Fiestas de Bilbao 2014 / Doctor Deseo: Francis en su apogeo

Francis en sombra, los chispazos de la noche festiva del deseo y Joe a modo de catalizador de la mejor versión del grupo bilbaíno (foto: Mr. Duck).

Francis Díez en sombra, los chispazos de la noche festiva del deseo a cargo de la famosa pirotecnia Astondoa, y al fondo Joe González soplando cual catalizador de la mejor versión del grupo bilbaíno (foto: Mr. Duck).

Domingo 17 de agosto 2014, Bilbao, Abandoibarra, 23.30 h, entrada libre.

Doctor Deseo grabaron un DVD de su pirotécnico concierto en fiestas de Bilbao, agraciado con un arranque espectacular en una senda musical que ojalá anchen y profundicen

 

Los bilbaínos Doctor Deseo (esta es su web) dieron un show especial con la pirotecnia Astondoa para grabar un DVD en directo a modo de celebración de sus 30 años de trayectoria. El concierto duró dos horas y cinco minutos, con cinco minutos de interludio antes del largo bis. Sonaron 23 canciones con acústica generalmente limpísima, y la pirotecnia al principio se limitó a lenguas de grandes bengalas, luego hubo lluvia de confetis y no faltó una traca final que hizo caer porquería del cielo sobre un público que más que a los fuegos artificiales miraba al grupo. Fue el mejor concierto que hemos visto de Doctor Deseo con diferencia (que nadie suelte el chiste de que eso es fácil), y el principio del show explosionó de modo tan apoteósico que pensábamos incluirlo entre los mejores del año (si llegamos al final, claro). Lástima que los bilbaínos no supieron aguantar tanta tensión y fulgor durante las dos horas de duración.

Las primeras seis canciones fueran para pellizcarnos. ¿Son estos Doctor deseo o nos los han cambiado? Sí, los ha cambiado el saxofonista, Joe González, que ejerce el papel del difunto Clarence Clemons, el añorado escudero negro de Bruce Springsteen, realzando momentos, luciéndose en solos jazz y aportando guapura, por qué no decirlo. Él, Joe González, ha conseguido que Doctor Deseo trasciendan de su mate linealidad, de la tristura autoindulgente de unas letras que a veces parecen tratados de autoayuda ternuristas. Tal principio, semejante arranque dominical fue excelente, con actitud, arreglos que revelaban la solvencia de los seis músicos principales (el teclista tiene carrera clásica y apenas se le suele notar), actitud escénica, filo instrumental, intensidad, tensión, pose, show…

Francis, que ha hecho escaladas de alta montaña, subiendo por el andamiaje del gran escenario en ‘Dulces sueños’ (foto: Mr. Duck).

Francis, que ha hecho escalada, subiendo por el andamiaje del gran escenario en ‘Dulces sueños’ (foto: Mr. Duck).

El bolo arrancó con un solo soplado por Joe González y un espectador anónimo observó: «Este tío cada vez tiene más protagonismo». A Dios gracias. Doctor Deseo abrieron bien con ‘Busco en tus labios’, superaron a los Stranglers en el rock ‘Dulces sueños’ (cuando Francis escaló por el andamio), en euskera y con deje Bowie adaptaron el ‘Love Will Tear Us Apart’ de Joy Division en ‘Ez Nauzu Izango Berriz’, y se aflamencaron con clase en este tridente estupendo: ‘Noche de viernes’, con el gentío que llenaba la plaza e iba creciendo coreando a pulmón, el título emparentable con Los Planetas ‘Mi torpe corazón’, o los punteos de ‘Destrozos, promesas y arrepentimientos’, la sexta canción, rematada con Francis sentenciando: «Hay que escapar. Muchas de las mujeres que mueren por maltratos ni siquiera lo han denunciado antes».

Fue increíble. Pero no pudieron mantener el nivel. Hasta entonces Francis Díez había hablado poco, no había soltado tacos gratuitos, bailó recordándonos al paródico Woody Allen, y había escalado un poco por el andamiaje. Pero a partir de la séptima, ‘Cuánto frío hace en Saturno’, Doctor Deseo asumieron su faceta habitual, sentimentaloide, musicalmente más plana, larga y lineal. Bajó Francis a cantar ante su público que le adora, subió el primer invitado (su vecino Baxter, a la guitarra) y, aprovechando que había unas fans de Malú guardando sitio para el concierto de ésta el día después (quien colapsó peligrosamente el recinto, como contamos aquí), reflexionó Francis sobre los elogios de los seguidores: «Nos podéis convertir en jodidos imbéciles. Este es nuestro puto oficio. Arriba ejercemos de estrellas, abajo no».

El líder Francis, con sombrero y estética cabaretera, dijo que son estrellas sólo sobre un escenario (foto: Mr. Duck).

El líder Francis, con sombrero y estética cabaretera, dijo que son estrellas sólo sobre un escenario (foto: Mr. Duck).

Y el show continuaba con canciones menos angulosas y sorprendentes, se vivía un conato de pelea nuestras espaldas (el amigo Jon Rozadilla lo pacificó cual caballero con mano diestra y valentía), y el público mayoritariamente pulcro, mixto y formal guardaba bolsas de botellón a sus pies (lógico: resulta complicado acercarse a la barra con tantos miles de personas). Doctor Deseo apretaron en el rock danzón, con la intervención de la bellísima y sexy corista Virginia Fernández y algunas pinceladas del saxo de Joe González, que fue quien subió el nivel en las dos últimas piezas previas al bis: ‘Dancing In Hell’, con el verso «que nos quiten lo bailao», y la añeja ‘La chica del batzoki’, muy coreada y también aflamencada (o sea graciosamente españolizada), que fue el momento en que Francis presentó a numerosos técnicos, etc.

El bis fue muy largo, bastante plano y lineal. Lo de siempre, pero un poco mejor. 40 minutos de una tacada abierta por la bonita ‘Luna de miel’ de Gloria Lasso, dramática reivindicación del amor puro chocante en Francis, en el fondo un romántico. Entre el zorionak zuri al baterista y un Francis en su apogeo acuclillado o pintando metáforas sexuales con botellas y plátanos, prosiguió el encuentro con tono sentimental (‘Abrázame’, y no digas nada, cuando Francis volvió a bajar y se abrazó con espectadoras sin dejar de cantar), rock conservador, con perdón (‘Fugitivos del paraíso’), ‘Corazón de tango’ (la del cínico verso «vamos a engañarnos y dime mi cielo que esto va a durar siempre», que tango gusta a la guapa Rocío, la novia de Mr. Duck), y la despedida con ‘De Nuevo en tus brazos (Morirse en Bilbao)’, con la traca de cohetes.

Aitor Agiriano, El Toro (guitarra, tras la cámara), Raúl Lomas (teclados), Francis Díez (voz y guitarra ocasional), Txanpi (batería) y Josi Jiménez (bajo), éste eclipsando Joe González (saxo) (foto: Mr. Duck).

Aitor Agiriano, El Toro (guitarra, tras la cámara), Raúl Lomas (teclados), Francis Díez (voz y guitarra ocasional), Txanpi (batería) y Josi Jiménez (bajo), éste eclipsando Joe González (saxo) (foto: Mr. Duck).

Jo, si uno se imagina un concierto de 15 canciones tan bien ejecutadas como las siete iniciales de esa noche, dan ganas de ir a ver a Doctor Deseo dos veces al año en vez de una vez cada dos años.

OSCAR CUBILLO

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