CINE: ‘Paraíso (Amor, Fe, Esperanza)’: Anhelos y desengaños

bev trilogia paraiso caratula dvd

Texto por GERARDO CREMER

Estrenos: 2012 y 2013 (disponible en DVD)

Director: Ulrich Seidl

Calificación: 4 estrellas sobre 5

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El estreno de ‘Paraíso’ en DVD, en formato pack, permite ver la trilogía del cineasta austriaco Seidl de una sola vez,

pudiéndose apreciar así la homogeneidad del producto,

el cual debe entenderse y disfrutarse como única película en tres partes.

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‘Paraíso: Amor’. Espacios pulcros, simétricos, despojados

Trailer subtitulado de ‘Paraíso (Amor)’

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En una de las primeras escenas de ‘Paraíso: Amor’ aparecen juntas las protagonistas de las tres películas de la serie: Teresa (protagonista de ‘Amor’), su hermana Anna María (protagonista de ‘Fe’) y su hija Melanie (protagonista de ‘Esperanza’). Será un plano breve y silencioso, un momento más en la descripción de la vida de los personajes de la trilogía y una anotación del director austriaco para reafirmar el hecho de la unidad dramática del texto fílmico. Realmente la circunstancia de que personajes de una misma familia compartan el deseo de aprovechar su periodo de vacaciones para adentrarse en su paraíso particular (un paraíso cuya representación física se relaciona con el placer deseado: un hotel en las playas de Kenia en ‘Amor’, una casa abarrotada de símbolos cristianos en ‘Fe’ y una colonia juvenil para adelgazamiento en ‘Esperanza’) no es más que una excusa para establecer un patrón que desvele estados de soledad, humillación y ruindad del ser humano. Aunque todo ello en un entorno pulcro, blanco, simétrico, despojado de sus elementos superfluos (especialmente en ‘Amor’), como si lo que se buscase sea la semejanza entre la imagen deseada y la representación idealizada del paraíso celestial.

La luz blanca, la simetría y la ausencia de elementos configuran el contenido del encuadre.

La luz blanca, la simetría y la ausencia de elementos configuran el contenido del encuadre.

En ‘Paraíso: Amor’ Teresa huye de un espacio vital aburrido (se la ve al comienzo trabajando con un grupo de deficientes mentales en una barraca de autos de choque) para disfrutar sus vacaciones en un hotel de Kenia. Un lugar donde puede satisfacer sus apetencias sexuales sin que tenga que preocuparse de su edad (una mujer que pasa de los cincuenta) ni de su físico. La estructura narrativa (es decir la manera de contar la historia) es objetiva, incluso se diría que aséptica. La información que recibe el espectador rara vez es omitida aunque se proporciona de manera elíptica y  fragmentada en el tiempo. La relación hombre/espacio se define mediante plano general (el que muestra el entorno que rodea al sujeto como un amplio escenario) o plano entero (denominado así porque encuadra justamente la figura entera del sujeto), sin movimientos de cámara, casi siempre buscando una simetría; mientras el proceso de búsqueda del entorno (de ese Paraíso) se realiza con la cámara al hombro, siguiendo a la protagonista desde atrás. El efecto que se obtiene de este sistema narrativo ahonda en lo exótico y lo estrafalario de las situaciones y fuerza a una interpretación humorística de los hechos, debido a su carácter decadente y ridículo. Así las imágenes tienen una doble cara, la paradisiaca (desde los ojos de la protagonista) y la cómica.

El cuerpo de Teresa cual desnudo de Fernando Botero.

El cuerpo de Teresa cual desnudo de Fernando Botero.

Pero en el film hay un momento catártico, aquel en el que ella se da cuenta que su cuerpo no agrada a los que la poseen (realmente son una sucesión de escenas que culminan con el rechazo de un camarero negro a besarla el sexo). Este momento hace consciente a Teresa del feísmo del entorno (las habitaciones donde tiene sus encuentros sexuales, los bares, el vacío de su habitación), el feísmo de su cuerpo y su situación de tremenda soledad. Es entonces cuando el eufemismo de la palabra ‘amor’ se transforma en ‘humillación’. Teresa se convierte en un ser ruin que busca únicamente la diversión sexual actuando cual ‘colono-imperialista’, que se divierte mediante la humillación del africano que solo busca dinero para sobrevivir (entiéndase de esa manera la fiesta de ella con las amigas y el stripper negro que no puede alcanzar la erección).

El concurso entre amigas para ver quien se la endereza al negro.

El concurso entre amigas para ver quien se la endereza al negro.

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‘Paraíso: Fe’. La perversión de la religión

Trailer subtitulado de ‘Paraíso: Fe’

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Anna María, la hermana de Teresa, también busca su trozo de Paraíso en el periodo vacacional (alejada de las obligaciones de su trabajo diario en un hospital) para poder ejercer aquello que más le gusta: el adoctrinamiento católico a los inmigrantes de la Europa del Este que vienen a Austria a trabajar. Anna María se pasea con una escultura de una Virgen por viviendas en busca de personas que la escuchen, que dediquen un par de horas a rezar con ella para atender a su aleccionamiento. El resto del tiempo se lo pasa en su casa, rezando, flagelándose ante un crucifijo, atándose a la cintura un cilicio y tratando de purificar sus pensamientos impuros.

‘Paraíso: Fe’ es la mejor de las tres entregas gracias a su depuración narrativa. La primera parte se centra en retratar los momentos cotidianos de la vida de la protagonista al mismo tiempo que viste como ‘actos ordinarios’ sus excesos religiosos. Pero esta parte termina con otra escena cismática (con su paralelismo en ‘Paraíso: Amor’): aquella en la que Anna María contempla por la noche a un grupo de hombres y mujeres (que parecen, por sus rostros, deficientes mentales) haciendo el amor salvajemente en un parque público. Después, al inicio de la segunda parte, se presenta sorpresivamente en casa su marido de religión musulmana, paralítico en silla de ruedas, quien se encuentra desaparecido desde hace dos años. Igual que un film de Fassbinder, donde el exceso y el melodrama pasional exaltado dominan una narración presidida de planos de interiores, de espacios sucios y feos, ‘Paraíso: Fe’ toma el mismo camino que ‘Paraíso: Amor’: la esperanza frustrada del placer (del paraíso) que se torna en infierno.

La simetría, la luz blanca, el uso de planos estáticos, la opción por el plano entero, dan coherencia y unidad a la trilogía, pero ‘Paraíso: Fe’ tiene mayor calado. Es una crítica al fervor religioso pero es también una clara descripción de las luchas entre religiones. Por una parte están los esfuerzos y sacrificios de Anna María que nunca son recompensados. La desnudez de la puesta en escena remarca aun más la inutilidad de sus actos (véase por ejemplo la escena de la protagonista que camina de rodillas por toda la casa, escena que se torna en cómica por su absurdez).

El absurdo recorrido de rodillas por las habitaciones de la casa de la fervorosa Anna María.

El absurdo recorrido de rodillas por las habitaciones de la casa de la fervorosa Anna María.

Por otra parte Ulrich Seidl trata por igual el extremismo musulmán, con el fassbinderiano personaje del marido paralítico, quien, a pesar de su minusvalía, ejerce de maltratador e incluso casi consigue violar a su esposa. A destacar en la película la escena-escándalo de la masturbación de la protagonista con un crucifijo, como acto de amor hacia Dios y demostración del fervor religioso desmedido.

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‘Paraíso: Esperanza’. O la desesperanza

Trailer subtitulado de ‘Paraíso: Esperanza’

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Será Melanie, la hija adolescente de la Teresa de ‘Paraíso: Amor’, quien protagonice la tercera entrega, la menos interesante de las tres partes. Primeramente porque su base narrativa no evoluciona respecto a las dos películas anteriores, excepto en el hecho de que en este capítulo los espacios entre escenas contienen elipsis temporales que llevan información eludida y que sirve para crear cierto suspense y sorpresa en la narración. Segundo porque es la historia más vacía de contenido (a pesar de durar 80 minutos parece una historia alargada) y por tanto es la película más marcada por la forma (que encubre la ausencia de fondo). Tercero porque es la historia más carente de humor y más distante con sus personajes.

Seidl en ‘Paraíso: Esperanza’ incide en la importancia del espacio frío, geométrico de los gimnasios, de los patios del colegio en donde han ido a pasar las vacaciones un grupo de adolescentes obesos con el fin de perder peso. Curiosamente el ‘Paraíso’ teórico del título del film no es tan ‘Paraíso’ para su protagonista, Melanie, quien parece haber ido allí con la sola intención de contentar a su madre y no aburrirse en exceso durante sus vacaciones. El ‘Paraíso’ de Melanie aparece después, a medio metraje de la película, cuando ella inicia una relación extraña (no se puede llamar siquiera sentimental) con uno de los médicos de la clínica de adelgazamiento, una relación que ella entiende como ‘amor’ y que la abre el interés hacia su despertar sexual.

Pero serán las elipsis de la película las que nos impidan conocer si estas relaciones tienen continuidad, si hay momentos adicionales a las que contemplamos (como ésta en la que vemos a Melanie y al doctor ‘jugando a médicos’). De lo que estamos seguros es que esta relación tendrá unas consecuencias psicológicas, una alteración mental que se ejemplificará en la escena de sexo con un adolescente en un bar.

La extraña relación de Melanie con su médico.

La extraña relación de Melanie con su médico.

La ‘Esperanza’ del título se tornará en desesperanza, en incomprensión de la adolescente hacia la realidad que la rodea y que es contraria a sus sentimientos. Una malformación inocente e ingenua de la mirada que la impide verse tal como es. Después de escaparse del centro con una amiga y entrar en un bar de carretera, durante un baile en el interior del local se le acerca un adolescente que trata de aprovecharse de ella. Entonces una Melanie totalmente bebida se dejará llevar. Allí, en un reservado el joven la manoseará, la besará, intentará follársela, mientras otro chico graba toda la escena en su teléfono móvil con el fin de descargarla en internet. Y es que Melanie no es más que una joven incapaz de salir de su paraíso idealizado por el amor, aunque el resto de la gente sólo vea en ella un cuerpo rebosante de grasa.

GERARDO CREMER

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