CINE: ‘Magia a la luz de la luna’: Un musical sin música

BEV MAGIA A LA LUZ DE LA LUNA - cartel

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 5 de diciembre de 2014

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Director: Woody Allen

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Calificación: 2 estrellas sobre 5

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Trailer subtitulado de ‘Magia a la luz de la luna’.

 

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Sobre ‘My Fair Lady´

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En la escena final de ‘My Fair Lady’ (George Cukor, 1964) un enojado Profesor Higgins (Rex Harrison), tras haber fracasado con Eliza (Audrey Hepburn) en su petición disimulada de compromiso y tras discutir con su anciana madre por su rechazo natural al matrimonio, retorna a su casa cantando el tema ‘I´ve grown accustomed to her face (me he acostumbrado a su rostro)’. Una vez dentro, se sienta en una silla, de espaldas a la puerta, y deja que su memoria rememore la voz de Eliza cuando ambos estaban juntos. Este recuerdo se transformará en corporeidad cuando Eliza entra por la puerta. Cukor filmará en plano medio el rostro dulce, joven y alegre de ella. El film terminará con el famoso plano entero de un feliz Rex Harrison tapándose los ojos con el sombrero, al saber que ellos estarán siempre juntos.

La escena final de ‘My Fair Lady’ es fundamental para apreciar el último film de Allen.

La escena final de ‘My Fair Lady’ es fundamental para apreciar el último film de Allen.

Aproximadamente una década separa el periodo narrativo de ‘My Fair Lady’ de ‘Magia a la luz de la luna’. Una década que es suficiente para dar un cambio espectacular en las libertades del hombre. El final de los 20, época en la que se desarrolla en film de Woody Allen, corresponde al momento del nacimiento del jazz, de ‘los felices años 20’, un periodo de expansión y riqueza, de gasto económico y de desenfreno en Estados Unidos. También de avance en las libertades de la mujer. Aunque el film se desarrolle en la Costa Azul francesa, resulta evidente la proximidad con el universo de Scott Fitzgerald.

Por ello, el protagonista de ‘Magia a la luz de la luna’, Stanley (Colin Firth), un equivalente del Profesor Higgins en su testarudez, misantropía e ironía (resulta evidente la selección de Firth por Juliet Taylor, la responsable de casting, como representante típico del ‘English gentlemen’, rol muy por encima de sus dotes de comedia o semejanzas con el ‘personaje-modelo-Allen’), reacciona adversamente contra Sophie (Emma Stone), una americana que llega a la Provenza francesa para vender sus dotes sobrenaturales (su capacidad de adivinar el futuro y contactar con los muertos) a familias inglesas. Al igual que en ‘My Fair Lady’, Stanley reaccionará contra la incultura de Sophie e intentará infructuosamente ‘educarla’, haciéndola ver que él no cree en lo irracional. Pero al igual que el Profesor Higgins, Stanley se verá desarmado ante la libertad de Sophie, su alegría, juventud e inocencia de su rostro.

La flema británica de Stanley (Colin Firth) no podrá con la pureza del rostro de Sophie (Emma Stone).

La flema británica de Stanley (Colin Firth) no podrá con la pureza del rostro de Sophie (Emma Stone).

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Estructura de cine musical

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Resulta evidente que ‘Magia a la luz de la luna’ tiene la estructura del cine musical americano. La composición de muchas de sus escenas en plano entero o plano americano, sin movimiento de cámara, el cuidado puesto en la ambientación (las fiestas con música de jazz en las residencias) o en el vestuario, acentúan el aire de ‘escenificación preparada’. No sólo es el guion, que pocas veces Allen ha mostrado tan rígido y con tan pocos giros de humor en sus frases, sino el conjunto de la puesta en escena lo que da al film ese tono de repetición, de sistema basado en encuentros y desencuentros que avanza cuidadosamente hacia su resolución final. El montaje de ‘Magia a la luz de la luna’ y la música seleccionada también ayudan a esa sensación de estar ante un musical sin canciones ni baile. Tras un baño en las aguas del Mediterráneo Sophie reconoce que Stanley es un buen nadador. Stanley replica que no sólo nada bien sino también baila. El film corta a un baile entre Sophie y Stanley en una fiesta donde preside la música dixeland: ‘Chinatown, my Chinatown” (interpretada por The Firehouse Five Plus Two). Pero transcurrida la escena, Woody Allen hace una secuencia de montaje, con nuevos encuentros de la pareja, manteniendo el mismo tema de jazz, pero esta vez como música no diegética.

Allen utiliza la selección musical, que introduce al comienzo de las escenas o la finalización de las mismas, como un motivo de continuidad, como un adhesivo entre secuencias. Este sistema de ‘continuidad narrativa’ emparenta a ‘Magia a la luz de la luna’ con los musicales americanos de los años 30. En especial, con la serie realizada por la RKO con Rogers y Astaire. En todas estas películas dirigidas por Mark Sandrich y George Stevens predomina la ligereza del argumento, la repetitividad: busca el juego de encuentros y separaciones, el choque entre comportamientos y potencia la química entre los protagonistas. La escena, tras la tormenta, de Sophie y Stanley en el Observatorio tiene el carácter artificioso del cine musical de los años 30 y recuerda al encuentro de Astaire y Rogers en el kiosco del parque en ‘Sombrero de copa’ (Mark Sandrich, 1935).

Quizá por falta de valentía Allen no se atreve a musicalizar los encuentros de Sophie y Stanley.

Quizá por falta de valentía Allen no se atreve a musicalizar los encuentros de Sophie y Stanley.

Allen es un experto de la música popular norteamericana, con especial atención a las décadas de los 20 y 30. Un periodo donde «… la influencia de nuevos estilos musicales como el jazz y de formas de teatro musical popular, especialmente judío, forma parte del entretenimiento de una ciudad-crisol como Nueva York » (texto de Alberto Mira). Allen armoniza el ritmo del film con los acordes melodiosos de Cole Porter (‘You do something to me’), Jerome Kern (‘Who’) o estándares como ‘I´m always chasing rainbows’, pero toma el ritmo vivaz del compás jazzístico de la trompeta de Bix Beiderbecke (‘Thou swell’, ‘At the jazz band ball’) para evitar su decaimiento. Allen no se atreve a poner música y baile en un film que lo pide a gritos.

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Racionalidad contra emotividad

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Es habitual en el cine de Allen establecer una tesis al comienzo del relato (generalmente una conversación en un bar) y después proceder a su desarrollo y demostración. En ‘Magia a la luz de la luna’ será la conversación que Stanley mantendrá con su amigo Howard (Simon McBurney) en un cabaret berlinés. Allí se expondrán dos ideas antagónicas de visualizar el mundo: la racional y la emotiva.

Estamos ante el eterno tema tratado por Thomas Mann (‘La montaña mágica’), pero también uno el habitual argumento del Allen/Fellini. La extrema visión racional de la vida de Stanley dará de bruces contra la belleza sin contemplaciones de Sophie. Todo lo intelectual apreciado por Stanley dejará de tener consistencia cuando observa a la joven americana. Tal como comenté en el artículo dedicado a ‘Blue Jasmine’ (en esta reseña), la temática del cine de Allen no es otra que la necesidad del hombre de abandonar la realidad en la que vive.

Woody Allen confía tanto en sí mismo que en esta ocasión deja de lado los giros de humor (a diferencia de ‘Scoop’, 2006) y apenas argumenta la historia, para deleitarse en la representación de una época (los años 20, periodo que ya recreó recientemente en la más acertada ‘Midnight In Paris’, 2011). Pero el tono de ligereza no obvia esa visión agriada de la existencia, el debate interior que inquieta al hombre moderno: la existencia de Dios, la creencia en todo aquello que no certifican los ojos.

Como en ‘My Fair Lady’, todo se resuelve con el rostro: el rostro de la mujer joven, cándida y comprensiva, tan habitual del cine de Allen: véanse a Mariel Hemingway en ‘Manhattan’ (1979); a Mia Farrow en ‘La rosa púrpura del Cairo’ (1985); a Léa Seydoux en ‘Midnight In Paris’ (2011); y ahora a Emma Stone en ‘Magia a la luz de la luna’.

GERARDO CREMER

Mariel Hemingway.

Mariel Hemingway.

Mia Farrow.

Mia Farrow.

Léa Seydoux.

Léa Seydoux.

Emma Stone.

Emma Stone.

Comments
2 Responses to “CINE: ‘Magia a la luz de la luna’: Un musical sin música”
  1. Óscar Cubillo dice:

    Me gustó bastante la primera parte del filme, porque, ejem, me tragué el embeleco telepático. Viendo la película de Allen me sentía paseando por esas carreteras soleadas al borde del mar, entrando en las casonas y disfrutando de los jardines. Me enamoré de la protagonista Stone y me gustó Colin Firth, al que generalmente no soporto. Pero me aburrí al final, en el luengo epílogo, cuando se desata el amor. Esta es una obra menor de Woody, pero mucho mejor que la de Barcelona, se me ocurre.

  2. oscar cine dice:

    Es obviamente,una obra menor;pero de un artista mayor.me parece grata,sin mas.y de hecho peor que vicky cristina barcelona,pero eso ya son gustos.enma stone me parece cada vez mas insufrible en su eterno papel de guapa sabelotodo-lo vuelve a interpretar en la estupenda birdman-y ademas he oido que en el set es la tipica diva cabrona.

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