CINE: ‘Nymphomaniac 1 y 2’: Provocación artística

bev NYMPHOMANIAC cartel

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno en cine: 2013 en dos partes

Estreno en DVD+Blu-Ray: 30 de mayo 2014

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Director: Lars Von Trier

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Calificación: 4 estrellas sobre 5

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Trailer en VOS de ‘Nymphomaniac’

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Se editan en DVD y Blu-Ray los dos volúmenes que cierran la trilogía de la depresión de Lars Von Trier, ‘Nymphomaniac’, un film que ya nació con polémica durante su fase promocional (la aciaga intervención del director danés en el festival de Cannes de 2011)

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Lars Von Trier en la rueda de prensa de ‘Melancolía’ (Cannes, mayo 2011): «Yo entiendo a Hitler aunque comprendo que hizo cosas equivocadas, por supuesto. Puedo verlo sentado en su bunker al final. No fue lo que llamaríamos un buen tipo, pero lo entiendo bastante y simpatizo un poco con él. Pero no estoy con la Segunda Guerra Mundial, y no estoy en contra de los judíos. No, ni siquiera contra Susanne Bier. Los aprecio mucho. Bueno, no demasiado, porque Israel es un dolor en el trasero. ¿Cómo escapo de esta frase? Ok, soy nazi».

Un joven Lars Von Trier, con 20 años, seducido por el fetichismo nazi.

Un joven Lars Von Trier, con 20 años, seducido por el fetichismo nazi.

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Ellas

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Principio y final. Dos largos fundidos en negro eliden las imágenes violentas. Tras el primero, una cámara recorre callejones estrechos, deteniéndose en las humedades de las paredes, en los óxidos de las estructuras metálicas, en la basura, pero especialmente en el agua de la lluvia y la nieve que lo empapa y purifica todo. En un recorrido detallado por una escenografía marcadamente teatral, la cámara desciende y encuadra la mano ensangrentada de Joe (Charlotte Gainsbourg) para después dirigirse a la oscuridad de una salida de ventilación. Un salto de montaje introduce el siguiente plano, en encuadre general, desvelando el escenario falso (gris, sucio, iluminado por un fluorescente amarillo) e introduciendo, con el heavy metal de Rammstein (‘Führe Mich’; aquí va el clip subtitulado en español), el cuerpo tirado en el suelo de la protagonista.

La presentación de Joe, a golpe de guitarra industrial de Rammstein, bajo la nieve, recuerda la escenificación marcadamente brechtiana de la frustrada trilogía americana (‘Dogville’, de 2003, ‘Manderlay’, de 2005).

La presentación de Joe, a golpe de guitarra industrial de Rammstein, bajo la nieve, recuerda la escenificación marcadamente brechtiana de la frustrada trilogía americana (‘Dogville’, de 2003, ‘Manderlay’, de 2005).

Joe, a diferencia de otras heroínas del cine de Von Trier, se presenta al final de su camino, expuesta en las consecuencias de su determinación idealista, de su decisión de vivir y llevar al extremo sus convicciones personales (su propia religión). Aunque su naturaleza sea similar a la Bess de ‘Rompiendo las olas’ (1996), a la Karen de ‘Los idiotas’ (1998) o a la Selma de ‘Bailando en la oscuridad’ (2000), en esta ocasión el proceso es a la inversa. Si para aquellas el itinerario partía de su inocencia, bondad y limpieza para terminar derrotadas, golpeadas y sacrificadas por una irracionalidad social cargada de tabúes e intolerancia, para Joe el recorrido es el contrario: comienza en lo más bajo para pasar a invocar su naturaleza salvaje en una conversación de más de cuatro horas (duración total del film) con el engañoso Seligman (Stellan Skarsgård), asceta intelectual, soltero y célibe que la recoge del callejón, transformando en valor aquello que en vida había despreciado.

El personaje de Joe funciona como acumulación de las características del resto de personajes femeninos de la filmografía de Von Trier. En esta introspección en su persona Joe descubre, en su sexualidad, una pureza rayana a la espiritualidad identificada de manera simbólica en los brotes negros del fresno (ese árbol que por su belleza creó la envidia en el resto y que pasó a ser burla de ellos cuando, desnudo en invierno, le aparecieron sus brotes negros), pero también una diferenciación la cual hace profesar como religión o doctrina política de escasos seguidores. En ella surge una fuerza interior que la hace vivir en extremo su individualidad, llevándola a oponerse a una sociedad extremadamente burguesa. Por ello su existencia se convierte en una lucha continua contra el mundo y contra ella misma, una puesta a prueba de sus convencimientos, en donde decide sacrifica el amor y el dolor (por la enfermedad terminal de su padre, Christian Slater) por el placer del sexo en una búsqueda de esa lectura correcta de su existencia (más interior que social).

La Joe del volumen 1 (interpretada por Stacy Martin) es más inocente (similar a las Bess, Karen y Selma de la trilogía ‘corazón de oro’), y durante esta primera parte descubre su naturaleza, se enfrenta al amor (que siente por Jerôme – Shia LaBeouf-) y a la muerte de su padre, pero huye de estos sentimientos para refugiarse, en su lucha contra todos, en la defensa de sus sensaciones sexuales. La Joe de la segunda parte, del volumen 2 (interpretada por Charlotte Gainsbourg), es una mezcla del ángel vengador de la Grace de ‘Dogville’ y ‘Manderlay’, otro ser inocente que tras ser vapuleado por la sociedad reacciona contra ella de manera violenta, cual ángel caído en el recóndito averno, y la depresiva mujer (sin nombre) de ‘Anticristo’ (2009), igualmente interpretada por Charlotte Gainsbourg, que encuentra en las sensaciones que proporciona la depresión conexiones primitivas con el inconsciente colectivo, donde lo orgánico, la mutilación, el autocastigo, el sadismo e incluso la muerte son las puertas que conectan con el Paraíso.

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Ellos

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El ermitaño Seligman, que escucha a Joe en una extraña habitación casi despojada de objetos en su casa, se emparenta con el pintor de iconos ortodoxos del ‘Andrei Rublev’ (1966) del director ruso Andrei Tarkovsky, tanto en la sencillez de su ornamentación como en la espiritualidad de su estadía, y busca en su posición de oyente una actitud purificadora hacia las palabras de Joe. Hay que encontrar en Tarkovsky al gran inspirador de Von Trier en la trilogía de la depresión: ‘Stalker’ (1979) como base de representación de ese bosque demoniaco y artificioso del ‘Anticristo’, y ‘Solaris’ (1972) en la puesta en imágenes de las conexiones cósmicas entre el universo y el alma depresiva humana. Esta intelectualidad y, al mismo tiempo, sosiego que esgrime Seligman, está cargada de una alta sabiduría intelectual, poblando de símbolos y metáforas la interpretación personal de las palabras de Joe.

Entre Seligman y el padre de Joe (Slater) no hay gran diferencia. Ambos proyectan sus conocimientos a los objetos más sencillos (los árboles, el anzuelo de pesca) y saben extraer conclusiones de la naturaleza primitiva. Aunque también ambos se desmoronan (a diferencia de la entereza de Joe en sus convicciones) al experimentar sensaciones primarias: el miedo a la muerte en la cama del hospital por el padre de Joe y el deseo primario sexual en Seligman.

El otro personaje masculino en el film, Jerôme, sufre una importante evolución aunque su trayectoria, finalmente, se cierra de manera circular. Su camino pasa por demostrar la supremacía masculina, experimentar el amor hacia Joe, sufrir la incomprensión y el abandono, la depresión y finalmente experimentar el rencor y el odio. Todo ello ejemplificado en un 3+5 como muestra de ultraje hacia las mujeres.

Dos números de la serie de Fibonacci (¿nazi?) sirven para humillar a la mujer: 2 penetraciones vaginales y 5 por detrás.

Dos números de la serie de Fibonacci (¿nazi?) sirven para humillar a la mujer: 2 penetraciones vaginales y 5 por detrás.

Hay otro personaje, K (Jamie Bell), que actúa como torturador de Joe, en su fase masoquista, y que es un claro referente al personaje de verdugo nazi de ‘El portero de noche’ (1974) de Liliana Cavani. Pero no nos llevemos a engaño, este personaje no es más que una proyección de los deseos ocultos de Seligman hacia Joe. Mejor dicho, todas las imágenes que contemplamos en la película no son más que las experimentaciones subconscientes de Seligman hacia Joe: en algunos casos de manera harta evidente, por ejemplo, en la escena en la que se imagina a Joe con uniforme colegial o en la representación en pantalla dividida de la polifonía sexual de Bach.

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Él (el autor)

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El último fundido en negro de la película permite liberar de rostros a los protagonistas (Joe y Seligman), poniendo fin al duelo silenciado entre ambos personajes: Joe / Charlotte Gainsbourg actúa como la Grace vengativa de ‘Dogville’ contra un Seligman que no es más que Lars Von Trier camuflado en su creación.

No ha cambiado mucho Von Trier desde sus comienzos. En él hay una tendencia exagerada a la provocación, al fetichismo y al poder como creador. Existen grandes semejanzas con Fritz Lang en esa tendencia a narrar su biografía, que en el director alemán está cargada de extrañas lagunas (¿asesinó a su primera esposa?) e invenciones (la huida de Alemania tras una supuesta entrevista con Goebbels), y en el director danés está llena de provocaciones (como que su madre le desveló antes de morir que su padre no era su verdadero padre, ya que ella había decidido quedarse embarazada de un pintor para que él tuviese genes de artista).

Von Trier no ha parado de provocar, con un fin puramente comercial, para la venta de sus productos. No es de extrañar que sus palabras en el festival de Cannes de 2011 estuvieran totalmente medidas. Su acercamiento a la iconografía nazi ya la puso en evidencia en el cortometraje ‘The orchid gardener’ (1977), donde un Von Trier también actor hacía gala de exhibicionismo y adoración fetichista de objetos de tortura o indumentaria militar.

Su actitud como creador, que debe hacer acto de presencia en cada uno de sus films, es la base de su trilogía sobre Europa, pero el crítico Carlos F. Heredero lo desentraña incluso en la serie de films de corte ‘dogmático’ (como comenta en su crítica de ‘Rompiendo las olas’, Von Trier insiste en filmar a la protagonista mirando directamente a la cámara, como sabiendo que ella está enfrente de su creador).

Por ello, todo el film ‘Nymphomaniac’ puede entenderse como una conversación entre director y actriz, donde a ella se la sitúa al límite de sus fuerzas y se la somete a todo tipo de vejaciones. Así, las palabras que narra Joe son traducidas de manera lasciva por Seligman, pero realmente gobernadas por un Von Trier maligno, totalmente mimetizado en Seligman. Como ejemplo está la repetición visual y musical (Haendel) de la escena en la que el hijo de Joe se levanta de la cama atraído por la nieve (copia de la escena de ‘Anticristo’), y sobre todo el personaje de K, trasunto del torturador interpretado por Lars Von Trier en ‘The orchid gardener’, que no duda en golpear con saña el trasero desnudo de Gainsbourg.

La víctima ofrece a un joven Von Trier la fusta con la que es castigada en su trasero.

La víctima ofrece a un joven Von Trier la fusta con la que es castigada en su trasero.

 

K, trasunto de Lars Von Trier, no duda en golpear con saña el trasero desnudo de Gainsbourg.

K, trasunto de Lars Von Trier, no duda en golpear con saña el trasero desnudo de Gainsbourg.

GERARDO CREMER

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Comments
One Response to “CINE: ‘Nymphomaniac 1 y 2’: Provocación artística”
  1. oscar cine dice:

    Von trier es un genio que se sabe genio y eso es peligrosisimo.con todo,su cine siempre ofrece momentos notables y este-considerandolo un todo-no es una excepcion.

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