CINE: ‘El hombre más buscado’: La derrota del espía

BEV EL HOMBRE MAS BUSCADO CARTEL

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 12 de septiembre de 2014

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Director: Anton Corbijn

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Calificación: 3 estrellas sobre 5

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Trailer subtitulado de ‘El hombre más buscado’

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La elección de Anton Corbijn como director de ‘El hombre más buscado’, novela escrita por John Le Carré en 2008 que aborda el tema del espionaje a grupos terroristas árabes, parece una decisión totalmente acertada. También resulta acertada la elección de Philip Seymour Hoffman como el agente de la inteligencia alemana Gunther Bachmann. ‘El hombre más buscado’ funciona por la perfecta armonía de estos tres componentes (Le Carré, Corbijn y Seymour Hoffman), aunque se lamenta la falta de profundidad y verosimilitud de las tramas secundarias de la película, defecto que debe achacársele al guionista australiano Andrew Bovell, por otra parte responsable también del excelente guioin de ‘Al límite’ (2010).

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El novelista: John Le Carré

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La trama de ‘El hombre más buscado’ se desarrolla en la ciudad de Hamburgo en el año 2007, ciudad donde se ubicaba la mezquita de Taiba (llamada Al Quds antes de los atentados del 11-S), punto de encuentro y reclutamiento de los yihadistas y clausurada en el año 2010 (de allí surgió el coordinador de los atentados contra las Torres Gemelas, Mohamed Atta). Un joven checheno con vínculos familiares terroristas, Issa Karpov (Grigoriy Dobrygin), acaba de llegar a la ciudad y busca refugio en casa de una familia musulmana que le proporciona el contacto con una abogada especializada en casos de inmigración ilegal y fuerte defensora de los derechos civiles, Annabel Richter (Rachel McAdams). La aparición de Karpov enciende las alarmas de los diferentes grupos de inteligencia (activos para la guerra contra el terrorismo en la última etapa de G.W. Bush) que operan en Hamburgo: los propios servicios de espionaje alemanes, encabezados por Dieter Mohr, persona que sólo busca resultados inmediatos; la pequeña célula de espionaje liderada por Gunther Bachmann (Philip Seymour Hoffman), el protagonista, que con su limitado equipo (en el que destacan Max –Daniel Brühl– y Erna –Nina Hoss-) trata de llegar hasta los ‘peces gordos’ de la financiación terrorista, caso del potentado árabe Faisal Abdullah (Homayoun Ershadi); y la CIA con su representación diplomática encabezada por la enigmática Martha Sullivan (Robin Wright). Si Mohr quiere detener enseguida a Karpov para mejorar sus resultados, Bachmann trata de impedir ese arresto ya que busca una posible conexión entre Karpov y Abdullah. Por su parte, Sullivan permitirá que Bachmann continúe con sus investigaciones, en espera de que la presa cazada se la sirva en bandeja para sus propios intereses americanos.

Le Carré vuelve a brindar una historia donde el mundo del espionaje tiene aliento realista. Bachmann, al igual que el legendario Smiley (agente de espionaje durante la Guerra Fría y personaje principal de las primeras novelas de John Le Carré), es una persona con dedicación completa al trabajo, profesión de oficina basada en la observación, en la escucha de grabaciones, en la recopilación y estudio de las informaciones proporcionadas por confidentes. El agente Bachmann ha abandonado cualquier esperanza de vida familiar o de mantener relaciones sentimentales. Bachmann es incluso más oscuro que Smiley debido al sentimiento de culpa que lleva por su anterior actuación en Beirut.

Este tema es también bastante recurrente en el escritor inglés, recalcar el peso del pasado en los personajes, un pasado que vuelve al presente (en este caso, en el personaje de la americana Sullivan) en forma de repetición o de nueva traición. Le Carré es especialista en desarrollar narraciones en los despachos, en las salas de interrogatorios o en las salas de reuniones de alto nivel de la Inteligencia. Sus historias destacan por la frialdad, por el alejamiento de los sentimientos, dejando a los agentes al borde de una soledad que puede tildarse de inhumana. En sus escritos funciona el contraste entre el esfuerzo del hombre solitario que aún mantiene esperanzas por una existencia humana digna y los poderes políticos que usan a estas personas como piezas de un tablero de ajedrez. Curiosamente sus protagonistas fallan (aquí también es el caso de Bachmann) cuando se dejan llevar por el sentimentalismo. Entonces son los altos cargos de espionaje los que hacen su aparición desbaratándolo todo, engañándolos y hundiéndoles nuevamente en su naturaleza débil.

Las novelas y el cine de Le Carré son siempre obras amargas, críticas con los estamentos de Inteligencia, pero son principalmente humanistas, aunque ese humanismo se deje ver en la derrota.

La sala de interrogatorios, lugar habitual de las tramas de John Le Carré.

La sala de interrogatorios, lugar habitual de las tramas de John Le Carré.

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El director: Anton Corbijn

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En ‘El hombre más buscado’, la narración avanza con poco nivel de información para el espectador. Se tarda en asociar los nombres de los personajes (comentados por los servicios de espionaje) con los rostros de la pantalla. Las escenas no tienen entidad suficiente para proporcionar datos suficientes ni, por supuesto, modificar los ‘valores’ o conflictos de los personajes.

En John Le Carré la información es lo más importante. Por lo tanto, en la película, las expectativas del espectador están dirigidas a conocer información. Tras encontrarse Karpov con la abogada Richter, la trama sigue el camino del dinero. Karpov comunica a la abogada el nombre de un banquero, Tommy Brue (Willem Dafoe), cuyo padre mantenía negocios ilegales con el suyo. A partir de ahí, el dinero que Brue debe entregar a Karpov pondrá en alerta a todos los sistemas ilegales del espionaje (las grabaciones, las amenazas, los interrogatorios) con el fin de tirar del hilo hasta llegar a los niveles más altos de las células terroristas.

Anton Corbijn es un director que ha demostrado estar a gusto narrando historias de personajes solitarios: el cantante de Joy Division, Ian Curtis, en ‘Control’ (2007), o el asesino a sueldo interpretado por George Clooney en ‘El americano’ (2010). Sus películas son ejemplo de cine denso, complejo, de narraciones cargadas de elipsis donde se da importancia a situaciones alejadas de la acción, pero llenas de rituales y detallismo. Los espacios cobran importancia porque son objeto de la mirada pausada de sus protagonistas. Los films disponen de una estructura equilibrada de quietud y tensión.

Pero lo que trata de destacar el director es la búsqueda del equilibrio que el protagonista trata de alcanzar: por una parte el ritual de su trabajo, al que se dedica con alta concentración, cual autómata perfeccionista (véase –foto superior- la manera que observa Bachmann a la abogada Richter en su celda de interrogatorios), por otro lado, los momentos de violencia y estrés que nacen de la necesidad de obtener resultados, y por último están los largos tiempos de espera, fumando o bebiendo, contemplando la ciudad desde la terraza, en espera de un éxito que acabe con el sentimiento de fracaso de su pasado. Anton Corbijn parece haber encontrado un discurso para su cine: dejar de lado lo narrativo para buscar en los entreactos, en los rituales, en las interioridades del hombre, las verdaderas necesidades vitales. Algo propio del cineasta francés Jean-Pierre Melville.

El ritual del trabajo como medio para evadirse de uno mismo.

El ritual del trabajo como medio para evadirse de uno mismo.

 

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El actor: Philip Seymour Hoffman

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El guion de Andrew Bovell resulta poco desarrollado en sus personajes secundarios. Tanto el banquero Tommy Brue como la abogada Annabel Richter no resultan convincentes en sus actos. Primeramente porque sus personajes resultan funcionales en la película (son mecanismos para que la acción avance) y segundo porque parece faltarles un engarce que de verosimilitud a sus decisiones. También el antagonista, Karpov, se muestra extraño en su comportamiento y le falta empaque a la confección de su personaje. Otros personajes secundarios son meras pinceladas en la trama por parte de Bovell, algunos totalmente desacertados, como el jefe de los servicios secretos alemanes, Dieter Mohr, y otros desdibujados, como los ayudantes de Bachmann, Max y Erna.

Quizá gracias a esa endeblez de los secundarios (a excepción de la agente americana Martha Sullivan, verdadera antagonista de la película) brilla con más fuerza Philip Seymour Hoffman, en un papel totalmente adecuado a su físico y a su condición anímica (téngase en cuenta la repentina muerte de Seymour Hoffman por sobredosis de heroína y cocaína). Seymour Hoffman destaca al saber combinar sensibilidad y fragilidad con la fortaleza de su físico. Un actor de método que ha sabido trasladar a su rostro el dolor oculto de sus personajes. En ‘El hombre más buscado’ es el infierno personal, la resignación del fracaso, la amargura del perdedor, lo que se traduce en ese rostro tocado por el cansancio en los ojos, en el rictus de preocupación y tristeza permanente en su boca, en ese cuerpo desaseado por las largas sesiones de trabajo.

En mi opinión Seymour Hoffman ha hecho la mejor interpretación que puede esperarse de un personaje de Le Carré, algo difícil por los antecedentes existentes (Richard Burton, James Mason o Alec Guinness).

GERARDO CREMER

Ojos cansados, rictus desesperado, aspecto desaseado, expresando el humanismo de los agentes.

Ojos cansados, rictus desesperado, aspecto desaseado, expresando el humanismo de los agentes.

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