Dulce Pontes: Cada día más chillona

Con el septeto al completo, por el tramo final de su concierto, con ella de nuevo en pie (imagen de móvil: Mr. Duck).

Con el septeto al completo, por el tramo final de su concierto, con ella de nuevo en pie (imagen de móvil: Mr. Duck).

Miércoles 4 de marzo 2015, Bilbao, Teatro Arriaga, 20 h, entradas de 15 a 40 €.

Sólo se quedaron sin vender una decena de entradas, de las de detrás de las columnas, para ver el miércoles en el Arriaga a la cantante portuguesa Dulce Pontes (Montijo, 1969), que actuó renqueante, sin apenas bailar, la mayor parte del tiempo sentada y cojeando a veces por la lesión de menisco que le obligó a aplazar justo un mes este mismo concierto en Bilbao. 14 piezas sonaron en 103 minutos, con ella cada temporada más chillona, más afectada, más mística (¿más orate?), y ejecutadas en diversos formatos cambiantes, desde el dúo piano-chelo hasta el septeto con piano, percusión y diversas cuerdas: guitarras española y portuguesa, el chelo… Todo al servicio de su voz expansiva, cada día más exhibicionista, ese miércoles con muchas piezas en español que aparecerán en su próximo álbum, ‘Peregrinación’, que será doble: uno en lengua lusa y otro en castellana.

Las dos largas colas de gente, como meandros humanos antes de entrar al Arriaga (imagen de móvil: Mr. Duck).

Las dos largas colas de gente, como meandros humanos antes de entrar al Arriaga (imagen de móvil: Mr. Duck).

Su intervención ondulante, a veces divagante pero en general bien, fue atentamente seguida por un respetable al que le costó más moverse que a la convaleciente Pontes. Pero bueno: la mayoría no acudimos al teatro a dar palmas, ni a corear difíciles uh-uh-eh-ooohhh, y mucho menos a levantarnos de la butaca para bailar. La cita cursó en varios capítulos se puede decir que prácticamente estancos: las tres primeras piezas con ella al piano, apoyada por el chelista, entonando chillona y exagerada, arbitrando gorgoritos con aires de diva, sugiriendo la new age contemporánea global y efectista (‘Nu’, que a Pato le recordó al Circo del Sol), apostando por el dramatismo (‘La bohemia’ de Aznavour, en castellano) y por la introspección (la adaptación de ‘Nada te turbe’ de Santa Teresa, mucho mejor de lo que haría Ute Lemper); luego se amplió la formación y cayeron con Dulce siempre sonriente un par de piezas folk de aire desde lo galaico hasta lo greco y lo hispano (‘Senhora Do Amortâo’ le agradaría a Kepa Junkera por su vigor percusionista) más otro par de fados, que fue cuando se sentó (de lo mejor del repertorio, con las guitarras tañendo genuinas, por ejemplo en ‘O Ardinita’, resonante a una Amália Rodrigues rediviva), previos a una buena dupla hispana con Dulce atenta al atril (‘Meu amor em Aranjuez’, o sea ‘El amor brujo’ de Manuel de Falla, dotado con solo de flauta cuasiandina y con el canto melódico, melodramático y afectado de la de Montijo, y premiado con bravos –para Pato, lo mejor del repertorio-, más ‘Alfonsina y el mar’ de Mercedes Sosa, tímbrica y trágica y premiada con más bravos)

En ‘Soy un circo’, tributo al tanguero Horacio Ferrer (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

En ‘Soy un circo’, tributo al tanguero Horacio Ferrer (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

… pasaje hispano que sirvió de puente para el epílogo en tres partes: la primera un desconcertante (por romper la mística) y cabaretero ‘Soy un circo’ en tributo al tanguero Horacio Ferrer (ella se colocó nariz de payaso y otra vez superó a Ute Lemper); la segunda parte compuesta por un par de números psicodélicamente new age donde se le fue la pinza y resultó morosa (el primero, flotante, divagante y efectista –ensoñador según Pato-, quizá fuera el ‘Ai ondas que eu vin veer’, con ecos de los griegos Demis Roussos y Nana Mouskouri – a veces seguro que Dulce se piensa menos lusa que greca-, y el otro número, selvático e indigenista, seguro que fue ‘Indio Toba’, otro original de Mercedes Sosa), y menos mal que remontó en la tercera parte, con su éxito ‘Cançao Do Mar / Canción del mar’ (donde la gente no coreó, lo que no le hizo ni gota de gracia) y el bis con la festiva ‘Laurindinha’ (aquí va un directo en Estambul), con aire de fado, el público en pie y ella bailando empero su rodilla dañada.

ÓSCAR CUBILLO

Entrevista en el diario nacionalista vasco Deia, previa a los dos conciertos vascos: Bilbao y San Sebastián

Saludos finales del septeto, desde un palco lateral (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

Saludos finales del septeto, desde un palco lateral (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

Saludos finales del septeto, desde la fila 6, con el típico gesto de Dulce señalando al público (imagen de móvil: Mr. Duck).

Saludos finales del septeto, desde la fila 6, con el típico gesto de Dulce señalando al público (imagen de móvil: Mr. Duck).

Y más saludos de despedida del septeto oficiante, desde la fila 6 (imagen de móvil: Mr. Duck).

Y más saludos de despedida del septeto oficiante, desde la fila 6 (imagen de móvil: Mr. Duck).

 

 

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