Kálmán Balogh & The Gypsy Cimbalom Band: Zíngaros húngaros

El sexteto gitano en la primera canción, presentada como ‘Come On Baby And Let’s Go To The Pub’ por el líder, el cordofonista del címbalo Kálmán Balogh (imagen de móvil: O. C. E.).

El sexteto gitano en la primera canción, presentada como ‘Come On Baby And Let’s Go To The Pub’
por el líder, el cordofonista del címbalo Kálmán Balogh (imagen de móvil: O. C. E.).

Viernes 30 de enero 2015, Barakaldo, Teatro Barakaldo, 20.30 h, entradas de 13 a 18 €.

El segundo ciclo anual Barakaldo Folk lo inauguró el viernes en el teatro municipal el sexteto gitano húngaro Kálmán Balogh & The Gypsy Cimbalom Band, liderado por un intérprete de címbalo o dulcimer, instrumento que se supone introdujeron los gitanos en Europa en el siglo XVIII. El cordofonista Kálmán Balogh (Miskolc , Hungría, 1959; esta es su entrada en la Wiki inglesa y ésta su página web) avisó de que sólo hablaba inglés y húngaro, aunque sabía decir ‘eskerrik asko’ (muchas gracias en euskera), prometió un concierto de ‘world music’ actual húngara, y su intervención de 85 minutos para unas 13 piezas (bastantes en dos partes) se podría dividir en dos tramos. El primero, frío y disperso, con los húngaros oficiando como pedigüeños en terrazas de Hamburgo a la hora de la cena o como chamarileros que arriban a Macondo y muestran su mercancía, su catálogo, con poca fe en la venta ante un público escaso. Así, cuasi desganados y a modo de mestizaje o batiburrillo, exhibieron jazz marcado por el colchón del bajo eléctrico modernista, gitanismos exóticos de dibujos animados (el primer tema, ‘Come On Baby And Let’s Go To The Pub’, así lo presentó Kálmán), bailes lentos macedónicos, baladas de aire italiano (con gran ovación al solo del violinista) o ráfagas morunas que atrajeron a Miss Madeira.

Se notaba que eran buenos músicos (todos, los seis: saxo y trompeta, violín, bajo, guitarra y címbalo), y los números estaban muy bien arreglados, pero la velada no voló hasta el segundo tramo, cuando convirtieron el Teatro Barakaldo en un Gran Hotel Budapest. El líder cordofonista se puso a percutir virtuosa y alocadamente y sus músicos le persiguieron con afán balcánico pariente de la Fanfarria Ciocarlia también gitana. Por esta parte, la buena, Kálmán Balogh nos contó la trola de que el boogie woogie no era americano sino rumano (y fusilaron a Louis Prima y Louis Jordan en un tema cuyo título apunté así de inexactamente: ‘Holatele Bing Bang’), tributó a un actor de cine y a un compositor húngaros de nombres ininteligibles, y los ordenados y acelerados revoltijos zíngaros se arrimaron por el epílogo a la clásica (‘Lisa’), en las postrimerías sobre todo a la clásica rusa más extática (‘La danza del sable’, de Aram Khachaturian), con lo cual se salvó la cita.

OSCAR CUBILLO

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