Georgia Mass Choir: Circo gospel

El director, Milton Bigghan, chocó con la barrera idiomática pero no cejó (foto: G. C. O.).

El director, el reverendo Milton Biggham, chocó con la barrera idiomática pero no cejó (foto: G. C. O.).

Domingo 15 de diciembre, Barakaldo, Teatro Barakaldo, 19 h, entradas de 17 y 20 .

En el tradicional bolo góspel del Teatro Barakaldo esta Navidad repitió una vez más el Georgia Mass Choir, que participó en las ceremonias de inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos de Atlanta 96 y cuyos miembros ‘viven y aman’ ahora en Nueva York, como presentó el manager asturiano, Luis Manjarrés. Este año el coro vino con un repertorio titulado ‘Whitney’s Happy Days’ (a Whitney Houston acompañaron en la peli ‘La mujer del predicador’, también de 1996) y, además, trajo a una prima de la propia Whitney, una tal Felicia Moss, integrada en las filas negras completadas por doce coristas, tres músicos y el orondo director, el reverendo Milton Biggham, un tipo con más afán de protagonismo que el falso traductor de sordos del funeral de Mandela y que nos trató como si él fuera el payaso Fofito y nosotros niños.

Esa tarde de domingo hubo mucho show musical a base de góspel-pop coral efectista y afán de interacción con un respetable que agotó las entradas del recinto (había mujeres por doquier). En tal afán por ejemplo hasta la tercera canción nos pidieron (exigieron) al menos siete cositas: dar palmas, golpear con el pie en el suelo, cantar (la mayoría de la gente decía guachi-guachi, pues la barrera idomática es alta en Barakatown), dar palmas por encima de la cabeza, ondear los torsos como en un concierto de salsa, ponernos en pie y estrechar la mano a uno de los cantantes. Eso era un circo participativo, sí, pero al que la mayoría del aforo se prestó gustoso.

No faltaron las coreografías extáticas y alegres (foto: G. C. O.).

No faltaron las coreografías extáticas y alegres (foto: G. C. O.).

En 86 minutos sonaron 16 piezas (incluida la ululante aparentemente sin respirar la masa coral) entonadas como una jaula de grillos controlada. Abundó el góspel efectista (el medio tiempo comercial y afectado ‘I Want To Say Thank You’), hubo alguna base sintética (‘Jesus Will Make Everything Alright’), pizcas de soul y algo de blues (‘Come On In The Room’, el ‘Georgia On My Mind’ de Ray Charles), y barniz pop general.

Varios temas fueron los del tributo a Whitney, muchos de la película ‘La mujer del predicador’ (un ‘Joy’ sesgado y con pasaje reggae, un ‘Hold On, Help Is On The Way’ que cantó la prima Felicia), o el meloso y dedicado a los niños ‘The Greatest Love Of All’, y tampoco faltaron un puñado de clásicos espirituales, caso del inaugural ‘Down By The Riverside’ y por el final un fugaz ‘When The Saints Go Marching In’, un ‘Oh, Happy Day’ muy bien resuelto y, en el bis, el ‘Amen’, cuando los miembros del coro hicieron mutis saliendo hacia el lobby mientras estrechaban manos, abrazaban y besaban a la parroquia baracaldesa. Luego, cuando salía la peña, un señor concluyó escéptico: «Bah, bien, pocas novedades ha habido».

OSCAR CUBILLO

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