The Quireboys: Embaucados otra vez

Spike, el líder y motor de los Quireboys, el objetivo de los foteros (foto: Mr. Duck).

Spike, el líder y motor de los Quireboys, el objetivo de los foteros, posando para Koldo Orue (foto: Mr. Duck).

Jueves 15 de enero 2015, Bilbao, Kafe Antzokia, 21.30 h, 17-20 €.

Nos han vuelto a embaucar. A mitad del concierto yo estaba pensando en que me saltaría la siguiente gira de los Quireboys (Londres, 1984, esta es su web), en 2016 quizá, pero a la postre remontaron e incluso hasta Spike pareció sincero en sus poses. Es que el inicio del concierto del jueves de los británicos en el Kafe Antzokia fue de echarse a temblar: Spike cantó sofocado y al de media hora ya no le quedaba nada de fuelle, se le notó cansado en algunos movimientos, las dos guitarras no se oían, la banda tocaba plana y difusa hasta pensar en que lo hacían a propósito para echar la culpa al mal sonido, y el repertorio de puro conservador se asemejaba al que sonaría en un pub nostálgico británico. Eso no era rock and roll, sino un oficio como otro cualquiera en el que el público, la clientela, compraba la mercancía y se montaba la fiesta a su bola, coreando los estribillos de su juventud.

El público, la clientela, se montó la fiesta de principio a fin, sin importarle que la mercancía se sirviera defectuosa hasta el ecuador (foto: Mr. Duck).

El público, la clientela, se montó la fiesta de principio a fin,
sin importarle que la mercancía se sirviera defectuosa hasta el ecuador (foto: Mr. Duck).

Había menos peña de la esperada por la promotora: menos de 300 espectadores, con muchas féminas, y si no hubo 50 abonados más seguro que se debió a haberse promocionado el evento con fotos en cuarteto cuando en realidad Quireboys actúan en sexteto, y por programar el concierto tan tarde que la afición no puede volver a casa en metro. Yo me quise pirar durante la última canción a por el último metro, pero tenía la chupa enterrada debajo de decenas de prendas encima de la máquina de tabaco, y hala, ahí me quedé mientras los ingleses alargaban a lo tonto el ‘Sex Party’ presentando al grupo y tal.

Aparte, si hubiera empezado el concierto a su hora, no con un cuarto de hora de retraso, habría podido el pillar metro y volver de tranqui leyendo, pero arribé una hora más tarde al calor de mi hogar. ¿Y cuántas personas que podrían haber pagado entrada hicieron el mismo cálculo? Este cálculo: me sé de memoria la película de los Quireboys, les he visto mil veces (Pato contabiliza seis, yo alguna más seguramente), la cosa empieza demasiado tarde para ser entresemana, Spike cada vez tiene menos voz, igual sale borracho, y si no voy me ahorro veinte machacantes para el finde.

En la primera mitad The Quireboys oficiaron como una banda nostálgica en un pub (foto: Mr. Duck).

En la primera mitad The Quireboys oficiaron como una banda nostálgica en un pub (foto: Mr. Duck).

'Black Eyed Sons’ (2014).

‘Black Eyed Sons’ (2014).

Pues eso, retomemos el asunto. Los Quireboys venían estirando los 30 años de su fundación y divulgando su álbum ‘Black Eyed Sons’. Tocaron 18 canciones en 91 minutos. Arrancaron de puta pena. Tanto que Spike apareció en escena asiendo un vaso con cada mano y, chof, se le cayó al suelo el de la izquierda. ¿Estaría borracho? Parece que no. Pero sí cansado de la gira, en el tercer bolo de sus cinco noches consecutivas en España. En semejante ecuador de ronquera y cansancio de viajes y hostias, The Quireboys, con sus pintas de gitanos del rock (fulares, gorras, sombreros, camisa de lunares del guitarrista doble de Carlos Raya, el inevitable pañuelo capilar del cantante y líder…), adoptaron la pose de roqueros malotes y Spike se colocó del tablado delante haciendo de payaso listo: jugando con el pie de micro como cuando Loquillo se nutría con güisqui y cocaína, bailando como Mick Jagger para los lados, pidiendo coros constantemente y hasta apuntando a la parroquia con un dedo que ni Colón.

Spike manejaba al respetable y veía que este respondía positivamente y de modo acrítico a sus nueve primeras canciones, que abarcaron la parte chunga del chou. La primera, ‘Troublemaker’, stoniana, quedó diluida en el pésimo, infame sonido (vi al hacha de la izquierda pidiendo que subieran la voz por monitores, a Spike asomándose por el proscenio para comprobar si se oía fuera más que para arrimarse a sus fieles), y la segunda, stoniana también, ‘Too Much Of A Good Thing’, cursó inapreciable debido al poco volumen (y ahí estaban todos los foteros disparando, por la izquierda apelotonados con sus objetivos se veía a Tom Hagen -quería decir Stuart McDonald-, Unai Endemaño, Koldo Orue, Eneko García Ureta, Dena Flows, Lorenzo Pascual Pindado…).

El tercer tema, el tumbao algo Bob Seger ‘Misled’, no estuvo mal, pero los siguientes flojearon mientras Spike pedía que eleváramos los vasos para brindar («quiero veros beber», soltó antes de un ‘There She Goes Again’ donde la peña se montó su propia fiesta) y que gritáramos como cowboys eso de ‘yii-já’ antes de ‘Roses & Rings’ (al acabarlo lanzó una flor roja que observó una chica era de plástico). El novedoso ‘What Do You Want From Me?’ (este es el clip con letra), un rock soul, no les quedó mal, y tras brindar de nuevo supo a estadio de barrio su ‘This Is Rock ‘N’ Roll’, un tema acerca de las peleas de mods y rockers en Brighton según presentó. Lo mejor de la floja primera mitad fue ‘Mona Lisa Smiled’, con su estribillo coreado y su cadencia Rod Stewart. Por entonces había pasado media hora, no le quedaba voz a Spike y la banda tocó fondo en el espeso y mediocre ‘Whippin’ Boy’.

A partir de la décima canción el sonido se aclaró, la banda se reposicionó, y la cita voló (foto: Mr. Duck).

A partir de la décima canción el sonido se aclaró, la banda se reposicionó, y la cita voló (foto: Mr. Duck).

Ahí me dije: en su próxima gira me salto a los Quireboys. Pero empezó a sonar bien la cita. La décima, la balada ‘I Don’t Love You Anymore’, resultó aunque estuvo más cantada por la peña que por Spike, y el R&R en plan Black Crowes ‘Tramps And Thieves’ sonó cañón y creíble, con el personal coreando y dando palmas al son del contento Spike.

Del décimo al decimoctavo y último tema, los Quireboys parecieron otro grupo (foto: Mr. Duck).

Del décimo al decimoctavo y último tema, los Quireboys parecieron otro grupo (foto: Mr. Duck).

El gran riff de ‘Hey You’ los retrotrajo a su época dorada y ya el concierto había cambiado por completo de faz, desde el sonido hasta la propia actitud del sexteto, aunque el público no había variado sus ganas de juerga y de recrear su nostalgia. El novedoso medio tiempo soulero ‘Stubborn Kinda Heart’ llegó sentido y Spike afirmó que salía de su corazón. Más épica a lo Bob Seger llovió en ‘Beautiful Curse’, antes de cerrar por todo lo alto con dos piazes muy honky tonk: con deje Faces ‘Sweet Mary Ann’ y emulando a los Black Crowes ‘7 O’Clock’. Aún quedaba el bis, abierto con el soberano boogie sureño ‘I Love This Dirty Town’ (lo mejor de la cita con el ‘Tramps & Thieves’), y el cierre con el ‘Sex Party’, antes del cual Spike informó que estaban en el hotel de al lado del Antzoki y que el teclista tenía la habitación… creo que la 406. Hum… a la próxima gira también me apunto.

OSCAR CUBILLO

Síntoma de la predisposición del respetable es que muchos espectadores inmortalizaron la velada con sus móviles (foto: Mr. Duck).

Síntoma de la predisposición del respetable es que muchos espectadores inmortalizaron la velada con sus móviles (foto: Mr. Duck).

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Comments
2 Responses to “The Quireboys: Embaucados otra vez”
  1. Quire dice:

    A cada uno lo suyo. Esta crónica está escrita como se tienen que escribir las crónicas, con libertad y sabiendo que el grupo fue a cumplir y por eso sabía lo que iba a pasar a partir de la canción número 12.

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  1. […] conciertos esporádicos, como el de los británicos The Quireboys en el Antzoki del 16 de enero (así los contamos) o el de los Jayhawks sobre el mismo escenario, donde estos yanquis han ofrecido la mejor y más […]



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