El Barrio: La legión barriera

La apoteosis inicial de la masa barriera ante su ídolo y los 10 músicos y coristas (imagen de móvil: remitida).

La apoteosis inicial de la masa barriera ante su ídolo y los 10 músicos y coristas (imagen de móvil: remitida).

Sábado 21 de febrero 2015, Bilbao, Palacio Euskalduna, 20.30 h, entradas de 38,50 a 63,80 €; entradas VIP a 165 €.

BEV EL BARRIO FLYER

Ambiente cantante e indómito en un Euskalduna que respiró la fiesta del flamenco rock durante la actuación de El Barrio

 

José Luis Figuereo Franco (Cádiz, 1970), alias El Barrio, estrenó el sábado su disco tras tres años de silencio ‘Hijo del Levante’ en un Palacio Euskalduna con mucho más de media entrada (entradas entre 38,50 y 63,80 eurazos, sin contar los tickets VIP, a 165 aurelios, éstos con cóctel, encuentro fotográfico con el artista y lo mejor: ‘bolsa barriomanía’) y ostensible seguridad para acceder al recinto: a algunos les registraban al cruzar la puerta exterior y durante el ‘chou’ hubo un no parar de seguratas y azafatas pidiendo al respetable que dejara de filmar. «Yo he pagado mi entrada, coño, y hago lo que me da la gana», alegó en la fila 8 una barriera. En la fila 6 un señor filmó entero todo el bolo, por cierto. En el patio había muchas mujeres y se veían muchísimos sombreros, el símbolo identitatario del cantautor aflamencado gaditano. Entrañable la imagen del mocetón de la fila 7 ataviado con sombrero y chándal negro con el escudo del Athletic. Ah, el encanto transversal de El Barrio…

Era la tercera vez que yo le veía y fue peor que la primera, en fiestas de Bilbao en 2008, y mejor que en el BEC en 2010. Se respiraba la expectación y las colas eran enormes cinco minutos antes de la hora oficial. En el puesto de merchandising se vendían camisetas a 18 lereles, sudaderas a 30, perfume de caballero o de señora a 20, fotos, pegatinas, encendedores, mochilas y, claro, sombreros a 5. Ya dentro, cuando se apagaron las luces, el escenario se iluminó entre humo artificial y focos en blanco y negro, y hala, el bolo arrancó con un solo de batería de Angie Bao, el único músico presentado de los once que pisaron la tarima en disposición simétrica y tres filas: detrás percusión, teclados y batería, en el medio guitarra y bajo, tres coristas (chica y dos chicos) maqueados y con el chorro de Los Chichos, más otras dos guitarras, y en vanguardia El Barrio, con su sombrero, por supuesto, en la primera mitad con traje, chaleco y corbata, y tras un descanso instrumental con una camiseta de su ‘merchan’.

El puesto de merchan antes del chou, con la tabla de precios (imagen de móvil: remitida).

El puesto de merchan antes del chou, con la tabla de precios (imagen de móvil: remitida).

El Barrio levanta pasiones aunque apenas se mueve en escena, no baila, como mucho marca unas palmas, durante los solos de sus subalternos se muestra hierático y hasta parece incómodo cuando extrae coros participativos (los del rock de la cárcel) de su legión de seguidores, los barrieros, que se saben las canciones de pe a pa y que no se cansaron de corearlas a pulmón. El mérito del enigmático gaditano reside en su cancionero, en su lírica más amorosa que social (que también), una mezcla formateada a base de rock andaluz y vaharadas flamencas, caso del tema por bulerías, el más flamenco de la velada sabatina, con Figuereo Franco muy justo en su rol de cantaor, mucho más que en el posterior tema con él como tocaor, cuando a solas, sentado en el borde del tablado con una guitarra acústica, dejó ver maneras de su oficio antiguo al versionar ‘Tu frialdad’ de Triana, uno de los momentos culmen del concierto.

Zoom a su figura a solas, sentado en el proscenio, tocando ‘Tu frialdad’ de Triana (imagen de móvil: remitida).

Zoom a su figura a solas, sentado en el proscenio, tocando ‘Tu frialdad’ de Triana (imagen de móvil: remitida).

El concierto empezó potente, reculó en el ancho ecuador, y remontó en el epílogo estelar. En 118 minutos sonaron 17 piezas, la décima sin el líder, que aprovechó para cambiarse de atavío mientras sus subalternos ahondaban en la verbena calé con lolailos lozanos. El arranque del ‘chou’ fue espectacular, apoteósico, ya se ha dicho: luces cegadoras, volumen ensordecedor, el prólogo baterista, la aparición de los numerosos músicos, la salida estelar de El Barrio, la peña que de emoción no podía quedarse sentada en las butacas, una bandera andaluza, los coros comunitarios, las manos alzadas y los móviles sin cesar de filmar el instante mientras sonaba ‘He vuelto’, orgullosa declaración de principios.

Al acabarla el ídolo con sombrero propuso un trato: que cantaría mucho a cambio del calor «de ustedes» (o sea nosotros). Seguidamente dejó caer dos temas bastante trianeros: ‘El viejo verano’, con lapsos reggae, y el novedoso ‘Adiós amor’, cruzado con flamenquito y con los molones coros chicheros. En el inmenso Euskalduna se percibía que se rompía la pana de alegría y fiesta, y ‘Arte’ (la de «pa’la envidia tu cara») la abrió emulando a Sabina y a mi acompañante rubia, escotada y minifaldera le recordó a María Jiménez.

Entre el público, cantando ‘Sr. Zapatones’, escoltado por muchos seguratas (imagen de móvil: remitida).

Entre el público, cantando ‘Sr. Zapatones’, escoltado por muchos seguratas (imagen de móvil: remitida).

La cita sonaba a tan alto volumen que apenas se distinguían los coros y durante las mentadas bulerías los seguratas -entre los cuales vimos a El Pequeño Nicolás son su infaltable traje- iban y venían nerviosos por las butacas, intentando aplacar a los aficionados, dando la incómoda sensación de que buscaban algo más, desde una amenaza física hasta espectadores que se habían colado desde las butacas de arriba hasta las más caras y cercanas al artista. ‘Viva Bilbao y Viva Cádiz’ jaleó El Barrio antes de ‘De lobo a cordero’ (este es el clip), donde resonaron ecos de Lole y Manuel, Las Grecas y del ‘quien tenga un amor que lo cuide para toda la vida’. La cita proseguía exultante, con ‘Mi amor’ y su tono Melendi (la de «nos compraremos un bosque para amarnos sin aduanas»), reminiscencias de Medina Azahara, las quejas de las fans de la chica 7 que impacientes comentaron «la de los barrieros no sé cuándo la cantará, cuando nos vea medio dormidos la canta», y la mentada versión solanas de ‘Tu frialdad’, y más dejes de Melendi, y no pocas espectadoras bailando dando vueltas en ‘Vendimias moras’.

Después El Barrio bajó a pasear por el patio de butacas para entonar ‘Sr. Zapatones’ protegido por guardaespaldas como un primer ministro israelí y rodeado de espectadores emocionados que trataban de tocarle. Luego enlazó un popurrí con éxitos propios como ‘Pa Madrid’ (el de «Nos fuimos pa’ Madriiid / Y sin remordimientoos / Como un deseo infantil / Búscame una pensión / Para comernos a besooos…»), previo al himno final ‘Somos los barrieros’, que en realidad es una rumba algo Lola Flores y que antes de tocarla fue cuando presentó al baterista Angie Bao. Y ya en el bis cayó ‘Cántame amor’, un rock poligonero, colofón de una cita contenta que satisfizo al artista, pues informó que pocas veces había actuado ante aforos sentados, y donde las chicas de atrás, las de la fila 8, se quejaron «de que no ha cantado la del alzheimer ni la de ‘Ave de paso’».

OSCAR CUBILLO

Saludos postreros con El Barrio apartado, señalando a sus diez subalternos (imagen de móvil: remitida).

Saludos postreros con El Barrio apartado, presto a señalar a sus diez subalternos (imagen de móvil: remitida).

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