38º Getxo Jazz / Natalia Dicenta: Prueba superada (+ entrevista)

Abriendo el 38º Getxo Jazz ante tres cuartos largos de plaza (foto: Mr. Duck).

Abriendo el 38º Getxo Jazz ante tres cuartos largos de plaza (foto: Mr. Duck).

Miércoles 2 de julio 2014, Getxo, Plaza Biotz Alai de Algorta, 21 h, 10 €.

BEV 38 GETXO JAZZ cartelLa actriz Natalia Dicenta (Madrid, 1962), acostumbrada a que en su faceta de vocalista de jazz se la mire con desconfianza, prejuicios y hasta por encima del hombro, libró con soltura el listón artístico y entretenedor al inaugurar, ante más público del habitual en las primeras jornadas, el 38º Festival Internacional de Jazz de Getxo. En sexteto (su pianista de cabecera y padrino Vicente Borland, el argentino Marcelo Peralta al saxo…; «músicos que me ponen el listón muy alto», confió al presentarlos una de las veces) en hora y media interpretó trece piezas mientras ponía caritas a sus escuderos en los solos (que no la solían mirar por estar concentrados en la tarea), bailaba un poquito de contento, se atusaba la melenita rubia, nos pedía que promocionáramos el concierto al instante en las redes sociales con los teléfonos inteligentes, soltaba expresiones en inglés («oh, my God», por ejemplo), decía tímidos y tímidas (y así) y pasaba de la sonrisa a la risa floja.

‘Colours’ (Youkali Music, 13).

‘Colours’ (Youkali Music, 13).

Contenta por la oportunidad, satisfecha ante el aforo ocupado (más de tres cuartos de entrada) y cayendo bien a la inmensa mayoría del respetable, Natalia Dicenta destapó, mejorándolas, las versiones de su primer disco, el autoproducido ‘Colours’ (Youkali Music, 13; aquí está el link a su tienda, donde podéis oírlo). Las cantó de modo engolado y estirado (‘The Way You Look Tonight’, de Jereme Kern), con una afectada dicción en inglés, pero superando de largo a Patricia Krauss, con quien comparte una educación técnica también basada en el bel canto y unos gustos iniciáticos similares y jazzísticos.

Natalia fue finolis, sofisticada y escotada, y con lentejuelas negras y traje chaqueta-pantalón ancho y blanco narró en las introducciones más cosas sobre sí misma que sobre las canciones. Emuló con donaire el brillante jazz after hours de los 50 (‘Funny’, de Nat King Cole), insufló soul a bastantes piezas (‘Just The Way You Are’ de Billie Joel, con piano grande a lo McCoy Tyner de Borland y cierto tumbao brasileiro; «es el tema de mi vida», contó ella en el introito), sugirió el blues (‘Just For A Thrill’, escrito por Lilian Hardin Armstrong, la esposa de Louis Armstrong, donde aprovechó para dar un discursito feminista), incidió en la sofisticación (‘Blackbird’, del álbum blanco de los Beatles, en plan Manhattan Transfer a una voz), hizo un par de boleros en castellano a dúo con piano y guitarra que rompieron la atmósfera aunque los aproximó al jazz con afectación vocal más notoria en castellano (y el primero, ‘Apóyate en mi alma’, de Luis Demetrio, pareció poco trabajado aún).

Vicente Borland (piano), Israel Sandoval (guitarra), Richie Ferrer (contrabajo), Natalia Dicenta (voz), Antonio Calero (batería) y Marcelo Peralta (saxo) (foto: Mr. Duck).

Vicente Borland (piano), Israel Sandoval (guitarra), Richie Ferrer (contrabajo), Natalia Dicenta (voz), Antonio Calero (batería) y Marcelo Peralta (saxo) (foto: Mr. Duck).

Prosiguió con un ‘For Once In My Life’ explicando que no es original de Stevie Wonder, y volvió a remontar en el epílogo, en la tripleta postrera con un ligero y veloz ‘Fly Me To The Moon’ sinatriano, el lucido popurrí de Cole Porter del final, y el bis, con un ‘Summertime’ de los Gershwin endurecido vía funk y con muchos solos de sus músicos. Acabó el concierto y Natalia corrió entre bravos hacia el puesto de discos a vender CDs a 12 euros y a firmarlos formando una cola paciente, nutrida, ordenada, satisfecha y sí, alegre. Y es que dio un buen show, mejor de lo esperado por muchos expertos y no sólo gracias a la notable labor de sus músicos, pendientes de los atriles.

OSCAR CUBILLO

Natalia Dicenta vendiendo CDs a 12 euros y regalando felicidad al acabar el conciertos (foto: Mr. Duck).

Natalia Dicenta vendiendo CDs a 12 euros y regalando felicidad al acabar el conciertos (foto: Mr. Duck).

 

+++ ENTREVISTA +++

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«Si un talento tengo, es dar un poquito de felicidad a la gente»

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El circuito vasco de jazz estival internacional, un triángulo espacial formado por Getxo-Vitoria-San Sebastián, lo abrió el miércoles en la localidad costera vizcaína la actriz y vocalista Natalia Dicenta (Madrid, 1962), que estrenó en sexteto su disco ‘Colours’. Continuadora de una saga de actores españoles, la hija de los actores Lola Herrera y Daniel Dicenta, a la sazón actriz, presentadora de televisión y vocalista de jazz sobrevenida, en esta larga conversación telefónica habló rápido, sin parar, enfática y entusiasta, pronunciando los nombres en inglés y siempre intentando reafirmarse en su rol de jazzwoman.

¿Qué fue primero en tu vida, la canción o la actuación?

Madre mía… Me pierdo en la memoria de los tiempos. De mis tiempos, desde que nací, porque en mi vida siempre ha habido música. Es que ha estado todo muy ligado. ¿Cómo te respondo a eso de una manera corta? Desde que soy muy pequeña ha habido muchísima música en casa: tangos, zarzuelas, boleros, jazz… Ha habido de todo, porque todo el mundo cantaba o tarareaba algo. Había discos, había de todo. Éramos una familia la verdad muy musical y con mucho oído todos. Y yo, pues ya lo ves, llevo casi cuarenta años subida en un escenario, de los cuales quince también en un escenario pero como vocalista.

¿Intuyes, crees o sabes que es más fácil ganarse la vida en la música o en la interpretación?

Estamos hablando de cultura y, con la locura del 21 % de IVA, nos han echado encima una bota de castigo con lo cual es difícil ganarse la vida ahora mismo aquí. Es difícil porque nos están apretando el cuello muchísimo. Es como que no nos quieren nada. Entonces tenemos que pelear mucho, convertirnos en emprendedores y emprendedoras, que es lo que yo hice con mi disco, y tirar para adelante. Creo que la era de las grandes sumas de dinero se ha acabado, menos para unos cuantos, está claro, y en el mundo de la cultura ahora llega la era del talento. Que con tu talento y la capacidad que tengas de comunicarte con la gente hay que ir, hay que estar y hay que apostar. Ahora, la puntilla nos la han puesto con el 21 % de IVA. Es la mayor barbaridad que se le ha hecho a la cultura desde que yo tengo memoria en este país.

Insisto: es más fácil…

¡Es que yo creo que la palabra fácil no se le puede aplicar a ninguno de los dos! Ni al teatro, ni a la comunicación con la palabra hablada, digamos. Ni a la comunicación a través de la música, ni a través de la pintura, ni a través de la danza… Es que todo eso es cultura. Son manifestaciones artísticas. La palabra ‘fácil’ no la puedo aplicar a ninguna de ellas. Aquí nada es fácil.

Vale: ¿en qué disciplina hay más probabilidad de ganarse la vida, haciendo música o actuando?

Es que, ¿sabes qué pasa?, que me pones una conjunción disyuntiva que es la ‘o’. A mí me gusta la conjunción copulativa, que es la ‘y’. Creo que una persona, un artista, cuantas más formas de comunicación y de expresión domine, pues tiene un abanico más amplio de posibilidades. La conjunción ‘o’ nunca me gustó porque evita, quita, elimina. La ‘y’ suma, suma talentos, y creo que ahora mismo sumar talentos es lo que te saca adelante. Y la palabra ‘fácil’ no la puedes adosar a ninguna manifestación artística ahora mismo. A ninguna.

Sonriente y feliz, sosteniendo sus gafas atenta a algún solo del saxo de Marcelo Peralta (foto: Mr. Duck).

Sonriente y feliz, sosteniendo sus gafas atenta a algún solo del saxo de Marcelo Peralta (foto: Mr. Duck).

¿Cómo aprendiste a cantar? ¿Eres autodidacta, has ido a academias o conservatorios…?

He estado 16 años con Luz Ribadeneira, una mezzo ya retirada de Madrid con la que trabajé hasta que me licenció. Me dijo ‘ya no vuelvas’, je, je… Realmente canto porque me propuse cantar. Tenía una pequeña afección en las cuerdas que debí corregir entonces, y luego ha habido muchísimo trabajo. Y sigo trabajando en la voz. Eso es algo que ya nunca dejas. Soy una persona que por ejemplo valora el silencio. El silencio es mi reposo vocal, y además el espiritual también. Pero sigo trabajando muchísimo, soy muy consciente de que lo que tengo está aquí, en la garganta. No hay ningún instrumento físico entre mi cuerpo y la audiencia. El instrumento está dentro de mí. Soy yo misma. Entonces sé que este cuerpo, que esta garganta y este espíritu míos, he de cuidarlos mucho para poderme comunicar bien con la gente.

A ojo empezaste a cantar hace más de 15 años.

Año 98-99 en el Café Central de Madrid.

¿Tus influencias, tus cantantes favoritos? Ah, que esto va de test. Bueno, no sé, vente aquí, entra en casa, y mírate la discoteca, porque hay cantidad de gente. Están todas las grandes grandes diosas del Olimpo, y los grandes. Desde Ella Fitzgerald, Carmen McRae, Anita O’Day, y más aquí Cassandra Wilson, Dianne Reeves… Dios mío, es que me tengo que ir para allí para mirar. Todo, todo. Los grandes instrumentistas de jazz, los grandes compositores de jazz, desde Cole Porter, Irving Berlin, los hermanos Gershwin, Jerome Kern… Los que ha habido y hay. Esta es mi pasión y mi vida. Los grandes intérpretes, también los grandes compositores, letristas, instrumentistas… Es que hay una gran amalgama, y si tener que decirte unos cuantos nombres para pasar el examen… Seguro que me he dejado muchísimos en el tintero, sin duda alguna.

No son preguntas con trampa.

Ya sé que es una pregunta que cae muchísimo. Pero no sé decir cuáles son mis influencias. Pero desde que tengo memoria, el primer disco de jazz que escucho en mi casa es uno que trae mi padre de Estados Unidos, de Louis Armstrong, un doble LP fantástico. Y de más pequeña todavía recuerdo las películas de Fred Astaire y Ginger Rogers, que me enamoraron cuando yo no levantaba un palmo y ni llegaba a las mesas de comer. Veía aquellas películas y no sólo me fascinaba cómo bailaban, también la música. Cuando crecí un poco más quise saber quién componía aquello y comencé a enamorarme inevitablemente del acervo cultural del siglo XX estadounidense. No lo pude evitar. Y con más conciencia, o consciencia, empecé a clasificar la información en mi cabeza. Todo lo que estaba entrando, porque era una barbaridad. Quería saber todo y se me hacía una pelota.

Empiezas a escuchar, y a pasar tardes enteras en tu casa, bien compartiendo o bien en soledad, que es como yo más me empapo. Y empiezas a escuchar discos que te dejan, que encuentras, que te traen, y empiezas a comprar, y ahí están todos y todas. Ella Fitzgerald está, Carmen McRae, a la que adoro, Sarah Vaughan, a la que no había mencionado antes, pero para mí es un pilar fundamental. Incluso Erykah Badu, la adoro también. Son tantas fuentes… Es difícil contestar quién te influyó con dos o tres nombres, por un canal estrecho. Y Frank Sinatra, claro que está. Y Johnny Hartman, cómo no va a estar. Dios mío, hay tantísima gente que sigo escuchando…

Entre sus influencias descuellan los clásicos del jazz yanqui de los 50 (foto: Mr. Duck).

Entre sus influencias descuellan los clásicos del jazz yanqui de los 50 (foto: Mr. Duck).

¿Qué es lo que te atrajo del blues?

Me gusta la música en general: el blues, el jazz, el R&B (ar an bi, pronuncia). Todo eso es lo que hay en mi disco. Importa la emoción. Supongo que esto viene por ese factor imprescindible cuando estás arriba de un escenario, que es transmitir, conectar con la audiencia. Desde que empecé a cantar no sólo me di cuenta de la emoción que yo sentía, sino también de la que transmitía hacia la audiencia, que era mucho más potente, y sigue siéndolo, que la que surgía con la palabra. Yo me he pasado la vida contando historias habladas desde el escenario, y la gente ha venido a saludarme y me lo ha reconocido. Y cuando empecé a contar historias cantando, ya sea en clave de blues o en clave de jazz, baladas, swing, R&B, lo que sea, observé que la comunicación era muchísimo más intensa todavía. Realmente cuando acaban las palabras empieza la música.

¿Cómo empezaste a cantar en vivo, a introducirte en la escena, a dar conciertos?

Esta pregunta es muy sencilla. Seguro que sabes la respuesta. Yo presentaba en televisión en el 98-99 un magazine cultural llamado ‘Lo tuyo es puro teatro’, donde ilustraba los musicales que se representaba en las diferentes ciudades de España. Ilustrábamos pequeños fragmentos en el plató del programa, junto con Vicente Borland al piano. Y me llamaron del Café Central porque me habían visto y que si me quería pasar por ahí quince días. ¡Porque entonces en el Central se hacían temporadas de quince días! Yo había sido espectadora de jazz en el Café Central desde que me colaban, porque era menor de edad. Cuando me invitaron a subir a su escenario dije que sí porque la emoción era máxima, pero luego el ataque de pánico fue espectacular.

Hablé con Vicente Borland y me dijo que podía hacerlo. Yo pensaba que había tantas canciones… Y él me pidió que hiciera una lista con las que me gustaran a mí, porque si me gustaban las iba a cantar desde el placer y entonces gustarían a la gente. Y así preparé 16-20-25 temas, empezamos a trabajar con el grupo y debuté. Fue una sorpresa muy grande, porque era Natalia Dicenta, que es actriz, y entonces, vaya, siempre el vaya, una que le ha dado por cantar. Era el no tomarla en serio, el vaya… Pero parece ser que la sorpresa fue grata, que yo no estaba jugando. Me imponía mucho, me impresionaba mucho y quería dar lo mejor de mí. Entonces estaba aprendiendo y ahora sigo aprendiendo.

¿Cómo ves la escena del jazz en España?

Qué te voy a contar. Muy poco apoyada, muy poco reivindicada. Pero bueno, tenemos unos gobernantes, unas gentes en cultura que denuestan la cultura en general. Entonces, dentro de la música, el jazz en particular me parece que está muy poco protegido, muy poco valorado y sobre todo muy poco publicitado. Estoy convencida de que tenemos grandes intérpretes en este país, grandísimos. Hay un talento bárbaro en instrumentistas, en vocalistas… Hay un auténtico filón, y esto pregúntaselo a Cifu (el crítico y divulgador del jazz Juan Claudio Cifuentes), que te lo contará con más detalle.

Sin embargo no es un arte que esté promocionado.Pero bueno, ya nos promocionamos nosotros. Afortunadamente ahora existe eso que se llaman redes sociales, en las que podemos hacer un grandísimo trabajo, ¿no? Pero maravilloso sería que desde los ministerios protegieran y abrazaran al jazz como una de las grandes artes de la música de este país. Y no lo hacen.

Natalia preguntaba cómo se escribían los nombres en euskera a los que dedicaba sus autógrafos (foto: Mr. Duck).

Natalia preguntaba cómo se escribían los nombres en euskera a los que dedicaba sus autógrafos (foto: Mr. Duck).

Tu disco lo has autoproducido pero lo edita Youkali Music.

La producción es mía, sí, sí… Tuve muchas recomendaciones y grandes sellos discográficos, pero la espera se prolongaba en el tiempo y no me parecía práctico, aun prometiéndome lo mejor. Pero no había respuestas y hablé con Thomas Schindowski, de Youkali, al que ya conocía. Y es que, bueno, el disco estaba acabado: grabado, producido, masterizado, hecho el arte… Sólo había que juntarlo todo, mandarlo a fábrica y sacar las galletitas, je, je… Y ponerle un sello, y el código de barras, etc., etc. Estoy muy orgullosa de este disco, porque es mi producción, y he hecho lo que realmente he querido, sin ninguna presión.

¿Te sientes más a gusto cantando en inglés o en castellano? Imagino que responderás que en los dos idiomas.

Sí, ja, ja, ja… El inglés siempre es un challenge. Ya ves que insisto mucho en el tema de comunicar con la gente y emocionarla. En inglés estoy cantando en un idioma que no es el mío, por mucho que me desenvuelva más o menos, pero aun así para mí es un placer. Un placer inmenso. Soy tan feliz arriba cantando en el escenario que no me bajaría. Me lo paso bomba ahí arriba. Supongo que es algo que se transmite a la gente.

¿Y el público español aplaude más en las canciones en inglés o en castellano?

Todo, todo… También se lo debe de pasar muy bien, porque todo lo aplaude mucho y normalmente me piden muchos bises. ¡Ja, ja, ja…! No, es coña. El aplauso efectivamente es la consecuencia de que algo te ha gustado tanto que no puedes parar quieto y acabas aplaudiendo. Yo como espectadora lo vivo así también. En muy bonito sentir que la gente aplaude sonriendo, a veces con lágrimas de emoción pero a la vez sonriendo en muchos temas. Porque yo les cuento las historias de las canciones. No me limito a subir ahí arriba, levantar una cuarta pared y ponerme a cantar. Yo hablo mucho con la gente. A veces me dicen, ‘cómo nos gusta cómo cantas, pero no entendemos qué nos cuentas’. Entonces yo rápidamente esto lo arreglo contándoles un poquito antes de cantar. Les meto en situación.

Y la gente disfruta muchísimo. De verdad, si algo soy capaz de hacer, o si un talento tengo, es dar un poquito de felicidad a la gente. Que la gente salga de un concierto feliz. Y están sonriendo, y están relajados y relajadas, y se van a comprar el disco o a tomarse una copa, y hay felicidad en el ambiente. En el mundo en que vivimos, la música es un factor fundamental. La música es terapéutica, sanadora, y para mí es un placer y un honor muy grande poder llevar la música a la gente para de alguna manera sanarla, ¿sabes? Y además, a través del jazz, fíjate qué gozada.

¿Cómo será el concierto de Getxo?

Es un honor enorme que mi nombre esté entre esos pedazos  artistas que hay en ese cartel. Es como subir cinco escalones en la escalera del oficio. Va ser un concierto centrado en el disco ‘Colours’ y lo vamos a pasar muy bien. Hay muchos colores, aparte de boleros, jazz en forma de baladas o swing, hay un poco de todo.Como los colores, hay para los gustos de todo el mundo. Este disco es el colofón de un trabajo de muchos años.

¿Te pones nerviosa antes de salir a cantar?

Ehh…. Siempre hay tensión. La tensión de la responsabilidad. Eso nos pasa a cualquier artista. Queremos hacer las cosas muy bien y que la buena energía fluya y todo salga maravilloso. Hay un pellizco, pero lo importante es pensar en disfrutar, en gozar. No son nervios que te anulen como artista, sino un pinchacito en el estómago que te hace decir ‘vamos a por todas, os voy a enamorar, os voy a regalar lo mejor que llevo dentro’, que es lo que deseo, además. Dar a la gente lo mejor de mí.

OSCAR CUBILLO

Segundos saludos, tras el ‘Summertime’ del bis, de Vicente Borland (piano), Israel Sandoval (guitarra), Richie Ferrer (contrabajo), Natalia Dicenta (voz), Antonio Calero (batería) y Marcelo Peralta (saxo) (foto: Mr. Duck).

Segundos saludos, tras el ‘Summertime’ del bis, de Vicente Borland (piano), Israel Sandoval (guitarra), Richie Ferrer (contrabajo), Natalia Dicenta (voz), Antonio Calero (batería) y Marcelo Peralta (saxo) (foto: Mr. Duck).

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