De Cádiz… Cádiz: Viejos cantaores

El Morcillero y Diego Montoya al arte y compás, Felipe Scapachini, Rancapino y Juan Villar al cante, más Pedro Carrasco, alias El Niño Jero, al toque (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

El Morcillero y Diego Montoya al arte y compás, tras la mesa, Felipe Scapachini, Rancapino y Juan Villar al cante y encorbatados, más Pedro Carrasco, alias El Niño Jero, al toque (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Miércoles 25 de junio 2014, Bilbao, 9º Ciclo Flamenco BBK, Sala BBK, 20 h, 16 €.

BEV CICLO FLAMENCO CARTEL 50 %El miércoles se celebró la quinta y última sesión del 9º Ciclo Flamenco en una Sala BBK con algo más de media entrada. El programa ‘De Cádiz… Cádiz’, o sea de la capital, lo introdujo en un discurso de un cuarto de hora Antonio Barberán, que dijo que los tres cantaores reunían 150 años de experiencia, 200 años contando al tocaor Pedro Carrasco, alias El Niño Jero. Barberán manifestó que los cantaores de Cádiz tienen en su voz «un regusto de salitre enredado en la garganta», y presentó al público a los tres oficiantes principales en este orden: el salado Rancapino (1945), con melena lacada, ahuecada y cana como Camarón, quien aseveró que «el cante es con faltas de ortografía»; el vital y bien conservado Juan Villar (1947), que aseguró que «en la sangre no llevo más que flamenco, y flamenco y flamenco y flamenco por todos los lados»; y el elegante Felipe Scapachini (1942), quien sostuvo, «tengo tanto amor por el flamenco, que no sé qué haría sin él». Completaban el plantel los palmeros El Morcillero y Diego Montoya, que poco hicieron hasta el fin de fiesta, dando unos pasos de baile con cara de diablillo el uno y con gesto serio de gitano honrado el otro.

Rancapino está para pasear su envidiable tupé y poco más (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Rancapino está para pasear su envidiable pelotupé y poco más (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Los cantaores veteranos compartieron protagonismo en una sesión irregular, descendente y poco conjuntada (las bulerías finales parecían improvisadas) de 8 sucesiones de palos en 62 minutos en ocasiones muy destensados. Al entrañable y ronco Rancapino se le notó corto de facultades desde la toná inicial (le jaleaban mucho sus compadres, señal de que necesitaba su apoyo y su disimulo). Cuando anunció las alegrías supusimos que no andaría holgado en ellas (ralentizadas le salieron) y en los tientos fue moroso. Sin embargo, casi al final y en pie («¡parecen Los Manolos!», observó Pato al verles a los tres con sus trajes, barrigas y corbatas), su fragilidad emocionó por fandangos y en las bulerías del fin de fiesta ofició sin fuelle pero resultó gracioso.

El elegante Felipe Scapachini, el que mejor cantó según Pato, se las pasó putas en las malagueñas (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

El elegante Felipe Scapachini, el que mejor cantó según Pato, en la imagen observado por El Morcillero durante las tonás iniciales, después se las pasó putas en las malagueñas (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

El elegante Felipe Scapachini (1942), el que cantaba mejor según Pato, se arrancó reverberante y distinguido en las tonás, y fue refinado en la soleá (ahí Rancapino le miraba sin envidia, sabiendo que lo estaba haciendo bien), pero las alargó demasiado, gustándose. En las malagueñas disputadas dio sensación de quedarse sin fuerzas, sin aire, aunque pugnó con ellas y aspaventero y con menos control del cante arrancó una ovación y salvó la papeleta (durante estas malagueñas con El Niño Jero al toque, Juan Villar soltó un ‘viva España’ de la emoción y Rancapino le miró con cara de susto). Luego Scapachini se ocultó hasta las bulerías finales, donde sonó culto y contenido en el jaleo.

Juan Villar, el amo del cotarro, en el momento cumbre de la cita, las tonás jondas del arranque (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Juan Villar, el amo del cotarro, en la cumbre de la cita, sus jondas tonás (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Y el vital Juan Villar (1947), el amo del cotarro aparentemente, el mejor de los tres esa tarde, abrió superjondo las tonás iniciales, diciendo ‘probre’ y alargándose como Chocolate en lo que quizá fue el pico de la hora de cante irregular. En las seguiriyas dramáticas sonó sentido, y moruno por tangos sacó las castañas del fuego a un Rancapino que se estaba peleando con los tientos. Y por entonces Villar vio al plantel con las fuerzas tan escasas (ni bis hubo) que aceleró el epílogo: ordenó a sus compadres que se levantaran para los fandangos, y en las bulerías finales, atropelladas y cuasi interruptus, cantó reminiscente de Morante sin pulir, o sea mejor para el caso.

Saludos finales, con el conferenciante Antonio Barberán a la derecha (imagen de móvil: Mr. Duck).

Saludos finales, con el conferenciante Antonio Barberán a la derecha (imagen de móvil: Mr. Duck).

Salimos de la BBK pensando que muy flojo quedó el programa. Pero un día después se puede concluir que la interacción faltó entre los actuantes, que Rancapino no está para alardes, que Scapachini es elegante y cerebral pero se quedó sin aire, y que el jondo Villar dominó la escena y ofreció los momentos más jondos y dramáticos.

OSCAR CUBILLO

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