El Cabrero: Oficio cantaor (+ entrevista)

El Cabrero (José Domínguez Muñoz, Aznalcóllar, Sevilla, 1944) actuó con el tocaor Rafael Rodríguez (foto: Mikel Martínez de Trespuentes).

A El Cabrero (José Domínguez Muñoz, Aznalcóllar, Sevilla, 1944) le escudó el tocaor Rafael Rodríguez (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Viernes 15 de noviembre, Bilbao, 8º Festival Contra La Censura, Sala BBK, 20 h, 15 .

El viernes en la Sala BBK, en el 8º Festival Contra la Censura actuó el cantaor jondo El Cabrero, personaje propio de Sergio Leone con su sempiterno sombrero y su pañuelo cerrando el cuello de la camisa. Tras la proyección del documental ‘El canto de la sierra’ (aquí va entero), presuntamente censurado en las televisiones públicas españolas, en 83 minutos con tres bises y 13 sucesiones de cantes (algo largo para una cita flamenca), el campero sevillano de casi 70 años reveló más oficio que duende y facultades en un concierto populista, recio y lineal en la forma, carente de subidas y bajadas emocionales pero correcto y suficiente en el arte.

Entre invocaciones ateas jaleadas por parte del patio de butacas y caducas proclamaciones anticlericales, antimonárquicas y antibanqueras (¡en un bolo de la BBK!), El Cabrero fue panteísta, pastoril y serrano, y a menudo presumió de rebelde, disconforme, a contracorriente y oveja negra. «No te mueras nunca», gritó una espectadora con mucho mal fario, y «eres el Pavarotti del flamenco», le animó otro un poco descentrado.

El Cabrero (José Domínguez Muñoz, Aznalcóllar, Sevilla, 1944) actuó en dúo con el tocaor Rafael Rodríguez. «El guitarrista es la luz del que canta a ciegas», describió y abrió por luengas soleás de más de 10 minutos, con sucesiones de letras como «ayyyy, yo no creo en Dios / creo en el agua y el aire / creo en la tierra y el sol» o «el cante no es alegría / el cante es decir las penas que se llevan a escondías». El ecologismo brotó en la semblanza del ‘Macho cabrío’ (también conocida como ‘El macho montés) con guitarra tosca de Rafael Rodríguez y larga ovación del respetable. «¡Qué arte!», insistió una dama, y El Cabrero prosiguió con uno de sus hits, ‘Como el viento de poniente’ (aquí la misma pareja oficiando en vivo), versionado por los roqueros navarros Marea y con la apertura lírica que evoca «de niño no me gustaban los libros ni las sotanas ni salir en procesión, eran tan desobediente como el viento de poniente, revoltoso y juguetón».

‘Pastor de nubes’ (El Cabrero, 2011).

‘Pastor de nubes’ (El Cabrero, 2011).

Al final del poniente se le notó apurado, pero después supo dosificar fuerzas, ordenar el espíritu y calentar la voz. Le quedó muy bien la sucesión de malagueñas y rondeñas con deje jondo algo Morente, y de seguido orgulloso cantó el título de su último álbum, autoeditado en 2011,‘Pastor de nubes’: «Nací una tarde de octubre / cuando pardean los cerros / y en el llano los rastrojos tapizan los barros negros». Pato lo calificó como lo mejor, aunque aún El Cabrero andaba indeciso.

Por fandangos, en ‘Tienen seguro el comer’ atacó a curas, reyes y banqueros (¡en un local de una caja de ahorros!) y llamó al pueblo a desobedecer las leyes y a quitarles el poder (qué aplausos tras la soflama por la parte derecha del patio de butacas). Para mi gusto la cima de la cita fueron las bulerías de ‘La lluvia’, soneto de Borges musicado por Alberto Cortez, «ese cacho de montaña andante», como le definió El Cabrero. Lanzó más fandangos republicanos y el epílogo del concierto lo ejecutó en pie: acabó el set con la hispanoamericana ‘Si se calla el cantor’ del argentino Horacio Guarany y con sus clásicas bulerías de ‘Luz de luna’, éstas en plan José Mercé roto. Y como se gustó, El Cabrero hizo tres bises, por tonás de lamento chocolatero el primero y más alegres los demás.

OSCAR CUBILLO

Con el rebaño y sus hijos en el campo de Alnazcóllar (imagen: blog El Cabrero).

Con el rebaño y sus hijos en el campo de Alnazcóllar (imagen: blog El Cabrero).

+++ ENTREVISTA +++

«Se nace para el cante»

El Cabrero es un cantaor jondo e incansable que trasciende el ámbito generalmente cerrado del flamenco. Lo rebasa por diversos flancos: por el lado de la fascinación que genera en el campo del rock (Marea le versionan, él ha colaborado con los roqueros rojos andaluces Reincidentes…), por el lado del posicionamiento político visceral (canta sobre los campesinos trabajando por sueldos de miseria, le contrata la CNT y ha llegado a pedir la independencia para Andalucía), y por el lado del reconocimiento de las grandes estrellas extranjeras (Peter Gabriel lo fichó para en su gira por Estados Unidos en 1993).

En su autobiografía El Cabrero, o sea José Domínguez Muñoz, cuenta que nació el 19 de octubre 1944 en Aznalcóllar, Sevilla, y se ubica así: «Su madre, Carmen Muñoz Frías, es oriunda de El Casar de Escalona, provincia de Toledo, y su padre, José Domínguez Márquez, de Alájar, Huelva, es hijo y nieto de humildes cabreros a sueldo. Con apenas seis años, José, que es el mayor de tres hermanos, tiene que abandonar la escuela de párvulos para ayudar a su padre en el cuidado del ganado». El cantaor aún mantiene su cabaña ganadera.

Su madre cantaba a Manolo Caracol y él a los diez años iba a las tertulias flamencas de su pueblo. De niño pudo ver en vivo a La Niña de Los Peines, Fosforito, Juanito Valderrama… De adolescente le atrapó el tango de Carlos Gardel, luego Alberto Cortez, y caminaba decenas de kilómetros para gozar en acción con sus predilectos del flamenco. Hizo la mili en la Sierra de San Cristóbal, Cádiz (mucho tiempo lo pasó en el calabozo, por indisciplina). En 1972 se profesionalizó, cantó en el extranjero, ganó premios de entidad nacional…

Su manager es su actual esposa y a veces le telonea su hijo Emiliano Domínguez Zapata. En 2012 El Cabrero celebró sus 40 años de carrera (con esa gira sigue presentándose) y el año anterior autoeditó su último disco, ‘Pastor de nubes’ (2011), el primero de flamenco en tres lustros, donde muestra su dominio de los palos jondos, caso de las soleás y las seguiriyas. Poco antes, en diciembre de 2010, justo antes de que debiera ser operado por un grave problema de salud, realizamos con él esta entrevista inédita en su mayor parte y que permanece vigente. La respondió desde su casa en Valencina de la Concepción, Sevilla.

¿Por qué te decantaste por el flamenco, por qué deseaste ser cantaor?

Porque para mí hacer esa música es como alcanzar la volada de un pájaro, y eso lo sentí desde niño. Con el tiempo, como la grama, mientras otros duermen uno se agarra y yo me acerqué al flamenco a ver lo que podía hacer con él. Con los hilos del flamenco cada uno hace su soga.

¿Se nace con el flamenco o se aprende?

Se aprende a diferenciar los estilos y se aprende la técnica para poder sacarle todo el partido a cada tercio, pero se nace para el cante.

Gasta estética de vaquero de Sergio Leone y sus influencias primordiales son cantaores gitanos jondos (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Gasta estética de vaquero de Sergio Leone y sus influencias primordiales son cantaores gitanos jondos (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Eres payo, pero pregunto: ¿Los gitanos cantan distinto?

Los gitanos cantan flamenco cuando hacen flamenco, porque no por ser gitano ya todo lo que se hace es flamenco. Tampoco por ser gitano se tiene una determinada voz. Hay mucha diferencia entre la voz del Gloria y la de Juan Talega, entre la de Camarón y Antonio Mairena… Y tampoco por ser gitano se tiene alma, eso va con la persona.

A mí, cada cantaor me suena a él, sea o no sea gitano, porque eso ni lo pienso. Pero, precisamente, la mayoría de mis maestros han sido gitanos, y gitanos de cantes jondos.

¿Tus influencias?

Un montón: todas aquellas voces que me han gustado me han aportado algo. Cada uno en su momento y en su cante. En la mili me decían ‘El Fósforo’ porque hacía los cantes de los primeros discos de Fosforito, un gran maestro. Luego me llegó tanto la soleá de Juan Talega, tan jonda, que no hay un día que no me acuerde de sus cantes y de la guitarra de Diego del Gastor. Pero hay otros grandes maestros que han dejado su huella en mi sentir flamenco, como Chocolate, que sus seguiriyas eran de caoba pura, la inmensa Fernanda de Utrera, Caracol que fue un genio, y por la parte de Huelva, Paco Toronjo, que fue el que elevó hasta las más altas cumbres los fandangos de su tierra. Y para cerrar el cuadro, el maestro Antonio Mairena, en todas las besanas del cante. Hay más, pero sería ya largo… Éstos son fundamentales.

¿Cómo logras sonar tan jondo en disco?

Cuando grabo intento estar tanto en el cante como cuando estoy delante del público. Yo busco mucho la motivación en la propia belleza de los estilos y también en las cosas que quiero llevarle a la gente, que no es más que lo que siento y lo que pienso.

¿Por qué te llaman El Cabrero?

Porque soy cabrero desde niño.

¿Es verdad que sigues trabajando de tal? Lo he leído en la Wikipedia.

Sí que sigo. Nunca he dejado ese oficio excepto cuando tengo cante. Bueno, en julio cambié las cabras por borregas porque no me venían a recoger la leche al corral, pero en septiembre volví a cambiar borregas por cabras. Ahora tengo menos, sólo una tropilla, pero son cabras (nos informaba en diciembre de 2010).

¿No crees que España se ha convertido en un país demasiado urbano, que la mayoría de la gente no sabe, no sabemos, cómo es el campo?

En el pueblo en que nací había hace veinticinco años treinta piaras de cabras. Ahora hay cuatro. Es evidente que si no se puede vivir de la agricultura ni del ‘ganao’ la gente abandone los campos y busque en las ciudades trabajo en lo que sea, porque hoy al ‘ganao’ se le pierde dinero: el precio de la leche está por los suelos y el del pienso por los cielos. Además, las ‘vereas’ (las vías pecuarias) siguen usurpadas por los terratenientes colindantes y no hay caminos ya en toda la península para el ganado. Llevan las borregas cada año a Madrid al Paseo de la Castellana, que es una vía pecuaria: una fiesta para los organizadores y una tortura para los animales. Ahí no es donde se reivindican las vías pecuarias: eso se hace en el tajo, no en Madrid, y durante todo el año y no un día ‘señalaíto’.

ÓSCAR CUBILLO

El público ovacionando en pie a El Cabrero en la Sala BBK (foto: Mr. Duck).

El público ovacionando en pie a El Cabrero en la Sala BBK (foto: Mr. Duck).

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