CINE: ‘La gran belleza’: El gran truco

bev la gran belleza cartel

Texto por GERARDO CREMER

Estreno: 5 de diciembre de 2013

Director: Paolo Sorrentino

Calificación: 4 estrellas sobre 5

Trailer de ‘La gran belleza’

Sorrentino: un director de forma

No resulta sencillo entrar en la historia de ‘La gran belleza’, al igual que no resulta sencillo entrar en la historia de cualquiera de las películas realizadas hasta el momento por Paolo Sorrentino. Tampoco resultó sencillo, en su época, aceptar el cine rupturista de Federico Fellini a partir de su ‘La dolce vita’. Y es que ambos realizadores ponen en cuestión la narración cinematográfica; ambos establecen un espacio troceado que debe recomponerse mediante raccords espaciales; ambos componen un tiempo narrativo que se mueve, sin claro aviso, entre el recuerdo (flashback) distorsionado por la psique de sus protagonistas y el presente; ambos funcionan mediante el uso de un punto de vista restringido, el manejo de la información que introducen con cuentagotas; y a ambos les gusta crear confusión. Pero, por encima de todo, Fellini y Sorrentino manejan una cámara (al menos en Fellini con carácter autobiográfico) de presencia autoconsciente, ya que como realizadores demiurgos hacen acto presencia en la narración de sus tramas.

El cine de Sorrentino tiene una gran coherencia formal. En sus anteriores y más famosas películas, ‘Las consecuencias del amor’, ‘Il divo’ y ‘Un lugar donde quedarse’, la cámara tiene protagonismo absoluto, un barroquismo formal más preocupado en (de)mostrar la presencia del director que en reforzar (clarificar) la línea argumental del guión. Sorrentino es un director similar a Wong Kar-wai o Peter Greenaway, a quienes la forma, las continuas capas estéticas que se superponen sobre lo narrado crean un tempo específico, una sensación de espacio mental más que real. También la música juega un papel preponderante, un espacio rítmico, modulado por el montaje, donde los hechos parecen desarrollarse al compás de la música.

En los 26º Premios del Cine Europeo ‘La grande belleza’ recibió los de mejor película, mejor director, mejor actor y mejor montador.

En los 26º Premios del Cine Europeo ‘La grande belleza’ recibió los de mejor película, mejor director, mejor actor y mejor montador.

Pero, sobre todo, en Sorrentino hay inestabilidad en los cambios de secuencias. La descomposición espacio-tiempo juega con el contraste y con el desequilibrio de la visión. Primeramente el cambio de secuencia descentra al espectador de los hechos previamente narrados, ya que el director usa una técnica en la que, mediante la descomposición del espacio, crea un sistema-puzle que obliga al observador a pensar cómo se compone el mismo. Aunque al mismo tiempo también descompone el tiempo, las imágenes se suceden en elipsis no identificadas o introduciendo ‘flashforward’ (imágenes de un tiempo futuro, que aún no han ocurrido en la historia pero que van a aparecer más adelante) o ‘flashbacks’ (imágenes de un tiempo pasado) que complican aún más la situación del espectador en la nueva secuencia. Este desequilibrio formal tiene una doble función: la puramente estética, que liga la película con las corrientes postmodernistas, y la narrativa, que crea contraste entre la tranquilidad vital del protagonista (de una inmovilidad exagerada) y la corriente de vida inestable que existe a su alrededor.

Sorrentino no sólo es constante en la aplicación de su forma fílmica (arropado por su director de fotografía habitual, Luca Bigazzi, y el montador Cristiano Travaglioli), sino que la presencia de su actor fetiche, Toni Servillo (excepción es la incursión americana con Sean Penn) dan a sus historias una cierta sensación de repetición argumental: personajes silenciosos, observadores, de vida privada aislada del resto de personas que viven cerca suyo, de motivaciones que permanecen ocultas hasta el final del film, pero en los que late la necesidad de mantener viva la llama del amor. Por último, destacar que el cine de Sorrentino, al igual que los postmodernistas, maneja el género cinematográfico a su antojo (cine policiaco, cine político, cine sobre la caza de criminales nazis) al mismo tiempo que su manera de narrar tiene un sentido del humor particular, inteligente, sutil, que se balancea, al mismo tiempo, entre el drama y la tragedia de la historia.

Referencias a Fellini

‘La gran belleza’ es más que un homenaje a Federico Fellini. Todo el film respira del estilo y temática del realizador de Rímini. El film bebe de tres claras referencias, de tres de las mejores películas de Fellini:

‘La dolce vita’. La Roma que nos describe Fellini es una Roma de ambientes, de locales de clase alta, de edificios en donde la burguesía y la aristocracia se reúnen, también de catedrales donde se muestra la mentira del espectáculo religioso, sin evitar al proletariado, a las prostitutas y a los fervientes religiosos que esperan de la mentira un milagro. Las secuencias en ‘La dolce vita’ son análogas a las de ‘La gran belleza’, deslavazadas, construidas a partir de los movimientos de Marcello por las callejuelas laberínticas de Roma (en ‘La gran belleza’, Jep y Orietta en vez de llegar a la Fontana de Trevi llegan a la fuente de la plaza Navona), por su asistencia a fiestas o visitas a palacios.

La fuente de la plaza Navona, donde pasean Jep y Orietta, similar a la de Marcello y Anita en ‘La dolce vita’.

La fuente de la plaza Navona, donde pasean Jep y Orietta, similar a la de Marcello y Anita en ‘La dolce vita’.

El Marcello de ‘La dolce vita’ es similar, incluso en lo de la profesión periodística, al de Jep Gambardella (Toni Servillo) de ‘La gran belleza’, ambos personajes que en su paso por la vida observan la soledad y la frustración, el vacío existencial de aquellos que les rodean, la clase alta de Roma. Si el final de ‘La dolce vita’ es metafórico, con la imagen del pez-monstruo y la llamada de la niña al protagonista, en un momento en el que se reniega del espacio real para adentrase en la vacuidad del vicio y el placer de lo soñado, en ‘La gran belleza’ es un retorno a la imagen inaprensible, al amor pasado pero retenido en la memoria, sustitutivo de todo lo superfluo del hombre moderno.

‘Fellini ocho y medio’. Federico Fellini abrazó las teorías de Carl Gustav Jung sobre el concepto del ‘inconsciente colectivo’, teoría psicológica que trataba sobre la existencia de una base primitiva (una especie de rizoma extendido durante siglos) basada en símbolos y arquetipos de la que se alimenta la humanidad. A esa savia profunda sólo podría accederse si se profundiza en el yo, si se retira de la línea marcada por el consciente (si uno se ‘deja llevar por la sensación de estar perdido’) para adentrarse en las profundidades de las sensaciones arcaicas sin significado, puras, aún más reales que nuestra propia existencia. También en ‘La gran belleza’ se respiran esas conexiones subterráneas especialmente en la escena de la niña-artista que realiza un cuadro en vivo a lo Pollock, en las monjas del convento que dan gritos extraños, en la misteriosa ascensión por las escaleras empinadas de la santa de 104 años o en la de la niña escondida en el sótano del templete de Bramante que le dice a Jep que él no es nadie en el mundo.

La niña-artista poseída del inconsciente colectivo.

La niña-artista poseída del inconsciente colectivo.

También hay semejanzas e intereses comunes entre el Guido de ‘8 y ½’ y el Jep de ‘La gran belleza’. Ambos son artistas de obras irrealizables que deben vivir de la creación del espectáculo, del gran truco que no es más que un símbolo de una vida sinsentido. La escena de la fiesta en el jardín donde se encuentran al cardenal es similar a la secuencia del balneario de ‘8 y ½’.

‘Roma’Film de Fellini de imágenes documentales-ficcionales que conectan con la antigua Roma, con la perversión de la iglesia (el desfile de trajes de curas) y el ruido infernal de jóvenes montados en motos que perturban la placidez de la Antigua Roma y la quietud de sus muertos. También es una narración autobiográfica (que después entrelazaría con ‘Entrevista’) donde el narrador se presenta como artista que llega de joven con su inocencia a Roma y descubre la corrupción, el ruido, la vulgaridad superpuesta a las grandes obras artísticas que anidan en el interior de palacios inaccesibles. Jep puede considerarse como un álter ego de Federico Fellini cuando recuerda los 26 años con los que llegó a Roma o cuando se lamenta de ese arte enterrado por la indolencia mundana. También la iglesia en ‘La gran belleza’ queda caricaturizada por el cardenal exorcista y la monja santa centenaria.

Remembranzas a Proust y el gran espectáculo

‘La gran belleza’ exteriormente no habla de nada. Trata sobre Jep, un periodista interesado en vivir de y en las fiestas mundanas bien para dinamitarlas con su ironía sangrante o bien con la idea de poder escribir una gran obra artística literaria que él sabe que nunca saldrá a la luz. En su camino encontrará a mujeres solitarias que fingen felicidad, que fingen disfrutar con espectáculos artísticos que les aburren mortalmente. Y en verdad, en ‘La gran belleza’ todos se aburren, la soledad hunde internamente a las personas que se ven obligadas a seguir fingiendo, a potenciar aún más el espectáculo de la mentira. La Roma antigua, artística, permanece encerrada entre muros, custodiada por aristócratas que sólo se divierten jugando a cartas. La Roma de Berlusconi sale a la luz en los bailes discotequeros de las fiestas mundanas, la conga del ‘Pa Panamericano’ que no lleva a ninguna parte, mientras las narices se inundan de coca y los cuerpos se acribillan de pinchazos de toxina botulínica.

Jep Gambardella y la conga del ‘Pa Panamericano’.

Jep Gambardella y la conga del ‘Pa Panamericano’.

Sólo queda esa imagen de la señora francesa que saluda educadamente a Jep, en recuerdo a esas ‘soirées’ proustianas del tiempo perdido, como el tiempo perdido del amor, de la imagen retenida de esos pechos desnudos de Elisa (su antiguo amor de juventud). Y es que lo único que permanece es la gran belleza del recuerdo, sepultada por el andamiaje de la gran mentira. Como dice Jep al final: «Y es que todo es un truco, un simple truco».

GERARDO CREMER

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Comments
3 Responses to “CINE: ‘La gran belleza’: El gran truco”
  1. La vi en VOS en el cine pero se sigue bien empero los subtítulos. La primera mitad me pareció desbordante por el gozo de la vida, a veces incluso contemplativa y otras absorbente (la escena de la fiesta con la música de la Carrá es flipante). En la segunda, igualmente bella, llega el momento de pensar, de reposar, de hacer un balance que le resulta existencial al protagonista, ¿no? Viendo ‘La gran belleza’ pensé a menudo en Malick por la voz en off, en Greenaway por el barroquismo estético… La vi y me dieron ganas de ir a Roma. Por cierto, casi nadie se marchó de la sala durante los créditos finales, con los espectadores sintiendo que iban navegando por el Tíber, por Roma, durante ese largo plano postrero.

    • Iker dice:

      Realmente preciosa (como toda la película) la escena de los créditos finales.¡Y qué banda sonora! Esta canción me tiene loco:

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  1. […] ‘inconsciente colectivo’ de Carl Gustav Jung (la misma que utilizó el amigo Gerardo Cremer en la reseña de la película ‘La gran belleza’), esa que expone que una serie de símbolos y arquetipos nutren a los pueblos de manera arcaica e […]



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