Anton Barbeau: Sin miedo al ridículo

En la penúltima canción ‘This Is Why They Call Me Guru 7’, un R&R a lo Bowie (imagen de móvil: O.C.E.).

En la penúltima canción ‘This Is Why They Call Me Guru 7’, un R&R a lo Bowie (imagen de móvil: O.C.E.).

Martes, 16 de septiembre 2014, Bilbao, Colegio de Abogados, 20 h, entrada libre.

(Nota de prensa del Colegio de Abogados: Con una carrera que arranca en los primeros 90 y que incluye más de una decena de formidables discos de culto plagados de perlas del mejor pop-caleidoscópico, el californiano Anton Barbeau es un trovador psicodélico en la misma liga de sus admirados Julian Cope, Robyn Hitchcock y Andy Partridge, siempre con Lennon y Bowie como modelos primigenios. Tras su aspecto de genio estrafalario, esconde un asombroso talento para sacar de la manga hechizos melódicos infalibles… Uno de los grandes gurús actuales de la psicodelia, Nick Saloman, de Bevis Frond, lo descubrió en una de sus giras por EEUU. Alucinando de inmediato, no cesó hasta que consiguió grabar un disco conjunto (“King of Missouri”, 2003). Otra de las amistades/colaboraciones más especiales que muestran el nivel de Anton Barbeau es la que mantuvo durante años con el tristemente desaparecido Scott Miller (Game Theory, Loud Family). Afincado en Berlín desde hace algún tiempo, sus dos últimas grabaciones han visto la luz bajo el nombre de Three Minute Tease, la banda que lidera en compañía del bajista Andy Metcalfe y el batería Morris Windsor, dos legendarios “escuderos” de Robyn Hitchcock en sus tiempos de Soft Boys y Egyptians.)

El curso musical en el Colegio de Abogados de Bilbao lo abrió el martes Anton Barbeau (Sacramento, California, 1967; esta es su bio en la Wikipedia en inglés), ante una cuarentena de aficionados mixtos que atendían curiosos, entendían las irónicas introducciones del cantautor, y aplaudían de verdad al final de cada intervención. Irónico, tocado con sombrero por la lluvia que no se esperaba en Bilbao, bebiendo agua, anunciando que tenía discos para vender (CDs y algún siete pulgadas), y tocando guitarra y piano, el empático el californiano ejecutó 12 piezas en 61 minutos. Con la guitarra acústica vieja, amplificada y distorsionada sonó roquero a lo Lou Reed o popero a lo Ray Davies y destapó mucha actitud y energía que se convirtieron en introspección progresiva y emotiva cuando se sentó al piano para referirse irónico a su influencia Bowie, sonar a Elton John, ser melodramático (‘Psychedelic Mynde Of Moses’) o animar al respetable a aportar coros ridículos, un respetable que participó grotesco y alegre en ‘Banana Song’ (aquí va un YouTube con Anton a la guitarra y a ratos el piano en un salón doméstico).

OSCAR CUBILLO

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