CINE: ‘Boyhood’: Ontología de la imagen

BEV BOYHOOD cartel

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno en cine: 12 de septiembre de 2014

Estreno en DVD: 2 de enero de 2015

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Director: Richard Linklater

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Calificación: 4 estrellas sobre 5

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Trailer de ‘Boyhood’

 

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Entre el cine comercial y el cine independiente

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A Richard Linklater se le asocia con los cineastas de ‘la generación Schmidt’. La etiqueta corresponde al apellido del autor de un libro titulado ‘How To Make A Feature Film At Used Car Prices’, publicado en 1989. También se les conoce como ‘los Sundance Kids’ debido a la promoción del movimiento indie por parte del Festival de Cine de Robert Redford. Son autores como Kevin Smith, Robert Rodriguez, Hal Hartley, Steven Soderbergh, Gus Van Sant, Jim Jarmusch… Al igual que la mayoría de este grupo de directores, el cine de Linklater se ha movido entre la comercialidad y la independencia creativa. Toda una constante en esta generación de realizadores. Su estilo bascula entre la autoría ‘cahierista’, los bajos presupuestos y los argumentos que conectan con una generación determinada (la nacida en la década de los 60), y por otra parte se aventura a realizar un cine más comercial, aprovechando el éxito y la promoción de sus películas independientes en el circuito más comercial.

Linklater nada tiene que ver con Orson Welles (a quien dedicó el film ‘Me And Orson Wells’, 2009), ni ha fundado su carrera cinematográfica en la radicalidad y en la iconoclastia artística. Hay que notar que entre sus películas se encuentran títulos como ‘Una pandilla de pelotas’ (2005) o ‘Escuela de rock’ (2003), y, sobre todo, mantiene una gran diversificación genérica. Pero eso no evita que, de manera alternada, afronte otros films más personales, ligados a sus obsesiones y figuras temáticas (el paso del tiempo, el naturalismo, la desubicación del hombre en la sociedad), y utilizando modos heredados del ‘cine moderno’ europeo (Rossellini, Truffaut, Bresson, Rohmer).

Linklater, en esta entrevista, se refiere al primer capítulo del libro fundamental de la teórica cinematográfica ‘¿Qué es el cine?’, de André Bazin (publicado entre los años 1958 a 1963), al capítulo titulado ‘Ontología de la imagen cinematográfica’, en los siguientes términos: «El cine, en su esencia, es una introducción a la realidad. Trata de esa realidad que está siendo reproducida. Así como, para Bazin, la ontología de la película tiene las mismas bases ontológicas que la fotografía, en las películas se añade la dimensión del tiempo y eso le da un mayor realismo».

André Bazin: el gran teórico de cine francés y aperturista del cine moderno.

André Bazin: el gran teórico de cine francés y aperturista del cine moderno.

Linklater no tiene problemas en abordar un film a la manera de una narración clásica (lo ha hecho en bastantes películas), basándose en una estructura de tres actos y delineando los conflictos y motivaciones de sus protagonistas en la planificación de sus escenas, pero tampoco tiene problemas en romper con todo ello cuando su cine se acerca a aquello que más le preocupa. Entonces su interés se centra en buscar esa ontología de la imagen en movimiento. No sólo captar un fluir vital, una realidad implícita a la representación, una profundización en lo que la cámara capta y que no es sólo la verdad de aquello que se narra sino la verdad de las personas (los actores) que la interpretan. La cámara registra una imagen y la eterniza, pero no la embalsama como lo hace la fotografía, sino que al grabar el movimiento la vivifica, la convierte en registradora de los momentos vitales, captando e inmortalizando aquello que hay.

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Momentos de una vida

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‘Boyhood’ es todo un ejercicio experimental. Una filmación realizada durante doce años, con una homogeneidad formal perfectamente equilibrada en sus 166 minutos de metraje (no se aprecian diferencias en la naturalidad de la fotografía ni en las bases de puesta en escena), en donde se narra el paso de la infancia a la adolescencia de un niño, Mason (Ellar Coltrane) y su hermana Samantha (interpretada curiosamente por la hija del director, Lorelei Linklater).

‘Boyhood’ narra el paso de la niñez a la adolescencia de dos hermanos: Mason y Samantha.

‘Boyhood’ narra el paso de la niñez a la adolescencia de dos hermanos: Mason y Samantha.

Este proceso de crecimiento, de formación, de ingreso en la ‘sociedad compleja’ de los dos hermanos, se hace en compañía de su madre (interpretada por Patricia Arquette; premiada por este trabajo con el Oscar a la mejor actriz de reparto), que es pieza fundamental en la consistencia del film. El papel de Arquette es, por una parte, personaje arquetípico, modelo de una clase media americana con problemas, con dificultades de asentamiento social, dependiente, en muchas ocasiones, de otras personas, lo que la lleva a casarse en varias ocasiones, desplazando con ella a sus hijos por diferentes residencias. La madre de Mason y Samantha raramente se muestra feliz. Su existencia está rodeada de la aleatoriedad de la existencia, de la incapacidad humana por convertir al ‘otro’ en aquello que se idealiza. Por eso, la percepción de la vida tanto de Mason como de Samantha nunca ha sido simple. Viven el mundo de los adultos: un mundo complejo, cargado de dificultades.

Patricia Arquette interpreta a la madre de Mason, una mujer dedicada a sacar adelante a sus hijos, sin tiempo para vivir su vida.

Patricia Arquette interpreta a la madre de Mason, una mujer dedicada a sacar adelante a sus hijos, sin tiempo para vivir su vida.

Por otra parte está el padre de los niños (interpretado por Ethan Hawke), divorciado de la madre antes del comienzo de la narración. Si la madre les educa, les previene de los errores aunque ella cae continuamente en ellos, les conduce por una visión de la vida siempre desde la práctica, el padre es más libre en el trato con sus hijos: les habla de la importancia de la música, de la verdad que reside en las canciones, del sexo, de ser sincero cuando se habla de uno mismo, de la naturaleza, de la política, de su partidismo demócrata. El padre está siempre presente en lo que es él. Cuando habla con sus hijos, ellos son tanto ellos como él: igualdad de nivel de importancia y de confianza. En cambio, el mundo de la madre está siempre más oculto, es el de alguien que nunca ha podido vivir su vida. Por ello la relación con sus hijos es propiamente educadora. Su obligación es conseguir que ellos salgan a delante.

Esta ontología proporciona a la filmación unos ‘momentos de una vida’ sin clara motivación narrativa, excepto la que da la propia experiencia vital. El corte del montaje evita el uso del fundido en negro y una rotulación que anuncie el paso del tiempo. Sólo es el crecimiento de los hijos, su cambio físico, lo que permite al espectador conocer que el tiempo ha pasado. El naturalismo impera como forma visual, pero es la forma de filmación elegida, la filmación de la realidad en un periodo tan largo, lo que permite que se creen fuertes conexiones entre los personajes. Un conocimiento propio, una veracidad en los lazos y las reacciones sentimentales, que supera cualquier otra estrategia narrativa previa. La credibilidad de las relaciones llega por la forma narrativa elegida y, por supuesto, gracias al naturalismo empleado en la fotografía y en la interpretación de los actores.

Ethan Hawke interpreta al padre, más cercano pero también más individualista. En su vida importa tanto sus hijos como él.

Ethan Hawke interpreta al padre, más cercano pero también más individualista. En su vida importa tanto sus hijos como él.

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Continuación de otra historia más larga

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‘Boyhood’ puede entenderse como una continuación de la trilogía cinematográfica protagonizada por Ethan Hawke y Julie Delpy ‘Antes de…’. En este mismo blog comentaba las frustraciones vitales que asolaban a los personajes de ‘Antes del anochecer’, la problemática de vivir para uno y, al mismo tiempo, para los demás: los hijos, la posición más responsable de la madre y la visión más individualista del padre. ‘Antes del anochecer’ se cerraba con una esperanzadora carta que apuntaba a una vejez más relajada, en donde se pudiese contemplar la vida como una sucesión de fotos o cortas filmaciones, con la satisfacción del deber cumplido.

Pero la visión de Linklater no es positiva. ‘Boyhood’ puede retomarse como la consecuencia final de esa relación anterior: el divorcio. A partir de aquí cada uno seguirá manteniendo los mismos papeles ya que, finalmente, los personajes son los actores y ellos son como realmente son (uno de los aciertos de Linklater es dar libertad de improvisación a sus actores, dejando que ellos aporten la mayor parte de ellos mismos a sus personajes). La gran diferencia de ‘Boyhood’ con la trilogía de ‘Antes de…’ radica en el punto de vista. Linklater se despide del punto de vista del adulto, de la pareja, y se abre a lo que los niños ven. ‘Boyhood’ propone un cambio de observador: mirar a los adultos desde fuera. Esta visión, además de permitir al espectador ver la realidad de otra manera, sirve como proceso educacional. La infancia que viven Mason y Samantha es una infancia poco infantil. Está cargada de las preocupaciones de los adultos. Por ello se entiende la decisión profesional que toma Mason en su adolescencia: la fotografía. Captar esa realidad en las formas, en las personas, en las miradas. Buscar esa ontología de la que está impregnada su vida.

GERARDO CREMER

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