CINE: ‘Jersey Boys’: Cómo transformar un musical de Broadway en un film de Eastwood

BEV JERSEY BOYS CARTEL

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 5 de septiembre de 2014

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Director: Clint Eastwood

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Calificación: 2 estrellas sobre 5

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Trailer de ‘Jersey Boys’.

 

La publicación en DVD y BluRay de ‘Jersey Boys’ nos permite analizar

las claves del cine de Eastwood antes del estreno, el 20 de febrero de 2015,

de una película mayor: la conflictiva ‘El francotirador’

 

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Una decisión de reparto

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John Lloyd Young ganó el premio Tony al mejor actor principal por un musical gracias a su papel de Frankie Valli en ‘Jersey Boys’ en 2006. Su voz atiplada, en falsete, de timbre brillante destaca con el mítico tema de Valli ‘Can’t Take My Eyes Off You’, que así suena en la película. John Lloyd Young es un actor de teatro y de series de TV sin experiencia en el cine. Curiosamente, el reparto de ‘Jersey Boys’, la película, no encaja con el habitual sistema de casting del cine de Clint Eastwood (San Francisco, 1930), dado a actores más consagrados, con mucha experiencia, que le permiten mantener su famosa ‘economía de producción’ con el uso restringido de tomas. Además de John Lloyd Young, el resto de los componentes de The Four Seasons (la banda de Frankie Valli) los interpretan Michael Lomenda en el papel de Nick Massi, Erich Bergen en el de Bob Gaudio (ambos actúan también en el ‘Jersey Boys’ teatral) y Vincent Piazza en el de Tommy DeVito (éste último seleccionado por su bagaje en la serie ‘Boardwalk Empire’).

John Lloyd Young repite su papel de Frankie Valli en el film de Eastwood tras su éxito (Tony incluido) en el teatro.

John Lloyd Young repite su papel de Frankie Valli en el film de Eastwood tras su éxito (Tony incluido) en el teatro.

«… en lugar de usar grandes nombres pensé que era más inteligente poner a los actores que habían estado haciendo esta obra durante mucho tiempo. En el teatro nadie conoce a los actores que trabajan en los musicales de Broadway, pero van a verlos porque tienen buenas críticas y han escuchado de otras personas que la vieron que la experiencia de verla ha sido buena. Supuse que esa misma estrategia podía funcionar en la película» (declaraciones de Clint Eastwood a Gabriel Lerman en la revista Dirigido Por).

 

Pero es finalmente la selección de actores lo que resta potencia a la película. Salvo Vincent Piazza, la experiencia teatral de los intérpretes parece no funcionar en la gran pantalla. Eastwood impone realismo a una narración estructurada en su base teatral: Nick, Bob y Tommy se dirigen a la cámara para hablar con el público directamente; sus comentarios introducen bloques de secuencias que llevan consigo números musicales y al mismo tiempo, de una manera caleidoscópica, se narra la historia de la mítica banda de Frankie Valli y los Four Seasons. Esta estructura fílmica, semejante a la obra de Broadway, puede resultar cómoda para los actores provenientes del teatro pero limita, por su distanciamiento interpretativo, la cercanía y realismo que busca Eastwood en el film. Tampoco parecen encontrarse a gusto otros secundarios, como Christopher Walken, que no saben si la película es un film sobre la comunidad de un barrio italoamericano (con presencia de gánsteres) o una comedia musical sin muchas pretensiones.

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Llevándolo a su terreno

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Clint Eastwood se encuentra con tres grandes problemas en la adaptación del musical de Broadway. El primero es el hecho de que el original es un producto de ficción: no es sólo que exista como obra de teatro, sino también que la propia arquitectura de la narración y el casting teatral le distancian de su pulsión con lo real, en su descripción del individuo en relación con la comunidad. El segundo es que la comunidad descrita, la italoamericana, es un sector social no explorado por Eastwood anteriormente y que arrastra lastre al ser comparado con otros maestros de este campo (Scorsese, Coppola). El tercero es la ausencia de violencia en el guion, factor que limita el campo creativo de Eastwood como director. Quizá por ello Christopher Walken termine sintiéndose incómodo en esta película: un actor que funciona perfectamente en espacios de violencia y comunidades gansteriles.

Christopher Wlaken interpreta a Gyp DeCarlo, un gánster paternal, sin demasiado convicción.

Christopher Wlaken interpreta a Gyp DeCarlo, un gánster paternal, sin demasiado convicción.

A pesar de estas dificultades, Eastwood se atreve a transformar el musical en otra cosa: en un no-musical, en un biopic sobre un cantante al que los estragos del tiempo le han negado su posibilidad reparadora. Una historia de un cantante que decide crear su propia comunidad, su grupo al que él debe y ellos deben. Pero también una historia sobre los otros individuos, los otros componentes de esa comunidad, individuos con sus sueños, deseos que el tiempo transforma en hechos incumplidos, en situaciones amargas, en desilusiones sin segunda oportunidad. Es esta transformación del musical de Broadway en un film de Eastwood, en un film que comparte las temáticas del director californiano, lo que da valor a la película.

Y es que el cine de Eastwood es un cine de autor, de temática común desarrollada a lo largo de su carrera. Enigmático en su desciframiento, parco en palabras en sus entrevistas (cuando se trata de establecer una filosofía de su cine), confuso en su ideología. Un cineasta cuyo carácter se asemeja, en estos puntos, al de John Ford, quien también negaba su naturaleza de autor y dificultaba la comprensión de su análisis de la realidad. Pero de manera general podemos resumir la temática y estilo de Clint Eastwood en los siguientes apartados:

– El hombre busca crear y unirse a una comunidad. Una comunidad variada, compuesta de individuos con sus propios problemas y sueños. Las comunidades (amigos, familias, tutores) son grupos humanos que las personas crean como refugio, como amparo ante situaciones de catástrofe previas, una vez conocidas la debacle y las cenizas, comunidades que nacen como medio para alcanzar los sueños y reparar situaciones pasadas. Aunque también comunidades que son mecanismos de defensa contra la violencia exterior, interior o generada propiamente dentro del grupo.

– El sueño nace en la infancia y adolescencia. La gente busca escapar, adentrarse en espacios nuevos para que no les invada el aburrimiento, proyectándolos a un mundo de deseos y ambiciones.

– En las comunidades del cine de Clint Eastwood se busca reconocer las diferencias (el individualismo) más que las semejanzas. Eastwood es un director preocupado por todos y cada uno de sus personajes. Por ello su cine opta por el realismo.

– La música estándar o el jazz, al igual que la naturaleza, son elementos comunes que permiten a la comunidad convivir en unidad, en comunión con una visión más trascendental de la existencia.

– El pesimismo acaba dominando todo, constatando los deseos no cumplidos. Siempre existe un momento violento, una cisura que crea el distanciamiento: la asunción de una verdad no desvelada (el rostro triste de un hijo, la contemplación de uno mismo frente al espejo, el descubrimiento de un engaño o el simple golpe de la violencia inapelable).

– La fatalidad es la que rompe los sueños y desmembra a las comunidades. Nace de una violencia cíclica, inevitable, inherente a los Estados Unidos. Una violencia que domina en el final de la vida, que constata el desastre. Por ello sólo queda el fantasma que regresa al punto de partida con el fin de aplicar la violencia y retornar al deseo del pasado. El fantasma exige una reparación en nombre de esa comunidad defraudada y agredida por la violencia.

– El fantasma (el Eastwood retornado de ‘Sin perdón’, 1991, y ‘El jinete pálido’, 1985) es un personaje permeable a la violencia, que no duda en ejercer también la violencia, siempre con un fin reparador. Eso sí, ya solitario, huraño, de pocas palabras. Personaje-mito de carácter indescifrable como reflejo de uno mismo: al final todos somos maleables al mal y nuestra línea de buena conducta queda difusa.

– Hay una necesidad del tiempo cíclico, de que las cosas vuelvan a empezar, que reniega del progreso y la evolución. Un deseo de eliminar el tiempo cuando este lo ha estropeado todo definitivamente. No hay vuelta atrás ni segundas oportunidades. Sólo un tiempo deseado, una negación de la realidad, una negación del propio tiempo. Queda el enfrentamiento proustiano del tiempo deseado y el tiempo real y la esperanza del tiempo recobrado y ya reparado.

El fantasma que retorna a la comunidad con finalidad reparadora, ejerciendo la violencia contra la violencia y sabiendo que el tiempo no modifica su rumbo.

El fantasma que retorna a la comunidad con finalidad reparadora,
ejerciendo la violencia contra la violencia y sabiendo que el tiempo no modifica su rumbo.

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Retornar al pasado.

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Para Frankie Valli nada es sencillo. Su sueño de ser cantante pasa por formar parte de una nueva comunidad, de un grupo de amigos y músicos (Nick y Tommy) que le alejan definitivamente de su familia. También por ser apadrinado por el mafioso del barrio, Gyp DeCarlo (Christopher Walken). Su integración le aleja de otras ‘comunidades’ paralelas: su familia, su mujer y sus hijas. La comunidad le abre las puertas pero también le enfrenta a los errores, a las individualidades de sus miembros. El film incide en los acercamientos de Tommy a grupos mafiosos que le permiten costear las finanzas del grupo pero que, al mismo tiempo, le conducen a la quiebra económica. Frankie Valli debe optar por mantener los compromisos como responsable máximo de esa ‘comunidad’ o descomponer el grupo dejando a Tommy sólo frente a sus acreedores. Y la decisión que toma, la de apoyar a la banda hasta el final, le conduce a este presente desolado, arrasado por la violencia interior (las amargas discusiones con su esposa, la muerte de su hija, la disgregación del grupo), donde sólo quedan las cenizas de aquello que pudo haber sido y nunca será (la mejor escena de ‘Jersey Boys’ es la secuencia del funeral de la hija de Frankie). El tiempo irreparable, sin segundas oportunidades, reunirá a la banda tiempo después: los rostros envejecidos, de pelos canosos se transforman nuevamente, como fantasmas surgidos del sueño malogrado, en las figuras acompasadas, de los jóvenes artistas que triunfaron en su juventud.

GERARDO CREMER

Los fantasmas surgidos del sueño malogrado, las figuras acompasadas de los jóvenes artistas que triunfaron en su juventud.

Los fantasmas surgidos del sueño malogrado, las figuras acompasadas de los jóvenes artistas que triunfaron en su juventud.

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