Fito & Fitipaldis: A velocidad de crucero

El público, 16.000 personas oficialmente, antes del show, visto desde enfrente del escenario (foto: Borja Agudo / El Correo).

El público, 16.000 personas oficialmente, antes del show, visto desde enfrente del escenario (foto: Borja Agudo / El Correo).

El público, antes del show, visto desde la fila 28 de la grada lateral B (imagen de móvil: Nerea).

El público, antes del show, visto desde la fila 28 de la grada lateral B (imagen de móvil: Nerea).

Miss Madeira disparando al público una foto de recuerdo, como la de arriba (imagen de móvil: O.C.E.).

Miss Madeira disparando al público una foto de recuerdo, como la de arriba (imagen de móvil: O.C.E.).

Sábado 13 de diciembre 2014, Barakaldo, BEC, 22 h, entradas de 26 a 28 € en anticipada y de 31 a 33€ en taquilla, pero se agotaron antes.

‘Huyendo conmigo de mí’ (Warner, 14).

‘Huyendo conmigo de mí’ (Warner, 14).

En el BEC, en la gira de regreso a los grandes pabellones, Fito, con buen sonido y pantallas grandiosas,

apuró un repertorio a medio gas y en piloto automático, más propio de teatros

 

Llenazo humeante el sábado noche en el BEC con unos 16.000 espectadores (¡muchos niños!) para ver a Fito Cabrales Mato (Bilbao, 1966). A la ida, en metro, metro había pasajeros que optaban por quedarse en los andenes y no entrar en los vagones atestados, y a la vuelta, al acabar el concierto, los taxis desaparecieron con clientes y se formaron colas bajo el sirimiri. Se trataba de un gentío predispuesto y convencido de antemano, pues el bueno de Fito no va ampliar mucho su carpeta de fans a tenor de lo ofrecido en esta gira por pabellones de su disco ‘Huyendo conmigo de mí’ (Warner, 14), opus al que achacan que no varía la fórmula. ¿Para qué?, se podría replicar. Fue el de Fito & Fitipaldis un encuentro pausado, con mucha atmósfera relajada que parece les ha sido infundida, inoculada a los seis músicos durante la gira de teatros.

Pocos arañazos se sintieron en un show tendente a la (auto)nostalgia, con un par de momentos emocionantes a lo largo de un repertorio que saqueó sin reparo ni disimulo a Dire Straits, Springsteen, el country rock y un par de veces a los Rolling Stones, con un sonido notable y diáfano y una infraestructura escénica apabullante, con una gran pantalla de fondo que emitía ora peliculitas ora imágenes en directo de primeros planos de los comparecientes, con lo cual el espectáculo se agrandaba, se aproximaba.

En el BEC se recogieron las partes inferiores de las gradas laterales, dotadas de asientos, y así se anchó la pista, para que cupiera más gente. Un mar humano era eso visto desde la alta fila 28 de la grada, con señales de humo bajo los focos que delataban a los fumadores y momentos del concierto en los que cientos de personas encendían sus móviles convirtiéndose en luciérnagas.

La cita con Fito, ganada de antemano, duró 140 minutos para 21 temas con dos bises. De los 21 títulos, 5 sonaron por encima del piloto automático y en dos a la estrella del rock español se le notó cansado físicamente. La cosa arrancó con retraso: a eso de las 10 y 10 la peña se puso a silbar a modo de protesta y al poco se apagaron las luces. Desde lo alto del BEC se podía otear a los Fitipaldis tras las vallas, bromeando y asiendo guitarras. Con la luz apagada en el pabellón se puso el vídeo del cementerio en la gran pantalla formidable que recordaba las giras anteriores, y, chas, se iluminó la escena, aparecieron los músicos y en plan AC/DC se pusieron a tocar ‘Viene y va’. Fito no tardó en nombrar a su mano derecha Carlos Raya (¡ex Sangre Azul!) y el querido Javi Alzola se marcó un saxo en plan Clarence Clemons, el negro de la E Street Band springsteeniana.

Foto concentrado ante su logotipo y sin agarrar su Stratocaster  (foto: Borja Agudo / El Correo).

Foto concentrado ante su logotipo y sin agarrar su Stratocaster (foto: Borja Agudo / El Correo).

Hum… se podría asegurar que no sucedió gran cosa en los ocho primeros temas. A velocidad de crucero discurría la cita: la gente coreó motivada (‘Por la boca vive el pez’, con Carlos Raya, quizá el más estelar en sus poses y punteos, asomándose al borde de los cortos ‘provocadores’, los dos trocitos de escenario que se introducían entre el público), el manto crepuscular del rock americano se cernía sobre todo (‘Me equivocaría otra vez’), a Fito se le notó cansado (‘Como pollo sin cabeza’, un R&R saltarín justito de fuelle; aquí exclamó ‘¡arándonos!’ y se le vio sonreírse en la pantalla), la madurez escuela Fleetwood Mac se reveló en el nuevo single (‘Entre la espada y la pared’) y la banda sonaba como el Marc Knopfler americanizado y adulto (‘Me acordé de ti’, con Fito corriendo por el tablado igual que Miguel Ríos) y se creía aún en la anterior gira de teatros (‘Cerca de las vías’).

Al final del noveno tema, ‘Corazón oxidado’, Fito se situó delante del escenario y ofreció un epílogo con solos rocanroleros de su Stratocaster en plan Chuck Berry. Sí, el primer pellizco cayó a esas alturas de la película, el respetable lo premió pataleando el suelo, y sirvió de prólogo del momento doble más intenso con ‘Garabatos’ y su letra con él besando y ella mordiendo (Carlos Raya de nuevo en los provocadores chupando cámara), y el culmen de la cita, ‘Quiero beber hasta perder el control’ de Los Secretos, interpretado en plan boogie rock and roll vía Shakin’ Stevens con una intensidad que, lástima, no se repetiría el sábado.

Tras tal pináculo llegó la depresión post-orgásmica. Digamos que no se volvió a levantar el ánimo igual que en ese tema. Otra vez Fito y Los Fitipaldis se adentraron en el rock americano a la manera pausada de Knopfler (‘Pájaros disecados’, por el título se lo imaginarán), el tumbao de los Stones resonó a los Alarma de Manolo Tena (‘Nada de nada’) y entonces se celebró el momento más participativo del bolo. Fito puso un vídeo del público de su concierto anterior, la víspera en Zaragoza, saludándonos, y, tratándonos de usted, por cierto, lo que sonó chocante, nos pidió que nosotros jaleáramos a los de la siguiente etapa, en Valencia. Jo, vaya desparrame: la peña empezó a chillar, se animó a dar palmas, como le pareció poco empezó a patalear haciendo retumbar las gradas y rizó el rizo con un extenso ‘oé-oé-oé’. Juzgó Miss Madeira, muy implicada en las cuatro facetas con sus taconazos: «Al menos nos ha quedado más largo que a los de Zaragoza».

Zoom con móvil desde la grada a la pancarta y la pantalla de la derecha (imagen de móvil: Nerea).

Zoom con móvil desde la grada a la pancarta y la pantalla de la derecha (imagen de móvil: Nerea).

Después, tras el springsteeniano ‘Tarde o temprano’, llegó el primer momento emotivo, el epílogo del coreado ‘Soldadito marinero’, con los móviles-luciérnagas y las voces de casi todos («escogiste a la más guapa y a la menos buena») yendo y viniendo. Muy bonito, sí, a pesar de ser un momento ya conocido. Un tipo detrás de mí, en la fila 29 compartió con sus colegas: «Todas son canciones muy light. Cuando dejó los Platero yo le dejé de escuchar». Ya, y ahí estaba pagando casi 30 euros por verle en vio.

Por ese tramo el macroconcierto vivió otros dos momentos álgidos consecutivos: el final oficial con un springsteeniano ‘Antes de que cuente diez’ en que Fito aprovechó para presentar a sus músicos, los Fitipaldis, informando de sus ciudades de origen (Valencia, Gernika, Chicago, Donosti –sic- y Madrid, respectivamente Boli Climent al bajo, Javier Alzola al saxo, Dani Griffin a la batería, Joserra Senperena a las teclad y Carlos Raya a las guitarras), con la estrella permitiendo solear a Raya y Alzola mientras él se quedaba relegado al fondo, y el arranque del primer bis con la balada soulera ‘Después del naufragio’, el segundo gran momento bonito de los 140 minutos de bolo.

El resto ruló irregular. El final del primer bis fue para una springsteeniana versión del ‘Nos ocupamos del mar’ de Javier Krahe con La Mandrágora, y el principio del segundo bis otra versión en recuerdo a su antiguo grupo, Platero y Tú, con Fito a solas sentado al borde de tablado y tocando con una acústica ‘Alucinante’. La acabo y otra tía de la fila 29 manifestó en voz alta: «la carne de gallina pero total». Y tras gritar ‘arándonos’ por segunda vez en el show (¿un guiño a alguno de sus hijos, pues estaba la familia viéndole?), muy bien le quedó ‘La casa por el tejado’, con final stoniano, y más cansado pareció en el adiós definitivo con ‘Acabo de llegar’, antes del cual agradeció Fito Cabrales: «Una vez más muchísimas gracias por estar aquí de nuevo cantando». Hum… gracias a ti, Fito.

ÓSCAR CUBILLO

Saludos finales de Raya, Climent, Griffin, Cabrales, Alzola y Senperena (foto: Sara Díaz de Cerio).

Saludos finales de Raya, Climent, Griffin, Cabrales, Alzola y Senperena (foto: Sara Díaz de Cerio).

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