CINE: ‘Sacro Gra’: Gentes de las afueras

BEV SACRO GRA CARTEL

Cartel PELÍCULA

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 19 de septiembre de 2014

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Director: Gianfranco Rosi

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Calificación: 4 estrellas sobre 5

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Trailer de ‘Sacro Gra’

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Vidas sencillas. Vidas dignas

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Tengo que agradecer a mi buen amigo Jon, de Plencia, la oportunidad de conocer las zonas escondidas de grandes ciudades que yo nunca visitaría, como por ejemplo los pequeños locales ‘café con piernas’ de Santiago de Chile, perdidos entre las bocacalles de la calle Providencia, cerca del Palacio de la Moneda. Jon tiene esa virtud de hablar y saber escuchar a la gente humilde, espontánea y natural, a las personas de vida sencilla no exentas de preocupaciones diarias; le ves hablando con confianza con, por ejemplo, esa joven chica de pechos turgentes al descubierto que te sirve café mientras te cuenta anécdotas intrascendentes de su vida diaria y te sorprende la disposición de Jon para compartir esos momentos fútiles aunque alegres y llenos de entusiasmo de estas personas. Son las gentes de los arrabales, de sueldo escaso y alguna ayuda económica, que subsisten justo al día y que sonríen a la vida sin ponerle muchas pegas.

‘Sacro Gra’ es un documental de tipo categórico (estilo basado en dividir la narración en agrupaciones secuenciales con el fin de organizar el conocimiento de esa realidad representada) que busca hacer consciente al espectador sobre la existencia de otras vidas y localidades diferentes a las que puedes encontrarte en la Roma turística. La Gra (La Grande Raccordo Anulare) ya fue descrita por Fellini en su documental ‘Roma’ (1972) como fuente del caos, abierta a la fantasmagoría (caballos galopando por la autovía, restos de hogueras y neumáticos quemados en las medianas de la carretera…) y necesitada de ser filmada, pero las imágenes de Gianfranco Rosi, el director de ‘Sacro Gra’, no tienen nada que ver con las del director de Rìmini. Si Rosi se acerca a alguien es más bien al boloñés Pasolini, pero limitando su velo intelectual: al Pasolini de ‘Accatone’ (1961) que filmaba los extrarradios y los rostros puros (casi angelicales) de sus habitantes, habituados a sus barrios y a sus escasas propiedades.

Los rostros del cine de Pasolini…

Los rostros del cine de Pasolini…

 

…y los rostros en ‘Sacro Gra’.

…y los rostros en ‘Sacro Gra’.

El documental categoriza a la población de las periferias de Roma mediante pequeñas historias de gente modesta, personajes reales que prestan pedazos de su vida al documental. La alternancia de seis lugares con sus protagonistas respectivos marca el ritmo sincopado del film. Gracias a los planos intercalados de la autopista, estas historias se unifican y se enlazan entre ellas creando un todo único y coherente. A pesar de sus diferencias, todas tienen un principio común: la humildad y sencillez de sus gentes, la aceptación de ser lo que son y de estar donde están, la facilidad para disfrutar de las pequeñas cosas, de sus anécdotas, su dignidad por el trabajo, el saber vivir como son. Simplemente: el ser personas que están en armonía consigo mismos. Lo que Rosi filma y ofrece es una apertura al espectador para conocer otros lugares y a escuchar a otras gentes. Algo parecido a lo que comentaba de mi amigo Jon escuchando a las gentes de los suburbios: la conversación de tú a tú, al mismo nivel de grandeza humana.

De las seis historias que se suceden con interrupciones en el film, de manera intercalada entre los planos de automóviles circulando por la autopista, sólo tres de ellas tienen carácter narrativo: no es que cuenten una historia (el film no tiene ese objetivo), sino que las vidas que nos relatan van descubriéndose, desvelándose en segmentos sucesivos, creando un cierto interés en el espectador. De las otras tres historias, sólo se muestran momentos repetitivos, conversaciones, que permiten al espectador conocer de primera mano una parte reducida de la vida de estos personajes. Después, el film continúa su categorización de los arrabales de Roma con otras estampas resueltas en escenas únicas como, por ejemplo, la secuencia del puticlub de carretera donde unas chicas suben al mostrador del bar para bailar y excitar a los pocos clientes que las observan con desgana, la de un grupo de fervientes religiosos, abrasados por el sol, reunidos en y expectantes por contemplar una aparición mariana, y las dos escenas sucesivas que muestran un día de trabajo en un cementerio donde se trasladan ataúdes desde los nichos a fosas comunes.

Las tres historias principales corresponden a:

– Un camillero de ambulancia, al que vemos trabajar de noche, hablando tranquilamente a los heridos, las noches continuamente en autopista. Después se nos introduce en su pequeña casa y entendemos que vive solo, separado de su esposa (con la que se comunica por skype), hasta la escena final con su madre, enferma de Alzheimer, una secuencia conmovedora, madre a la que quiere y necesita tanto como ella a él.

– Un biólogo-entomólogo encargado de investigar la invasión de insectos en el interior de las palmeras que bordean la carretera. Su investigación se basa en el ruido que emite el gorgojo rojo y sus larvas mientras devoran la planta. Es un hombre que trabaja y vive en solitario, en una insignificante chabola, cuya preocupación e interés por la vida rebasan cualquier expectativa del hombre corriente en las ciudades.

El entomólogo escucha al insecto mientras se aísla del sonido urbano.

El entomólogo escucha al insecto mientras se aísla del sonido urbano.

 

– Un príncipe lituano venido a menos, propietario de un palacio mal ubicado (aislado por las circunvalaciones de la autopista), obligado a alquilar su casa a productoras de fotonovelas y a mediocres empresarios de teatro. Un hombre que vive su soledad con dignidad aristocrática y extraños rituales religiosos y que recuerda a los personajes aislados del cine de Paolo Sorrentino.

Las otras tres historias secundarias muestran conversaciones o momentos puntuales en la vida de un pescador de anguilas que vive en una casa flotante, bajo la autopista, junto a una esposa casi analfabeta, dos prostitutas avejentadas que hacen la calle en su roulotte, en el arcén de la carretera, y los vecinos de un inmueble de protección oficial, configurado espacialmente como colmena, donde destaca la habitación única en donde reside un anciano de larga barba blanca (quien demuestra tener una gran cultura) en convivencia con su hija, que trabaja noche y día con su ordenador, mientras los aviones sobrevuelan la vivienda cada cinco minutos.

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Un paisaje único. Ruido monótono

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Todos los personajes de ‘Sacro Gra’ sorprenden por la manera con la que aceptan la vida. Trabajan, hablan, aman, cantan, ríen, viven sin poner en cuestión su existencia. Su condición de ser de extrarradios les ha llevado también a saber vivir en su entorno. Posiblemente no conozcan más que lo que ven y escuchan.

Por eso es sorprendente la manera con la que Gianfranco Rosi integra la autopista en sus existencias. Algo parecido a lo que concibió Michelangelo Antonioni en su primer y reconocido corto-documental, ‘Gentes del Po’ (1947): allí era el río el que definía a los pueblos originados en las orillas y el que conformaba a las gentes en su naturaleza, aquí son las carreteras las que encierran y aíslan a los barrios y las que condicionan los empleos de las personas (la prostitución de carretera, el cuidado de las palmeras), definiendo una forma de vida.

Rosi muestra la autopista a veces como ser vivo, mediante planos subjetivos a través de los cristales delanteros y a veces como forma abstracta (distorsionando la imagen mediante el teleobjetivo al filmar los faros de los coches de noche). Hay planos sorprendentes como el de una nube de tormenta que aplasta a la carretera o hermosos como el de la autopista de noche, aunque todo ello no tiene otro fin que el de dar entidad al contexto, hacerle partícipe de la vidas de los hombres a los que se les dedica este film. Los planos de la autopista poetizan el estilo categórico del documental y le confieren belleza y ritmo. Hacen que las historias funcionen como etapas en una autovía en un eterno circular ininterrumpido (metáfora de la existencia del hombre).

La Gra aplastada por las nubes de tormenta.

La Gra aplastada por las nubes de tormenta.

Otro elemento que resulta inherente a la gente de las afueras es el ruido: el ruido de los vehículos que circulan sin parar, el ruido que no se escucha porque ya es parte de uno. El film es todo un ejercicio de técnica de sonido: sonido que funciona en off y que fluctúa en intensidad y en función de la distancia, que mezcla (excelente la escena del príncipe lituano donde se combina el sonido del motor de un coche en un garaje, la música de un disco de ópera, la lluvia y el ruido de la autopista) y entrelaza historias (los ruidos de las diferentes viviendas que irrumpen en las narraciones particulares).

El film toma el ruido como ‘motivo’ fílmico, incluso con significado y significante. El entomólogo, cuando escucha a los insectos, los compara con el sonido del griterío de un bar (símbolo del fragor de carretera cuyos oídos ya no escuchan) mientras aísla su sentido auditivo del mundo, con sus cascos, viviendo en soledad.

GERARDO CREMER

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