Tigran: Ni jazz, ni folk

El prodigioso tecista ante su piano de cola en Bilbao (foto: Mr. Duck).

El prodigioso teclista ante su piano de cola en Bilbao (foto: Mr. Duck).

 Martes 4 de febrero 2014, Bilbao, Ciclo 365 Jazz Bilbao, Teatro Campos, 20 h, 6 €.

El prodigioso pianista Tigran Hamasyan (Gyumri, 1987) no tocó jazz, aunque actuara el martes en el Campos en el programa municipal 365 Jazz Bilbao, ni folk, aunque presentara tres temas como folclore armenio (rearreglado, sí). Lideró a un quinteto eléctrico y vanguardista que cuando oficiaba conjuntado, en grupo, resultaba mágico y brutal. Si al repertorio del martes se le eliminara el bis electrónico (una tomadura de pelo), se le recortara la longitud de algunos solos e improvisaciones del líder en solitario (incluso silbando) y se le borraran ciertos arreglos sintéticos innecesarios, el respetable presente habría estado todo el tiempo conteniendo la respiración, todo el rato asombrado. Ahí tembló el misterio.

En quinteto conjuntado y eléctrico la cita funcionó mucho mejor (foto: Mr. Duck).

En quinteto conjuntado y eléctrico la cita funcionó mucho mejor (foto: Mr. Duck).

En 83 minutos y unas 8 piezas hubo mucha clásica virtuosa al piano con escalas, lirismo a lo Einaudi y la sonrisa de placer de Tigran (que tocó dando la espalda al respetable en esta su primera visita a Bilbao, como dijo al saludar), ululó la voz escapista, scat y tarareada de la damisela Areni, una voz al gusto del Nyman en búsqueda de lo apoteósico (y ataviada Areni con un vestido rayado donde se posaban las miradas como moscas a la piel, perdón, a la miel), se dibujaron sorprendentes espirales post-rock cayendo a plomo del cielo (dos de los temas mutados del folk: ‘Drip’, con sus arreglos espaciales, el falsete de ella y los bravos del final; y el baile de bodas de su pueblo ‘Gyumri Dance’, donde pidió palmas y se le concedieron; aquí va un vídeo en vivo en Ereván, la capital de Armenia) y solos progresivos (un aplaudido punteo del guitarrista Charles Atura en plan Pat Metheny, luego otro más a lo King Crimson), y en general se percibió bastante fusión (lo más jazz del set fue cuando se quedaron a solas bajo-piano-batería en plan Medeski Martin & Wood y fueron premiados con otra larga ovación). En definitiva: si Tigran se centrara y eliminara rastrojos sintéticos, sería siempre sublime.

ÓSCAR CUBILLO

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