CINE: ‘The Bling Ring’: Tratando de ser famoso

bev the bling ring cartel

Texto por GERARDO CREMER

Estreno: 11 de octubre 2013

Directora: Sofia Coppola

Calificación: 4 estrellas de 5

Tráiler subtitulado de ‘The Bling Ring’

Tras ese ejercicio cinematográfico sobre la fama, el aburrimiento y el vacío existencial que supuso la extrema ‘Somewhere’, Sofia vuelve a su temática fiel a las adolescentes de clase alta que observan el devenir de su vida sin referencias. Niñas que se contemplan en el espejo de sus padres ricos y que sólo ven reflejado en ellos el tedio y la repetición, proyección de una vida futura sin futuro, donde los desplazamientos, los espacios neutros, la frialdad, sustituyen a cualquier atisbo de felicidad o de espejismo de vida familiar feliz: tragedia humana decorada de escenarios lujosos, donde el sentido material de las cosas da paso a la ‘cosificación’ del ser humano, hacia un sinsentido de la existencia.

En ‘The Bling Ring’ (nombre que adoptan un grupo de jóvenes estudiantes que se dedican a allanar las mansiones de famosos robando sus joyas y complementos de lujo) se parte de un suceso real que puede leerse en un artículo de la revista Vanity Fair (www. VanityFair .com/…/03/billionaire-girls-201003). No es la primera vez que Sofia Coppola decide adaptar un hecho real relacionado con chicas jóvenes de clase alta que están perdidas, sin clara orientación y apoyo familiar, en una sociedad consumista que sólo proyecta imágenes, riqueza y fama, y que termina negándolas como personas, alejándolas de ser individuos; ya lo hizo con ‘Las vírgenes suicidas’ en 1999. Los protagonistas de ‘The Bling Ring’ parecen personajes que han dejado de lado su condición humana y que han pasado a formar parte de ese conjunto de imágenes, anuncios publicitarios de moda, portadas de revista y videos de YouTube, que inundan nuestra existencia diaria.

La realidad confundida con la ficción: los cinco protagonistas en una gala de MTV.

La realidad confundida con la ficción: los cinco protagonistas en una gala de MTV.

La narración de la historia se realiza a partir de los puntos de vista de las hermanas Nicki (Emma Watson), Sam (Taissa Farmiga) y Chloe (Claire Julien), tres jóvenes adolescentes de clase alta, y el de Marc (Israel Broussard), un nuevo alumno de la Indian Hills High School, en California, donde coincide con ellas. Marc también conocerá en el colegio a Rebecca (Katie Chang), verdadera inductora de los robos que introducirá a él y a las hermanas en una espiral delictiva, empezando por la sustracción de carteras de los coches que las familias pudientes dejan abiertos enfrente de sus casas (realmente sorprendente e increíble), pasando por el divertimento de entrar en casas de ricos y famosos (que también extrañamente dejan sus puertas abiertas), hasta el robo de joyas y objetos de valor en dichas mansiones. La narración también mostrará un lado más objetivo, el que corresponde a las imágenes de televisión de famosos entrando por las puertas de los juzgados o la de las entrevistas por psicólogos o policías de los jóvenes protagonistas tras su detención. Con este recurso narrativo Coppola desactiva el suspense, el misterio que puede encerrar la historia, para centrar la misma en una repetición de escenas de estos chicos entrando en las casas, deleitándose con el lujo, ya que sabemos desde el comienzo que finalmente serán detenidos.

La directora norteamericana prioriza la imagen por encima de la historia. Su intención, al igual que hizo en ‘Somewhere’, es asemejar a los jóvenes protagonistas con las imágenes que ellos adoran. En primer término predomina la luz blanca, los objetos (especialmente los zapatos y los bolsos) de colores primarios que contrastan con el color suave, claro, apastelado de los espacios en los que se mueven los protagonistas. Algunas veces ellos aparecen filmados por sus webcams mientras gesticulan de tal manera que parecen gustarse a sí mismos, o bien Coppola les filma mientras se hacen fotos (con poses marcadas) en sus teléfonos móviles. Hay secuencias de planos ralentizados, de montaje rítmico de corte videoclipero, pero hay sobretodo música pop y rap norteamericano (Sleigh Bells, Azealia Banks, Sammy Adams) que inunda casi todo el metraje. Los protagonistas parecen amarrados a la forma con la que la directora compone el plano, llegando en algunos casos a parecer más imágenes que personas.

Una operación parecida, pero más drástica, fue hecha por Gus Van Sant en el film ganador de la Palma de Oro de Cannes del año 2003, ‘Elephant’. En esta película los protagonistas se abstraían de su condición de personas para actuar como personajes de un videojuego, deformando el director el espacio y tiempo narrativo de tal forma que los asemejaba a las pantallas del juego de ordenador. La conclusión era que ese proceso de despersonalización, de escisión corporal, conllevaba la anulación de la conciencia, de los sentimientos (incluso a la no sensibilidad de sufrir su propia muerte violenta) para existir en relación a las sensaciones exteriores que llegaban a ellos totalmente deformadas por su percepción enferma.

La hermanas idealizando a los que aparecen en la tele.

La hermanas idealizando a los que aparecen en la tele.

Sofia Coppola también busca trasladar al espectador ese estado de desconexión de sus personajes con la propia existencia interna de la que parecen renegar. Existencia que pasa a ser suplantada por lo ‘externo’, por el marco exterior (en la película lo que se conoce por la ‘forma’ y que se plasma en la importancia que se da a la composición visual y musical de las escenas) de sus rostros siempre hermosos y sonrientes, de sus cabelleras largas y rubias, de sus vestidos, bolsos y zapatos de marca. Pero en un segundo término Coppola trabaja las causas, las razones socio-económicas de sus comportamientos. Aquí se muestra siempre, en un peso narrativo oculto por la forma, las causas de esa deriva como individuos: por ejemplo las cortas apariciones del padre de Marc preocupado por su hijo, la pertenencia a la Cienciología de la madre de Nicki, Sam y Chloe, o la adicción a las drogas de todos los personajes juveniles que potencia la vacuidad de su existencia diaria. Sorprende en el film la ausencia de sexo que queda suplida por esa limpieza en la presencia exterior de los personajes. Ese lujo, ese ‘asemejarse al famoso’, llevan sus relaciones sexuales a la nada.

Coppola juega todo el film con la repetición, algo que ya hizo en sus anteriores ‘Lost In Translation’ y ‘Somewhere’. Si en la primera la reiteración alcanzaba un tono de comedia gracias al dominio de la impasibilidad del rostro de Bill Murray en la segunda la repetición buscaba su semejanza con los espacios geométricos, abiertos, suntuosos, centelleantes, pero opresivos del cine de Antonioni. En ‘The Bling Ring’ la repetición incide en reforzar la desconexión de los personajes con sí mismos, encerrándolos en una especie de revista virtual de la que se sienten imagen y protagonistas al mismo tiempo. Por ello las consecuencias finales de sus actos son vividas de forma distante, como si no fuera con ellos: Marc entrando esposado en el furgón policial que le conduce a la cárcel y que mira alrededor lo que le sucede como si no le estuviera ocurriendo, o Nicki relatando a los medios de comunicación su aventura para publicitar al mismo tiempo la página web que ella misma ha creado.

GERARDO CREMER

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: