo he hecho más cosas.

Y por otro lado la gente se está olvidando de que por fin tenemos varias generaciones que comparten gustos musicales. Eso en España en los años 70 no ocurría. La música de los hijos no era la de los padres. Y ahora mismo te vas a un concierto de los Rolling y ves a los padres y los hijos, y no te digo yo que no vaya algún abuelo. Esa barrera que había en España y que en un país como Francia, por poner uno cercano, se había roto hacía tiempo, aquí empieza a caer. Esto es una cultura que abarca tres generaciones diferentes. Si vas a Glastonbury, que no sé cómo se pronuncia, y toca Ray Davies, va a verlo desde el cantante de Blur hasta la señora del supermercado, porque es música popular. Y el que intente dejarla en una esquina y ser elitista se equivoca.

No es por hacerte la pelota pero pienso que eres clásico porque te van a ver los chavales tras más de 30 años en escena. No van a verte por nostalgia, como por ejemplo les puede pasar a Burning.

Oscar, puedes darle muchas vueltas al asunto, porque ya se las he dado, pero al final hay dos cosas: buenas o malas canciones, y buenos o malos artistas. Y entre todo esto hay otra cuestión: o eres trabajador o eres un gandul. Conozco a mucha gente de mi generación que son auténticos gan-du-les. ¿Entiendes? Y ahora con 50 piensan: ‘Qué mala suerte he tenido’. No han aprendido realmente su oficio. ¿Por qué no has aprendido a tocar el bajo? ¿O la batería? ¿O a llevar un estudio? ¿Por qué no has mejorado en el tuyo, como hace todo el mundo? No, se han quedado tomando copas hasta las 5 de la mañana. U otra cosa: ¿Te gusta realmente la música? ¿Te gusta tu oficio? ¿Te gusta grabar discos? Pues si no, déjalo o permite que un chaval de 18 tome el relevo. Hay mucha gente y esto es un curro que te cagas. Es un no parar. Si no ofreces algo nuevo… Por eso digo: buenas y malas canciones, buenos y malos artistas, y ganas de trabajar. Es que no hay otra.

Sostiene Loquillo que la cuestión es tener ganas de trabajar (foto: Mr. Duck).

Sostiene Loquillo que la cuestión es tener ganas de trabajar (foto: Mr. Duck).

¿Cómo son los conciertos de esta gira?

Vamos a presentar el disco nuevo. No será un concierto de grandes éxitos, que ya lo hice en el 30 aniversario. La base será el disco actual. Y los conciertos de sala son otra cosa y no hay efectos extraños, no hay grandes montajes y eres tú. Nosotros vendemos poderío. Hemos fichado un nuevo guitarrista y ahora vamos tres. Aporta mucha profundidad al repertorio. Somos siete y lo voy a pasar mal yo porque no se cabe. Normalmente cuando la gente hace salas suele reducir, pero yo no: yo aumento. En fin, cosas mías.

Ahora tienes catarro. ¿Cuántas veces has salido a escena con cortisona para salvar los efectos de la enfermedad y no suspender?

Yo no me he metido cortisona en mi puta vida. Sé que lo hacen muchos, pero yo en mi puta vida haría eso, tío. Yo he salido siempre al escenario, no he recurrido nunca digamos a medicamentos. Jamás. Tengo una formación física potente y sé lo que tengo. Y si el día anterior estoy jodido, voy a correr por la mañana. Y si no, el viejo método: tomar una botella de Jack Daniels el día antes y a sudarlo. Ya no bebo Jack Daniels, entiéndeme. A mí la única vez que me han llevado en ambulancia ha sido porque me caí en el escenario porque el día anterior, en un concierto en Benidorm, tuve la peor lesión: rotura del triple ligamento cruzado. Y aún así salí al escenario. Después de eso, cuando me llevaban al hotel, y esto es real, tropecé otra vez, porque no podía andar, y me rompí el meñique del pie. Y aún así salí al escenario. Le pregunté al road manager de entonces: ‘¿Cuánto tiempo tenemos para tocar?’ Me dijeron 55 minutos. Y dije:
‘En el minuto 45 llama a la ambulancia’. Y ya noté que me iba apagando y justo en el minuto 55 pues hice lo que debe hacer una estrella en este caso, que es desmayarse en escena. Y salí con una ambulancia. Eso fue en Granada, en Santa Fe. Ha sido la única vez que he tenido un problema. Y evidentemente creo que ningún artista habría aguantado el dolor que yo tuve. Pero bueno, como me he criado leyendo ‘Los siete pilares de la sabiduría’ de Lawrence de Arabia, ya sabes… el dolor no existe.

¿Sigues haciendo deporte?

Sí. Normalmente corro todas las mañanas ahí donde esté. Antes de una gira me voy a revisión con el médico del Barça, y trabajo también con mi director físico. Y me encanta que me llamen los veteranos del Fútbol Club Barcelona (de baloncesto) para jugar partidos amistosos. El último en Logroño, donde tuve la gran sensación de jugar con el mítico Audie Norris, tío. Esas alegrías me las doy. Y me cuido no todo lo que querría, pero pienso que tampoco hay que pasarse, no sea que te vuelvas un yonqui pero al revés, je, je… Pero intento mantener mi forma física porque eso me ayuda a tener la cabeza muy bien.

El Loco tiende las manos agradecido a sus fans (foto: Mr. Duck).

El Loco tiende las manos agradecido a sus fans (foto: Mr. Duck).

¿Qué es eso de la gira ‘Uno de los nuestros’, con Ariel y Leiva, que se acaba de anunciar?

Es una apuesta de Live Nation. Lo que se comenta en comidas y al final sale. Nunca se había hecho aquí y yo siempre he sido reacio a compartir estas cosas, pero pensé que había llegado la hora. A mí estas cosas me dan muy mal rollo, porque se puede convertir en una especia de jipiada, en una furgoneta y de fiesta. Está muy bien con 18 años, pero con 50 está de más. Cuando me soplaron el nombre de Leiva pensé: ‘Coño, un chaval joven, con mucho respeto, que bebe de las fuentes del mejor rock español clásico y cuyo público está entre lo indie y la radiofórmula’. Es un chico que apuesta por el rock y además en Pereza había versionado ‘Rock and roll Star’ y fueron invitados dos veces al concierto de 30 aniversario.

Y cuando me soplaron el nombre de Ariel pensé: ‘Vamos a tener fiesta para rato’. Ariel es Tequila, Los Rodríguez… Y los tres somos tipos que picamos piedra. El famoso divismo está enterrado hace tiempo. Los tres hemos salido de bandas míticas y sabemos lo que cuesta partir de cero. Y en el caso mío y de Ariel tenemos un repertorio impagable. La gente pagará 38 euros, no 50, y verá un show de rock español. Son tres horas y media de show, no es ninguna broma. Todo interrelacionado, pero cada uno con su banda, cuidado. Y habrá una serie de invitados. Y en las tres bandas se reunirán los mejores músicos de rock del país, porque cada uno que toca es un monstruo con su historia. Me imagino un solo de Ariel con Jaime Stinus… Y es para verlo.

OSCAR CUBILLO

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Comments
One Response to “Fiestas de Bilbao 2013 / Loquillo: La conquista de los corazones (+ entrevista)”
  1. la coverdale dice:

    No entiendo que no toquen el himno del 2013 “la nave de los locos”, dejarse esa es para matarles.

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