CINE: ‘La vida de Adèle’: Elogio a Adèle

BEV LA VIDA DE ADELE. CARTELJPG 

Texto por GERARDO CREMER

Palma de Oro en Cannes 2013

Estreno: 25 de octubre de 2013

Director: Abdellatif Kechiche

Calificación: 5 estrellas sobre 5

Trailer de ‘La vida de Adèle

 

ELOGIO AL NATURALISMO

Con una base cultural fuera de toda duda, soportada por el movimiento naturalista francés, no sólo del literario de Émile Zola sino también del cinematográfico desde Jean Renoir hasta Jean Vigo, Abdellatif Kechiche se adentra con su monumental ‘La vida de Adèle’ en la descripción, en su primera parte, del período del despertar sexual y del descubrimiento del amor de Adéle (Adèle Exarchopoulos), para pasar, en su segunda parte, a narrar el desengaño amoroso y la aceptación de la fatalidad de la existencia humana.

Film dividido en dos partes claramente diferenciadas, la primera es un ejemplo de fluidez narrativa, donde se deja claro la limitación del punto de vista (únicamente el de Adèle), donde no se da espacio a otras vidas u otras historias y donde la información que recibe el espectador es completa dentro del universo cerrado que corresponde a la narración elegida. La segunda parte es opuesta: el tiempo de la historia es mucho mayor (más de tres años a diferencia de los pocos meses en la que transcurre la primera) aunque su tiempo narrativo es más corto (esta parte dura menos que la primera) y además se incluye un montaje cargado de elipsis, donde se omite información de manera intencionada al espectador.

Estructura similar se encuentra en otro film francés estrenado hace dos años, ‘Un amour de jeunesse’, de Mia Hansen-Løve, otro film que narra una historia de amor entre dos jóvenes donde el tiempo potencia su destrucción, otra descripción naturalista (en esta ocasión más propia del movimiento francés al situar a sus protagonistas en su contexto socio-económico) que también elige a Renoir, Assayas y Techiné como referentes. Aunque ‘La vida de Adèle’ le debe más al plano del rostro cortado tras el beso de ‘Une partie de campagne’ (1936) de Jean Renoir que a la descripción de la naturaleza humana de su más popular ‘La bête humaine’ (1938) basada en la novela de Zola.

El plano del rostro cortado tras el beso en Renoir…

El plano del rostro cortado tras el beso en Renoir…

... junto al rostro de Adèle tras el desengaño.

… junto al rostro de Adèle tras el desengaño.

Kechiche está mucho más interesado en alcanzar un naturalismo humano antes que un realismo social. Un naturalismo que se acerca esencialmente al alma humana a través del rostro del actor. Algo que emparenta al director francés-tunecino con el director americano John Cassavetes, en especial con su film ‘Faces’ (1968). En ambos films el primer plano ahonda el proceso de ensimismamiento y aislamiento social. En ‘La vida de Adèle, primera parte’, la historia de amor entre las dos jóvenes, Adèle y Emma (Léa Seydoux), se describe como una reclusión social intencionada y su historia se concentra en el realismo, a veces poético, donde el deseo, la pasión y el sexo son lo único que cuenta.

Los rostros de Cassavetes…

Los rostros de Cassavetes…

...comparados con el rostro de Adèle.

…comparados con el rostro de Adèle.

Por ello, ese realismo poético también une a Kechiche con otro de los grandes clásicos del cine francés, con el Jean Vigo de ‘L´Atalante’ (1934), en dos escenas que son clara influencia visual de su mítico film: el sueño erótico de Adèle tras su encuentro fugaz con Emma y la escena en la que Adèle flota en el agua del mar recordando a su amante.

ELOGIO AL ROSTRO

El primer plano es el recurso narrativo más usado en ‘La vida de Adèle’. No sólo limita el punto de vista y aísla a los personajes en su contexto social, sino que es mecanismo de expresión al exponer el rostro de la actriz a su pura afección. La selección y sucesión de escenas en la primera parte del film trata de exponer los hechos determinantes que provocan una reacción afectiva en la protagonista, momentos que provocan la creación de un conflicto interior y una reacción humana incontrolada.

Y es que el gran acierto del film es su actriz protagonista, Adèle Exarchopoulos, pura sensibilidad interior que sabe expresar perfectamente con su rostro. Más aún, sensibilidad afectiva que desborda su rostro o que lo usa como continente incontrolado incapaz de dominar su contenido. Lágrimas que salen con facilidad desbocada, nariz moqueante y manos que se mueven incontroladamente tratando de dominar el pelo rebelde. Aunque su secreto está en sus ojos: ojos que parecen buscar comprensión en cada rostro que miran, que actúan como mirada infantil o animal ingenuo. Y también en sus labios carnosos, protuberantes, que parecen buscar, en su configuración hacia afuera, el deseo latente del espacio circundante.

Emma, su amante, no duda, el primer día de su encuentro a solas, dibujar un esbozo de su rostro en un cuaderno. Al final del film, ese esbozo se transformará en uno de sus cuadros expuestos en la primera exposición de su vida. Y es que el rostro de Adèle Exarchopoulos es principalmente pictórico, ya que expresa por sí mismo. Por ello no hay diferencia entre la actriz y el personaje. O al menos Kechiche ha conseguido que esa distancia desaparezca al hacer vivir a la actriz en el film con el mismo nivel de pasión, desenfreno sexual y posterior frustración que la Adèle protagonista. El rostro de la actriz pasa a ser, entonces, propiedad del personaje pero, al mismo tiempo, el personaje no es nada sin el rostro de la actriz, sin las vivencias personales de la propia actriz. Y eso mismo es lo que descubrió, ya hace más de medio siglo, Roberto Rossellini cuando Ingrid Bergman sufrió la separación con el director en su ya clásico ‘Viaggio in Italia’ (1954).

ELOGIO A LA CULTURA

Todo el film está punteado de referencias culturales. En Adèle su contexto social o su empatía con el mundo están marcados por la cultura. Al comienzo del film se muestra una clase de literatura en donde se hace referencia a Pierre de Marivaux (1688-1763) y a su novela ‘La vida de Mariana’. Ya en la segunda película de Kechiche, la excelente ‘La escurridiza’ (2003), los protagonistas, unos adolescentes, se relacionaban mediante la recitación del texto de una obra cómica de teatro de Marivaux. En ‘La vida de Adèle’ se habla del ‘flechazo’ amoroso como hecho literario que requiere un análisis de texto pero no como acto natural, como respuesta vital al deseo.

Después, cuando Adèle conoce a Emma, ésta la introduce en el mundo del conocimiento del arte y la cultura. Le habla de Sartre y la filosofía y juntas visitan en el Louvre obras renacentistas y barrocas de desnudos femeninos. Pero Adèle, que quiere penetrar en la cultura, que quiere ser parte de ella (vivir como obra de teatro, sentir como el pintor siente la belleza), encuentra en su vida interior, en su sensibilidad desbocada, el impedimento a ese refinamiento. Algo que se aprecia en su manera descontrolada de comer en la primera comida que contemplamos con sus padres, cuando engulle los espaguetis con gula, sin preocuparse de su imagen o limpieza. Su arte es el aliento impulsivo, es rostro afectado sin control, es cuerpo necesitado de movimiento y música (excelente la escena en la que ella baila música latina con su compañero de trabajo del colegio y que recuerda la escena del baile árabe del anterior film de Kechiche, ‘Cuscús’, de 2007). Adèle busca el arte pero no lo alcanza, aunque el arte le pertenece, es inherente a su cuerpo y a su alma. En cambio Emma conoce el arte, lo estudia, lo trabaja, pero sólo llega a él en su superficie.

Por ello, la separación entre Emma y Adèle tiene más motivos culturales que otra cosa. Hecho que se ejemplariza en el enfrentamiento (que surge durante una discusión en la película) entre el arte radical, impulsivo de Egon Schiele, y el arte refinado de Gustav Klimt. De Schiele, Kechiche nos deleita con la escena salvaje de diez minutos de sexo femenino, pura pornografía, pero pornografía filtrada por la sensibilidad salvaje de Adèle. Censura pública ya vivida en la época de Egon Schiele (y aún existente en el estreno en USA). Imagen salvaje que queda lejos de las imágenes sexuales exquisitas del arte de Klimt.

Sexo entre mujeres de Schiele similar a la escena de sexo entre Adèle y Emma.

Sexo entre mujeres de Schiele similar a la escena de sexo entre Adèle y Emma.

Y el refinamiento de Klimt.

Y el refinamiento de Klimt.

Por eso, en ‘La vida de Adèle’ podemos entender la expulsión de Adèle de la vida de Emma como un hecho cultural de incomprensión, como un rechazo surgido de los celos artísticos. ‘La vida de Adèle’ nos habla de la cultura, sí, pero de la cultura propia del alma, del rostro y del cuerpo humano.

GERARDO CREMER

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Comments
2 Responses to “CINE: ‘La vida de Adèle’: Elogio a Adèle”
  1. Paula dice:

    Sinceramente, para que se hagan películas lésbicas como ésta prefiero que no se haga ninguna… porque mucho decir que visibilizan y normalizan pero parece que nadie ve que en realidad estamos en lo de siempre: las relaciones entre mujeres se convierten en objetos de morbo masculino y en escenitas degradantes de tetas y coños antes que en cualquier otra cosa, y eso es más un retroceso que un avance.
    Soy lesbiana y estoy muy harta de escuchar tantas alabanzas absurdas a esta película que no es más que el desahogo pornográfico de las obsesiones de un director déspota. Fui a verla ilusionadísima porque el cómic me había encantado y tenía las esperanzas de encontrarme con algo igual de bueno o quizá mejor, pero no puedo expresar mi sorpresa al encontrarme tamaña basura… Quince minutos de porno lésbico completamente gratuito e injustificado que ensucian el resto del metraje y actúan a modo de llamada de atención desesperada (así como llamada a la recaudación, a la audiencia y a la crítica masculina) para disculpar tres horas insustanciales, desaprovechadas y vacías, con lo que podía haber dado de sí una temática inicial tan fantástica. El director sólo se preocupó de rodar tijeras y cunnilingus, no hay rastro de la profundidad de la novela gráfica, de su estética cautivante, de su buen gusto, de su sensibilidad, de su despliegue en cuanto a temas y motivos… sólo sexo explícito, poses ridículas y morbo facilón para arrastrar a la gente a verla y convertirla en vouyers.
    Sin esas largas escenas de sexo la película habría ganado en dignidad y fuerza, precisamente es contraproducente a su causa este excesivo regodeo. En lugar de estas escenas (o de gran parte de ellas) se podría haber aprovechado metraje e incluir, por ejemplo, una escena de ataque homófobo de los que están tan tristemente vigentes en Francia u otros países europeos, eso sí contribuiría a una mayor sensibilización del público y no una escena como la de las tijeras con la que la película cae en el ridículo, se descalifica a sí misma y le da la razón a quienes afirman que es pornografía mostrada sólo con el propósito de excitar. ¿Cuál es la intención si no de regodearse de tal manera? ¿Si no vemos ocho orgasmos no entendemos la pasión entre ambas protagonistas? ¿O la “necesidad” de meter estos quince minutos de sexo salvaje era porque si no nadie aguantaría tres horas soporíferas viendo a una actriz con cara de empanada?
    Me pregunto cómo es posible que nadie (o muy pocos) vean lo que es en realidad esta película: una fantasía pornográfica de un director heterosexual, basándose en un juicio apriorístico de cómo follan dos lesbianas que no es más que su propio deseo puesto en imágenes (y además tiránicamente, en plan “vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo mientras babeo). De haber sido dos hombres los protagonistas (o un hombre y una mujer), el director jamás se habría recreado así en una escena sexual entre ellos y la película no habría sido tan brillante para los críticos. Si la pareja hubiera sido heterosexual y si el sexo, aunque realista, hubiera sido tratado de manera más sutil, de esta película ni se habla. Y mucho menos se la premia. Pero claro, a los críticos heterosexuales les ha gustado mucho y por eso ganó Cannes…
    Por eso, lo que me escama de todo esto (aparte de que me es imposible simpatizar con un señor que ha hecho que sus actrices se sientan poco menos que abusadas…) es que el director ha reducido una historia compleja sobre el amor, la amistad, la intimidad… en una larguísima escena de sexo hecha desde el punto de vista de un observador masculino y heterosexual (qué sorpresa) que reduce a las lesbianas y a las mujeres en general en objetos hipersexualizados cuyas prácticas sexuales son y deben ser aquellas que despiertan los deseos de este público en particular. Como siempre, se reduce a las mujeres (lesbianas o no) a lo mismo. Objetos. Objetos con los que vender, comerciar, excitar… objetos masturbatorios y poco más.
    Esta película no hace ningún favor a la causa homosexual, más bien todo lo contrario.

    Si me extiendo tanto y me expreso con tanta vehemencia es porque quiero que mi punto de vista (que es el de muchas lesbianas también) ayude a entender por qué tanta indignación justificada con esta película, por eso insisto en dar explicaciones de lo que considero que es un enfado lógico (el que también siente la propia autora del cómic) y no una pura histeria “porque sí”.
    Recomiendo encarecidamente la lectura del cómic original para que cualquiera compruebe la diferencia por sí mismo en todo cuanto afirmo: claro que hay sexo, de hecho nadie niega la necesidad de que lo haya, pero está tratado de una manera completamente diferente: con buen gusto, sensibilidad y respeto. Son escenas estéticas y realistas, no tan facilonas, exageradas y burdas como en la película, donde la mirada masculina y casi onanista se delata por sí sola. La autora, Julie Maroh, también expresó su indignación al respecto. Conste, insisto, que en ningún momento se discute sobre no mostrar sexo en la película, de hecho es necesario y está justificado que se muestre, pero no ASÍ. El problema no es con el sexo explícito siempre que esté justificado y bien presentado. El problema es cuando se ha decidido mostrar una escena sexual larguísima con el único propósito de crear morbo gratuito y polémica para después querer tomar al espectador por tonto, hacerse el ingenuo y pretender venderlo como “arte”. Eso es lo indignante. Más que una relación sincera y realista entre dos mujeres parece una fantasía pornográfica bastante tópica (e incluso ridícula por determinadas posturas) de un hombre heterosexual.
    Tened por seguro que si Kechiche hubiera dirigido “Brokeback Mountain” o una historia de amor con dos hombres como protagonistas, ni de coña se habría recreado tanto. Es por este cúmulo de circunstancias por el que las lesbianas nos sentimos tan ofendidas: se nos reduce siempre a lo mismo, al mismo papel de objetos destinados a dar placer o morbo a la audiencia… Es curioso que las mayores alabanzas procedan, justamente, de hombres heterosexuales; las mujeres, heteros o lesbianas, la ponen bastante peor y son mucho más críticas. Será quizá porque la cosificación sexual de la mujer es algo tan enquistado en nuestra sociedad, en todos los ámbitos, lo tenemos tan admitido, que ni se permite darle la vuelta cuando alguien lo cuestiona (y entonces, de hacerlo, se nos tacha de histéricas, mojigatas o estrechas de mente, como si confundiéramos “abiertos de mente” con “necesidad de mostrar sexo explícito”) y, como siempre, se visibiliza a las lesbianas sólo para la consecución del placer masculino; se las muestra como objetos sexuales en la pantalla con la hipócrita excusa de que es necesario ver esas escenas pornográficas para entender la vida de la protagonista. Y así, la vida de Adèle se queda reducida a “La vida sexual de Adèle”. Una película fácil, vulgar, pornográfica, con todo lo que podía haber dado de sí (no se dedica apenas atención a la lucha interior de la protagonista, a los conflictos con sus padres y amigas ni la solución a los mismos, no se incide en la necesidad de una mayor visibilización y normalización, etc.)… Creo sinceramente que Kechiche no quiso desarrollar con la misma extensión y profundidad ningún otro tema más que el sexual, disfrazando tal cantidad exagerada de escenas pornográficas bajo tres horas de “cine” y “arte”. El director parece que sólo se dirige a un público específico para que alabe su obra. Podía haber hecho una verdadera maravilla, pero se dejó cegar por el recurso más fácil y explícito. Es verdaderamente una lástima.

  2. ¿Por qué tantas lesbianas estamos en contra de esta película? Aquí enumeramos las razones:
    – Fomenta tópicos machistas y morbo gratuito.
    – Vulgariza impunemente la maravillosa obra original, ‪#‎Elazuleselcolormascalido‬, de ‪#‎JulieMaroh‬, y la sexualiza convirtiéndola en basura.
    – Reduce la imagen de las lesbianas a mera pornografía para hombres y la relación entre ellas a una frívola fantasía machista.
    – Cosifica y explota a las actrices, ‪#‎LeaSeydoux‬ y ‪#‎AdeleExarchopoulos‬, para hacer de ellas simples objetos masturbatorios.
    – Ningunea todos los temas profundos del cómic original, así como su buen gusto y sensibilidad, sacrificando su importancia para centrarse únicamente en la explicitud de unas larguísimas escenas sexuales totalmente innecesarias para la trama.
    – Intenta convencer al espectador de que estas escenas son imprescindibles para entender la vida de la protagonista, y en cambio no se regodea ni la décima parte con las escenas de cama heterosexuales (también supuestamente importantes para entender la vida de la protagonista y su evolución).
    – Convierte la visibilización y normalización lésbica en puro morbo para voyeurs y pajilleros.
    – ‪#‎AbdelatifKechiche‬ demuestra una total falta de respeto hacia la idea original concebida por la autora.
    – Es una película mediocre premiada y alabada injustamente sólo por su reclamo sexual, sin el cual la historia no destaca por nada y habría pasado completamente desapercibida.
    – Es ofensiva para las lesbianas, utilizadas una vez más para lo mismo de siempre: la consecución del placer masculino.
    – Toma por idiota al espectador queriendo venderle una supuesta gran historia de amor que no es más que vulgar pornografía.
    – Desaprovecha un fantástico material original y lo que podía haber sido una valiosa y memorable obra de referencia queda reducida al reclamo fácil y comercial.
    – Todo lo anterior se corrobora también con las eróticas fotos promocionales y la sexualizada campaña de publicidad.

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