9º Festival Bilbao BBK Live / Izal: Con pocos mimbres

Panorámica de la carpa Sony con Izal, llena, pero ahí no hay 8.000 personas (foto: Facebook Izal).

Panorámica de la carpa Sony con Izal; llena, pero ahí no se ven 8.000 personas (foto: Facebook Izal).

Viernes 11 de julio 2014, Bilbao, Monte Kobetas, entrada diaria 62 €, bono tres días 121 €.

BEV 9 BBK LIVE CARTELEn un viernes con poca chicha, el alavés emigrado a Madrid Mikel Izal provocó que su público juvenil botara hasta vibrar el suelo de la carpa Sony

En el BBK de los records, en el de las 40.000 entradas agotadas por día, se notó la congestión el viernes en las masas, mareas, manadas humanas que peregrinaban de tablado a tablado al acabar cada bolo. Desde la ladera, impresionaba la vista a la luz de la tarde. Se terminaba un concierto y la humanidad sobre todo veinteañera se dirigía a otro evitando por instinto el colapso. Inmerso el individuo en la masa, si alzaba la mirada y fijaba sus ojos diez metros por delante, podía subir un ataque de agorafobia. El truco para no desistir, ni llorar perdido entre la multitud, era avizorar sólo un metro allende el propio cuerpo, sortear dos chicas morenas por aquí, un alto muchachote por allá, y así hasta llegar al siguiente bolo de la agenda personal.

El 9º Bilbao BBK Live ha sido inabarcable y no se pudo catar por entero, habiendo hasta tres grupos a la vez sonando en los cuatro escenarios que funcionaban en las mismas franjas horarias (en total hubo cinco tablados, los de Red Bull funcionaron uno a la tarde y otro a la madrugada). El viernes, lo óptimo se sirvió a horas tempranas (Dawes, Conor Oberst…), pues en ‘prime time’ hubo poca chicha. Contento por tardar sólo 35 minutos desde la cola del bus en el BEC hasta entrar en el recinto de Kobetamendi (en total, tardé una hora y siete minutos desde que salí de casa), llegué ahí y vi lo mejor de mi viernes, |EP|, catalanes que desde el bus de Red Bull aparcado a la entrada del BBK Live eyectaron un guapo rock instrumental progresivo-matemático-surfero. Luego me pasé por Bastille, londinenses de moda que si en disco son planos y vanos en vivo su indie (¿) tecnificado bailable sonó inane, olvidable, débil, fuera de lugar y de hora (al sol de la tarde). Su cantante paseó entre el público protegido por las vallas de seguridad y logró mover al personal, pero su propuesta musical es tan insuficiente que estoy pensando en meterla en una lista de lo peor del año. Hum…

Esa tarde, como por curro me perdí a los primeros, los que me interesaban, aposté por Izal, el quinteto del alavés emigrado a Madrid y antaño estudiante en ingenieros de San Mamés Mikel Izal (al igual que su teclista, como destacó en una de las presentaciones). Izal es un grupo que grano a grano (crowfunding, redes sociales, autoedición…) se ha hecho grande en la escena española. Por ejemplo agotó las 2.200 entradas de La Riviera de Madrid hace meses, una prueba que no todos superan.

Oyendo sus discos no se entiende tal éxito de Izal, pero ya sabemos que entre miles de grupos siempre hay uno que debe estar arriba del todo en cada estilo. Para auscultarlos más de cerca y comprobar su pegada el viernes me acerqué a la carpa Sony, que estaba llena un cuarto de hora antes del concierto. Una carpa donde se cuenta que caben 8.000 personas, pero es mentira. Ni la mitad. Ni tres mil. Y a su tablado subieron los cinco de Izal, vestidos sin glamour ni actitud (que no buscan, por supuesto), bajo un logotipo normalito y cuadriculado, sin tocar sus instrumentos con solvencia (ni un alarde, oigan: ni la batería redoblaba con poderío, ni las guitarras disparaban punteos…), sin convencer por la lírica (prosaica y opaca, y además en la carpa no se distinguió el micrófono en ningún momento), ni componer canciones redondas sino más bien operetas sube y baja con arreglos disimuladores (como unos Extremoduro comerciales, y al principio pensé en Mägo de Oz, pero lo desestimé por parecerme forzado el parangón, aunquealgo me llamaba a ello de modo repetido) y con uso sistemático de la segunda persona del singular (tú, tú, tú).

Sermoneador y salvavidas (ese ‘Pánico práctico’ del que han rodado un clip en paracaídas), el laborioso, alto y barbado (Mikel) Izal logró que la peña comulgase con sus mensajes en un bolo de 13 temas en 62 minutos al alza, con una segunda parte repleta de explosivas gradaciones que emergieron como lo mejor del quinteto. Eso sí, el gentío desde el principio coreó a pleno pulmón sus canciones, bailó en grupitos mixtos o unisex (tres tiarrones abrazados a mi izquierda) y dio tantos saltos al unísono que vibraron las planchas del suelo de la carpa.

El alavés Mikel Izal, emigrado a Madrid y triunfador en Bilbao, donde estudió ingeniería (foto: RhythmAndPhotos).

El alavés Mikel Izal, emigrado a Madrid y triunfador en Bilbao, donde estudió ingeniería (foto: RhythmAndPhotos).

El principio del chou, aunque aparatoso (más Springsteen a cachos que Arcade Fire a mogollón), tuvo estructura feble. Hubo abundante inquisitoria severa e insistente a lo Arde Asia / El Capitán Elefante, una ampulosidad más pop que rock y menos lograda que la de Vetusta Morla (‘Hambre’, ‘Tu continente’), bastante fondo folk (‘Palos de ciego’ y su deje soul entre Enemigos y Waterboys, un ‘Qué bien’ que, créanselo, resonó a Asfalto para las nuevas generaciones con ukelele en vez de con flauta), cierta progresividad juvenil sin la altura de Standstill (‘Tóxica’ con sus trazos dance y un estribillo reminiscente por la dicción del ‘Mi agüita amarilla’ –lo consigno con asombro, no con ánimo despectivo ni irónico-)…

El epílogo fue explosivo y agotador, con la gente botando como si estuviera ante Magö de Oz (sí, tenía razón: subliminalmente Izal apuntan al mismo sitio festero), con fiesta kalimotxera (la fusionera ‘Extraño regalo’), ska para marcar el paso (‘Prueba y error’, otra vez Mägo de Oz) y catarsis coral postrera (‘La mujer de verde’ y su final a lo Fito). Mikel se despidió diciendo «hasta siempre, ha sido muy grande». Y tanto: con tan pocos mimbres Izal han sabido conectar con un fragmente generacional muy joven y muy ancho, según lo visto bajo la carpa.

Luego vi un poco de Foster The People, otro grupo tecnificado, este angelino, con mucho falsete y cuya propuesta en vivo suena tan a lata como Depeche Mode, y me largué a casa, pues el sábado quería llegar pronto a Kobetamendi.

OSCAR CUBILLO

Comments
2 Responses to “9º Festival Bilbao BBK Live / Izal: Con pocos mimbres”
  1. oscar cine dice:

    En la carpa sony si caben 2.500 vamos que nos matamos.si en santana entran 1500…
    el viernes pense que iba a estar peor…y oye,al final fue entretenido.vi en la distancia a jack johnson y pense lo mismo q la vez q toco antes de los black crowes”perfecto para un antzoki”.me acerque a izal por curiosidad…algo tendran si todo el mundo habla de ellos.pues no.como subrayo nuria al final”lo he pasado bien por la masa entregada,pero musicalmente son normalisimos”.pues si.vi media horita de foster the people…mmmm no me aburri,es lo mejor que puedo decir.por lo demas una banda que sonaba a otras 5000.sobre prodigy…pues lo esperado,pero tampoco menos;ni mal:un fieston rave a fuego.gasolina durante 75 minutos a machete.yo lo pase muy bien…y sin ir drogado.bueno,la cerveza a precio de farlopa no cuenta,no?
    por ultimo cate a palma violets,ingleses garajeros con guitarras como serruchos.ya estabamos agotados pero reconozco q no estaban nada mal.

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