CINE: ‘9 meses… de condena!’: Conectar con el humor francés

BEV 9 MESES DE CONDENA cartel

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 11 de abril de 2014

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Director: Albert Dupontel

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Calificación: 2 estrellas sobre 5

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Trailer de ‘9 meses… de condena!

Cuando se habla de comedia, el factor subjetivo es un elemento esencial a la hora de aceptar o rechazar un film. Y es que, a diferencia de otros géneros, la intención principal de la comedia es, simplemente, hacer reír al espectador. Existe una interacción directa entre el artista y el público que ve la película, un acuerdo entre el espectador con el cineasta y los actores (muchas veces con bastante más peso en la película que el director), mediante el humor que actúa gracias a un complejo sistema de guion e interpretación de los comediantes (cuyos rasgos se repiten en casi todos sus films) y cuyo último fin es retratar los comportamientos humanos, la cultura, las costumbres, la política y la sociedad de la época.

Hablando de manera personal, me gusta el humor estadounidense porque siempre es explícito a la hora de poner en evidencia sus imperfecciones. Es un país que sabe reírse de sí mismo, crudo y ácido en sus retratos, sin disimulos, pero al mismo tiempo, gracias a dicho dibujo distorsionado de sus personajes, es incisivo a la hora de mostrar las angustias del ciudadano medio americano. Soy ferviente admirador del humor americano desde sus orígenes hasta la actualidad, desde Chaplin y su manera de alcanzar el equilibrio entre la risa y la tragedia, pasando por Keaton y su dominio del slapstick, Hawks que subraya en sus ‘screwball comedies’ la guerra de sexos al mismo tiempo que revaloriza al individuo, su dedicación al trabajo y la amistad, Billy Wilder con su cínica y sarcástica visión de los USA, Jerry Lewis y el retorno al slapstick y al humor absurdo de los Marx, y finalmente la NAC (New American Comedy) de Judd Apatow, agudo al retratar el gamberrismo de una juventud (no tan joven) que se niega a crecer y adaptarse a la sociedad. Después me decanto por las comedias costumbristas europeas, las que retratan, mediante la parodia, a sus pueblos y sus gentes. Es una forma de humor europeo que funciona gracias a la inteligencia de sus guionistas y directores más que a la de sus actores: en España con Berlanga (la serie ‘Nacional’) y Almodóvar (‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’ y ‘Volver’), en Italia con Monicelli (‘La gran guerra’ y ‘Rufufu’), y en Francia con Jacques Tati y su defensa del mundo tradicional contra el progreso (‘Mi tío’).

Pero dentro de ese espectro del cine cómico tengo que reconocer, tal como decía al principio, que un factor subjetivo me impide conectar con el humor francés actual. Un humor que siempre me parece sobrevalorado, presidido de un cierto halo cultural (como si flotase alrededor suyo el peso histórico de la ‘comedie française’), donde siempre impera un tono de supremacía que no se llega a corresponder con sus resultados. Se llega a dar más valor a los films de Louis de Funes que a los de Paco Martínez Soria, pero realmente ambos forman parte de lo que se conoce como cine popular, ese cine que busca la conexión directa con el público mediante protagonistas-prototipo de cierto costumbrismo (cargados de los tics identificativos del ámbito cultural) y que conecta con el espectador gracias a las capacidades cómicas del actor que lo interpreta (todos provenientes del modelo del vodevil teatral más que del cine).

El humor popular de Louis de Funes…

El humor popular de Louis de Funes…

 

…y el humor castizo de Paco Martínez Soria.

…y el humor castizo de Paco Martínez Soria.

En cierta forma la comedia francesa actual se asemeja bastante a estos movimientos del cine cómico que tienen como propósito ser imagen deformada de su sociedad y cultura (salvo el caso de algunos artistas específicos, como Jean Pierre Jeunet, que saben dar forma a su mundo propio con un envidiable sentido del humor) y que les permite interpretar la realidad que les rodea buscando la complicidad del espectador (que se reconoce en esos personajes y exageraciones que les caracterizan). Las últimas comedias de éxito francesas (‘Bienvenidos al norte’, ‘Intocable’) no se separan mucho de ese cine español landista de Ozores. Todas son películas sin estilo, cargadas de clichés, pero, eso sí, con la sabiduría comercial de conectar con el sentir general y con una manera bien prefijada de entender y reírse del mundo actual en el que viven.

‘9 meses… de condena!’ incide argumentalmente en las claves del éxito de ‘Intocable’ de Éric Toledano y Olivier Nakache, en el hecho de reírse de aquello que culturalmente y socialmente se considera serio. Si en ‘Intocable’ el humor se fundamentaba en bromear sobre las manías de un parapléjico en ‘9 meses… de condena!’ se da un apoyo a ese grupo de delincuentes regenerados pero marginados por la sociedad, que son condenados de antemano. Estos monstruos prejuzgados por la prensa, la cual termina influyendo en la opinión social, que ciega (¿otra vez Lang?) se lanza contra ellos sin compasión, con ánimo de venganza.

El actor, director y guionista de la película, Albert Dupontel, interpreta a Bob Nolan, un delincuente en busca y captura.

El actor, director y guionista de la película, Albert Dupontel, interpreta a Bob Nolan, un delincuente en busca y captura.

Sin embargo, tanto en ‘Intocable’ como en ‘9 meses… de condena!’ priman la crítica y la burla siempre comedida (algo que nunca se da en la NAC americana), un humor muy formal, sin elementos absurdos, muy al gusto del público medio que no acepta subjetividades, ambigüedades, finales abiertos o ataques ácidos y sarcásticos contra el modelo social del bienestar europeo, nunca puesto en duda.

La informalidad del argumento y ciertos comportamientos, que aunque en apariencia parecen escandalosos, están tolerados y asumidos por la sociedad (como el hecho de hacer un gesto con las manos y la boca para simular una felación), y ciertas líneas de dialogo malsonantes quedan finalmente compensadas por una formalidad argumental y narrativa que se adecua al mensaje político del bienestar que impera en Europa (y entiéndase por correcto el reparto de la riqueza, la aceptación de personas de otra cultura o la integración de minusvalías físicas).

‘9 meses… de condena!’ está cargada de muchos paradigmas del cine actual, desde el uso de una cámara que no para de estar en continuo movimiento, de formatos visuales como planos secuencia donde la cámara sigue a diferentes personajes, únicamente con el fin de epatar al espectador y contextualizar la historia en su espacio, del uso de angulaciones, contrapicados y picados en exceso, del uso de las repeticiones de a tres (los tres golpes en la cabeza que recibe el abogado interpretado por Phillippe Uchan), de representaciones de la imaginación y una memoria deformada mediante imágenes que copian la imaginería visual de Resnais o Jeunet. Todo ello es parte del sustrato postmodernista que pondera en el cine de hoy y que gran parte del público reconoce y hace parte de su bagaje cultural.

Contrapicado de la jueza Ariane Felder (Sandrine Kiberlain) tratando de abortar de una manera muy particular.

Contrapicado de la jueza Ariane Felder (Sandrine Kiberlain) tratando de abortar de una manera muy particular.

Y para que una comedia francesa funcione, no hay otro remedio que hacer llegar el mensaje político imperante (eso sí, siempre liderado por ‘La grande France’) y hacer reír sin cortapisas al espectador, aunque el humor no siempre conecte con todos por igual (como es mi caso, donde a priori existe un rechazo frontal de este tipo de humor francés). Lo cual quiere decir que el peso de la subjetividad a la hora de analizar una comedia es más fuerte que en otros géneros cinematográficos. Ya que si el fin de hacer reír de manera directa no funciona, entonces todo falla.

Tengo que reconocer que, durante su estreno en el Festival de San Sebastián, en ciertos momentos me reí con el público, por ejemplo cuando el abogado (interpretado por Nicolas Marié) justificaba el hecho de que el acusado comiese ojos humanos por su necesidad de completar una nutrición rica en proteínas. Marié realiza una interpretación que a todas luces resulta sobreactuada, cargada de tics muy locales (muy franceses), pero reconozco que cuando me reía me preguntaba a mí mismo por qué me reía de tamaña tontería y recordaba mi postura de rechazo absoluto a ciertas comedias españolas postfranquistas que, a fin de cuentas, también me provocaban las mismas carcajadas. Y es que, realmente, el hecho de reírse y disfrutar de una película acaba siendo una simple cuestión política.

GERARDO CREMER

Comments
One Response to “CINE: ‘9 meses… de condena!’: Conectar con el humor francés”
  1. oscar cine dice:

    Bueno,tal y como lo describes poco se puede añadir.yo vi 9 meses hace 6 meses(zinemaldi)asi que tampoco la tengo muy fresca.me divirtio,me parecio razonablemente inteligente y sobre todo,encontre que sus 80 minutos,para contar lo que contaba,eran perfectos.

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