Alfonso de Vilallonga: El barón (+ entrevista)

Alfonso de Vilallonga i Serra (voz, guitarra, piano y ukelele), Pau Figueras (guitarra acústica) y Roman Gottwald (acordeón y sierra) (imagen de móvil: Torkel).

Alfonso de Vilallonga i Serra (voz, guitarra, piano y ukelele), Pau Figueras (guitarra acústica) y Roman Gottwald (acordeón y sierra) (imagen de móvil: Torkel).

Viernes 20 de septiembre 2013, Bilbao, Cotton Club, 20.30 h, 15 .

El barón Alfonso de Vilallonga tocó el piano con la Orquesta Sinfónica de Bilbao el miércoles y el jueves en el Teatro Campos en las repletas proyecciones de la película ‘Blancanieves’. Eran unos 70 músicos. Y el viernes actuó en trío en el Cotton Club apoyado por el director de la orquesta de ‘Blancanieves’ Roman Gottwald (acordeón y sierra) y del joven Pau Figueras (guitarra acústica). Aristócrata palindromista, el Barón Maldà y Maldanell nos hizo carcajear con sus presentaciones de Casanova, tocó guitarra, ukelele y piano, y entonó muy bien 15 canciones en unos 88 minutos. Dos en catalán (una, ‘Malda State’, irónica sobre la independencia de Cataluña vista como Boadella; aquí va un vídeo con ukelele), dos en francés (una la dramática versión de ‘Je suis malade’ de Lara Fabian), dos en inglés (una la versión del ‘Three Cigarettes In An Ashtray’ de Patsy Cline agrandada con la solemnidad de Elvis y adornada fumando un cigarro por un Alfonso en pie) y el resto en español. En castellano el barón superó líricamente a Sabina y Albert Pla, sugirió la elegancia de Gershwin, y cantó una jota inaugural, corridos explícitos (‘Solo ante el peligro’) y sarcasmos similares a los de Sergio Makaroff (‘Pirateame, baby’, cuando bajó y bailó con dos féminas) y de Javier Krahe (‘Los amantes de madame’), bastante de ello incluido en su último álbum, ‘Alphosphore Variations’.

‘Alphosphore Variations’ (2013).

‘Alphosphore Variations’ (2013).

Empecemos otra vez. El Cotton estaba preparado con taburetes y todos los asientos se ocuparon, muchos con músicos de la sinfónica de Bilbao (al fondo, en pie, lucía una atractiva contrabajista, hummm…). Gente madura y muchas mujeres se veían, que atendieron, disfrutaron y hasta se rieron y corearon durante el íntimo encuentro con Alfonso de Vilallonga i Serra (Barcelona, 1962), un dandi con zapatos de flores que aseguró no ser un picaflor, o sea un frívolo inconstante, ante tantas historias de amor desperdiciado que compartía con nosotros. Es que llegó a preguntar: «¿Te das cuenta de que mis canciones son una colección de fracasos? Un drama detrás de otro. Un poco deprimente todo el asunto. Pero como hay una guitarrita…».

Tras la jota inaugural (que nos pilló fuera, fumando), se lució con ‘Antes’, pieza cantautoril que comenzó reminiscente de Pedro Guerra y la remató superando a Sabina en la poesía y en todo; en su coda recitó que le gustaría nunca acabar esa canción, pero que todo tiene un final. Contó que es un soltero forzado, sugirió el swing en la cuasiamenazadora ‘Si me dejas’, confesó que cometió el error de pegarse con un actor (son bastante brutos, informó) y que éste le rompió dos costillas cuya curación desembocó en la composición de la solemne y angloparlante ‘Frogland’ (muy ajena a su mejor estilo), dijo también que cuando escribe canciones para otros pone muchas modulaciones para que las canten mal… Pues esto y mucho más, como que un ukelele afinado no sería un ukelele.

ÓSCAR CUBILLO

BEV ALFONSO DE VILALLONGA MERCEDES SALTO

El Barón de Maldà y Maldanell siempre dispuesto a reírse de sí mismo (imagen de móvil: Mercedes Soler-Lluró).

 

+ ENTREVISTA «La música me soluciona mis problemas mentales»

El irónico aristócrata, premio Goya por la banda sonora de la película muda ‘Blancanieves’,

ofreció tres conciertos en Bilbao

Personaje polifacético es el Barón de Maldà y Maldanell, también Barón de Segur. Además de músico poliédrico capaz de escribir la banda sonora de ‘Blancanieves’, que le ha valido el premio Goya, o de componer irónicas rancheras como alguna de su cabaretero último álbum, ‘Alphosphore Variations’, Alfonso de Vilallonga i Serra (Barcelona, 1962) se presenta también como monologuista, charlatán, jugador de póker o showman. El palindromista aristócrata nos atendía justo antes de subir al tren Barcelona-Bilbao, donde ofreció tres actuaciones seguidas: miércoles y jueves en el Teatro Campos, en la proyección de ‘Blancanieves’ apoyada por la Orquesta Sinfónica de Bilbao, con Vilallonga tocando el piano en su seno y con las entradas agotadas, y el viernes en el Cotton Club, en formato trío con Vilallonga estrenando su disco ‘Alphosphore Variations’.

Eres barón. Aseguran los nobles que al margen de portar el título, la nobleza ya no conlleva ningún privilegio o beneficio.

Ninguno. Absolutamente ninguno. De todas maneras lo de noble, cómo decirlo… Yo creo que no hay nada más innoble que creerse noble por lo que hicieron unos antepasados, ¿no?

¿Y qué hicieron los tuyos?

Ha habido de todo. Quizá lo más importante que hizo el Baron de Maldà fueron unas crónicas de Cataluña escritas a mano cada día de su vida. Es el documento histórico más importante de Cataluña del siglo XVIII. Quizá eso es lo más relevante de mis antepasados.

¿Y cómo fue tu relación con tu tío José Luis de Vilallonga?

Soltero forzado, que no picaflor (imagen de móvil: Mercedes Soler-Lluró).

Soltero forzado, que no picaflor (imagen de móvil: Mercedes Soler-Lluró).

Fue esporádica. Es decir, nos veíamos de vez en cuando. Mi tío era un personaje divertido con muchos amigos y muchos enemigos. Pero a mí la verdad es que en general me caía bien.

¿Y cómo te atrapó la música?

Bueno, la música me vino de familia. Mis padres, sin ser profesionales, siempre habían cantado y tocado en casa. Éramos una familia muy musical y recuerdo que de pequeños mi padre nos despertaba por la noche y nos llevaba a cantar en bata a las fiestas de la sociedad barcelonesa. Siempre la música fue la parte más importante de mi educación, ¿no?

¿Y no tienes otros títulos, de Derecho, etc.?

No. Tengo el doctorado en música de Berklee, en Estados Unidos. Es lo que estudié.

¿Cuántos instrumentos tocas?

Principalmente la guitarra y el piano. Y bueno, y algunos derivados, porque también toco un poco el acordeón, el ukelele, el banjo… Pero principalmente la voz es mi instrumento número 1, y el piano y la guitarra.

Estudiaste en Berklee cuando ahí no iba casi ningún músico español. ¿Se respiraba el ambiente de élite?

Todavía había muchos profesores de los antiguos, de la vieja escuela del jazz. Enseñaban a escribir para big bands al estilo de Duke Ellington y hacían unos cursos muy interesantes que ya no existen. Ahora Berklee está mucho más enfocado hacia el sonido, la producción musical, programas musicales… Todo está muy informatizado y cuando yo estudié todavía había mucho artesano del jazz.

¿Cómo te propusieron musicar la película ‘Blancanieves’? ¿La viste antes?

Cuando me llamaron la película estaba filmada y premontada. Pablo (Berger, el director) me llamó porque le había gustado otra banda sonora mía, la de ‘Mi vida sin mí’, que hice para Isabel Coixet. ‘Blancanieves’ estaba filmada y querían estrenarla en el festival de Berlín y había mucha prisa, mucha música y muy poco tiempo. Me llamaron y me puse enseguida. Con el poco tiempo que había y la cantidad de estilos y el volumen de música que hay, conté con un equipo fantástico de trabajo que me ha ayudado muchísimo, como Roman Gottwald, que es mi ayudante en la película y arreglista, o Chicuelo, que ha hecho algunas cosas en la parte flamenca. No ha sido un trabajo de una persona, sino un trabajo de equipo, pero era un reto importante en poco tiempo.

¿Cómo te inspiraste para poner banda sonora a una película muda?

Bueno, en realidad Pablo Berger, el director, sabía bastante bien lo que quería. Aunque no sabía plasmarlo en técnicas musicales, sí en palabras para gran parte de la película. Luego a lo mejor cambió algo o yo le hice cambiar algunas cosas. pero él tenía una radiografía de lo que debía ser la música bastante aproximada a lo que acabó siendo. Por un lado fue difícil, por muy exigente, pero a la vez también ayudó que él supiera lo que quería y me puso ejemplos de otras músicas mías que podían funcionar. El sabía lo que quería, quería picos y valles, momentos muy grandes y momentos muy pequeñitos, quería una paleta de colores bastante completa.

¿Cómo serán las proyecciones de ‘Blancanieves’ con la BOS?

Eso ya lo hemos hecho en cinco o seis ocasiones con orquestas más pequeñas. Realmente para el espectador es fantástico, porque tienes una película nueva, no una antigua, con actores de ahora y con una orquesta que interpreta los temas en directo. Es una experiencia fantástica para el espectador y para nosotros, porque yo estaré tocando con la orquesta. Es una cosa muy placentera. Y muy difícil, porque tiene que ir completamente sincronizada, no caben los errores.

Y el viernes actuarás en el Cotton Club en otra faceta.

Iré con dos músicos y presentaré mi último disco de canciones, que se llama ‘Alphosphore Variations’. Es mi vertiente más de hombre espectáculo, con mis canciones más tipo cabaré. Es canción de autor teatralizado en rollo cabaré con una música muy viva. En el grupo yo canto y toco piano y guitarra y llevo a un guitarrista muy bueno de aquí de Barcelona (Pau Figueras) y a un acordeonista que toca también violín y sierra musical (Roman Gottwald, director de la BOS durante la proyección de ‘Blancanieves’ y arreglista de la banda sonora). Son multiinstrumentistas que vienen siempre conmigo, cantan y tocan y hacen de todo. Es un grupo bastante potente y será un espectáculo muy vivo. Me apetece ver cómo responde la gente de Bilbao.

¿Cómo saltas de la música clásica a la música más popular?

Yo en realidad siempre he tenido las dos vertientes. Yo canto y toco desde muy joven, y ya saqué un disco con CBS en el año 80, cuando tenía 18 años. Quiero decir que la faceta de escenario siempre la he tenido. Y luego me fui metiendo en lo del cine, en las bandas sonoras, y compagino mi carrera entre las dos cosas, ¿no? Intento elegir al máximo los proyectos para poder seguir siempre cantando y haciendo escenario, que me gusta mucho, y a la vez ir haciendo bandas sonoras siempre que sean interesantes y diferentes, como el caso de ‘Blancanieves’.

¿Qué opinaban tus padres de que te dedicaras a la música?

Como siempre fueron músicos aficionados… Además, como mi padre no se pudo dedicar a la música por cuestiones de su familia y de la época, la verdad es que siempre me apoyó. Al principio me pagó los estudios y siempre apoyó lo que yo hacía, que en realidad es lo que le hubiera gustado hacer a él.

Eres jugador de póker. ¿de los buenos?

Sí, soy muy bueno.

¿Cuál ha sido tu mayor pérdida y tu mayor ganancia al póker?

Je, je… Sobre mi mayor pérdida no puedo decir una cifra porque he jugado a veces por cuenta de otros. Las pérdidas, o ganancias, las han asumido otros. A veces he sido jugador encargado, financiado por otros. Y dicen los psicólogos que en el fondo a todos los jugadores lo que les gusta es perder. Si ganan no están contentos. El jugador en el fondo es un perdedor. Lo que más le gusta es perder. Además, como dicen, desafortunado en el juego afortunado en amores. Pues la verdad que yo prefiero perder al póker y tener la vida amorosa más positiva.

«La faceta de escenario siempre la he tenido», apunta el compositor de tantas bandas sonoras y trabajos de encargo (imagen de móvil: Mercedes Soler-Lluró).

«La faceta de escenario siempre la he tenido», apunta el compositor de tantas bandas sonoras y trabajos de encargo (imagen de móvil: Mercedes Soler-Lluró).

¿Y tu mayor ganancia con la música?

La mayor ganancia es la que me aporta cada día. La música me soluciona mis problemas mentales. La música es una terapia. Es una suerte disponer de esta herramienta para cambiar de humor. Te pones a cantar y a tocar y de alguna manera te metes en ese mundo que es como mejor, ¿no?

Tú has recibido cultura en su casa. ¿Crees que la educación pública va a acabar con la cultura, en el sentido que a los alumnos se les aprueba sistemáticamente y no se les exige apenas?

No estoy al corriente de eso.

Te lo digo yo, que mi mujer imparte clases de secundaria en la escuela pública vasca.

Yo sí sé de una escuela de música privada importante en Barcelona donde obligan a los profesores a aprobar a los alumnos por malos que sean. Aunque el alumno sea un zote en la música, se le aprueba porque de esta manera sigue pagando. Me consta que les tienen prohibido catear, suspender a los alumnos porque es la manera de que sigan pagando y manteniendo la escuela. Me parece realmente una aberración

OSCAR CUBILLO

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