Pimpinela: «Un fenómeno de permanente vigencia» (+ entrevista)

El público despendolado en la penúltima canción, ‘Cuánto te quiero’, cuyo vídeo se reproduce en pantalla (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

El público despendolado en la penúltima canción, ‘Cuánto te quiero’, cuyo vídeo se reproduce en pantalla
(foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

Miércoles 15 de octubre 2014, Bilbao, Palacio Euskalduna, 20 h, entradas de 28 a 45 €; entradas VIP de 65 a 80 €.

Premium Ticket compuesto de: Butaca en Zona Preferente + CD + Meet & Greet al precio de 80 €

Butaca de Orquesta: 65 €

Flyer digital de la gira española 2014.

Flyer digital de la gira española 2014.

Patio de Butacas Preferente: 45 €

Patio de Butacas: 40 €

Terraza de Patio: 35 €

Platea: 28 €

 

Unos genios estos de Pimpinela, al margen de que el miércoles en el Euskalduna («teatro maravilloso, imponente», dijo el varón de la pareja) se hicieran acompañar de un quinteto pobre, ahorrador (dos teclados para remedar arreglos), más dos coros (no los tres anunciados), y el sonido general fuera malo (pésimo al principio: seseos, ecos…). Al margen de la predisposición del público (sólo se abrió la parte inferior del auditorio, donde caben 1200 butacas que estarían ocupadas calculo que por unos 800-900 espectadores, con mayoría de damas maduras), Pimpinela trascendieron del entorno y sublimaron su propio seno, o ser, durante la celebración en la madre patria de sus 30 años de éxito con la irrupción de su megahit ‘Olvídame y pega la vuelta’. El de Bilbao era el último concierto de la gira y el día después regresaban a Argentina.

Joaquín Galán, el hermanísimo barbado (para los hombres parece que pasa menos el tiempo), el que a menudo en escena pone cara de gélida estupefacción (de flipado), nos adelantó en la entrevista de abajo que su ‘entretenido’ show de dos horas con altibajos emocionales abarcaría tres facetas: la guerra de sexos, la adoración a la familia y los picoteos en su último disco (‘Estamos todos locos’, de 2011). Vale, pero nosotros dividiríamos el sarao de 126 minutos para 29 piezas (incluido el swing de presentación de su equipo, desde músicos argentinos hasta técnicos vallisoletanos, y excluido el documental inicial de autobombo donde se calificó a Pimpinela como «un fenómeno de permanente vigencia») en otros tres factores, dos discutibles pero el otro arrollador.

El sustrato arrollador fueron sus canciones de reproches mutuos, teatrales hasta la fotonovela (‘Me hace falta una flor’, con los dos hermanos sentados ante una mesa), con reminiscencias de Raphael (‘Vivir sin ti no puedo’, con el dramatismo de los dos cantantes dándose la espalda), de la Jurado por lo temperamental (la vodevilesca ‘A esa’) e incluso de James Brown cuando Lucía, la hermana, hacía mutis. En ese show con bastante de boite hubo también ecos de Malú (a pesar de la banda sin actitud, que rebajó la pegada de ‘Hay que estar en mi lugar’), participación activa del respetable (los coros en ‘Valiente’), un final soul (el de ‘Solo hay un ganador’) o la aparición de Dyango en vídeo (a veces la pantalla reproducía los clips de las canciones) y en playback (‘Ese hombre’… soy yo). Fueron canciones divertidísimas, caso de ‘Ese estúpido que llama’ (fui yo; ellas la aplauden lo que más), o enmudecedoras, caso de la brutal ‘Cómo le digo’. Estuvieron colocadas sobre todo en la primera mitad, entre la sexta y la 15º piezas, aunque de tal ramillete se desprendiera la 27ª, la mejor de la velada, una discotequera ‘Una estúpida más’ (la de me engañaste, NO, me mentiste, NO; mirad este clip y decid si mola o no).

Y entre recargamientos de canción melódica a lo Julio Iglesias (‘Las cosas simples de la vida’, después la comercial ‘Corazón gitano’ con el clip en la pantalla) y miradas a lo discoteque (a lo Boney M ‘Esto no es amor para mí’), los otros dos factores construyeron las canciones familiares y las multiestilísticas escapadas a los ritmos folk y derivados. Entre los títulos centrados en el amor no erótico ni infiel cupieron ‘Hermanos’, la habanera para el padre difunto ‘El amor no se puede olvidar’, la ranchera ‘La familia’, o el muy almibarado canto a trío en ‘Lo mejor que la vida me dio’, con un invitado especial, Francisco Joaquín Galán, hijo de Joaquín y sobrino de Lucía, mientras Rocío Hazan, la hija de Lucía, intervenía en playback desde la pantalla (como antes hiciera Dyango).

Y solapándose con varias de estas piezas emergía el tercer factor, aportado por los ritmos muy folclóricos o directamente pachangueros: vallenato (‘Mañana’), rumba a lo Gato Pérez (‘Buena onda’, la peor de la cita seguramente), el ‘Asturias patria querida’ (como lo oyen), galicismos (‘Al compás de una muñeira’, con el teatro dando palmas), latinismos (‘Penas de amores’, cuando subió a escena la cántabra Rebeca, una espectadora), andinismos (‘Amores que matan’, una pachanguita comercial sin rubor) o aires brasileiros de aura navideña (‘Cuánto te quiero’) . ¿Que si cantaron ‘Olvídame y pega la vuelta’? Sí, claro: en plan remozado, a lo perreo reguetón, o sea despersonalizada les quedó.

OSCAR CUBILLO

Ágil retrato idiosincrático de Pimpinela pintado con palabras por el infalible Carlos Benito

Los hermanos Lucía y Joaquín Galán enfrentados en Bilbao (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

Los hermanos Lucía y Joaquín Galán enfrentados en Bilbao (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

 

+++ ENTREVISTA +++

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«No importa el mensaje, sino entretener»

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Joaquín Galán prometía «un concierto muy temperamental y de mucho histrionismo»

para repasar sus 30 años de éxito en España

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Aparentemente inoxidables en su atractivo transversal y ya intergeneracional, Pimpinela, es decir los hermanos argentinos Lucía Galán (23 de mayo de 1961) y Joaquín Galán (21 de julio de 1955), regresaron a España con la excusa de conmemorar los 30 años de su explosión nacional con ‘Olvídame y pega la vuelta’, canción representada por colegialas y escolares de ayer y de hoy. En Bilbao cerraron la gira nominada ‘Las canciones de tu vida’, un tropel de hits teatrales cargados con guerra de sexos, adornados con videos y donde se auguraba interacción con el público, según prometía en esta conversación telefónica desde Madrid el barbas Joaquín antes de arrancar el hispanotour.

Llegasteis un viernes a España y el primer concierto fue el viernes siguiente. ¿Por qué habéis venido con tanta antelación? ¿Quizá tenéis otra banda aquí, para ensayar?

Sí. Por varios motivos. Uno es que cuando empezamos una gira larga como ésta, de 8-10 ciudades, o como la que hicimos en agosto por Estados Unidos, de 12 ciudades, nos gusta instalarnos una semana antes para tomar contacto con los principales medios de prensa y ensayar, pues viajamos con varios músicos y técnicos desde Argentina, pero siempre concretamos nuestra banda en España con el grupo que tenemos en Madrid y en Estados Unidos con el que tenemos en Miami. Nos movemos con la base y el grupo se completa y siempre hay que integrar unos músicos con otros con el nuevo repertorio, ¿no? Estamos estrenando un nuevo concierto que se llama ‘Las canciones de tu vida’, digamos ‘Las canciones de nuestra vida’, y eso requiere ensayos. Y tampoco nos gusta venir y cantar al día siguiente.

¿Cuántos sois en escena?

Pues hay cinco músicos y tres coros (en Bilbao fueron dos) y nosotros. Diez personas en total.

¿Cómo será el concierto? Anima al lector.

Es un concierto fundamentalmente entretenido. El concepto del entertainment, es decir la palabra americana de ser entretenedores, me parece lo más importante para aquel que pisa un escenario. No importa el mensaje que lleve, sino que entretenga. El espectador debe pasar dos horas por diferentes estados de ánimo, y eso es lo que tratamos de hacer nosotros. Es un concierto con mucho de emotivo, porque lógicamente hay momentos donde contamos historias a los seres queridos a través de canciones como ‘El amor no se puede olvidar’, que fue compuesta para nuestro padre, que falleció aquí en España en 1985, canciones como ‘Hermanos’, que habla de nuestra vida, o como ‘La familia’, que cuenta nuestra percepción de esa institución que tanto defendemos y que no queremos que vaya desapareciendo. Y después es un concierto muy temperamental y de mucho histrionismo, que enlaza las canciones más populares de Pimpinela. Ahí Lucía y yo realmente sufrimos una especie de lobotomía y nos convertimos en el hombre infiel con la mujer, la mujer que lo quiere asesinar, el hombre que las mata callando… Toda esa gama de historias que hemos creado desde ‘Olvídame y pega la vuelta’ hasta ‘Valiente’, ‘Me hace falta una flor’, ‘Por ese hombre’, ‘Una estúpida más’ o tantas historias que la gente siempre quiere escuchar y nosotros siempre queremos cantar.

Ya.

‘Estamos todos locos’ (2011).

‘Estamos todos locos’ (2011).

Además va a tener también presencia el nuevo álbum, ‘Estamos todos locos’ (2011), donde retratamos un poco la sociedad como la vemos hoy, un poquito acelerada por las redes sociales y tan exageradamente comunicada que termina siendo incomunicación, pues es una comunicación virtual, tecnológica, pero no personal. El concierto tiene imágenes y se proyectan videos y momentos de nuestra vida. Es un recorrido por estos 30 años que festejamos desde que ‘Olvídame y pega la vuelta’ salió aquí en España, que fue en 1984. Esto también es un festejo para nosotros. El público sube al escenario, canta con nosotros, damos algunas recomendaciones a los que tienen penas de amores para que sepan lo que deben hacer y se les pasa inmediatamente. Es muy interactivo, como verás.

Vuestras canciones son muy melodramáticas, aparte de las de amor paterno-filial etc. ¿Dónde aparece el humor en vuestro show?

En todo momento. Jugamos permanentemente con los extremos. Con los opuestos. Al ‘melodramatismo’ si le pones un guiño se puede convertir en un momento de humor. En canciones como ‘A esa’ el temperamento de Lucía te dice que esa que te aparta de mí, que te lave tu ropa, que te limpie la casa, que recoja tu mesa. Ese reproche casi genera a las mujeres una catarsis de indignación, y al mismo tiempo hay una mirada de ira cómplice con las mujeres que están en la sala. Hay una sonrisa como diciendo ‘estuve bien’. Permanentemente nos gusta jugar con esa ida y vuelta. Y el humor está también en nuestros diálogos y nuestros monólogos con el público. Contando cosas y tomándonos el pelo, o definiendo en mi caso al género masculino y en el de Lucía a las mujeres. Son pequeños stand ups muy cortitos donde tratamos de divertirnos y de descomprimir. Algunas canciones te dejan medio indignado, caliente, enfadado, y de repente descomprimimos con algún chiste, con alguna broma. Así que el humor es muy recurrente.

Venís celebrando 30 años de éxito en España, ¿pero no os juntasteis en 1981?

La oficial sería en el 82, porque en realidad nuestro disco salió en noviembre del 81 pero recién se dio a conocer en el 82 en América con ‘Olvídame y pega la vuelta’, y después en España en el 84. El compromiso formal yo diría que fue hace 32 años.

Y pregunto: ¿esperabais llegar tan lejos en el tiempo?

Pues la verdad que no nos lo planteamos nunca, ni por sí ni por no. Cuando empezábamos en esta profesión sabíamos que no queríamos ser un artista de moda, en absoluto. Nos dimos cuenta inmediatamente de que el estilo generaba cosas, generaba interés. Gustaba o no gustaba, pero no le era indiferente a la gente. Y eso nos entusiasmaba a nosotros. Hacíamos cosas que representaban lo que veíamos en los 80. En el mundo de la canción latina era algo distinto dos hermanos haciendo de pareja, actuando, observándose uno al otro sin mirar a la cámara, con canciones propias y público cómplice de todo eso.

Era algo bastante original y eso fue lo que más nos entusiasmó a avanzar. Luego, con el tiempo, nos íbamos poniendo metas a mediano plazo, nunca pensábamos solamente en el presente. Y tampoco sabíamos qué íbamos a hacer dentro de cinco años. Era año tras año, disco tras disco. Y cuando uno se da cuenta y tiene la suerte de que su música vaya de generación en generación, porque la familia ha sido siempre nuestro mayor difusor, cuando nos dimos cuenta, habíamos llegado ya a los 30 años. Hoy podemos disfrutar mucho más de todo que al principio. Los primeros diez años fueron una gran vorágine, corriendo como bolas sin manija de un lado para otro del mundo. Todavía no había tanta comunicación global.

Lucia, su sobrino Francisco Joaquín Galán, y el padre de este, Joaquín, cantando ‘Lo mejor que la vida me dio’  (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

Lucia, su sobrino Francisco Joaquín Galán, y el padre de este, Joaquín, cantando ‘Lo mejor que la vida me dio’
(foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

Vuestro público es totalmente transversal, de todo tipo, desde mayores hasta niños.

Sí, sí, sí. Misteriosamente es un público absolutamente transversal. Así fue al comienzo y así sigue siendo ahora. Público de abuelas, de 80 años para arriba, hasta público de niños de 10 años para abajo que nos imitan en el colegio. O los adolescentes cuando ya empiezan a enamorarse y se empiezan a divertir con Pimpinela. O la gente más acorde con nuestras edades, de 45 para arriba, cada cual ve ahí cosas que a lo mejor le pueden identificar o simplemente divertirle en un karaoke.

Pero también es muy transversal en cuanto a las clases sociales, ¿no? Nos sigue mucha gente de clase alta, acomodada, que viaja y de pronto nos ve en Madrid o en New York, o en Miami o en Buenos Aires o en México, y también gente que no tiene dinero para la entrada y espera un concierto gratuito para vernos en Argentina o en algún festival. El público está presente y se emociona y cada uno lo ve según su óptica. A cada uno le llega de forma distinta.

Pero hay un común denominador, que sentimos que formamos parte de la familia de esa gente. Y es que cuando tú le gustas a la madre, es inevitable que le gustes al hijo, ¿no?, aunque sea por carácter transitivo de efecto. Y si le gustas al hijo, el padre cuando menos te tendrá cariño. Esa inclusión en la familia hispana es nuestro mayor baluarte, porque todos de una forma u otra sienten que formamos parte de ellos y eso nos llena de emoción.

A pesar de ser un público en parte infantil que no conoce el amor… ¿Por qué funcionan tan bien el adulterio y la infidelidad en las canciones? Por ejemplo en el bolero, en el soul…

Sí, bueno, porque la transgresión funciona bien siempre. Y en el amor, la infidelidad y los celos forman parte de las pasiones. Y lógicamente, si tú vas por la calle y ves a una pareja que está discutiendo y se dice de todo, seguramente te pararás en la vidriera para mirar algo y oír qué se están diciendo, ¿no? Si los ves dándose un beso, seguramente sigas de largo. Llama más la atención siempre el conflicto. El conflicto sentimental, emocional, de pareja y todos los derivados de esa pasión tan grande que despiertan el amor, los celos y todo eso a que nosotros más le cantamos, porque es lo más teatral, lo más interesante para teatralizar. Además somos hermanos y sería absurdo que nos pongamos a cantar canciones como te amo, te quiero, yo también, tú a mí… Sería poco creíble. Cuando cantamos este tipo de historia miramos cada uno para adelante, cantándosela a nuestras parejas. Pero interpretar un tema de pelea nos da la posibilidad de mirarnos frente a frente y convertirnos en ese momento en una pareja que se dice cuatro verdades.

Después de cantar ‘Ese estúpido que llama’, durante el diálogo de si los hombres o las mujeres son más infieles (imagen de móvil: O.C.E.).

Después de cantar ‘Ese estúpido que llama’,
durante el diálogo de si los hombres o las mujeres son más infieles (imagen de móvil: O.C.E.).

Lo habrás contestado un millón de veces: ¿qué significa Pimpinela? Brevemente, por favor.

Es una flor caribeña, hermafrodita, de pétalos masculinos y femeninos. Los masculinos protegen, rodean a los femeninos, y cuando se mueren los femeninos, muere toda la flor. Es una flor muy escasa y exótica, muy pequeñita aparentemente, y está regida por el sol, que es el símbolo del éxito según los entendidos. Nos lo puso nuestro primero productor, allá por el 81. Nosotros no nos queríamos llamar Lucía y Joaquín, y preferíamos un nombre distinto, de una palabra. Él apareció con Pimpinela y dijimos ‘bueno, no lo pensemos mucho, vayamos adelante’, y ahí se quedó.

He visto en Wikipedia que habéis grabado un montón de discos en portugués, para Brasil. ¿También tenéis público ahí?

Último disco para Brasil: ‘Só há um vencedor’ (1993).

Último disco para Brasil:
‘Só há um vencedor’ (1993).

Sí, grabamos varios discos en portugués para Brasil, y también en italiano. El tema de ‘Olvídame y pega la vuelta’ en italiano era muy bonito y se llamaba ‘Ti Poi Scordare Per Sempre Di Me’ (este es el clip), ‘Te puedes olvidar para siempre de mí’. Es muy raro el título, porque lo de pega la vuelta no tiene traducción. E hicimos un intento en los 90 en inglés, era ‘Get Out Of My Life Now’, ‘Vete de mi vida ahora’, que quedó horrible y no nos gustaba para nada porque era muy descafeinado. Nuestros temas tienen una esencia muy temperamental, latina, y en inglés quedó una balada pop híbrida. Así que definitivamente nos dijimos ‘no, el mercado anglo se perderá a Pimpinela’, je, je… Y salimos corriendo. Eso fue una prueba nada más.

Je, je…

Nos gustó mucho probar para los países de culturas latinas, a ver qué pasaba con lo nuestro, y fue muy bien. Fueron unos años de giras. Lo que pasa es que en Brasil, si no te quedas ahí tres o cuatro meses al año, es muy difícil mantenerse en ese país. La música local es tan potente, son tantos millones de habitantes (200) y la industria está muy armada para los autóctonos, para la música brasileira, que la competencia ahí es feroz. Llegamos a grabar diez discos y ya está.

OSCAR CUBILLO

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