CINE: ‘Transformers-La era de la extinción’: Estructura y forma del cine de acción

Poster exclusivo para Latinoamérica.

Poster exclusivo para Latinoamérica.

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 8 de agosto

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Director: Michael Bay

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Calificación: 2 estrellas sobre 5

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Trailer de ‘Transformers-La era de la extinción’

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Estructura de una película

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A diferencia de lo que sucede en ‘Tranformers’ (2007), la comedia de acción (influencia de las producciones Amblin Entertainment de los 80 y 90) apenas hace acto de presencia en la cuarta parte de la saga. Lo que para muchos es el gran acierto de Michael Bay en ‘Transformers’ (leer la reseña del fallecido Rogert Evert), esto es, regresar al personaje adolescente prototipo de las películas de Spielberg (a la sazón, productor ejecutivo de la serie) con la incorporación del joven antihéroe Sam Witwicky (Shia LaBeouf) e integrarlo de manera progresiva en la acción hasta reafirmarlo como ser-capaz-de-cambiar-el-curso-del-mundo (claramente una vuelta al personaje de Marty McFly –Michael J. Fox– de ‘Regreso al futuro’, 1985), en ‘Transformers: la era de la extinción’ Michael Bay se conforma con seguir siendo fiel a los clichés establecidos en el género del cine de acción, estableciendo una fingida seriedad en los conflictos y objetivos del protagonista, fijando un timing estrictamente medido en una trama dividida en actos (denominado por los guionistas como ‘ticking clock’), dando más peso a las secciones correspondientes al puro cine de acción (las persecuciones, las explosiones, las peleas…) y buscando una espectacularidad máxima en el climax narrativo (‘un más todavía’, como marca identificativa del film).

El protagonista, Cade Yeager (un corpulento Mark Wahlberg) viudo y padre de una chica-cañón de 17 años, Tessa (Nicola Peltz), es quien centra la primera parte de la película (la que se conoce en guión como ‘planteamiento de la trama’), llevando el peso de la historia, el punto de vista restringido de la misma y exponiendo sus conflictos y objetivos. Él es un ingeniero-inventor frustrado, alguien con muy mala suerte en la vida, siempre en «busca de un tesoro entre la chatarra», insistente en un trabajo improductivo objeto de las burlas de sus pocos amigos y causa de sonrojo en su hija. Pero no sólo es la falta de expectativas en los resultados de su trabajo lo que marca el conflicto interno de Cade, también lo es el hecho de haber engendrado a Tessa demasiado joven (un error que trata de evitar en su hija) y el haber perdido a su esposa demasiado pronto, llevándole a tomar responsabilidades educativas difícilmente compatibles con su trabajo. Ello da paso al segundo conflicto de la película, que corresponde a la elección que Tessa debe tomar entre su padre, Cade, y su novio secreto, Shane Dyson (Jack Reynor). En otras palabras, Cade debe recobrar el respeto de su hija antes de que ella tome partido por Shane y le abandone.

Cade Yeager, su hija bombón Tessa, y el oponente Shane, el novio secreto de la ‘niña’.

Cade Yeager, su hija bombón Tessa, y el oponente Shane, el novio secreto de la ‘niña’.

El film funciona bajo el concepto del guion con ‘doble trama’. Si en ‘Transformers’ esta doble trama era mucho más sencilla (el enfrentamiento en la Tierra de dos razas alienígenas de Transformers, los Decepticons, que buscan controlar el Universo, y los Autobots, que tratan de alcanzar la armonía universal a través de la bondad) en ‘Transformers: la era de la extinción’ esta subtrama se complica. Ciertamente el film continúa con el eterno duelo entre Optimus Primer (líder de los Autobots) y Megatron (líder de los Decepticons) pero en esta ocasión los humanos tienen una mayor implicación en los hechos. Oficialmente el interés del agente de la CIA, Harold Attinger (Kelsey Grammer), es eliminar a todos los transformers del planeta Tierra porque ve en ellos el riesgo de la futura destrucción del planeta, pero realmente sus intereses son puramente espurios: obtener pingües beneficios en su asociación con el empresario Joshua Joyce (Stanley Tucci) quien, tras encontrar en el ártico el material con el que están hechos los transformers, ha comenzado a desarrollar prototipos de transformers controlados por los humanos. Digamos que el film trata el clásico tema de la intromisión política en la empresa privada del sector armamentístico.

Dentro de la estructuración del ‘cine de acción’ que establece la historiadora de cine Kristin Thompson, tras esta primera parte de ‘planteamiento de la historia’ se sucede la ‘complicación de la trama’. Cade Yeager encuentra por casualidad a un dañado Optimus Primer, con forma de camión, a quien presta su ayuda (le repara y le esconde de los agentes de Attinger, encabezados por James Savoy –Titus Welliver-). Este hecho lleva a la movilización de la CIA y también a la actuación de un transformer cazarrecompensas (Lockdown) pagado por Attinger. El film, en esta segunda parte, divide los asuntos de interés de la narración en diferentes puntos de vistas, usando para ello el montaje de escenas paralelas: los Autobots (la parte divertida de la película) tratan de rencontrarse con su líder; Lockdown y Savoy persiguen a Cade, Tessa, Shane y Optimus; mientras que Attinger y Joshua siguen con el desarrollo de sus máquinas destructoras (sin darse cuenta que están reviviendo a Megatrón).

Tal ‘complicación de la trama’ da paso a diferentes segmentos de acción, mediante el uso de las ‘dangling causes’, es decir, sucesos que dejan la acción en suspenso, buscando su resolución en las secuencias siguientes. Toda esta sucesión de escenas de acción es lo que Thompson define como ‘desarrollo de la trama’. En semejante proceso los protagonistas de la historia no sólo van resolviendo sus conflictos, sino que van haciéndose autoconscientes de su condición de personajes de ficción (en esto hay que reconocer que Shia LaBeouf, en la primera parte de la saga, estuvo mucho más acertado que Mark Wahlberg, pero no hay que quitarle mérito a la auto-ironía y humor de este nuevo héroe anónimo, especialmente cuando se apodera del armamento intergaláctico).

Hound, el Autobond de western, se presenta en la película subido en la montaña del Monument Valley.

Hound, el Autobond de western, se presenta en la película subido en la montaña del Monument Valley.

Y como todo buen film de acción (también conocido como ‘cine de palomitas’), éste debe terminar en un clímax narrativo espectacular, esta vez desarrollado en Hong Kong, con cerca de una hora de duración (el metraje total es de 165 minutos), donde además de explosiones y peleas planificadas según las bases del ‘chaos shoot’, los planos que deben potenciar un realismo del caos (la sensación de desubicación en peleas o situaciones de catástrofe) en detrimento del entendimiento, se llega al paroxismo con la lluvia de coches, aviones y barcos que caen del cielo como asteroides. Un clímax donde, indudablemente, el protagonista va a resolver sus conflictos (internos y personales) al mismo tiempo que es reconocido como héroe-anónimo-salvador-del-mundo.

El Wulong karst, escenificación principal para el inicio del clímax narrativo.

El Wulong karst, escenificación principal para el inicio del clímax narrativo.

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Hacia un hiperrealismo musicalizado

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Si el cine de acción tiene su periodo de esplendor en los años 80 (puede considerarse como inicio el ‘Acorralado’, 1982, de Ted Kotcheff), hay que darle las gracias a Michael Bay por su revitalización. Ninguna de sus películas pueden ser consideradas como obras maestras pero las mismas han servido para dar beneficios a una industria que necesita del negocio para funcionar.

En el cine de Bay los personajes tienen clara su condición de ser ‘seres de ficción’. Establecen claramente la existencia de dos mundos paralelos, uno real (donde entran en juego sus conflictos y objetivos) y uno de ficción, donde estos objetivos se alcanzan. Algo muy parecido a la estructura del cine musical al que tanto Michael Bay tiene en estima: «(…) el tipo de los musicales hechos en 1961 – cuando Robert Wise y el legendario coreógrafo Jerome Robbins dirigieron ‘West Side Story’– tienen mucho en común con las películas de acción de gran éxito de hoy en día, aunque muchos espectadores no se den cuenta (…)», ha declarado Mr. Bay. «(…) parten del mundo real aunque después se introducen en un mundo falso, el mundo del baile estilizado. Entonces ambos mundos se mezclan (…)».

Resulta claro cómo Bay en ‘Transformers: la era de la extinción’ reconduce los problemas de Cade Yeager hacia el mundo imposible de la ficción, único espacio posible para resolver los mismos. Al igual que los personajes del cine musical, conscientes que cuando cantan y bailan sólo pueden solventar sus problemas en el mundo de lo ‘no real’, el cine de acción da una oportunidad a sus protagonistas para ‘escaparse’ del drama de lo real.

Esta forma de escapismo es exageradamente estética en el cine de Bay: son famosos sus encuadres en contrapicado, los giros de cámara de 360º alrededor del protagonista, la cámara atravesando paredes, los saltos de eje o los encuadres con teleobjetivo que ralentizan la imagen y sólo buscan romper la frágil membrana entre lo real y la ficción.

Las angulaciones de cámara influencia del cine musical.

Las angulaciones de cámara influencia del cine musical…

…igual que en los trabajos de Busby Berkeley (‘Calle 42’) en los años 30.

…igual que en los trabajos de Busby Berkeley (‘Calle 42’) en los años 30.

«(…) lo que me gusta de los musicales es que rompen las reglas del cine. Cuando hago mis películas de acción, rompo las reglas también. Esa es una cosa que los musicales y las grandes películas de acción tienen en común».

«(…) en los musicales el público está dispuesto a aceptar el uso de algunos ángulos privilegiados. Los espectadores entienden que el mundo que se presenta no pretende reflejar el mundo real. La misma licencia que a veces funciona para las películas de acción se toma para lograr una realidad aumentada en lugar de un mundo de fantasía musical. La hiperrealidad es una especie de estilización, también».

Y es verdad que la hiperrealidad (la realidad que ha nacido de los media, del YouTube o de la ficción deformada de los videojuegos que los jóvenes entienden como real) es la sabia de su cine. El espectáculo de antaño (el famoso ‘that´s entertainment’) de los grandes números musicales (véanse los 30 minutos del espectáculo musical de ‘La calle 42’, de 1933, de Lloyd Bacon y Busby Berkeley) ha dado paso a la hiperrealidad de la imagen en el cine de acción.

La ficción es realidad y viceversa.

GERARDO CREMER

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Comments
One Response to “CINE: ‘Transformers-La era de la extinción’: Estructura y forma del cine de acción”
  1. Iker dice:

    Lo que perpetra Michael Bay no me parece cine, por muchos millones que genere en taquilla. Sus películas marean, nada tiene sentido, no hay guión y no se entiende qué caray está pasando en pantalla. Ni se diferencian los robots, ni quién pega a quién, ni dónde se encuentra cada cual. La cámara temblorosa y los planos de un segundo tampoco ayudan.

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