Tété: La escuela de la calle

El cantautor tenía una cámara en el mástil de la acústica y otra fija al fondo del tablado (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

El cantautor tenía una cámara en el mástil y otra fija al fondo del tablado (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Martes 6 de mayo 2014, Bilbao, Sala BBK, 20 h, o €.

(SEMBLANZA: Muestra de la capacidad integradora de la vecina Francia es Tété, nacido en Dakar, Senegal, en 1975, de padre africano y madre de la Martinica, la isla del Caribe departamento de ultramar galo. Con dos años sus padres se mudaron a Burdeos, pero al poco se separaron y Tété, que significa ‘guía’ en la lengua wolof, la más hablada en Senegal, se trasladó con su madre y su hermana al nordeste, a Saint-Dizier, allá por las frías Ardenas. Su madre, aficionada a la música, le regaló con 16 años una guitarra y le introdujo en el jazz de Miles o Coltrane, y en el folk-rock de Dylan y el pop de los Beatles. También Tété enredó con el hip-hop, pero por su cuenta. A finales de los 90 se instaló en París y tocaba por bares. Su estilo, comparado con Lenny Kravitz, bebe de la música afroamericana transversal, pero no deja de estar impregnada por las costumbres francesas, desde el uso del idioma al gusto por el soul pasando por la inherente solemnidad emanada de la chanson que todo lo cubre. Sus canciones son pegajosas y humanistas, modernas y atemporales, y su estética urbanita se asemeja a la de un personaje de Spike Lee: perilla, gafapasta, sombrero, ricitos… Nos visita con su sexto disco, ‘Nu là-bas’ (13). Algunos le definen como el Jeff Buckley francés (pero Tété tiene más vigor y menos volatilidad y fragilidad) y él se autodefine sin rubor como un «trovador y manufacturero de canciones pop-folk-bluseras con pretensiones intelectuales». Sí, ya se ve que está totalmente afrancesado.)

***

En la Sala BBK y presentado por el instituto francés, el afrocantautor intelectual galo Tété (esta es su web) en 57 minutos y 11 piezas reforzadas por sus trucos aprendidos buscándose la vida tocando en las calles, se metió en el bolsillo al público formal, sentado y muy femenino. Tété chapurreó en castellano para hacerse entender, afirmó que su corazón entiende todos los idiomas y durante las ovaciones él agradecía golpeándose el pecho. «Es tan majo que no parece francés», sentenció Nuria. Dio un concierto menos sofisticado de lo previsto y se presentó con una estética menos elegante que en sus imágenes, algo polvorienta incluso. Ofició sin banda, sólo con una guitarra acústica que llevaba una cámara en el mástil, y con otra cámara fija al fondo del tablado. A la guitarra, muy blusera a veces, alternaba melodías con fuertes golpes percusivos (‘Fils De Cham’). A la voz a veces fue soulero (cálido como el callejero Ted Hawkins, moderno como Ben Harper), algo pop como un Gael Faure alegre, pero sobre todo resonó a cantautor moderno urbanita tipo David Gray o Tracy Chapman. Dinámico en escena, sin pararse apenas quieto y asomándose a menudo al borde del tablado, el intenso Tété también versionó el ‘Blister In The Sun’ de los Violent Femmes, sonó caribeño, silbó, extrajo palmas espontáneas y coros tímidos del respetable, y las dos últimas las canto con la luz encendida, sin micros, paseando entre en el patio de butacas, cálido y cercano, siendo premiado con bravos, más silbidos y aplausos.

ÓSCAR CUBILLO

A pelo en el epílogo, entre el respetable, observen cuán femenino (imagen de móvil: Nuria GD).

A pelo en el epílogo, entre el respetable, observen cuán femenino (imagen de móvil: Nuria GD).

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