‘Moroneando’: Lo máximo con lo mínimo

El cuarteto actuante en la ‘fiesta’ inaugural, con baile por bulerías de Pepe Torres, el mejor de la velada (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

El cuarteto actuante en la representación festera inaugural, con baile por bulerías del tradicional Pepe Torres, el mejor de la velada (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Miércoles 14 de mayo 2014, Bilbao, Sala BBK, 9º Ciclo Flamenco BBK, 20 h, 16 €.

BEV CICLO FLAMENCO CARTEL 50 %El ilustrativo noveno Ciclo Flamenco BBK ofreció el miércoles el montaje ‘Moroneando. Flamenco en la frontera’, un encuentro ideado por el antropólogo Fernando González Caballos y dedicado al arte particular de Morón de la Frontera, Sevilla, localidad de unos 28.000 habitantes sita a 63 kilómetros al sur de la capital hispalense y enclavada cerca de la frontera con Málaga y Cádiz. Ahí se halla la base aérea hispanoamericana, sí. El guion de ‘Moroneando’ se construyó sobre el elogio a sus leyendas antañonas: el tocaor Diego del Gastor (con estatua en Morón) y los cantaores Silverio Franconetti y El Tenazas.

La cita fue una mixtura divulgativa con charla esporádica, ambulante y nerviosa de Fernando González Caballos, que definió al estilo de Morón de la Frontera como festero (los flamencos tocando para ellos al margen de las fiestas de los señoritos, entregados alrededor del vino) y sencillo (la reiteración, el eco, la técnica limitada), una charla expositiva ilustrada con películas viejas donde se evocaba con gracejo a tales leyendas y con representaciones en vivo de las tres disciplinas flamencas, a saber, cante, toque y baile, a lo largo de hora y media de show multidisciplinar ante un tercio de entrada escaso.

El conferenciante, el antropólogo Fernando González Caballos, ante la pantalla con un estrangulador Diego del Gastor,el tocaor con estatua en Morón (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

El conferenciante, el antropólogo Fernando González Caballos, ante la pantalla con un estrangulador Diego del Gastor, el tocaor (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

El cante se abrió remedando sobre una mesa y en cuarteto esas fiestas particulares. «¿Y dónde está la botella de vino?», se preguntó Pato al ver el minimal atrezzo. Ahí los protagonistas vocales no destacaron: Antonio Ruiz, El Carpintero, veterano y justito, por tangos no despuntó con su deje roto persiguiendo calentar el ambiente, y Moisés Cano, joven e irregular, se fajó sin suerte con las bulerías, sin duende ni creérselo, oficiando cual mero actuante. Después, en sus intervenciones a dúo escoltados por el superior tocaor Dani de Morón, El Carpintero, flojo de facultades se ahogó en la soleá de Tenazas (con la imagen de este presidiendo el tablado; al acabar su intervención agradeció El Carpintero: «muchísimas gracias por el respeto tan inmenso aquí en vuestra tierra»), y Moi de Morón, bigotillo de mafiosillo sobre el labio superior, se alzó jondo y estupendo en las seguiriyas de Silverio (también con su imagen en grande sobre el telón de foro).

Moi de Morón dejando su pabellón alto en las seguriyas de Silverio, cuya imagen preside el telón de foro (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

El cantaor de bigotillo mafioso Moi de Morón dejando su pabellón alto en las seguriyas de Silverio, cuya imagen preside el tablao (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Dani de Morón con su guitarra a menudo estuvo por encima de los cantaores, eso que en la película un experto afirmó: «no se te olvide que el guitarrista es un esclavo del cantaor». En su momento solanas el guitarrista en una rondeña se arrimó al folk -por los menos arpegios- y devino lírico y melancólico en su desarrollo. Lo mejor de representación académica fue el baile de Pepe Torres, elegante, viril y, como describió el conferenciante guadiana González Caballos, «apegado a la tierras, flamenco tradicional, ceñido a las maneras más clásicas».De estética similar a Fandiño de perfil y a un hijo de Ruiz Mateos de frente, Pepe Torres en la fiesta inaugural de la mesa levantó las expectativas con su baile por bulerías, en su número a solas en el centro de la escena por alegrías remitió a Javier Barón zapateando con vigor y sin alharacas, y remató en el epílogo con una trágica soleá y una coda -la octava pieza flamenca- por bulerías que nos dejó con buen sabor de boca y cierto recuerdo.

OSCAR CUBILLO

Saludos finales del antropólogo Glez. Caballos, el bailaor Pepe Torres, el veterano cantaor El Carpintero, el más joven Moi de Morón, y el tocaor Dani de Morón (imagen de móvil: Mr. Duck).

Saludos finales del antropólogo Glez. Caballos, el bailaor Pepe Torres, el veterano cantaor El Carpintero, el más joven Moi de Morón, y el tocaor Dani de Morón (imagen de móvil: Mr. Duck).

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