Joaquín Sabina: Dos puntos de inflexión

Sabina arrancando el show en Barakaldo, donde radica el Bilbao Exhibition Centre (foto: Facebook BEC).

Sabina arrancando el show en Barakaldo, donde radica el Bilbao Exhibition Centre (foto: Facebook BEC).

Sábado 14 de marzo 2015, Barakaldo, BEC, 21 h, entradas de 55 a 70 euros + gastos; entradas Premium Golden a 170 €.

Joaquín Ramón Martínez Sabina Joaquín Sabina llenó el BEC

de un público que enloqueció sobre todo al final de un concierto de más de dos horas

con el bardo urbanita dosificando fuerzas y dando cancha a sus escuderos

 

Un punto de inflexión en la carrera de Joaquín Sabina fue el disco ’19 días y 500 noches’ (Sony, 1999), editado a sus 50 años (los cuarenta y diez que dice él), el mejor de su carrera por la sencilla razón de que se lo produjo Alejo Stivel, el excantante de Tequila (otra cosa que debemos agradecer a este judío argentino). Stivel consiguió que un álbum sabiniano sonara exento de huecos artificios de estudio, de gélidos ecos, de arreglos comerciales coyunturales. Stivel logró que Sabina elaborara un disco auténtico y de sonido imperecedero.

CD + DVD ‘500 noches para una crisis’ (Sony, 15).

CD + DVD ‘500 noches para una crisis’ (Sony, 15).

Vendió medio millón de copias en sus primeros meses y ahora, tres lustros después, su autor lo ha recuperado en una gira hispanoamericana que recaló el sábado en un BEC animado y que rozó el llenazo (sólo se veían huequitos en los extremos superiores de las gradas). Un gira explotada u retroalimentada mediante el CD + DVD ‘500 noches para una crisis’, un directo de esta misma gira capturado en Buenos Aires (hala, aquí lo tenéis entero en YouTube). Después de la publicación de ’19 días y 500 noches’, en el pináculo de su gloria artística, Sabina vivió, sufrió un segundo punto de inflexión, éste vital, existencial. Un giro copernicano, vamos. Lo contó también sobre la tarima del BEC: evocó que al poco de este disco padeció un ictus que, afortunadamente, no le dejó secuelas aunque su novia asegura que sí (y se miró procaz la entrepierna diciendo que él se la ve igual), y se jactó de que «pequé y volví a pecar, no me arrepiento», y confirmó que «dejé algunas sustancias que no son realmente recomendables para la juventud».

Sabina va de crápula, y hay que reconocer que en esta imagen parece Lucifer (foto: Facebook BEC).

Sabina va de crápula, y hay que reconocer que en esta imagen parece Lucifer (foto: Facebook BEC).

Aaaah, Joaquín Ramón Martínez Sabina (Úbeda, Jaén, 12 de febrero de 1949), siempre aplicado en su autopromoción cual crápula oficial del Reino de España. Es un experto del autobombo y del embeleco, aunque algunas de sus letras sí atesoran altura, caso de ‘Noches de boda’ y de otras que sonaron el sábado en el BEC, donde Sabina ofició en septeto, con la corista Mara Barros bailando sexy al fondo, el multiinstrumentista Josemi Sagaste con falda escocesa (Sabina en un solo de saxo simuló subírsela), y fieles como Pancho Varona y Jaime Asúa. Una banda que Sabina defendió en público, presumiendo de que llevan juntos mucho más tiempo que otros y que en verdad conforman un grupo, que no sólo son Sabina y una serie de mercenarios a sueldo.

Sabina en carne y hueso y detrás en pantalla Josemi Sagasta, el hombre de la falda escocesa (foto: Facebook BEC).

Sabina en carne y hueso y detrás en pantalla Josemi Sagasta, el hombre de la falda escocesa (foto: Facebook BEC).

Y esto lo dice aunque no destaque a sus componentes en la página web oficial. Pero quizá esto sirviera de excusa, de estribo para que sus fieles subalternos cantaran tantas piezas en el macroconcierto, con su capo fuera de escena, dosificando fuerzas, mientras los músicos hacían tiempo, tocando fondo el guitarrista Jaime Asúa (ex Alarma) al entonar ‘El caso de la rubia platino’, un rocanrolito como lo definió Sabina antes de hacer mutis. Por el contrario, cumplió de sobra Pancho Varona en ‘Conductores suicidas’ y se salió de la tabla la sensual Mara Barros en la copla ‘Y sin embargo te quiero’ de Quintero, León y Quiroga.

Antonio García de Diego tapado por Sabina, si no saldría el septeto completo (foto: Facebook BEC).

Antonio García de Diego tapado por Sabina, si no saldría el septeto completo (foto: Facebook BEC).

En general la cita voló más alto cuando Sabina estuvo colocado bajo los focos, claro. Fue un buen concierto de 141 minutos con dos bises y 23 piezas (incluida la coda con ‘La canción de los buenos borrachos’ y agrupado el popurrí doble de rancheras). Y empezó muy bien, con él flaquigordo disimulado bajo su traje verde con bombín y camiseta: ‘Ahora que…’ fue un blues guitarrístico que arrimó a Robert Cray con Santana; ’19 días y 500 noches’, un flamenquito cruzado con ranchera de Chavela para delirio de los fans; y a la tercera, ‘Barbie Superstar’, sobre rock poderoso puro Lou Reed Sabina sostuvo sus tópicos biotipos de culto decadente.

A menudo las pantallas mostraban dibujos del propio Sabina (foto: Facebook BEC).

A menudo las pantallas mostraban dibujos del propio Sabina (foto: Facebook BEC).

Pintaba bien la cosa y al acabar la anterior el bardo urbanita peroró por primera vez: saludó sosteniendo que no hacía falta decir que estaban a gusto en Bilbao (aunque estábamos en Barakaldo, no importa) porque se les notaba, y procedió a contar por qué se habían animado a recuperar 15 años después el álbum doble ’19 días y 500 noches’, disco que no suele oír en casa porque ahí sólo suena buena música. No obstante, en una reunión de amigos lo pinchó, al principio le resultó indiferente y al cuarto güisqui (sic) le pareció ubicable «entre el ‘Sgt Pepper’s y la quinta de Beethoven». «El polvo de los años no ha sido demasiado inmisericorde con él», sentenció. Y de seguido contó lo del ictus y cantó ‘La canción de la Magdalena’, otra sentimentaloide historia de prostitutas con escenificación teatral, con Mara Barros bajo una farola y el público coreando la frase más conocida: «la más señora de todas las putas / la más puta de todas las señoras».

Panorámica del BEC lleno durante el concierto, con el respetable entregado, cómo no (foto: Facebook BEC).

Panorámica del BEC lleno durante el concierto, con el respetable entregado, cómo no (foto: Facebook BEC).

El autobiográfico ‘A mis cuarenta y diez’ le quedó bien y sonó campero entre Springsteen y Fito, aparente sin más resultó la libre versión del ‘Ese no soy yo’ (‘It Ain’t Me Babe’) «del viejo judío de Minesota, Roberto Zimmerman, más conocido como Bob Dylan». La octava fue la melancólica y aspirante a bonita ‘Peces de ciudad’, donde buscó rizar el rizo, a la novena Asúa arbitró mal el mentado rock de la rubia platino. Al regresar Sabina, sin chaqueta y con otro bombín, se sentó en un taburete y no pasó de regular en la décima, ‘Cerrado por derribo’. Pero subrayemos que ya hasta el final el concierto fue un tour de forcé interrumpido en ocasiones por sus ausencias suplidas por los músicos. En el ragtime ‘Pero qué hermosas eran’ narró otra de sus historietas de faldas (una duda: ¿cómo presume de mujeriego Sabina si lleva mil años con la misma?), y prosiguió hasta culminar con una tripleta excelente: ‘De purísima y oro’, a dúo y con dibujos hechos por él en las pantallas gigantes (que a menudo también no escondían los primeros planos del artista), híbrido de Lou Reed y Springsteen en la épica ‘Más de cien mentiras’, y una fiesta con la gente abrazada, invadiendo la parte delantera del escenario y ondeándose en las dos rancheras postreras y enlazadas: ‘Noches de boda’ más ‘Y nos dieron las diez’, coreada por todos, por ejemplo por una Miss Madeira que acudió al BEC tocada con un sombrero de marca Pedro del Hierro, no uno esos burdos bombines que se vendían en el merchandising por 15 aurelios.

La pantalla prodigó numerosos planos del rostro del artista, a lo que no se atreve por ejemplo Elton Jon (foto: Facebook BEC).

La pantalla prodigó numerosos planos del rostro del artista, a lo que no se atreve por ejemplo Elton John (foto: Facebook BEC).

Los dos bises fueron irregulares, pero hay que achacárselo a los mutis esporádicos del líder. En el primer bis Varona se lo montó bien en el rock suicida y Mara Barros se salió en el swing ‘La canción de las noches perdidas’ y no digamos en la mentada copla ‘Y sin embargo te quiero’, y después Sabina hizo de sí mismo entonando desde el taburete el blusoul ‘Sin embargo’ («perdido en el pañuelo de amargura que empaña sin mancharla tu hermosura», toma ripio marca de la casa), y estupendamente interpretó un ‘Princesa’ muy roquero pues fusiló el ‘Sweet Jane’ de Lou Reed, haciendo enloquecer a la peña: katxis volando por el aire, sujetadores prestos a ser arrojados al escenario, una bandera argentina…

El segundo bis también tuvo momentos, sobre todo el vals aplicado al creíble e inspirado ‘Contigo’ («yo no quiero…»), o el vocativo, circense, coral y amoral ‘Pastillas para no soñar’, donde retrata a su propio personaje, donde se marca un autorretrato, vamos. Estuvo bien el concierto: Sabina anduvo bien de voz y supo dosificar fuerzas, pero si las intervenciones subalternas se redujeran a las de Mara Barros y Varona, el público, los fans, saldrían con mejor sabor de boca un cuarto de hora antes. Es una opinión de no fan, por supuesto.

OSCAR CUBILLO

El público aplaudiendo a rabiar al acabar, con el BEC iluminado (imagen de móvil: Nerea).

El público aplaudiendo a rabiar al acabar, con el BEC iluminado (imagen de móvil: Nerea).

Posdata: en el BEC se generaron colas escandalosas a última hora. Bueno, eso es achacable a parte del respetable que entró en el último minuto, lo cual probablemente provocó que la salida de Sabina se demorara un cuarto de hora (foto: Facebook BEC).

Posdata: en el BEC se generaron colas escandalosas a última hora. Bueno, eso es achacable a parte del respetable que entró en el último minuto, lo cual probablemente provocó que la salida de Sabina se demorara un cuarto de hora (foto: Facebook BEC).

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