CINE: ‘El hobbit 3 – La batalla de los cinco ejércitos’: Tolkien y Shakespeare

BEV EL HOBBIT TRES 0 CARTEL bis

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 17 de diciembre de 2014

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Director: Peter Jackson

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Calificación: 3 estrellas sobre 5

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Trailer de ‘El hobbit 3’

 

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Desaire y admiración hacia Shakespeare

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J.R.R. Tolkien fue profesor de Literatura en la Universidad de Oxford. Siempre demostró un cierto desdén hacia Shakespeare, en especial por el trato que el dramaturgo daba a los temas mitológicos. La representación de los elfos, los duendes o las hadas que hacía Shakespeare en ‘Sueño de una noche de verano’ o en la ‘La tempestad’ correspondía a una visión acorde con las creencias de la época (eran los años de la Inquisición, la caza de brujas y la Contrarreforma): una representación poco documentada que servía como complemento fantástico y paródico a las representaciones populistas isabelinas. Tolkien, al contrario, sí era un erudito de la mitología. Indagó en las leyendas nórdicas, celtas y germánicas y en las lenguas muertas para terminar componiendo y desarrollando un mundo fantástico propio.

Pero, a pesar de esa falta de consideración hacia las comedias de Shakespeare, J.R.R. Tolkien sí parecía admirar las dramatizaciones históricas de Shakespeare relativas a la monarquía inglesa, en especial, las obras sobre Ricardo III y Enrique V. La ambición, la codicia, el miedo a la pérdida del poder, el valor, el arrojo y la guerra (Enrique V), pero también el despotismo, el carácter atormentado (Ricardo III), la dualidad mental (Otelo), la proximidad al mundo de las tinieblas (Macbeth), la obcecación por la traición de familiares y amigos o la locura (Hamlet) son temas que aparecerán y formarán parte de los rasgos de los personajes principales de ‘El hobbit’ y ‘El señor de los anillos’. El mundo de la magia y la brujería forman parte tanto de la literatura de Shakespeare como de la de J.R.R. Tolkien: no hay más que identificar al personaje del mago Próspero de ‘La tempestad’ con el dual-pack de los magos Gandalf y Sarumán.

Thorin (Richard Armitage) se comporta como un rey shakesperiano que ha perdido la razón.

Thorin (Richard Armitage) se comporta como un rey shakesperiano que ha perdido la razón.

Peter Jackson, gran conocedor de la obra de J.R.R. Tolkien, comparte esa idea sobre las conexiones entre la literatura de Shakespeare y la de Tolkien. Pero no es solo eso. La literatura fantástica, incluidos los cómics de superhéroes, manejan valores universales que permiten generalizar los comportamientos e ideas que descansan sobre sus héroes. Cuando un relato tiene como fin evidenciar los valores universales, el teatro es la mejor de las formas para su representación: desnuda el escenario y deja sólo a los personajes con sus monólogos, conversaciones o proclamas. Los temas se desarrollan gracias a la palabra, la puesta en escena (la iluminación, el movimiento de los actores en el escenario) y el trabajo de la interpretación. Un ejemplo de esta simbiosis entre cine fantástico y teatro shakesperiano puede encontrarse en la endeble película ‘Thor’ (2011), una historia de superhéroes que los Estudios Marvel encargaron al director de cine más cercano al teatro de William Shakespeare de la actualidad, Kenneth Branagh. ‘Thor’ puede ser una historia insustancial y un fracaso como film de superhéroes, pero funciona en las escenas que se desarrollan en el planeta Asgard, concebidas en su representación teatral de naturaleza shakesperiana para abordar los temas del poder, la ambición y la locura.

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Cerrando la trilogía

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‘El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos’ es la más teatral de las tres entregas. La concepción del film es estática y rompe con la movilidad de los personajes de los dos primeros capítulos. Los personajes ya no se desplazan: todos parecen haber encontrado su justo lugar. Su desarrollo ya no cuenta tanto con la acción (el movimiento) sino más bien con la reflexión. Dan Hennah (diseño de producción) concibe el film en base a la consolidación de las escenificaciones: La Ciudad del Valle, tras la destrucción de la Ciudad del Lago por Smaug, servirá para asentar a Bardo como líder (destaca el discurso/declamación que da a los supervivientes tras el ataque del dragón al pie de las aguas del lago), la Ciudad del Valle tendrá la entidad suficiente para ser espacio de convivencia, de paz, a la vez que fortaleza contra el enemigo. Los interiores de Erebor, la Montaña Solitaria, cuya oscuridad, espacios vacíos y fríos y las grandes estatuas decorativas invitan a la codicia, la desconfianza y la demencia; la fortaleza de Dol Guldur, donde Saurón mantiene prisionero a Gandalf, emplazamiento feérico, tenebroso, propio de las representaciones medievales de corte mágico (a destacar la formidable escena de naturaleza teatral, donde los fantasmas atacan con espadas a Galadriel -Cate Blanchett- y Sarumán -el nonagenario Christopher Lee- en una lucha coreografiada y casi musicalizada por los movimientos de cámara) y la nevada Colina del Cuervo, zona de dominio del orco Azog, donde se controlan todos los movimientos y avances de la batalla: un emplazamiento que representa el poder y el mal y que será el lugar en donde se desarrolla la lucha final.

La Ciudad del Valle, la ciudad fortificada donde Bardo (Luke Evans) demostrará su liderazgo.

La Ciudad del Valle, la ciudad fortificada donde Bardo (Luke Evans) demostrará su liderazgo.

En ‘El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos’ los personajes se asientan en sus territorios y usan la palabra y el monólogo para que la narración avance. Su prólogo con el ataque del dragón a la Ciudad del Lago sirve para cerrar la secuencia no concluida de la entrega anterior, ‘El hobbit: la desolación de Smaug’ (así se reseñó en este blog), y finaliza con la larga batalla, de cuarenta y cinco minutos, que da título a la película. Pero en medio, se procede a resolver los conflictos iniciados en la segunda de las entregas:

1) La sed de poder y dinero que enajena a Thorin una vez que ha conseguido sus objetivos. Una visión sobre la soledad del poder y la facilidad con la que se puede caer en la tiranía. Thorin se ciega ante la sed de poder del rey de los elfos, Thranduil (Lee Pace), y convierte la discordia personal en una guerra entre reinos.

2) El triangulo sentimental formado por Tauriel (Evangeline Lilly), Kili (Aidan Turner) y Legolas (Orlando Bloom). Una historia de amor de naturaleza interracial que da el aliento romántico a la película.

3) El liderazgo de Bardo, tras la caída del gobernador Esgaroth (Stephen Fry), que le lleva a asumir continúas responsabilidades hacia su pueblo. Como tono cómico, en bastantes de las escenas suele aparecer un ser ruin, avaro y cobarde, Alfrid (Ryan Gage), que asienta el marco de la obra en su representación de drama de teatro.

4) El esfuerzo del mago Gandalf (Ian McKellen) por impedir el resurgimiento del mal, el poder de Saurón y su ejército de orcos liderado por Azog.

En el film, el personaje de Bilbo Bolsón (Martin Freeman) sigue manteniendo ese carácter de observador. En esta última parte se confirma su naturaleza de mediador, su valor acompañado de racionalidad, su temperamento valiente aunque controlado, pero, sobre todo, ese autodominio para no caer en la fascinación del poder, del dinero ni en la gravitación hacia las fuerzas del mal que proporciona el anillo.

Bilbo Bolsón (Martin Freeman) llega a la Colina del Cuervo para alertar a Thorin de nuevos peligros.

Bilbo Bolsón (Martin Freeman) llega a la Colina del Cuervo para alertar a Thorin de nuevos peligros.

‘El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos’ sólo puede entenderse como finalización de un único film (los que componen la trilogía). El resultado global es el de una película alargada en exceso que mantiene ese espíritu aventurero, dramático e inventivo, que no renuncia a las leyes de los blockbusters, pero que sigue respetando el imaginario de J.R.R. Tolkien y el carácter juvenil de Jackson.

GERARDO CREMER

Comments
2 Responses to “CINE: ‘El hobbit 3 – La batalla de los cinco ejércitos’: Tolkien y Shakespeare”
  1. oscar cine dice:

    Esta en concreto ya no la defienden ni los mas acerrimos.yo desisti de la saga en la segunda parte.nunca se me olvidara.las dos torres.cine capitol.pantalla enorme.minuto veinte.”si me aburri como un cabron con la primera…que coño hago aqui?diooos,y aun quedan dos horas cuarenta de batallas”.no me fui por respeto a mi acompañante,gran fan y mejor persona.
    me quedo con bad taste y forgotten silver.me aburre este jackson.

  2. Aun considerando que esta saga no es mi rollo (intenté dos veces leer el ‘Señor de los anillo’ y me duró menos el libro entre las manos que a Messi, el futbolista), he de decir que la película que cierra (¿) la trilogía de ‘El hobbit’ me parece un auténtico tostón. Tanto, que me dormí dos o tres veces en su inicio. Es tan larga que dudo que los niños puedan seguirla, y hay escenas demasiado crueles, aunque ayer en la película del oso peruano ‘Paddington’ en Londres se muere un oso y los niños del cine gritaban: ¡No me gusta! A lo que iba: tanto ordenador en ‘El hobbitt 3’ no creo que sea cine, y los actores en su mayoría me parecen entre malos y tontos. Como mucho calificaría con una estrella a esta película. Y si me pongo en tu piel, le pondría dos. Como mucho.

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