António Zambujo: Irónico y sentimental

Empero su estilo emotivo, el alentejano no dejó de sonreír pícaramente (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Empero su estilo emotivo, el alentejano no dejó de sonreír pícaramente (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Miércoles 18 de junio 2014, Bilbao, III Ciclo ‘Noites de Fado’, Sala BBK, 20 h, 20 €.

BEV CARTEL 3 NOCHES DE FADO(Cerró el tercer ciclo fadista bilbaíno el cantante, guitarrista y compositor representante del estilo alentejano António Zambujo (Beja, 1975), parangonado con João Gilberto y amigo de Caetano Veloso. Músico cultivado (a los 8 años empezó a estudiar el clarinete en el conservatorio), Zambujo estuvo cuatro años en cartel con el musical ‘Amália’, interpretando el papel del primer marido de la diva fadista. Renovador del estilo, lleva una década actuando por todo el mundo y ha colaborado con artistas dispares caso de Budiño, Uxía o Maria da Fé. Está muy ilusionado con su último disco, ‘Quinto’, lanzado por la multinacional Universal.

Pinchar para leer el buen retrato firmado por Carlos Benito).

Con lleno técnico -unas diez entradas había sin vender cinco minutos antes de arrancar- se clausuró el tercer ciclo fadista de la Sala BBK con la intervención feliz, morigerada y emotiva de António Zambujo (Beja, 1975) en quinteto sentado y así dispuesto en escena de izquierda a derecha: guitarra portuguesa, clarinete bajo, su guitarra y voz, trompeta con sordina más contrabajo y dirección musical. Baqueteado en los bares sureños lusos del interior caluroso, con un desparpajo a pie de barra similar a la de los catalanes de Estopa (criados en un bar), António en 83 minutos cantó 19 piezas en diferentes formatos, a saber, en solitario, a dúo, en trío, cuarteto y en quinteto completo, siempre con él sentimental, pausado, introvertido y moderno, pues sí que se le puede considerar un renovador del fado, género portuario luso al que empapa de Brasil y hasta de chansón.

‘Quinto’ (Universal Portugal, 12).

‘Quinto’ (Universal Portugal, 12).

Empero sus canciones tristes y con más viñates de desamor (frases que lamentan en brazos de otro hombre, ya no me quieres más…) que paisajes lisboetas, António Zambujo fue pícaro, no paró de sonreír y nos hizo reír con su dominio del castellano. Por ejemplo, tras el introito del radiofónico Joseba Martín salió el portugués y soltó: «escuchando la presentación me parecía que tenía más de 100 años, de las cosas que he hecho». O después, cuando agradeció con un ‘eskerrik asko’ (muchas gracias en euskera), el respetable se puso contento y el artista preguntó: ‘¿lo he dicho mal?, ¿entonces por qué os reís?’. Y así varias veces más, como cuando un espectador le gritó ‘viva la madre que te parió’ y él replico ‘igual miente’, o cuando el alentejano dijo que antes de lo vasco solo sabía decir Begiristain, Bakero, Goikoetxea o San Mamés, todos términos balompédicos, ya saben. Pero lo comentaba con ironía, no con zalamería.

Guitarra portuguesa de Bernardo Couto, clarinete bajo de José Miguel Conde, guitarra y voz de António Zambujo, trompeta con sordina de Joâo Moreira, más contrabajo y dirección musical de Ricardo Cruz (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Guitarra portuguesa de Bernardo Couto, clarinete bajo de José Miguel Conde, guitarra y voz de António Zambujo, trompeta con sordina de Joâo Moreira, más contrabajo y dirección musical de Ricardo Cruz (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

La cita cursó sin quebrarse el ambiente intimista de un cancionero emocionante en sus diversos formatos, con los dos vientos perfectamente arreglados en plan Pink Martini pintorescos. Zambujo explicó que casi todas las canciones que interpretaría están en su quinto y último disco, ‘Quinto’ (Universal Portugal, 12), abrió solemne y exquisito con ‘A casa fechada’, y sucesivamente nos transportó al pop afrancesado de Yann Tiersen en‘Algo estranho acontece’, arregló sublime los vientos en ‘Fortuna’, sugirió el jazz after hours en ‘Queria conhecer-te um dia’, fue brasileño en ‘Flagrante’ y también en ‘Labios que beijei’ y luego en ‘Quando tu passas por mim’ y en la bossa ‘Zorro’, se tornó introvertido en la bella algo Toquinho ‘Lambretta’, aspiró al cool en el pseudoblues a lo Jorge Drexler ‘Guia’ (aquí un directo demostrativo), presentó un par de versiones (de Vinícius de Moraes la bonita ‘Apelo’ –cuando dijo que «me encanta cantar a los poetas, cantar la poesía», y de Amália Rodrigues la exuberante ‘Amor de mel, amor de fel’ –la del bis, quizá la mejor de la cita-), pocas veces se arrimó al fado tradicional (‘Fado desconcertado’, quizá irónico en su letra, cuando empieza cantando que estaba ensayando los fados cuando entró ella), logró la interacción del público con cantos alentejanos (el de chistar y silbar, tan infantil en el fondo), jugó al experimentalismo de Tom Waits en ‘A tua frieza gela’ y reflejó a Ry Cooder en la minimal ‘Noite estrelada’, mojó de jazz el fado alegre (‘Nao me Dou Longe de ti’, con estupendo solo de clarinete barroco) y ejecutó jazz costumbrista como el de Jacques Tati en Portugal (‘Reader’s Digest’) en una velada memorable y simpática.

OSCAR CUBILLO

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