CINE: ‘A propósito de Llewyn Davis’: La filosofía existencialista en el cine de los Coen

BEV a propósito de llewyn davis cartel

Texto por GERARDO CREMER

Estreno: 1 de enero de 2014

Directores: Los hermanos Coen (Joel Coen y Ethan Coen)

Calificación: 5 estrellas sobre 5

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Trailer de ‘A propósito de Llewyn Davis’

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En el interior de Llewyn Davis

Al comienzo del último film de los hermanos Coen se muestra un escenario desnudo, un micrófono y al músico protagonista, Llewyn Davis, cantando ‘Hang Me, Oh Hang Me’, interpretada por el propio actor y cantante guatemalteco Oscar Isaac, una versión del cantautor folk Dave Van Ronk cuya autobiografía es el origen de la película (oíd una toma del propio Van Ronk). Estamos a principios de la década de los 60, período del revival del folk-acústico americano, donde se debate entre la creación de un nuevo sonido (el film muestra la figura del joven y futura promesa Bob Dylan tocando justo después de la actuación de Llewyn), que dará prioridad a la expresión poética y rítmica de los sentimientos (la música pensada y sentida), y la comercialidad basada en la repetición de los tradicionales country-folks de Jimmie Rodgers o los juegos vocales melódicos y rítmicos pegadizos del folk del Nashville de los 50. Al terminar la canción Llewyn se acerca al dueño del local (Max Casella) y le pide disculpas por lo ocurrido la noche anterior, pero éste, despreocupado, le informa que alguien le está esperando en el callejón de fuera. Al salir ve a un hombre con sombrero vaquero cuyo rostro queda oscurecido a contraluz. El hombre se le acerca y le golpea varias veces dejándole retorcido de dolor en el suelo.

La escena crea desconcierto porque sólo muestra los efectos y no las causas, más aún, ésta, por su extrañeza, se mantiene en el recuerdo del espectador que espera una explicación a la misma en las escenas siguientes (y que no llega). Desde un punto de vista narrativo, el orden temporal aplicado a la escena sirve para crear inquietud, un estado de ensueño o pesadilla. Joel y Ethan Coen, ya desde el inicio de la película, no abandonan a su personaje y narran la historia desde un punto de vista único, el de Llewyn, con la información limitada y fragmentada, incluyendo incertidumbres de la visión (una aplicación de las teorías de Wittgenstein a cargo del hermano filósofo, Ethan Coen, en sus guiones) donde se desconoce qué es realidad y qué es sueño (véase el viaje en coche a Chicago o en su retorno, el atropello al animal en la carretera).

El frío existencial y físico del perdido cantautor sin suerte.

El frío existencial y físico del perdido cantautor sin suerte.

Nuevamente en el film de los Coen se evita hablar de la realidad actual, prefiriendo desarrollar una historia de una época pasada. Pero nuevamente el contexto de la historia es lo menos importante en la película. Evidentemente no es la intención de los directores hacer un biopic del cantante folk Van Ronk, aunque sí que usan su persona para enmarcar los conflictos que sacuden al personaje de ficción. En primer lugar existe el conflicto que enfrenta a Llewyn con el ámbito social y cultural que le rodea. La música que él siente no es la que funciona en ese momento, la que está de moda en el Greenwich Village de Nueva York. Él parte del convencimiento de que su música es sincera, que es la verdad, pero asume que se encuentra aún en estado larvario (habría que esperar un par de años para que esa música entrase en el mercado gracias a Bob Dylan). Por ello desprecia todo lo demás y define al público como hipócrita y poco reflexivo. Joen y Ethan Coen demuestran esa oposición mediante el contraste, especialmente al comparar el tema ‘Fare Thee Well’ que Llewyn escucha en un disco de su antiguo dúo y los temas de Nashville folk que interpretan sus amigos Jim (Justin Timberlake) y Jean (Carey Mulligan) o el tema de divertimento country ‘Please Mr. Kennedy’ que él se ve obligado a grabar para ganar algo de dinero.

Su lucha y sus esperanzas (que en la película se representan en continuos desplazamientos sin rumbo fijo) llegan a un callejón sin salida cuando realiza una audición ante el editor musical Bud Grossman (perfecta interpretación de F. Murray Abraham) tras el viaje infernal en automóvil, desde Nueva York a Chicago, con el maléfico productor musical Roland Turner (John Goodman). La audición es perfecta, con Llewyn interpretando el tema ‘The Death Of Queen Jane’ (esta es una versión de Joan Baez), pero Grossman no duda en decirle que no es el momento para esa música y que únicamente puede ofrecerle ser parte de un trío de folk tradicional.

La canción coyuntural y graciosa sobre Kennedy, cuando el éxito pasa ante Llewyn y no lo ve.

La canción coyuntural y graciosa sobre Kennedy, cuando el éxito pasa ante Llewyn y no lo ve.

La obsesión del protagonista por sacar adelante su música, de luchar contra todos, le lleva a vivir una vida marcada por el propio instante. La falta de empatía con su familia, la carencia de hogar (duerme de casa en casa, pidiendo favores a conocidos), la ausencia de amor, convierten sus conflictos personales en problemas imprevistos, limitados en el tiempo. Por una parte perderá el gato de los padres de su ex-compañero musical, por otra deberá afrontar el problema del embarazo de Jean (quien no está segura si el bebé es de Jim o de Llewyn), y también deberá solventar sus problemas de dinero y la necesidad de encontrar un sitio estable para vivir. Pero todos estos problemas quedan diluidos por su obsesión, su lucha por el reconocimiento de su música. Por ello el miedo al desamparo, el miedo de haber tomado una decisión vital equivocada. El miedo que le asola tras el suicidio de su compañero.

Y aquí entra el tercer conflicto. Un conflicto interior puramente existencialista.

El existencialismo de Soren Kierkegaard

bev el hombre que nunca estuvo allí‘A propósito de Llewyn Davis’ pertenece al grupo destacado de films de los hermanos Coen, junto con ‘Barton Fink’, ‘Fargo’, ‘El gran Lebowski’, ‘El hombre que nunca estuvo allí’ y ‘No es país para viejos’. En todas estas películas se maneja el factor postmodernista, principalmente en los referentes y reinterpretaciones de los géneros cinematográficos, pero sobretodo en ellas se desarrollan lecturas de carácter existencialista. Lecturas donde el individuo es centro de todo, donde se eliminan los referentes absolutos o metafísicos. En ‘El hombre que nunca estuvo allí’ la similitud del personaje interpretado por Billy Bob Thornton con el Sr. Meursault de ‘El extranjero’ de Albert Camus es más que evidente (en especial ese carácter nada empático, pasivo, distante del mundo), y en ‘No es país para viejos’ el asesino interpretado por Javier Bardem somete a personas al azar a la continuidad de sus vidas con una decisión (un cara o cruz) que ellos deben tomar en un solo instante.

‘A propósito de Llewyn Davis’ también tiene una clara lectura existencialista (quizá sea ésta la lectura verdadera del film, dejando la temática del mundo de la música como un simple marco para el desarrollo filosófico). Llewyn ve el mundo con distanciamiento, externo a su individualidad (véase las miradas que se cruzan con la gente sentada en el metro que recuerdan mucho a los primeros films de Roman Polanski), e incluso el gato que lleva a todas partes es mostrado como un claro ‘doppelgänger’ (doble fantasmagórico) de él mismo (véase la escena en la que él y el gato van montados en el metro y los Coen combinan la mirada de extrañamiento de Llewyn hacia el resto de pasajeros con la mirada subjetiva del gato viendo pasar las estaciones). También Llewyn asume que sus decisiones como individuo son las que crean consecuencias y las que marcan la existencia (véase la decisión que toma frente al magnate Grossman o los insultos que vierte contra una anciana cantante folk). Son las decisiones que le marcarán y le definirán como individuo. Por último está la presencia de la muerte, el revulsivo último que hace reaccionar al individuo, la acción de suicidio que toma su compañero y que es el gran condicionante existencial que persigue a Llewyn constantemente.

Llewyn y el gato, su ‘doppelgänger’ (doble fantasmagórico).

Llewyn y el gato, su ‘doppelgänger’ (doble fantasmagórico).

La película toma referentes del cine modernista europeo de finales de los 50 y los años 60. Las semejanzas de ‘A propósito de Llewyn Davis’ con ‘El grito’ (1957) de Michelangelo Antonioni son bastante claras. En ‘El grito’ el protagonista, Aldo, es abandonado por su novia (en ‘A propósito de Llewyn Davis’ es la pérdida de su pareja musical), por lo que decide dejar su trabajo, su pueblo, para vagar por tierras frías, descampadas, a las orillas del Po, en compañía de su hija (en el caso de Llewyn con un gato), encontrándose con diferentes personas, estableciendo pequeñas relaciones que pronto desaparecen para vagar nuevamente, hasta retornar al pueblo y suicidarse. El estilo Antonioni (existencialismo, distanciamiento, realismo interior, desdramatización mediante digresión narrativa) también se da en esta película de los Coen. Como indicaba Kierkegaard, padre del existencialismo, Llewyn vive un estadio estético (el disfrute o sufrimiento del instante presente de la vida) y un estadio ético (el de una relación consigo mismo, una lucha entre las necesidades existenciales y las consecuencias que esas decisiones llevan en la vida misma: el sufrimiento).

Y es que en el film no hay sitio para el último estadio que definió Kierkegaard, el estadio religioso, ya que cualquier atisbo de resolución externa de los problemas, de intervención divina, de destino resolutorio, se presenta aciago y sin esperanzas (véase sino la presencia diabólica del personaje interpretado por John Goodman o el nefasto charco de nieve que Llewyn pisa nada más llegar a Chicago). Por eso el film se cierra como bucle, enmarcado en una pesadilla, con la mirada desesperada de Llewyn tras la paliza.

GERARDO CREMER

Comments
4 Responses to “CINE: ‘A propósito de Llewyn Davis’: La filosofía existencialista en el cine de los Coen”
  1. Pues si hubiera leído esta reseña antes de ver la película, me habría gustado más. Y ya siento disentir con la masa crítica, pero ‘A propósito de Llewyn Davis’ me pareció reiterativa en su argumento, plana en su melancólica ambientación de los 60, feble en el doblaje de los actores y manida en muchos de sus guiños sobre el negocio musical, guiños que he contado mil veces en artículos (los sellos que no pagan, los músicos que tocan por propinas…) y que incluso he vivido en mis carnes (en vez de cajas de discos sin vender, yo tuve cajas de revistas).
    Además, el protagonista, el guatemalteco, me pareció un gafe, un tipo nada empático, un parásito y un perdedor que aspira al todo sin pisar en el suelo. Si llego a leer tu sobresaliente reseña, con las apariciones del gato habría entendido más de este filme que me amuermó, pero es que a mí los gatos me provocan rechazo. Lo que más me gustó, ya lo siento también, fue la canción country sobre Kennedy (por los juegos vocales del vaquero del trío). Y en el fondo de tanta mala onda me quedó como única esperanza que el primer aborto en realidad no se produjo.

  2. Mr. Duck dice:

    tostón folki…no me gustó pero no me disgustó

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  1. […] da mil vueltas a la metafísica y folkie de los hermanos Coen ‘A propósito de Llewyn Davis’ (así de bien la comentó Gerardo Cremer), que también está protagonizada por un músico bastante asocial y al margen de todo lo que no […]



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