CINE: ‘Godzilla’: Desequilibrios atómicos

BEV GODZILLA CARTEL

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno en cine: 16 de mayo de 2014

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Director: Gareth Edwards

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Calificación: 2 estrellas sobre 5

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Trailer de ‘Godzilla

 

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Alimento radioactivo

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Los títulos de crédito del reboot ‘Godzilla’ son fundamentales para potenciar la verosimilitud del relato: las imágenes documentales de la explosión atómica (‘Castle Bravo’) realizada por Estados Unidos en el atolón Bikini, de Micronesia, en 1954, se acompañan de planos falsos donde una forma monstruosa ronda el lugar de la explosión.

Las imágenes documentales de la explosión de Castle Bravo sirven para situar el film en el contexto de la alegoría atómica.

Las imágenes documentales de la explosión de Castle Bravo sirven para situar el film en el contexto de la alegoría atómica.

La siguiente escena se sitúa en Filipinas, en una mina. Allí, dos científicos, Ishiro Serizawa (Ken Watanawe) y Vivienne Graham (Sally Hawkins) son llamados para constatar la existencia de un esqueleto monstruoso aparecido en un socavón, el cual contiene unas extrañas vainas en estado de incubación. Todo ello es introducido por el director británico Gareth Edwards con unas imágenes aéreas iniciales, desde unos helicópteros que sobrevuelan el lugar de los hechos, con el fin de seguir potenciando esa mirada realista (y algo poética) de la narración.

Como todo blockbuster que se precie, el film salta temporalmente y espacialmente de manera continua, esta vez de Filipinas al Japón, lugar no sólo referencial del monstruo (kaiju) original de la serie Godzilla, sino también el país donde explotaron las dos famosas bombas atómicas del final de la II Guerra Mundial y donde sucedió el accidente nuclear de la central de Fukushima en marzo de 2011. En esta sección de la película se presenta a la familia Brody, Joe (Bryan Cranston), su esposa Sandra (Juliette Binoche) y su hijo. Los guionistas introducen aquí el factor familiar, que será motivo clave a lo largo de la película, al mismo tiempo que se remarca la situación de inocencia e indefensión de los niños ante el peligro latente del hombre por su uso descontrolado del poder atómico. Tanto Joe como Sandra trabajan en una central nuclear y allí es donde morirá Sandra, justo el día del cumpleaños de Joe, debido a un temblor producido debajo de la central que provoca la destrucción de las instalaciones. Cuando las torres de refrigeración se desmoronan, Gareth Edwards filma al niño mirando tras la ventana de la escuela y en su rostro se adivina el vaticinio de que ese día de cumpleaños va a quedar empañado por la muerte de su madre.

Nuevamente el film salta de escenario, situándose ahora en los Estados Unidos para presentarnos a una nueva familia: él es un militar, el mismo niño adulto, pues han pasado 15 años, el hijo de Joe y Sandra, Ford Brody (Aaron Taylor-Johnson), y ella (Elizabeth Olsen) es una joven enamorada con un hijo de cinco años. Pronto Ford quedará envuelto en la trama nuclear de la tragedia de su infancia, al tener que volar a Japón para buscar a su padre, quien vive obsesionado por conocer la verdad de los hechos. Ambos, padre e hijo, descubrirán finalmente unas instalaciones secretas (el lugar en el que había estado antes la central nuclear) donde los científicos Serizawa y Graham vigilan a esa especie de vaina descubierta en Filipinas, la cual está a punto de eclosionar. Y es entonces cuando surge el monstruo, un OTENI (Organismo Terrestre No Identificado), ser alimentado de la radiación nuclear que empieza a devastar todo lo que le rodea, en busca de más alimento radioactivo.

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Un film desequilibrado

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‘Godzilla’ funciona bien en esta primera media hora de película arriba descrita. Edwards sabe administrar bien la tensión, filmar a través de los ojos de sus protagonistas, dando a las imágenes un cierto carácter de irracionalidad aunque enmarcadas en una motivación realista. El motivo o conflicto exterior está bien explicado en esta primera parte: la incapacidad del hombre por dominar la naturaleza (en este caso la atómica) conlleva a que ésta se revele contra él, siendo la que domine al hombre, poniendo en peligro sus bases: la familia y la comunidad.

Pero a partir de aquí el film entra en una sucesión de desmanes sin sentido, en inverosimilitudes que desequilibran totalmente los logros alcanzados al principio. Ford Brody parece destinado a encontrarse, a cada paso que da, con el centro de la acción y tiene la mala suerte de toparse con los monstruos gigantes cada vez que se mueve. Pero, eso sí, es incapaz de rencontrarse con su familia.

Cada paso de Ford Brody le sitúa en el centro del relato, pero es incapaz de rencontrarse con su familia.

Cada paso de Ford Brody le sitúa en el centro del relato, pero es incapaz de rencontrarse con su familia.

Los guionistas convierten al protagonista en una especie de superhéroe a la fuerza, hecho que va diluyendo su perfil humano para convertirlo en mera pieza de guión de cine de catástrofes. Los espectadores de blockbuster aceptarán de buen grado que su héroe esté envuelto en todas las situaciones de peligro, pero todo esto sólo sirve para restar verosimilitud y realismo a la narración. Por su parte, los científicos Serizawa y Graham dejan de tener interés narrativo en la historia, por lo que a partir de la aparición del monstruo se mueven como almas en pena de sitio en sitio sin saber qué pintan en la película. Un nuevo personaje entra en el film, el representante del ejército que debe resolver la situación (interpretado por David Strathairn), aunque sus decisiones están cargadas de incongruencias y confusión (al final desaparece del film como si él no hubiera participado en nada). Y es que cada decisión que toma el mayor conllevará que Ford, por una razón o por otra, esté involucrado en su resolución. Por último, el film entra en un caos argumental en relación a los monstruos. El gigante alado que surge de la central japonesa busca a otro ser semejante de su especie. Mejor dicho, a otra, ya que su intención es aparearse con un intercambio (sexual) de arsenal atómico. Aunque a ambos dos les persigue Godzilla, que no se sabe bien porqué aparece y porqué quiere acabar con ellos.

El film se mueve en su parte central en un continuo desequilibrio, en una indefinición genérica que duda si bascular hacia ‘Lo imposible’ (2012) de J.A. Bayona (el film contiene hasta tsunamis con niños perdidos buscando a sus padres), hacia el cine blockbuster de la serie ‘Transformers’ (2007) de Michael Bay, o, curiosamente, hacia la poética de la imagen, hacia esa lectura de cine de autor que dio a conocer a Gareth Edwards con su film Monsters’ (2010).

BEV GODZILLA cartel monsters

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Monsters contra Godzilla

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‘Monsters’ (ver aquí el trailer) fue una película de bajo presupuesto que principalmente jugaba con la indefinición genérica partiendo del género mockumentary de ciencia ficción (con unas imágenes televisivas de unos alienígenas atacando una población mexicana), aunque este primer film de Gareth Edwards apuntaba realmente hacia el género indie romántico. La particularidad de ‘Monsters’ era que, cuanto más avanzaba el film, menor era el interés que se ponía al fantástico, dejando en evidencia que el marco alienígena no era más que una excusa argumental para potenciar los conflictos internos y personales que sufrían los protagonistas.

En ‘Monsters’, Samantha, hija de un propietario de un periódico y comprometida en matrimonio, debía abandonar la zona ‘contaminada’ por los alienígenas con la ayuda de Andrew, un fotógrafo de ese diario. Ambos personajes son infelices en su vida: Samantha teme por su futura vida de casada (se aprecia su falta de amor y convencimiento); por su parte, Andrew tiene un hijo con una mujer con la que convivió pocos meses, un hijo al que apenas ve y quien no le puede considerar como padre. El encuentro de la pareja huyendo del país les permite conocerse, complementarse, descubriendo que una relación entre ellos les puede ayudar a reconducir sus frustraciones. Aunque de cualquier forma ese deseado encuentro sexual no se produce: siempre hay un impedimento de aproximación, bien por respeto, timidez o conciencia por no modificar su futuro marcado. Por ello su decisión de quedarse juntos se resuelve por circunstancias externas a ellos: la escena final en la que ambos contemplan como dos alienígenas gigantes, flotando en el cielo, se aparean, abriéndoles así las puertas a su relación sentimental.

En ‘Godzilla’, Gareth Edwards hace esfuerzos por buscar un marco similar a ‘Monsters’, pero su afán hace agua ante un guion imposible para dar rienda suelta al cine de autor. Por ello sólo quedan en el film momentos de belleza (al igual que los había en su primera película): esa manera de filmar con realismo el movimiento de los monstruos que son contemplados con extrañeza, de manera casi simbólica, por los hombres; ese acertado uso de la música (excelente cuando se lanzan en paracaídas sobre San Francisco) que hace evadir los hechos hacia la abstracción poética.

Godzilla surge para salvar a la humanidad de los OTENI atómicos aunque su torpeza le hace tirar unos cuantos rascacielos.

Godzilla surge para salvar a la humanidad de los OTENI atómicos aunque por su torpeza tira unos rascacielos.

Por ello, lo mejor de ‘Godzilla’ es el final, cuando ya Gareth Edwards ha tirado la toalla por intentar narrar una historia de personas y se contenta con filmar el misterio y la belleza de esos seres gigantes (insondables para los humanos) intentándose amar y reproducirse.

GERARDO CREMER

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  1. […] cineasta Gareth Edwards (tema ya tratado en este blog en la reseña del film ‘Godzilla’ –así la comentamos-). Este hecho da cierta autonomía a un film que, lamentablemente, queda lastrado por la falta de […]



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