38º Getxo Jazz / Michel Camilo Trio: Renunciar a lo sublime (+ entrevista)

Camilo concentrado en unas teclas que percute con dureza (foto: Peru Urresti / Aula de Cultura de Getxo).

Camilo concentrado en unas teclas que percute con dureza (foto: Peru Urresti / Aula de Cultura de Getxo).

Sábado 5 de julio 2014, Getxo, Plaza Biotz Alai de Algorta, 21 h, 25 €.

BEV 38 GETXO JAZZ cartelLlenó Michel Camilo (Santo Domingo, 1954) en su tercera intervención en trío en el Getxo Jazz, tras sus visitas de 2002 y 2009. Las dos anteriores resultaron superiores, pues el sábado el pianista dominicano renunció a ser sublime todo el tiempo debido a la selección del repertorio, con más números lentos, baladistas, clásicos u ortodoxos, caso del bis en solitario de aire honky tonk (‘The Frim Fram Sauce’, famoso por el Nat King Cole Trio ; esta es la entrada de la canción en Wikipedia y aquí va un directo de Camilo en solitario de hace dos años). No obstante y por supuesto, Michel Camilo, con inefable camisa chocarrera negra, superó la excelencia ejecutante y cosechó ovaciones de todo el respetable deseoso de concederlas, aunque su bolo no explosionó de modo constante.

El Michel Camilo Trio a veces generó explosiones de notas con la dureza del coral (imagen de móvil: G.C.O.).

El Michel Camilo Trio a veces generó explosiones de notas con la dureza del coral (imagen de móvil: G.C.O.).

Era la sexta vez que yo veía en vivo a Camilo: tres en trío, dos con orquesta y una con el flamenco Tomatito. Su show sabatino duró 92 minutos para 9 piezas y discurrió en sube y baja. Abrió con blues sofisticado, dinámico y gracioso, más humano que Hiromi la víspera sobre el mismo tablado y con un solo teclista a la mitad que echó humo (‘Yes’), y al acabarlo saludó: «Muy buenas noches, muchas gracias, ja, ja… Encantados de volver». Presentó a sus compañeros y prosiguió: se serenó por las lindes de la clásica melódico y sin su sobrenatural tensión (‘A Place In Time’) y a la tercera, más moderna, generó un turbión de notas modernas, tímbricas y superlativas en combate con la batería progresiva (‘Mano a mano’). Tras un respiro con melodías jazzísticas de club (‘Naima’, de John Coltrane), llegaron los dos números monumentales y enfervorizadores: un supercool ‘The Sidewinder’ de Lee Morgan (también lo hizo Jack DeJohnette en este 38º Getxo Jazz dos días antes) con el síncope de Nueva Orleáns y requiebros chachachá que podría sonar en la película ‘Calles de fuego’ o alguna parecida (aquí va un YouTube de hace dos años) y el restallante y danzón ‘See You Later’, donde se salió de la tabla («¡que le va a dar algo!» exclamó la espectadora Marije, ese día a mi derecha) con la expresividad latina y con buen trabajo del baterista, un Cliff Almond que creció durante el show sin llegar a opacar al jefe, como tampoco hizo el contrabajista Lincoln Goines.

«Eres un crack» y «bravo» le chillaron al acabarla desde las butacas. Y tras el respiro romántico y clásico con deriva hacia el jazz de club de ‘My Secret Place’, se despidió Camilo (antes del bis) con la digitación rauda y vertiginosa de ‘On Fire’, algo Hiromi también, con él cediendo huecos a sus escuderos y abriendo paso a la improvisación y recibiendo el premio de la enésima ovación. La acabó y dijo: «Muchas gracias. Os queremos mucho. Muchas gracias. Thank you very much. Que Dios os bendiga». Y tras el bis con el mentado honky tonk ‘The Frim Fram Sauce’, apto para una película con Paul Newman y Robert Redford de tahúres, acabó definitivamente el show y se volvió a despedir el artista: «Buenas noches a todos. Fue una noche maravillosa. Los quiero mucho. Hasta siempre».

OSCAR CUBILLO

Se agotaron las entradas y el público ovacionó unánimemente a menudo (foto: Peru Urresti / Aula de Cultura de Getxo).

Se agotaron las entradas y el público ovacionó unánimemente a menudo (foto: Peru Urresti / Aula de Cultura de Getxo).

+++ ENTREVISTA +++

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«Soy muy perfeccionista, muy exigente»

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El pianista dominicano fascinó y cosechó ovaciones en el 38º Getxo Jazz

aunque su intenvención no alcanzó tantas cimas como en 2002 y 2009

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El atractivo y refulgente 38º Festival Internacional de Jazz de Getxo vivió la noche más esperada con la intervención en trío de Michel Camilo (Santo Domingo, República Dominicana, 1954), maestro del latin jazz que ya arrobó y arrebató al respetable con su genialidad instruida en la clásica en los Getxo Jazz de 2002 y 2009. El jueves pasado, el 26 de junio, telefoneamos a su casa en Nueva York y hablamos de su pasión, el piano, y de sus músicos y sus conciertos.

Es jueves. En Nueva York ahora son las 12 del mediodía. ¿Qué has hecho hasta ahora?

¿Qué he hecho hoy o esta semana? ¿Hoy? Pues me levanté y estoy en recuperación, ¿sabes?, porque acabo de hacer dos días en el Blue Note y me he levantado tarde. He tenido dos días intensos, tocando el nuevo disco, el ‘What’s Up’, como parte del festival de jazz del Blue Note aquí en Nueva York el lunes y martes. Fue fantástico y el público maravilloso, pero han sido dos shows por noche, dos conciertos por noche, y terminaba a las dos de la mañana. Pero feliz de que todo saliera muy bien. Y ahora me toca recuperación porque mañana comienzo los ensayos con mi trío y también con Hiromi (la pianista japonesa), porque este verano aparte del trío también tengo varios conciertos con Hiromi a dúo piano.

Ya sabrás que Hiromi actúa el viernes en el Getxo Jazz, la víspera de tu concierto aquí.

Qué curioso. Ella empezó anoche (miércoles) en el Blue Note. Cuando yo acababa empezaba ella con su trío. Curioso.

¿Es costumbre en Estados Unidos que los conciertos acaben tan tarde como a las dos de la madrugada, igual que estos del Blue Note?

Bueno, no en teatros, pero sí en clubes. Y depende. Cuando te dije que acabé a las dos en el Blue Note es que cuando terminó el concierto me quedé firmando autógrafos y recibiendo a los fans, haciéndome fotos con ellos y todo eso. Así estuve como una hora.

Eres un artista activo, eres amable con todo el mundo, estás pendiente de mil cosas… ¿Al acostarte a qué dedicas tus últimos pensamientos?

Me sucede algo curioso. Es como si fuera una grabadora: rememoro el concierto completo, lo que pasó en él y lo que no pasó también. Rememoro ideas que me surgieron, ideas frescas, nuevas, que saboreo otra vez.

Eso los días que das conciertos. ¿Y los normales?

Me encanta ver cine. Me pongo una peli antes de dormirme. Y a lo último me quedo un poco en Internet. El Facebook y el Instagram y ese tipo de cosas.

¿Cuántos pianos tienes en casa?

Tengo un piano de gran cola, un Steinway alemán que me traje de Alemania, y luego tengo dos teclados que me sirven para poder componer con el ordenador.

Siempre te he visto con pianos de cola. Supuse que no trabajabas con pianos eléctricos.

No trabajo con ellos en directo, pero me sirven como una especie de máquina de mecanografiar, ¿no? Durante muchos años al componer usaba el lápiz, a la mañera antigua, pero de verdad que me dolían las manos por estar tantas horas con el lápiz entre los dedos. Un gran invento es el teclado con ordenador, porque simplemente escribo la música en la pantalla.

¿La afinación de un piano de cola puede quitarte el sueño?

Sí. Sí que sí, je, je… Los Steinway alemanes a mí me encanta que estén a 442 (hertzios) normalmente. Con una afinación un poquito más de música clásica. El piano suena más brillante y tiene un poco más de armónicos, yo diría. Pero también vale el 440. Aquí le llaman octavas abiertas. Es una técnica de afinación con más armónicos presentes, vamos a decir, porque los afinadores, los técnicos de afinación, las abren un poco más. Pienso que eso ayuda al misterio de la música. Es algo subliminalmente muy enriquecedor.

¿Los pianos se desafinan solos?

Los pianos se desafinan con la práctica, claro, cuando uno los toca, pero también se desafinan con la humedad o el frío… Los cambios bruscos de temperatura o de humedad afectan a la madera y ésta se expande o se comprime. Ahí sí cambia la afinación.

¿Tú sabrías, te animarías a afinar un piano, o lo dejas para los expertos?

Oh, no, no, no… Eso es el mayor lío. El afinador que viene a mi casa se pasa por lo menos cuatro horas trabajando. Sabe que yo soy muy perfeccionista, muy exigente, y entonces me lo deja a pedir de boca. Pero tiene que tirarse ahí un tiempo largo.

Un organizador de un concierto tuyo me comentó que castigas, pegas muy duro al piano, golpeas con mucha fuerza las teclas al tocar.

Hombre, en realidad eso es una percepción. Los pianos están hechos para tocarse, si no fuera así, no existiría el repertorio de Rachmaninov, ni de Scriabin, ni de Liszt, personajes que le dieron al piano a lo grande, casi orquestalmente. En ese sentido, quizá por mi entrenamiento clásico, pues saco partido también de ellos. Desde lo más sublime y más tenue o íntimo hasta lo más orquestal y más grande. Le dicen al piano ‘el emperador de los instrumentos’, precisamente porque puede tocar hasta diez notas a la vez, con lo cual consigues matices y texturas orquestales, grandes, amplias.

Camilo considera un lujo, un privilegio y una bendición subirse aun escenario (foto: Peru Urresti / Aula de Cultura de Getxo).

Camilo considera un lujo, un privilegio y una bendición subirse aun escenario (foto: Peru Urresti / Aula de Cultura de Getxo).

La del sábado será la tercera vez que actuarás en el Getxo Jazz. Llenarás como las dos ocasiones anteriores, en 2002 y 2009. Será el tercer triunfo. ¿Tú sientes emoción por un triunfo casi seguro en Getxo o ese es el pan tuyo de cada día?

No, siempre hay una emoción antes de cada concierto. Para mí, es una bendición poder subir a un escenario y poder tocarle a un público. Es un lujo. No me lo pongo por contado, sino al contrario, para mí es un privilegio. Es un momento muy especial, de comunión con el público. Y es de dos vías: no sólo hacia el público, sino desde el público hacia el escenario también. La reacción del público nos da energía, nos da la impresión de que estamos comunicándonos y que el mensaje está calando. Lo que más desea un artista es que el público reaccione. A los solos, a las sorpresas, a los giros que da la música… Y a las propias ideas que son nuevas, que surgen en el momento (se refiere a la improvisación). Creo que el público también es protagonista, no solamente los artistas.

Improvisas mientras tocas.

Todo el tiempo, je, je, je… La improvisación es normalmente tocar una nueva escala o tocar una nueva idea, y también por ejemplo atrasarse un poquito aquí, adelantarse un poquito allí, tomar un respiro al final de una frase que nunca habías hecho anteriormente… Todo eso también es improvisación.

¿Al acabar un concierto, o durante él, eres consciente de que estás dando un show malo, o regular, para tu nivel de exigencia? ¿Hay veces en que te quedas a disgusto?

Bueno, esa es una lección que yo aprendí hace muchísimo tiempo y aleluya que sea así, porque así uno se exige muchísimo a sí mismo y sabe que todo lo que uno quiere tocar no siempre sale como uno lo va creando en el momento. Pero afortunadamente siempre hay un próximo concierto donde lo intentas de nuevo y eso es lo que nos impulsa a desear que haya más conciertos, ¿sabes? Es una lección que la discutí una vez con el maestro Leonard Slatkin, con el cual he trabajado muchísimo y quien me encargó el primer concierto de piano y orquesta. Yo en un momento me quejaba de que había un pasaje que no me había quedado totalmente limpio, y él me decía, ‘bueno, siempre hay un próximo concierto donde lo puedes hacer bien limpio’. Y él me dijo que su mamá, que era una gran chelista, se lo contó a él cuando era niño. Le dijo que no sufriera tanto por ello sino que mirara el ‘great picture’, que dicen en inglés, el gran cuadro de las cosas. Ese es el tema: lo que importa es cómo tú narras la historia completa, no solamente los pequeñísimos detalles. Lo demás ya viene luego por añadidura y siempre hay lugar para poder seguir perfeccionándolo y puliéndolo.

¿Cómo será el concierto de Getxo? ¿Sonarán canciones del disco ‘What’s Up’ del que has hablado antes?

Para mí lo difícil ahora es elegir qué toco y qué no toco en los conciertos, porque el repertorio es inmenso. Por eso trato siempre de hacer un compendio, ‘lo mejor de Michel Camilo’, o ‘the best of Michel Camilo’, como dicen aquí. De esa forma siempre hay favoritos y la gente se queda buscando. Es inevitable, porque todo el mundo tiene sus favoritos. Uno trata de hacer un repertorio bastante amplio y que recorra diferentes etapas de mi carrera. La ventaja de tener músicos como Lincoln y Cliff es que ambos se saben básicamente el repertorio completo y entonces tengo la libertad de elegir de aquí, de allí, de allá… Es muy bonito, porque me da la oportunidad de no sentirme atado a ningún disco específico y puedo transitar por diferentes caminos de mi historia.

Michel Camilo al piano, Lincoln Goines al contrabajo y Cliff Almond a la batería (foto: Peru Urresti / Aula de Cultura de Getxo).

Michel Camilo al piano, Lincoln Goines al contrabajo y Cliff Almond a la batería (foto: Peru Urresti / Aula de Cultura de Getxo).

Eso, vienes con Lincoln Goines (esta es la bio de Wikipedia y esta es su web) al contrabajo. ¿Unas palabras sobre él?

A Lincoln lo conozco desde mucho antes de tener mi propio grupo, porque ambos fuimos músicos de plantilla del quinteto de Paquito D’Rivera hace 30 años, que fue cuando nos conocimos. Lincoln es un músico redondo, completo. Ha trabajado con grandes nombres, como Nancy Wilson, Mike Stern, la banda de Bon Minzer, Peter Erskine… Un músico que entiende de todo, no sólo de los ritmos jazzísticos del centro, o sea mainstream, sino también entiende mucho de música latina y de hecho tiene un libro de texto que se llama ‘Funkifying The Clave’, o sea el aspecto funk de la clave latina. Con él he compartido mucho escenario. También ha tocado mucha música brasileña, con Tania María muchos años. Es muy conocedor de lo rítmico. De la creencia rítmica latina.

¿Y qué nos cuentas del baterista, Cliff Almond (esta es su bio en la Wikipedia y esta su web?

Cliff ha sido miembro de mi trío desde que Dave Weckl se fue con Chick Corea, imagínate tú. Fue Weckl quien me lo recomendó a mí. Y Cliff ha estado en muchos de mis discos, incluyendo algunos que son esenciales, por ejemplo los de big band. Es un músico sólido que también tiene muy buena experiencia tocando con Manhattan Transfer muchísimos años, con el mismo Mike Stern también, con muchísimos músicos. Es uno de los grandes bateristas de hoy día. Aparte de ser profesor de batería que va dando clases magistrales por todo el mundo. Y sobre todo los dos son grandes amigos míos y nos llevamos muy bien y eso se nota en el escenario también.

La última vez que te vi fue con la Sinfónica de Euskadi, haciendo temas de Gershwin en el Palacio Euskaldunabajo la batuta del colombiano Andrés Orozco Estrada. ¿Te acomodas bien a la batuta ajena cuando debes tocar una partitura, al contrario de la libertad que gozas con el trío?

Bueno, eso es parte del reto, ¿sabes? Conocerse uno al otro en los ensayos e irse dando confianza para entender hasta cómo respiramos juntos. Ese es uno de los misterios de poder ser solista invitado de una orquesta sinfónica. Es un ejercicio de paciencia, también, porque hay que tener perspicacia, controlar lo que tú haces, pero al mismo tiempo no olvidar que estás tocando con una gran formación. No estás solo, no es que te sigan nada más a ti, es que tú también tienes que seguirlos a ellos. Yo creo que es una experiencia enormemente satisfactoria porque se puede hacer música a gran nivel y luego la satisfacción viene, en mi caso personal, por romper barreras, ¿sabes? Ser un jazzista que puede nadar también en otras aguas, y al mismo tiempo no solamente como intérprete, sino también como compositor que está vivo, aportando su propio repertorio. Esa es parte de la labor que estoy haciendo a nivel mundial.

Te puedo contar que mi concierto número 1 de piano y orquesta ya lo vamos tocando 103 veces por todos los lados del mundo. Y el número 2, que no está grabado todavía y que pienso grabarlo el año que viene en Tenerife, ese concierto lo he tocado ya 13 veces y a finales del mes que viene lo haré dos veces más. Luego de la gira europea con el trío de jazz, vengo a Chicago a tocarlo en el festival de verano, me dicen que delante de casi 50.000 personas, con la sinfónica dirigida por el maestro Slatkin. Es una gran satisfacción poder ser invitado, un lujo total.

‘What’s Up’ (Sony, 13).

‘What’s Up’ (Sony, 13).

Y la última pregunta. Unas palabras sobre el disco ‘What’s Up’ (Sony, 14).

Hablando de retos, este disco es uno de los que más me ha proporcionado. La labor fue tratar de plasmar las influencias que me han marcado como músico de jazz. Sobre todo como pianista de jazz. Por un lado, el tema concreto ‘What’s Up’, se nutre del estilo del estilo honky tonk del blues y del estilo Nueva Orleans. Es como comenzar por las raíces y luego extenderlo. Ahí también están plasmadas mis influencias clásicas, un poco de ‘Nocturno’ de Chopin, las texturas medio impresionistas por haber estudiado la música de Debussy, de Ravel o de Satie y llevarlas al plano jazzístico. Hay mucha historia detrás de este disco. Cada corte, cada track, tiene una historia detrás de sí mismo.

El haber incluido el ‘Take Five’ de (Dave) Brubeck (1920-2012), es por haber sido amigo personal de él. Lo conocí hace 25 años en la Grande Parade Du Jazz en Niza. Él escuchaba a mí trío y disfrutaba de mi trío según estábamos tocando. No me enteré hasta el final. Al salir del escenario él estaba ahí en la bambalina y me dio un gran abrazo y me dijo ‘bienvenido al jazz’. ¿Sabes?, como nuevo músico de jazz, ja, ja… Fue un momento especial de esos que sueñas en tu vida. Encontrarte con uno de tus ídolos y que te reciba de esa manera. Y luego con los años nos reencontramos en los festivales de jazz. Y más recientemente nos encontramos en el festival de Newport y ahí le conté que estaba trabajando en el ‘Take Five’, que lo compuso Paul Desmond, por supuesto, pero lo hizo famoso Dave Brubeck. Y me preguntó, ¿y cómo lo vas a tocar?, y le dije, a piano solo, y él, ¿y cómo lo vas a hacer, cómo vas a mantener ese ritmo?, y yo, bueno, estoy trabajando la mano izquierda, con los ojos cerrados, y él se reía conmigo y todo, ¿sabes?

Este disco ‘What’s Up’, que ha sido galardonado con el Latin Grammy, es maravilloso como el público lo engancha también en los conciertos y se deja llevar con su historia, que es muy personal.

OSCAR CUBILLO

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