CINE: ‘Noé’: Entre Dios y la locura

BEV NOE CARTEL

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno en cine: 4 de abril de 2014

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Director: Darren Aronofsky

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Calificación: 3 estrellas sobre 5

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Trailer de ‘Noé’

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Sobre la base bíblica de la película

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Cuentan la Biblia y los textos apócrifos que tras la muerte de Abel se formaron dos tribus: los descendientes de Caín, los cainitas, representantes del pecado, que en sucesión genealógica fueron Enoc, Irad, Mehujael, Metusael, Lamec y Tubalcaín, y los descendientes de Set, los setistas o ‘hijos de Dios’, cuya estirpe fueron Jared, Enoc, Matusalén, Lamec y Noé. También, en aquella época, estaban los ángeles caídos, los llamados vigilantes o grigoris, también hijos de Dios que bajaron a la Tierra a enseñar a los cainitas la verdad y la justicia pero acabaron copulando con sus mujeres y engendrando gigantes, o nefilims, seres que pervirtieron a la sociedad y desataron la violencia. Dios, molesto ante este espectáculo resultado de su creación, decidió castigar a los nefilims, haciéndoles matarse entre ellos o bien por los humanos bajo el hierro de la espada, y a los grigoris o ángeles caídos «atándoles a los abismos de la tierra» (texto apócrifo de ‘El libro de la Sabiduría’).

Los ángeles caídos bíblicos convertidos por Aronofsky en una suerte de transformers de piedra tras el castigo divino.

Los ángeles caídos bíblicos convertidos por Aronofsky en una suerte de transformers de piedra tras el castigo divino.

Frente a esa situación de depravación y violencia, Tubalcaín aparece como representante de la metalurgia e inventor de las armas, de quien se dice célebre por sus conquistas guerreras (participando en la matanza de gigantes), y que superaba a todos los hombres en fuerza y conocimientos luciferinos (adoptado después por las logias francmasónicas para quien Tulbalcaín es digno representante). Por su parte, Noé recibió las órdenes de Dios de construir un arca en la que se refugiarían todas las parejas de animales, además de él con su familia (su mujer, sus hijos y las mujeres de sus hijos) como únicos seres que sobrevivirían al castigo divino en esa sociedad corrupta. Tras cuarenta días y cuarenta noches de diluvio la humanidad pervertida desapareció de la faz de la tierra. En sus últimos años Noé dedicó su tiempo a la labranza y a plantar viñedos, lo que fue causa de sus famosas melopeas, paseándose desnudo y borracho y siendo objeto de burla de sus hijos, por lo que ellos y sus mujeres le abandonaron para formar nuevas tribus.

Darren Aronofsky, como profundo conocedor de los escritos religiosos, compone una historia original dando rienda suelta a la imaginación. Combina todo tipo de textos y estudios realizados sobre la época antediluviana y carga las imágenes de simbolismos y referencias culturales. Nada en la película es como fue escrito. No hay una fuente conocida que relate lo que el film nos cuenta. Por tanto, el ‘Noé’ de Aronofsky es una historia inventada que contiene un gran poso referencial en cada una de sus imágenes y en los objetos que aparecen en sus escenas. A Noé (Russell Crowe) se le presenta como una persona preocupada por la ecología, con cierta tradición chamanista, quien recibe de su padre la piel de la serpiente que tentó a Eva en el Paraíso. Matusalén, su abuelo (Anthony Hopkins), el adivino de la tribu, es quien prepara brebajes alucinógenos y realiza la magia primitiva para plantar semillas que originan bosques al instante o para conceder fertilidad a mujeres estériles mediante el tacto de su mano contra su vientre.

Anthony Hopkins caracterizado de chamán de tribu indio-americana.

Anthony Hopkins caracterizado de chamán de tribu indio-americana.

Los ángeles caídos, atados a la tierra, han sabido escaparse, aunque sus cuerpos han quedado constituidos en roca, y ahora se lamentan del castigo de Dios que no comprenden, huyendo despavoridos de la furia de los humanos que les persiguen para matarles. Ayudados por Matusalén se refugian en la región oscura donde los hombres de Tubalcaín (Ray Winstone) dejan de perseguirles. Posteriormente ellos ayudarán a Noé a proteger el arca defendiéndole de la furia de los mortales que en grupo liderado por Tubalcaín van en masa a matarle. En esa lucha por salvar los deseos de Dios los ángeles caídos morirán, desprendiéndose de su cuerpo y retornando al cielo para ser nuevamente recibidos por El Creador. Tampoco corresponde a ningún escrito ese enfrentamiento de Noé con sus hijos, el refugio de Tubalcaín en el arca o la decisión de Noé de acabar con la vida de sus descendientes, porque en su interpretación de los designios de Dios está la obligación de hacer desaparecer la humanidad de la tierra.

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Sobre el cine bíblico y Darren Aronofsky

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A pesar de ser fuente posible de múltiples historias, el género bíblico es uno de los menos frecuentados por la historia del cine. Así, las dos incursiones en el mismo realizadas por Cecil B. DeMille, ‘Sansón y Dalila’ (1949) y ‘Los diez mandamientos’ (1956), son una clara muestra de los intereses comerciales del director norteamericano, con su tendencia a evidenciar su consabidas reglas de la saturación del plano (con objetos y personajes), el uso de colores vivos y, por supuesto, la introducción del erotismo en muchas de sus escenas.

Saturación del plano, color y erotismo, claves del cine bíblico de DeMille en ‘Sansón y Dalila’.

Saturación del plano, color y erotismo, claves del cine bíblico de DeMille en ‘Sansón y Dalila’.

Dejando a un lado la vertiente más mística y cristiana de Henry King en ‘David y Betsabé’ (1951) y de King Vidor en ‘Salomón y la reina de Saba’ (1959), hay que destacar ‘La Biblia’ (1966), producción italiana de Dino de Laurentiis dirigida por John Huston, que contiene, en su sector sobre el arca de Noé, uno de los rasgos menos comentados de Huston, su sentido del humor. En esta ocasión él interpreta personalmente a Noé, desarrollándolo con aire bonachón, algo torpe, despistado y feliz por cumplir con las indicaciones de Dios. Un texto narrativo que sigue los escritos del Génesis pero tomándoselos un poco a guasa.

La divertida escena de Noé, convertido en flautista de Hamelin, en ‘La Biblia’.

La divertida escena de Noé, convertido en flautista de Hamelin, en ‘La Biblia’.

Darren Aronofski parece tomar de DeMille la importancia de seleccionar un actor sólido para el papel (tanto en cuerpo como en seguridad), allí Charlton Heston aquí Russell Crowe, y de Huston muchas de sus ideas de puesta en escena y diseño de producción (los terrenos áridos de comienzo, el vestuario, la forma y dimensiones del arca). Pero su película es particular en lo que se refiere a contentar las expectativas del espectador.

Darren Aronofsky es un director extremadamente culto obsesionado por llenar sus películas de referencias teológicas y filosóficas. Tanto ‘Noé’ como la también por él rodada ‘La fuente de la vida (2006), son films que han sufrido un arduo proceso de pre-producción y rodaje debido a su particular mirada sobre la Historia y la Ciencia, la cual se sale de los cánones establecidos para las películas de gran presupuesto. Digamos que sus films pueden considerarse de alto riesgo comercial. En Aronofsky se aprecian esas tendencias megalomaníacas propias de directores como Stanley Kubrick, con el que no sólo se le emparenta por su control del producto y por el detallismo de la investigación incorporados en sus guiones, también, como director de imágenes, como narrador que sabe de la importancia de lo mostrado en lo narrado.

Hasta ahora, salvo quizá en ‘El luchador’ (2009), en sus films se da extrema importancia a los decorados, a las localizaciones, que son factor fundamental para remarcar los comportamientos temperamentales, obsesivos y atormentados de los personajes de sus películas. Espacios externos que se configuran con una mezcla de ‘realidad histórica’, capacidad simbólica y distorsión mental. Al igual que en Kubrick o en el cine de Roman Polanski la mente funciona como mecanismo de distorsión de lo real, por lo que el decorado acaba mezclando realidad y subjetividad; véanse los dos ejemplos más claros del cine de Aronofsky de la alucinación: ‘Réquiem por un sueño’ (2000), con la escena de la nevera, y la pesadilla sexual de Natalie Portman en ‘El cisne negro’ (2010). ‘Noé’, acierte o no en contentar las expectativas visuales del espectador, trabaja todas las escenificaciones con una personalísima puesta en imágenes de los acontecimientos. (Destacar que Aronofsky había ya publicado un comic previo a la película, donde desarrollaba su idea visual de los acontecimientos.)

La visión de Noé de la debacle humana.

La visión de Noé de la debacle humana.

Esta manera de deleitarse con la grandilocuencia de las imágenes, siempre en busca de un transcendentalismo más pictórico y simbólico que comercial, se combina con esa constante temática de su cine: la lucha del hombre contra lo Eterno, los designios marcados que envuelven la existencia en una continua batalla por la supervivencia. Reglas morales, impedimentos que son contrarios a la propia naturaleza humana y que llevan a los personajes al fracaso. En ‘Noé’ a Russell Crowe se le pondrá en la tesitura de cumplir con los designios de Dios o matar a sus seres más queridos. Y todo ello en un combinado alucinógeno, de trascendentalismo espiritual y locura. Pura pirotecnia narrativa.

GERARDO CREMER

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