Whitehorse: La gran bestia impía

No es una sala de revelado de fotos, sino el infierno del Sentinel durante el aquelarre de Caballoblanco (foto: Mr. Duck).

No es una sala de revelado de fotos, sino el infierno del Sentinel durante el aquelarre de Caballoblanco (foto: Mr. Duck).

Lunes 14 de abril 2014, Erandio, Sentinel Rock Club, 20.30 h, 7 €. BEV WHITEHORSE cartel

Teloneados por el trío Beruna de Ispaster (el grupo número 100 que veo en lo que va de año), los impíos australianos Whitehorse (Caballoblanco, todojunto) arribaron al Sentinel de Erandio para procesioner con una baja en sus filas. En vez de seis, en definitiva fueron cinco asociales hipertatuados en escena: al bajo una suerte de motero fan de Village People, a los tambores un tirillas como el Tarzán juvenil del ‘Greystoke’ de Christopher Lambert, al micrófono el tal Peter Hyde, un craso canijo (poco más bajo que yo, poco más gordo que yo) con cráneo rasurado y barba larga y densa cual terrible, temible y amenazador extraterrestre de ‘El imperio contraataca’, a los teclados y ruiditos quizá un familiar de éste, una especie de cristiano renacido y barbado con piercing en la nariz y mirada inquietante, y a la extrema derecha, a la guitarra, un sosías de las antípodas de El Sevilla, el de Mojinos Eskozíos, sí.

Mirada asesina de Peter Hyde a Unai Endemaño cuando disparaba alguna foto por su flanco al guitarrista (foto: Mr. Duck).

Mirada asesina de Peter Hyde a Unai Endemaño cuando disparaba alguna foto por su flanco al guitarrista (foto: Mr. Duck).

‘Raised Into Darkness’ (2014).

‘Raised Into Darkness’ (Vendetta Records, 2014).

Los de Melbourne (‘La gran bestia impía’, como se autodefinen en Bandcamp, donde se puede oí su nuevo vinilo, ‘Raised Into Darkness / Criado en la oscuridad’, recientemente editado y a la venta ese día en la planta baja, delante de la barra) ofrecieron una sesión infernal y horrísona (nosotros fuimos cuatro al bolo y dos llevaban tapones; Pato no, pero Pato levaba un chapa que rezaba ‘odio los lunes’) que duró 55 monocordes minutos, todo el rato igual: un ralentizado pum-pum como Conan golpeando un gong, un moroso chas-chas como los latigazos de ‘La pasión de Cristo’ de Mel Gibson, un tortuoso cras-cras como cadenas arrastrándose en mazmorras lóbregas, un energético boom-boom como explosiones en trincheras embarradas en la noche, un estremecedor grrrrr-grrrrr como el de las almas penando en el Averno.

Peter Hyde, un hombre con una camiseta autodefinitoria (foto: Mr. Duck).

Peter Hyde, un hombre con una camiseta autodefinitoria (foto: Mr. Duck).

Al poco de arrancar una agresiva beldad morena metálica me chilló enfadada: «¡no se le oye al cantante!». Se refería al extraterrestre de la cara invertida, pero esta voz eclipsada por la luna, ese lunes a una jornada del plenilunio, no fue óbice para que la repetición minimalista del doom hipnotizara a una parroquia eminentemente masculina que quizá asociara los… zurriagazos de Whitehorse con los Melvins grunge, los Monarch galos, los Black Sabbath del Antiguo Testamento o los nazarenos andaluces de Orthodox, que dan conciertos ocultos tras capirotes.

OSCAR CUBILLO

Un flash profanando la oscuridad mefistofélica del doom austral (foto: Mr. Duck).

Un flash profanando la oscuridad mefistofélica del doom austral (foto: Mr. Duck).

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Comments
One Response to “Whitehorse: La gran bestia impía”
  1. Carlos dice:

    Qué hermosa bola de pelo gris se ve en la última foto de Mr. Duck.

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