Ben Watt: Frío, triste y oscuro (+ entrevista)

La oscuridad del auditorio, cruzada por el titilar de los móviles y los haces de las linternas de las azafatas (imagen de móvil: OCE).

La oscuridad del auditorio, cruzada por el titilar de los móviles y los haces de las linternas de las azafatas (imagen de móvil: OCE).

Viernes 13 de febrero 2015, Bilbao, La Alhóndiga, 21 h, 15-18 €.

‘Hendra’ (Caroline, 14).

‘Hendra’ (Caroline, 14).

(Ben Watt colideró a Everything But The Girl (Hull, 1982-2000) en comandita con su todavía esposa Tracey Thorn. Ahora él ejerce de cantautor indie. Al preguntarle las diferencias entre ambos proyectos, replicaba este lunes desde su casa de Londres: «Eso no debo decirlo yo. Eso lo tienes que contar tú». Grrr… Vale: EBTG eran más tecnos, sintéticos, ochenteros, bailables y coyunturalmente lúdicos, y Watt es más orgánico, metafísico, melancólico, filoamericano y atemporal.

En los últimos años, Benjamin Brian Thomas Watt (Marylebone, Londres, 1962) ha trabajado como DJ, o sea que sabe manejar a una audiencia en la pista de baile. Sabe excitarla y luego aplacarla desde la mesa. Explica: «Has de elegir el momento adecuado, cuando la sala ha alcanzado su punto máximo durante bastante tiempo. A todo el mundo le gusta tomar un descanso. Es como un baño caliente después de una larga carrera. Simplemente dejas la pista de baile en remojo durante un rato».

Nos visita con su segundo álbum en solitario, ‘Hendra’ (Caroline, 14), que nada tiene que ver con su lejano debut, ‘North Marine Drive (Cherry Red, 83). Al trasladarle que este cancionero de aire songwriter remite al estilo frío y triste de la americana, responde por triplicado: «¿Frío? No. Procuro implicar al público en historias con las que se puede identificar. ¿Triste? Sí, a veces, pero las canciones también a menudo tratan sobre la esperanza y la resistencia. ¿Americana? Yo canto con voz inglesa y creo que la música se encuentra entre el folk, el jazz y el rock».

Sobre las letras de su álbum, comenta: «Es mi primer disco en solitario en 31 años. Son canciones sobre la aceptación del envejecimiento, de afrontar las cosas malas en la vida, de encontrar alguna manera de lidiar con ellos, de buscar las cosas buenas de la vida por pequeñas que sean, de ser fuerte, de evitar ser golpeado».

Lo representará con una alineación de lujo: «Estoy tocando en trío. Dos guitarras y batería. Bernard Butler (Suede, The Verve, subrayamos), en la guitarra. Martin Ditcham (Talk Talk, Waterboys, Sade; espiga Ben sobre este sesionero), en la batería y percusión. Yo a la guitarra, piano eléctrico y voz».) OSCAR CUBILLO

El escenario más de cerca (imagen: Anabegins / Facebook Ben Watt).

El escenario más de cerca (imagen: Anabegins / Facebook Ben Watt).

El veterano británico Ben Watt, ex Everything But The Girl, tocado con una gorra de camionero, mostró penas hondas y paisajes costeros con castillo en un encuentro de 14 temas en 86 minutos fríos, sentados, menguantes, oscuros, impolutos, coñones, y átonos por culpa del reiterativo tono de su voz. Quizá el momento más simpático fue cuando Watt comentó que estaba tan oscuro el recinto que no nos podía ver las caras, pero que sí percibía cómo algunos comprobaban el correo con sus móviles. Ofició en trío y a la guitarra se trajo al mudo Bernard Butler (una estrella: Suede, The Verve…), quien canónico llenó los huecos con agresividad, pedales y distorsión hasta que se le quedó también cara de amuermado, y a la batería al sesionero Martin Ditcham (Talk Talk, Waterboys, Sade…), un metrónomo tan perfecto que parecía una máquina.

A veces hundiéndose en la melancolía americana (del Springsteen adulto y la atmósfera de Uncle Tupelo en ‘The Levels’ hasta la americana minimal con él a solas con la guitarra en ‘North Marine Drive’), sonando en plan pop como unos Fleetwood Mac tardíos y abrazando el papel de cantautor sobrevenido (dylaniano en ‘Young Man’s Game’, con buen trabajo a la guitarra de Butler), Ben Watt intercaló varias piezas de EBTG (‘The Night I Heard Caruso Sing’ abriendo el bis y tímidamente coreado por el respetable, ‘25th December’ cerrándolo y sonando entre Cohen y la Velvet) y ralentizó aún más la velada debido a los cambios de instrumentos entre canción y canción, las entradas y salidas a escena de sus subalternos, las afinaciones antes de bastantes temas (confió que llevaba unas seis o siete afinaciones distintas y a veces era un lío) y los discursos explicativos: el del solo de Stan Getz en el disco de EBTG, el último que metió antes de su óbito el mito en un disco ajeno –en la canción ‘The Road’, en 1988-, que si había tenido tiempo para visitar el Guggenheim, que si las colinas que rodean Bilbao le recuerdan a Inglaterra, o que si hay que buscar el afecto en la gente cercana como predicó al presentar ‘The Heart Is A Mirror’.

Entre los catorce títulos podríamos señalar tres hitos: ‘Some Things Don’t Matter’, de aire bossa y perteneciente a su lejano primer álbum en solitario, el blues-rock ‘Nathaniel’, y el springsteeniano y ya mentado ‘The Levels’, un tema que describió como «triste y atmosférico». Y podríamos llegar a una conclusión: en la serie Musiketan se celebran abundantes conciertos en formato similar que tienen más vida, más cercanía incluso en la melancolía, y una perfección más humana.

OSCAR CUBILLO

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